Carlos Montenegro:
Amor entre Pascasio y Andrés en el Castillo del Príncipe

Rafael E. Saumell

carlos-montenegro-segun-vidalCuba no alcanza su independencia completa el 20 de mayo de 1902. La república nace con la Enmienda Platt que permite a los Estados Unidos de América intervenir con sus tropas en la Isla cada vez que los intereses de esta nación estén en peligro (Pichardo 119).1 Los mambises se liberan de España pero no de Norteamérica. Esta realidad produce un sentimiento de frustración el cual va a acumularse durante los dos primeros decenios del siglo, y comienza a cuajar como resistencia a la condición neo-colonial a partir de los años veinte. Juan Marinello (1898-1977) resume ese momento:

En los años 20 conmueve la sociedad isleña un anhelo de cambio tan intenso como difuso. Todos -el pensador político y el creador de arte-se sienten penetrados por la angustia de rumbos nuevos. Se abren caminos, aunque no se vislumbra su exacta trayectoria. Alguna vez he llamado a la etapa que se inicia en 1920 la década crítica…(Creación 69)

La generación de artistas e intelectuales que nace en Cuba hacia finales del XIX o principios del XX es la encargada de efectuar una lectura de la nación cubana a partir del fracaso independentista de 1898, fecha de la guerra hispano-cubano-española.

En este período se publican textos claves. Carlos Ripoll señala la aparición de varios de ellos: La conjura de la ciénaga (1923) de Luis Felipe Rodríguez; Un catauro de cubanismos (1923) de Fernando Ortiz; Medio siglo de historia colonial de Cuba, (1923) de José Antonio Fernández de Castro; La poesía moderna en Cuba (1926), de Félix Lizaso y José Antonio Fernández de Castro; y La crisis de la alta cultura cubana(1925), de Jorge Mañach (La generación 53-56).

A esa lista hay que agregar el poema “La zafra” (1927) de Agustín Acosta; el ensayo Azúcar y población en las Antillas (1927) de Ramiro Guerra, y Con el eslabón (1927) colección de aforismos de Enrique José Varona.

Mil novecientos veintisiete es también un año destacadísimo en el arte y la literatura cubana porque empieza a circular la Revista de Avance. Surgen, maduran y empiezan a propagarse en Cuba los discursos filosóficos, socio-económicos, políticos y artístico-literarios que de una manera decisiva influirán en los acontecimientos nacionales, y como reacción a los líderes del mambisado que ceden ante la intervención norteamericana. Ello dará pie a dos revoluciones, la de 1933 contra el general Gerardo Machado, y la de 1959 contra el general Fulgencio Batista. Es el momento de las vanguardias político-literarias y de la fundación del partido comunista (1925).

La Revista de Avance introduce y promueve en el país las nuevas corrientes estéticas y filosóficas que provienen de Europa y de Latinoamérica. La publicación estimula discusiones sobre la relación entre los intelectuales y la sociedad, se editan ensayos donde se analiza el valor de la herencia española y africana, y promueve artículos y polémicas sobre el socialismo de corte marxista-leninista y los aportes de la Revolución Rusa de 1917, en comparación con el capitalismo de Norteamérica.

Es el momento en que se fragua una nueva “conspiración del texto” -insisto en la expresión de Benítez Rojo- para continuar y profundizar la línea de los grandes relatos nacionales: la abolición de la esclavitud (Del Monte y Manzano); la tarea de la independencia (desde Céspedes en 1868 hasta Martí en 1895); y el rechazo a la república mediatizada, a cargo de la generación que produce y publica sus obras a partir de la mencionada “década crítica”.2

Al igual que en el siglo anterior, la oposición a las autoridades no se practica sobre la base de un programa de partido sino a través de la producción de textos. Ambrosio Fornet señala que ésta es una etapa en la cual la palabra alcanza un prestigio peligroso porque ella expresa “la voluntad de un auditorio capaz de traducirla en actos [y] porque traducía realidades concretas” (En blanco y negro 43-44).

La lista de títulos publicados a lo largo de los años veinte y de los inmediatamente ulteriores al fin del “machadato” demuestra cuáles son los temas principales que también abordará la narrativa carcelaria: el problema de la posesión de la tierra y del azúcar, el antimperalismo, la ocupación del poder por los generales y doctores subordinados a Estados Unidos, la presencia africana en la cultura cubana, la necesidad de las revoluciones, el criterio de independencia real y la naciente competencia ideológica entre el socialismo marxista-leninista y el capitalismo.

