Santa palabra, bendita entre los hombres

Luis Pérez de Castro

¡Qué consuelo sin nombre no perder la memoria,
tener llenos los ojos de los tiempos pasados!

Rafael Alberti

 

garrincha-internet-en-cubaEl cambio de siglo ha dejado claras muestras de cambios de paradigmas, estos cambios se manifiestan en todas las esferas de la vida, digamos económicas, políticas y sociales, y con mayor énfasis, en los medios de comunicación masiva, me refiero específicamente a la televisión.

Transcurría el día 12 de febrero de 2013, eran las 07: 00 pm y al encender mi televisor la imagen de Randy Alonso me sorprendió con una confirmación harta conocida. Damos comienzo la mesa redonda, dijo, y después de una sonrisa con matices sarcásticos, terminó de aniquilar en mí la poca fe que hasta ese momento había logrado acumular superadas las calamidades del día: Estamos ante una crisis evidente del periodismo internacional.

Respiré varias veces suave, profundo. Fui hasta mi pequeño balcón, observé con detenimiento el ir y venir desesperado de las gentes, como si simularan un ejército de insectos sin orientación. Regresé frente al televisor, con desgano cogí un periódico Granma y un Juventud Rebelde del día anterior que reposaban sobre una silla. Después de comprobar, no sin asombro, que los dos compartían la misma información, solo que con enfoques e imágenes diferentes, con mayor desgano los lancé al piso y me pregunté: ¿Nosotros no formamos parte de ese periodismo internacional?

De inmediato comencé a cuestionármelo todo, los conceptos esgrimidos por mis prestigiosos profesores durante mis estudios de nivel superior, cada boletín informativo o noticiero de los que tantos abundan en nuestra repetitiva y aburridísima televisión, nuestros diarios, que ya lo dejaron de ser para convertirse en semanarios, y que en tan breve síntesis intentan decir mucho y dicen tan poco. De inmediato comencé a cuestionármelo todo, pero la historia; esta nuestra historia surgida por la interrelación entre los hombres, no perdona, y como un suicida que revive años atrás mostró la imagen sonriente de Iroel Sánchez, ex presidente del Instituto Cubano del Libro (ICL), el que, escuchado un breve ensalzamiento de Randy Alonso a su figura, dijo con una expresión en el rostro inenarrable y henchido de placer: Mi proyecto, del cual soy coordinador, es darle voz a los que no tenían voz. Y más adelante, de forma cínica, hizo dos aseveraciones hasta hoy incomprensibles: Internet es para nosotros… Existe una cultura de participación en los medios de la red.

Y lo confieso, un nudo se alojó en mi garganta y poco faltó que llorara. Y a mi mente llegaron aquellas imágenes de Iroel Sánchez siempre hermético e irrespetuoso para con los escritores que habitan del lado acá del túnel de la Habana; la escena escenificada en el museo de Patrimonio, de la ciudad de Santa Clara, en el año 2004 con el escritor Lorenzo Lunar Cardedo, donde, con el rostro ebrio de desprecio, no respetó criterio alguno que no fuera su propia voz de mando; su actitud prepotente cuando, en la Feria Internacional del Libro (FIL) del año 2007, miró por encima del hombro a cuantos lo rodeábamos y no fue capaz de intercambiar el más mínimo saludo. A mi mete llegaron tantas imágenes sobre Iroel Sánchez, el que, según su criterio, es el encargado de darle voz a aquellos que no tenían voz, el que pregonó junto a Randy Alonso y ante todo el pueblo cubano que Internet es para ¨nosotros¨ y que existe una cultura de participación en los medios de la red, que hasta esta nuestra historia temblaría de pavor de solo oír mencionar su nombre.

Y continué cuestionándomelo todo: ¿Quiénes son los que no tenían voz para que Iroel Sánchez les de voz? ¿Para quiénes ¨nosotros¨ es Internet? ¿Cómo y quiénes participan en su llamada cultura de participación en los medios de la red? Logrado superar mi estado de estupefacción ante tanta inútil verborrea, llegué a la conclusión que en el ciudadano cubano actual  existe en su memoria, como forzosamente, una sensación de pérdida: que miramos hacia atrás a un país al que no podemos volver. Ese sitio especial, ese país irrecuperable que para todos ha quedado anclado en le década del 80 y permanece congelado en las mentes, como impidiendo un pensamiento real, objetivo y libertario.

