Esas canciones infantiles

Annabel Miguelena

annabelmiguelena-columna-ilustracion-otrolunes26La música es uno de los vehículos más maravillosos con el que nuestra alma y cuerpo logran transportarse hacia sensaciones insólitas. Combinar sonidos de manera tal que se construya una melodía capaz de producir vibraciones armoniosas y que estimule la creatividad e imaginación, es todo un arte. Aún más si la música es fusionada con una letra capaz de conmover a nuestros oídos.

En el caso de las canciones infantiles (las cuales trataré en esta ocasión) considero que deben cumplir con ciertas características esenciales: divertidas, didácticas y que transmitan un mensaje positivo. Hago énfasis en estos tres puntos, ya que en lo personal, es lo que busco para instruir a mi pequeña sobrina Alina Sofía.

Hace un par de semanas accedí a you tube para enseñarle alguna canción nueva y de inmediato mi mente revivió algunos recuerdos de mi infancia. Permanecí atónita por varios minutos al caer en cuenta de las barbaridades que nos enseñaban nuestras abuelas y maestras. Estoy plenamente consciente de que lo hacían con la mejor de las intenciones, pero bajo ninguna circunstancia puedo justificar lo improcedente de sus tonadas.

¿Qué me dicen de Mambrú? El pobre se fue a la guerra y jamás regresó. Mi menté se trasladó hacia la situación de mi amiguito Jonathan, cuyo padre era militar y cada minuto significaba una infeliz zozobra al no tener noticias sobre su papito. ¡Qué cruel que tuviese que escuchar eso! Hasta ahora comprendo su mutismo y su meditabunda mirada cada vez que todos  vociferábamos esa canción, mientras girábamos en círculo como en la rueda rueda de pan y canela.

Con “arroz con leche”, me entró el faracho. Sé que debo ser un tanto flexible y ubicarme en aquel tiempo, pero por nada del mundo le enseñaré a mi Alinita una canción en la que un tipo X, exige ciertas características en una mujer, basadas en los oficios que realiza y no en lo que ella vale como ser humano. (Aparte de que viene con exigencias: que ponga la mesa en su SANTO LUGAR…) Amigo compositor: si desde el más allá logras leerme, permíteme informarte que con esas pretensiones, jamás conseguirás (y menos en estos tiempos)  a una señorita de la capital.  Quizás, sólo una viuda desesperada logre soportar tu machismo. Por suerte, es una viuda de la realeza. La mala noticia es que tendrás bocado de la reina como postre. Dudo que en Palacio coman arroz con leche.

Continué cavilando e inesperadamente me acordé de “Aserrín-Aserrán” ¡Pobres maderos de San Juan! No les dan pan y por si fuera poco, en lugar de queso, les dan hueso. ¡Qué maldad! Lo incongruente es que vino, sí (dinero para alcohol siempre hay) luego, se lo beben, se marean y por último se marchan. Al menos los borrachines se fueron felices e imagino que habrán llevado a un conductor designado. Asumo que eso es un gran consuelo y una maravillosa moraleja para nuestros pequeños.

¿Y qué decir de la chinita que se perdió en el bosque? Quisiera saber qué hacía esa chiquilla de porra a altas horas de la noche en medio de frondosos árboles y con un desconocido que quería algo con la niña, pero que ella, “aparentemente” nada que ver. De inmediato apareció en mi memoria las anécdotas contenidas en  “Basta de Historias” de Andrés Oppenheimer (excelente libro, por cierto) en especial donde abarca información acerca de lo exigente y estricta que es la educación en Asia. No quiero imaginar la cantidad de chicotazos que le dieron a esa chinita cuando la encontraron. Salvo que haya dicho que se extravió buscando la casa de alguna amiguita de esas que comen libros hasta la madrugada y con quien estudiaría hasta quemarse las pestañas.  ¿Hacia dónde habrán desviado la atención su madre, su padre y sus 4 abuelos para que ella lograra escaparse? Señores ¡Por Dios! Procuren tener más cuidado con la única hija que la magistral ley de su país les permitirá criar.

Y hablando de China, ¿qué opinan sobre el perrito chino de La Habana? Tal vez una abuela inspirada por el drama de alguna telenovela en la que Fernando Camilo le confiesa a Silvana Eleonora que a quien ama su corazón es a María Inocencia, escribió esta trágica canción que a más de un psiquiatra hizo meditar sobre la necesidad de recetar Tafil para niños o el famoso Nervocalm de Quino. ¡Dios! Recuerdo cómo mi hermana Stefany se deprimía de tal forma que había  que consolarla por horas: -Mami, me da mucha lástima. Mira que irse así,  sin despedirse de su familia… ¿Y cómo sé si ahora el nuevo dueño va a querer y a alimentar al perrito? Papi dice que en La Habana hay poquita comida.  (En casa se comentaba acerca de la crisis en Cuba en el año 1991 o “periodo especial” como dicen mis amigos habaneros) Yo por mi parte, como hermana mayor, tuve que inventarle que la vecina tenía una linda amistad con aquel hombre que compró el cachorrito y ella lo vio  dándole cariño y mucho amor. Con eso conseguí  aliviarla por unos minutos, hasta que al rato volvió con ojitos afligidos a preguntarme si el que vendió los zapatos de charol en este momento andaba descalzo. Padres de familia: si desean que sus hijos sean siempre felices, no les canten “el perrito chino” que hasta uno de adulto solloza  al escucharla.

¿Qué tal si mejor hablamos de risas? Los recreos eran todo un espectáculo para mí cada vez que me sentaba en una esquina a fin de ver a las demás compañeritas bailar “componte, niña componte” Yo era demasiado tímida, así que sólo observaba y soltaba una carcajada con cada meneo. ¿Será que Neruda se inspiró en esta canción para escribir Farawell? Ni idea. Lo que no dejo de cuestionarme es ¿qué hace una niña de primaria meneando la cinturita antes de que lleguen los marineros? Aunque, es preferible eso a que le restrieguen en la cara a aquella pobrecita huerfanita que no tiene ni padre ni madre y a quien echan a la calle para que llore su desventura. ¡¿Cómo permiten ese cántico?! Si fuese la directora,  las llamaría a mi despacho para sermonearlas antes de que los salones de clases se conviertan en un carrusel, repleto de Marías Joaquinas.

Podría continuar elaborando una lista enorme, pero no es mi intención seguir sazonando este arroz con mango. Mi punto radica más bien en resaltar que no todo lo que se transmite de generación en generación contiene moralejas y mensajes positivos.  Debemos aprender a seleccionar  los juegos de antaño creativos y  tradiciones enriquecedoras.

Hago un paréntesis para felicitar a esos grupos musicales que promueven con sus divertidas y didácticas canciones, los valores que nuestros  infantes necesitan para incrementar la creatividad y el desarrollo sicomotor.

Tengamos presente que todo lo que observan y escuchan los nenes, viaja sin escala hacia sus mentecitas, en donde generan sus pensamientos, los cuales producen sentimientos. Estos a su vez crean acciones y estas últimas, resultados. ¿Qué tipo de canciones les enseñas a tus hijos?