El azúcar sigue siendo el asunto dominante de la Isla. Guerra anota que el latifundismo se ha acentuado y que la disminución del número de centrales se debe a la concentración de la propiedad en manos de pocas compañías, sobre todo norteamericanas (Álvarez Díaz 290-91). Básicamente se reitera el esquema azúcar-gobierno que en el siglo XIX genera la conspiración textual dentro del grupo delmontino y que produce entre otros la Autobiografía (1835) de Manzano. Persisten las iniquidades socio-económicas que aparecen plasmadas en el Manifiesto de la Junta Revolucionaria firmado por Carlos Manuel de Céspedes en 1868 y que en el plano literario se concretizan en El presidio político de Martí (1871).

Benítez Rojo afirma que, la repetición con variantes en pleno siglo XX de los problemas de la pasada centuria, obedece al carácter cíclico del discurso de resistencia en la literatura cubana, puesto que éste se refiere “a un mismo conjunto de textos o tema” (“Azúcar/Poder/Literatura” 210). No es casual que en noviembre de 1927 Avance se haga eco de los planteamientos ya indicados. En uno de los editoriales, la publicación cita un análisis de Guerra: “Once compañías extranjeras poseían [1927] la mitad de la tierra laborable de Cuba…La sustitución del nativo o del inmigrante blanco por el negro extranjero, es, con el de la pérdida del suelo, uno de los graves problemas nuestros” (87).

Todavía se manifiestan las quejas por la abundancia de mano de obra negra en detrimento de la inmigración blanca. Este editorial cierra con un juicio vertido por el escritor español Luis Araquistain: “la gran tragedia racial de Cuba: su creciente africanización” (88). Lo africano, es decir, lo negro, sigue siendo un escollo y una dificultad porque se le asume como retraso, pobreza e indigencia socio-económica a pesar de que también es una realidad ineludible ya afincada en la cultura.

Cuatro de los cinco editores iniciales de Avance, Jorge Mañach, Juan Marinello, Francisco Ichaso y José Z. Tallet, firman en 1923 un documento llamado “Protesta de los Trece” que constituye el acta de presentación de la nueva intelectualidad cubana. En mayo de 1927 redactan y firman un balance del primer cuarto de siglo de la República, que contiene afirmaciones como ésta: “A corruptelas coloniales hemos añadido lacras de nuevo cuño; a errores pasados, nuevos errores” (97). Al evaluar su propia “protesta” cuatro años atrás afirman que aquella “reveló la existencia de una nueva juventud con el entusiasmo y el brío indispensables para lanzarse, resueltamente, a fijar una nueva escala de valores morales en la República”. En esas “Directrices” ratifican que la revista es “también una protesta”. Para insistir que de eso se trata, añaden otra reflexión de Guerra: “Durante cinco lustros hemos hecho literatura como hemos sembrado caña o hecho política: para comer, para medrar, para vivir” (97). José Antonio Portuondo recuerda que en el poema “La zafra” Agustín Acosta señala el malestar de entonces: “Musa patria, esto no fue/ lo que predicó Martí” (Bosquejo 56).

Martí y Varona son los autores de la época, es decir aquellos cuyos textos y conductas políticas influyen poderosamente en la generación encargada de redactar la agenda de cambios que requiere el país. Mañach ha declarado que en aquellos tiempos “no se escribía sobre el hombre, sino sobre la figura histórica…Martí fue estatua” (Valdespino 307).3 La hermenéutica martiana inaugura un procedimiento que dura hasta el presente. Como persona y sobre todo como texto, Martí es adaptable a todos los discursos políticos, religiosos, económicos, sociales y literarios que han protagonizado el desenvolvimiento histórico de Cuba desde 1902. La “Protesta de los Trece” puede leerse como una rendición a posteriori de las doctrinas de quien ya empieza a ser calificado de “santo” y “apóstol”.

En los años veinte Varona es una figura literalmente viva, uno de los representantes del mambisado que no cedió a la tónica de algunos de sus colegas mambises en el poder. Avance lo presenta con frecuencia como modelo de intelectual, de político y de patriota. Félix Lizaso, firmante de la “Protesta,” observa que hay un nexo entre Martí y Varona en el sentido en que éste sustituye al primero en la “dirección del periódico Patria (1895) de Nueva York, órgano del Partido Revolucionario Cubano” (El pensamiento 37). Lizaso especifica que “Martí toma significación excepcional cuando la juventud se moviliza en sentido crítico y combativo frente a la vida nacional” (Ripoll 73).

