La ciega

(Cuento)

Jorge Chavarro

Ha llegado sin sorpresa, como si hubiéramos estado esperándola, ahí está otra vez ella, como una reina entrando a sus dominios, pasando como señor feudal entre vasallos, con su gesto adusto y su actitud de desprecio, ignorando su entorno, quizá por eso jamás se le ha visto una sonrisa, nunca en su rostro ha podido dibujársele una, ni siquiera un remedo, o yo no lo recuerdo, tampoco recuerdo cuándo decidimos bautizarla de esa forma, la ciega, la mujer portento que camina como navegando desde el horizonte y retornando a él perpetuamente.  Así por siempre, desde el  momento mismo en que la vi por vez primera, es la manera como la he venido  percibiendo, así la siento, pero para ser más exactos es el resultado de nuestro examen, la intuición que dicen, aunque realmente ella no podría estar ciega, probablemente ha sido solo esa actitud egoísta ante los seres diferentes y exitosos, ésa fue mi reflexión inicial ante los hechos, porque por supuesto que no, ella no podría ser ciega, faltaba más, ¡pero lo parece tanto!, oculta siempre tras sus lentes oscuros que hasta me hacen sentir unas ganas enormes de hacerle la pregunta, ¿dónde se le perdió la playa, doña?, ahora bien y de una vez por todas quiero que nos entendamos, e insisto, esta doña no puede ser ciega porque es médica y cirujana y ayuda a las mujeres cuando están trayendo niñitos al mundo, ya sea por las vías naturales o acuchillándolas en operaciones cesáreas, y todos sabemos que las manos para actuar necesitan saber de lo que está ocurriendo por la información que reciben de los ojos, vaya si no, y sus manos se mueven al concierto de las acciones necesarias, no solo en el hecho simple de llevarse a la boca sus comidas, que eso no ha sido ni será prueba a favor o en contra de ceguera, sino por sus actuaciones más complejas como el hecho mismo de operar, además nunca tropieza con nadie ni con nada, y evade cada objeto inanimado u obstáculo humano con la misma naturalidad con que todos lo hacemos, pero hay cosas que sí alimentan nuestras dudas, inquietudes llamémoslas, por ejemplo, ¿quién la ha visto alguna vez leyendo un diario o un libro?, o ¿cuándo sus órdenes quedaron consignadas en palabra escrita? no, siempre el dictado, aunque puede ser en aras de la rapidez y la eficiencia, el modus moderno, ¿quién dice no? sin embargo la desenvoltura de sus actos podría ser prueba también de la eficiencia y perfección de algún sistema de radares y sonar integrado a su cerebro, ¿estoy acaso exagerando?, o ¿has visto alguna vez a un murciélago estrellándose contra una pared o un árbol?,  ¿o a un delfín rosado abalanzarse errático sobre su presa?

 

Ahí está de nuevo ella, una vez más en su altivez de ciega, mirando para arriba más que para el frente, como buscando el horizonte, tal vez escudriñando algún punto lejano que no podemos ver y que ella  sí logra detectar de alguna manera por nosotros ignorada, o probablemente adoptando la posición ideal para optimizar el rendimiento de su modo de navegar el mundo, de andar por él sin tropezones,  ¿será más bien que está recordando algún momento del pasado que no quisiera dejar en el olvido?,  o estará tratando de imaginar algo pendiente en el futuro sin querer compartirlo con nosotros, y avanza como un enorme barco desplazando todo lo que encuentre al frente, tapándose la espalda con su larga, negra, ensortijada y frondosa cabellera suelta a manera de vela que la impulsa, camuflada con anillos y relojes masculinos y enfundada en sus faldas y chaquetas de corte militar que tanto gustan, siempre escondida detrás de sus lentes oscuros, como si quisiera evitar a quienes pudieran estar tratando de encontrarla, quiero decir, tratando de conocerla, de verla al fin por una única vez, buscándole la mirada para comprobar que sus pupilas existen y funcionan y dejan pasar los rayos de luz que impregnarán las retinas, cerciorarnos de que no se les borró el color, que se contraen y dilatan, solo así vamos a poder saber si ella está mirándonos y no solo nos rastrea con  el olfato o qué sé yo con cuál sistema de receptores y ondas, porque todos sabemos que el olfato complementa, pero no podría serle suficiente para desempeñarse en lo que hace y como lo hace.  Ahí está otra vez la ciega, con sus kilitos de más y su pequeña joroba, jorobita  digamos, que no le impide mantener alta la testa y con un pequeño bamboleo desde el cuello manteniendo la  cabeza fija arriba y al frente, pero haciéndonos sentir como si de verdad ella estuviera viéndonos.

