Con el peso del fuego

Jorge de Arco

Poesía completa
Paul Auster
Seix Barral. Colección Los tres mundos. Barcelona, 2012

 

Paul-Auster-poesia-completa-En 1997, la editorial Pre-Textos dio a la luz Desapariciones, florilegio de la obra poética de Paul Auster (New Jersey, 1947), que recogía una treintena de poemas pergeñados por su autor entre 1970 y 1979. Aquella antología, me sirvió para conocer por vez primera el quehacer austeriano, concebido entre espacios abiertos y herméticos, entre el misterioo de la palabra y la libertad del hombre. Quince años después, se edita en España su Poesía Completa, en un meritorio empeño por profundizar de manera exhaustiva en la lirica del autor norteamericano.

Hace más de una década, en una entrevista concedida a un medio español, el propio Auster confesaba: “Tengo abandonada del todo la poesía. No he escrito un poema en veinte años. Toda mi obra es una unidad, y el cambio a la prosa fue el último paso en una lenta evolución natural”. Se reúne ahora, pues, en este atractivo volumen, toda su poesía publicada por aquel entonces: Radios (1970), Exhumación (1972), Escritura mural (1975), Efigies (1976), Fragmentos del frío (1977) y Aceptando las consecuencias (1979); además, se incluyen sus Notas de un cuadernos de ejercicios (1967), un sugeridor y breve compendio de reflexiones diversas: (“El ojo mira al mundo en estado de flujo. La palabra es un intento de detener el flujo, de estabilizarlo. Y, sin embargo, nos empeñamos en traducir la experiencia en lenguaje. De ahí la poesía, de ahí las vocalizaciones de la vida cotidiana”).

La obra de Paul Auster -no sólo la lírica sino también la narrativa-, está impregnada de distintas consideraciones sobre la inconsistencia existencial, sobre las limitaciones que soporta el hombre de hoy y sobre la necesidad de establecer para sí y para la humanidad un universo creativo. Cuando, en 2006, recibió el premio Príncipe de Asturias de las Letras, llegó a confesar en su discurso de agradecimiento que, “una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos (…) Nunca he querido trabajar en otra cosa”. Y a fe que, su devoción por la palabra -y su innegable calidad y buen hacer-, lo han situado entre los autores vivos más grandes e influyentes del siglo.

En estas casi trescientas páginas, puede descubrirse la voz de un autor que emprende en sus versos un viaje hacia lo desconocido, hacia el conocimiento de un yo poético que canta y cuenta sobre la dicha y el desasosiego vitales: “Estas son palabras/ que no sobreviven al mundo. Y hablarlas/ es desaparecer/ en el mundo. Inalcanzable/ luz/ que preside la tierra, alimentando/ el breve milagro/ del ojo abierto”. Con su habitual e intensa visión nihilista de ese mundo, el vate estadounidense sabe que la propia condición mortal,  se extiende también al ámbito del lenguaje. Y que de esa futurible desaparición verbal y humana, sólo podrá salvarle el poder encontrarle un sentido, una razón de fe, a cuánto escribe. “Al ver mi obra en retrospectiva, me doy cuenta de que se mueve entre el confinamiento y el vagabundeo”, escribía Auster en “Experimentos con la verdad”, un amplio conjunto de artículos, ensayos y piezas narrativas, aparecido en nuestro país en 2001 en la editorial Anagrama.

Releyendo sus versos, también vuelvo la vista atrás y, constato, que aquel sentimiento de hallarme ante un poeta mayor, vertiginoso, de sólidos andamiajes verbales, se me ha hecho vuelto patente de nuevo. Y aún más firme: “Tu cuerpo/ es tu propia carga medida. Y camina/ con el peso del fuego”.