De qué otra inutilidad inútil nos quiere convencer Randy Alonso e Iroel Sánchez, cuando para acceder a Internet, en los contados lugares asignados para tal fin, se debe pagar en divisa y, quien suscribe, como la mayoría de todo cubano a pie y sin remesa extranjera, no llega a 75 centavos dólar la jornada laboral; a quién Iroel Sánchez le puede dar voz cuando él, en su mal preponderado paso por el Instituto Cubano del Libro (ICL), no fue capaz de mantener un diálogo constructivo y unificador con la intelectualidad de la isla; a quién quiere convencer Randy Alonso cuando, hasta el momento de redactar este artículo, no ha sido capaz de poner sobre debate la verdadera situación económica y social que atravesamos, y no ensalzar resultados que nada dicen en las maltrechas economías familiares que cada día se deteriora más y más, y más se aleja el vórtice de una luz que tal parece extinguirse para los ciudadanos comunes, los que como ya dije, a pie. Por qué, Randy Alonso, no dejar tranquilo cuanto acontece en los países allende los mares y concentrase un poco más en el verdadero nosotros, los que producen para que cada día, a las 08: 00 pm, lances las consignas: Seguiremos informando al pueblo o Seguimos en combate. Y, claro está, al final del mes puedas poner sobre la mesa de tu casa un salario digno, sin embustes ni falsos chovinismos, del cual tus hijos, echadas a rodar las ruedas de la historia, se sientan orgullosos.

Mientras los veía mentir con una leve sonrisa a flor de labios, como convencidos de la ambigüedad de su discurso, recordé una de mis tantas lecturas sobre el significado de un episodio simbólico, y preferí pensar que ambos, frente a un público altamente inteligente como el nuestro, solo escenificaban eso: un episodio concreto, abstracto, sobre un tema para nada importante, casi ajeno a una multitud, pero que a la vez resume todo un conjunto de significados, a los que no me quiero referir, ya que pueden ser material para otro artículo. Mientras los escuchaba recogí los periódicos del piso y, aunque convencido de que no me escucharían, dije: Todo cuanto están diciendo está implícito en la libertad del decir y en el encarcelamiento, entre lo auténtico y lo falso, entre lo natural y lo que ustedes intentan representar. No olviden que la memoria no es, no puede ser, neutral: los contrastes que provocan conllevan juicios y hasta comentarios acerca de su naturaleza esquiva. El recordar es una obligación, y el definir la memoria, como mentir, es otra para los que lo necesitan hacer.

Cierto, los paradigmas no solo cambian, también evolucionan según esos contrastes que provoca la memoria, siempre condicionada por los procesos históricos y el actuar, a veces inconsecuente, del hombre, pero, por favor, no aceleremos su propia evolución, dejen un ápice, una finísima luz, a aquellos que también piensan y aún tienen voz, en ellos puede estar la respuesta, tal vez no la que ustedes necesiten escuchar, pero sí la mayoría, que son los que habitan esta isla orgullosos de su historia, de su irreversible evolución en el tiempo.

 

 

Del Autor

Luis Pérez de Castro
Pinar del Río, Cuba, 1966. Es historiador, abogado, poeta, narrador y crítico. Publicó cuentos: “Nostalgia del cíclope” (2004), “Mientras arde en silencio mi voz” (2006), “Rapsodia del erudito” (2007); narrativa infantil: “Epístolas de un loco”, (2007). También resaltan sus poesías “Confesiones del Abad”, “Testimonio del Pagano”, “Último e-mail inédito de Faulkner”, escritas entre 2005 y 2009. Entre las antologías en las que ha sido incluido destacan “Neruda, 100 años”, “Nosside Caribe”, “Noche Cálida en Santa Clara”, y “Faz de tierra”, 2010. Trabajos suyos de poesía y narrativa aparecen en diferentes revistas nacionales e internacionales. Sus obras han sido premiadas con diversos galardones en “Mercedes Matamoros”, cuento, 2003, “Poesía de Amor Varadero” 2004 y 2008, “Batalla de mal Tiempo”, poesía, 2004, “Félix Pita Rodríguez”, poesía, 2006, y “Farraluque, narrativa erótica”, 2007.