Los jóvenes visitan a Varona en busca de consejos y de apoyo a su causa. En septiembre de 1927 Mañach escribe en Avance que aquel es la representación “de ejemplaridad de dos generaciones; acaso tres… es don Enrique José Varona, después de Martí, nuestro cubano más egregio” (288). Al referirse al enlace entre los mambises del XIX y los resultados republicanos de sus luchas agrega: “la generación de cubanos que nos precedieron…podría mirarnos con asombro y lástima, y preguntarse estupefacta si éste es el resultado de su obra” (Ripoll 35).

 

 

El espacio narrativo de la cárcel

hombres-sin-mujer-carlos-montenegroLa literatura carcelaria es uno de los tantos espacios textuales donde se concretiza la resistencia contra los discursos oficiales de la “república enmendada”. Los escritores que narran la prisión, como antes Manzano y Martí, acceden a la escritura no para hacer exclusivamente obras literarias sino para marcar momentos de enfrentamiento al poder. Dentro de esta temática el primero en ser dado a conocer a través de las páginas de Avance es Carlos Montenegro (España 1900-Estados Unidos 1981), un recluso común que está cumpliendo una sentencia por homicidio en el Castillo del Príncipe. Le sigue Pablo de la Torriente Brau (Puerto Rico 1901-España 1936), periodista, militante político y ex secretario en el bufete de Fernando Ortiz.

De cierta manera el caso de Montenegro es similar al de Manzano. Los dos son convictos en sus respectivas sociedades. Ambos “compran” sus libertades gracias a sus respectivos talentos literarios, los que son promovidos por influyentes “lectores solidarios”. Montenegro es un ejemplo activo de las tesis del grupo nucleado en Avance. Hay asimismo razones políticas. Abundan las víctimas de la corrupción en el aparato judicial. La revista tiene necesidad de los escritos del presidiario para exponer los abusos legales y por ello le abre sus páginas gracias a las cuales gana amplia notoriedad.

Torriente Brau se asemeja a Martí en cuanto a que sus escritos sobre la dictadura y la prisión obedecen a un compromiso con la palabra que, según Fornet, “quiere penetrar la realidad y sacudirla y transformarla” (43). Para Torriente Brau, así como para Martí y Montenegro, el país es una cárcel inmensa de la cual ellos son elocuentes testigos a pesar de no estar entre los más sufrientes. El primero repite básicamente el principio de hermandad adelantado en Presidio político.

En “La isla de los 500 asesinatos” indica: “El que sabe lo que yo sé, lo que yo he oído, tiene el deber de hablar, aunque sea por todos los infelices que ya no pueden hacerlo porque la voz se les pudrió en los pantanos de “La Llana”. En “105 días preso” agrega: “Porque el pueblo está preso. Está preso de temor, de miseria y de cansancio” (Pluma en ristre 199 y 79).

Ni Montenegro ni Torriente Brau forman parte del liderazgo intelectual del momento. Uno está en la cárcel y el otro, si bien es un destacado activista político, no ocupa los primeros planos de la dirigencia que se rebela sobre todo a partir de 1925 contra el gobierno del presidente electo y ex general mambí Gerardo Machado Morales.4 Sin embargo, por las conexiones que ellos tienen con los grupos que encabezan la resistencia a la dictadura, y a través sobre todo de sus textos, contribuyen a la emergencia de un anti-discurso poderoso que finalmente pone término al estado de cosas contra el cual escriben. A su manera, cada uno funciona como lo que Foucault denomina “el ojo observador” o “el sujeto que observa”. Participan de las redes de información alterna en la Isla. Anotan, señalan, describen, y clasifican el sistema de poder imperante, para denunciarlo y hacer lo posible también por derribarlo (The archaeology 52-53).

La idea del “sujeto que observa” viene a cuento además por la razón de que ambos han pasado por lo que Foucault llama “el dispositivo panóptico,” la prisión:

[la cual]… dispone de unas unidades espaciales que permiten ver sin cesar y reconocer al punto. En suma, se invierte el principio del calabozo; o más bien de sus tres funciones -encerrar, privar de luz y ocultar…La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra…La visibilidad es una trampa. (Vigilar y castigar 203-204)

Lo que sucede con el texto carcelario es que allí también se produce una inversión del sistema panóptico. La sociedad que justifica a la prisión es observada por el sujeto penitente quien mediante la escritura hace ver y puede denunciar arbitrariedades de los discursos político-jurídicos. El resultado consiste en que la obra es un acto de subversión, una mirada escrutadora e iluminante expresada en términos de escritura rebelde.