 

Pero entiéndame usted, no me estoy contradiciendo, solo quiero llamarle la atención, recalcar sus rarezas,  como le venía diciendo ella de verdad mira y ve porque ciega no es, mejor, no puede serlo aunque pueda parecerlo, de lo contrario, no podría vivir de acuchillar barrigas de preñadas y del puje mujer puje que ahí viene su bebito, puje mija, fuerte, más fuerte y sostenido, y la pobre mujer ya casi madre o madre nuevamente, que continúa pujando y sudando a mares y esforzándose entre lágrimas, recordando entre sollozos las lecciones del curso hospitalario que tomó con otras diez futuras madres y padres embarazados, ayudando a la matriz con su pujar para la expulsión del anhelado hijo, o al menos el anhelado nacimiento que le ponga fin al sufrimiento del momento, hasta que por fin se escuche el primer berrinche de la muchachita o muchachito anunciando su llegada, un nuevo ser entrando en las listas oficiales de los vivos, y ni por esas ella, la ciega, abandona los lentes oscuros, y nadie  podría certificar si de verdad pudo ver lo que estaba ocurriendo, o si en realidad lo que hizo fue detectar las cosas como lo  hacen los murciélagos y los delfines rosados, usando solo su radar biológico.

Vamos a convenir, al menos de momento, en no llamarla ciega, porque ya les he dicho muchas veces que ciega, lo que se dice ciega realmente no es, o mejor, no podría serlo  aunque parezca, a lo mejor solamente estamos llenos de prejuicios hacia ella por su androginismo, por su actitud ambigua que por moda no incomoda, o quizá no totalmente, más bien podríamos describirla como una andrógina-asexuada-casi mujer-voz de barítono cansado dejando ver su esfuerzo después de un día y una noche de guardia.

 

Pero me pregunto, ¿acaso ese afectación equívoca no equivale a una forma especial de la ceguera? Negación del placer que alimenta la vida, ¿no será ésa la razón para ocultarnos sus ojos?,  ¿para ocultar su ausencia de visión en la mirada?, no querrá más bien taparnos el sádico clímax  que reflejan sus ojos, ocultándonos su incapacidad para ese placer que comienza en mimos y arrumacos y se llena de caricias y besos,  hasta llegar al fin al anhelado orgasmo y que ella sustituye en los feroces arrebatos que su trabajo le impone, ¿no será su asexuamiento la razón del estremecimiento de placer que deja traslucir en las mejillas a través de la máscara quirúrgica cada vez que acuchilla a una mujer para sacarle su feto aún no parido y hacerlo un berrinchoso neonato cagón que con alguna frecuencia aunque no siempre llenará de luz y de alegría a su madre y a su padre?, ¿será más bien que el cuchillo sustituye los rehuidos y negados sexos como fuente orgásmica en su vida y no quiere por eso permitirse el lujo de ser vista en su clímax inconcluso y frustrante?, ¿será que no quiere permitirnos completar en nuestras retinas el todo de su rictus?

 

Ahí está otra vez nuestra asexuada ciega reina del mal humor y de las malas palabras, con su “no te necesito”, “apártate de mi camino”, y su clásico “no alcanzo a entender si su estupidez es permanente o si la ejerce solo cuando esta frente a mí”, y luego sigue caminando como un camión sin frenos, y le tiemblan las carnes por los kilos excesivos, lo que además le importa un bledo, como le importa lo que pensemos de ella, por eso a lo mejor ni se imagina que esta mañana le hemos descubierto los radares ocultos en los bordes de sus lentes oscuros.

Del Autor

Jorge Chavarro
Médico Colombiano actualmente residente en Houston, Texas. Su artículo sobre el conflicto Colombiano es un escrito presentado a la Universidad De Sam Houston en Huntsville, Texas, para ingresar a la maestría en español que actualmente cursa.