 

 

Notas del artículo

  1. Documentos para la Historia de Cuba II (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1973): Punto II de la Enmienda: “Que el gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos pueden ejercitar el derecho de intervenir para la conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual…” (119)
  2. Sobre Avance y sus repercusiones en Cuba pueden consultarse los ensayos de Marinello y de Ripoll ya citados. De este último en especial el epígrafe “Avancismo” (94).
  3. “Imagen de Martí en las letras cubanas.” Revista Cubana. I(2). Julio-Diciembre 1968: 307. En este ensayo, uno de los mejores jamás publicados sobre este aspecto, dice el propio Valdespino: “En las letras cubanas la figura de Martí ha pasado de la santificación -Martí mito- a la humanización -Martí hombre- a la falsificación -Martí cartel de propaganda. Se tardó mucho tiempo en Cuba en “descubrir” a Martí. Y poco en desfigurarlo” (307).
  4. Machado forzó su “reelección” al terminar su mandato constitucional en 1928, convirtiéndose de facto en dictador hasta agosto de 1933, fecha en que una revolución encabezada entre otros por los jóvenes de Avance lo sacó del poder. Ver Herminio Portell Vilá. “El ‘Machadato’ o régimen de Machado.” Nueva historia de Cuba. (Miami, USA: La Moderna Poesía, Inc. 1986): 317-397.
  5. “La cultura cubana, entendiendo esta frase en su sentido más amplio, comprendiendo en ella todos los códigos comunicacionales y las específicas maneras de ser, vestir, actuar, comer, etc., estaba indeleblemente marcada por la esclavitud, el azúcar y el mar” (97). En la cuentística de Montenegro el mar ocupa también un espacio tan relevante como el de la prisión.
  6. Moreno Fraginals comenta lo que él llama “traslación de significado,” (96) es decir de la significación azucarera a la significación erótica. Señala que este proceso “es un ejemplo también de cómo la traumática vida sexual de las plantaciones, donde las urgencias de la producción trataron de ahogar las urgencias biológicas, transformó numerosos signos de producción azucarera y castigo esclavista en signos sexuales” (96).
  7. Siempre me referiré a la edición original: (La Habana: Ediciones Sábado, 1934).
  8. Trabajaré con la edición: (México: Editorial Oasis, 1981).
  9. En el sentido de local, vivienda, establecimiento, etc., de mala reputación (Diccionario de la Real Academia).
  10. Básicamente estamos ante la misma estrategia empleada por Hernández Catá en El ángel de Sodoma, puesto que tanto José María como Pascasio se esfuerzan por destruir en sí mismos los impulsos que se consideran violaciones sociales y sexuales de la norma históricamente asignada al género masculino en este caso. No obstante, Montenegro hace más de una concesión en materia de convención genérica atribuyéndole además a lo femenino una naturaleza esencialmente débil y pasiva. Para estas valoraciones me baso en Sandra Lipsitz Bem. “Gender polarization.” The lenses of gender. (New Haven and London: Yale UP, 1933): (80-132); y Myra Jehlen. “Gender.” Critical terms for literary study. Edited by Frank Lentricchia and Thomas Mc Laughlin. (Chicago and London: The University of Chicago Press, 1990): 263-273.
  11. Utilizo “motivación” en el sentido en que la entiende B. Tomashevsky, es decir, como una red de eventos que justifican la introducción de motivos individuales o grupos de motivos. Ver “Thematics.” Debating texts. Readings in 20th Century Literary Theory and Method. Edited by Rick Rylance. (Great Britain: University of Toronto Press, 1987): 59.
  12. Para más detalles consultar a: Lydia Cabrera. El monte. (La Habana: Letras Cubanas, 1989): 51 y 73-74.

Del Autor

Rafael E. Saumell
(Cuba, 1951). Escritor y profesor. Graduado de las universidades de La Habana y de Washington University, Saint Louis, Missouri, EE.UU. Ex-guionista de radio y televisión, antiguo miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ha publicado en Unión, El Caimán Barbudo, Revista Iberoamericana, Encuentro de la cultura cubana, Revista Hispano Cubana, Círculo: Revista de Cultura, Research in African Literatures, The Texas Review, Hispanic Poetry Review, MELUS, Linden Lane Magazine, Revista de Estudios Hispánicos, L’Ordinaire Latino-Americain, Monographic Review/Revista Monográfica, Cuadernos del Lazarillo y Cuba in Transition. Autor de varios ensayos sobre literatura recogidos en antologías dedicadas a José Martí, Mario Vargas Llosa y Alejo Carpentier, entre otros. Miembro de Número de la Academia Cubana de Historia en el exilio.