Azar, destino y libertad

mijail-gorbachov-columna-arturo-gonzalez-dorado-otrolunes28Hace ya algún tiempo, estando aún en Cuba, conversaba con un ex oficial de la Seguridad del Estado sobre el fin del comunismo en la Unión Soviética y la inevitabilidad de un cambio en Cuba. Yo defendía la tesis de que tarde o temprano el sistema hubiera colapsado por su ineficiencia económica y por la falta de libertad de sus ciudadanos, y que ineludiblemente en Cuba sucedería lo mismo en algún momento. Sin darme cuenta del todo asumía una idea de la historia más marxista de lo que hubiese podido creer: hay un sentido, la historia está marcada por el progreso, y en la dimensión humana es una continuidad de la evolución natural. Más profundamente, lo pensé después, mi visión era hegeliana: la evolución dialéctica del espíritu hasta reencontrarse a sí mismo. Leer más…

Cuestión de lógica

Porqué la austeridad mata
El coste humano de las políticas de recorte

David Stuckler y Sanjay Basu
Taurus, 2013

 

El problema son los bancos
Cartas a Wall Street

VV.AA
Sexto Piso, 2013

 

porque-la-austeridad-mata-otrolunes28Cuántas veces hemos escrito la palabra crisis. Cuántas veces la nombramos, verbalizamos o invocamos. Tras incorporar su significado a nuestra rutina, al movimiento de nuestro corazón y arterias, el siguiente paso puede tener una factura muy elevada para la condición humana que se está perfilando en este primerizo siglo veintiuno. Considerar natural su ejercicio a través de unas medidas basadas en una economía no expansiva, que lejos de buscar alternativas tapa la grieta desde la que la luz hace ruido y asoma, puede hacernos retroceder varias décadas -en materia social- siguiendo el canto de una trayectoria calculada por unos pocos para que unos muchos sigamos creyendo en las reglas de un juego que sabemos perdido de antemano. Leer más…

El monzón, los vientos de la historia y el fin del imperio americano

El monzón conforma uno de los mayores sistemas atmosféricos del planeta, un sistema “matemático” de cuyo equilibrio depende la supervivencia, a menudo precaria, de millones de personas cuyas agriculturas y economías locales rotan en torno a la estabilidad del proceso. Un buen monzón –del árabe, mausim, “estación– significa prosperidad, de modo que, como nos advierte Kaplan, una alteración en las pautas atmosféricas, debida a un posible cambio climático –no faltan datos estadísticos en los últimos tiempos que nos invitan a temer que el calentamiento global ya está obligando al monzón a seguir un patrón más “errático”–, puede colocar al borde del desastre a extensas áreas del litoral.

 

monzon-un-viaje-por-el-futuro-del-oceano-indico-kaplan-otrolunes28Con frecuencia recurrimos a “los vientos de la Historia” a la hora de intentar captar en una imagen el devenir de la peripecia humana. Más allá del cliché, resulta incuestionable la capacidad de evocación que tal representación encierra. Tal vez, de modo inconsciente, al exhumarla dibujemos mentalmente la imagen del Angelus Novus de Klee, aquel que tanto maravilló a Benjamin; quizá sea un espectro ambulante recorriendo sigiloso un continente entero el que entonces nos devuelva la mirada; o tal vez, puestos a lucubrar, notemos algo así como que acaba de desfilar bajo el balcón del filósofo la figura de un emperador triunfante a caballo. Como sea, con esta socorrida metáfora solemos aludir al carácter variable, impredecible, turbulento, incluso violento con que los acontecimientos se incardinan unos a otros, ora como una brisa, ora como un ciclón horadando la tierra, mientras dejan tras de sí una estela de semillas que irán germinando a su vez al tiempo que multiplican los acontecimientos y hacen avanzar de forma discontinua, así al menos lo entendía entre otros María Zambrano, nuestra común aventura. Leer más…

El desplazamiento hacia la brevedad no es neutro desde el punto de vista ideológico

pascual-serrano-otrolunes28El periodista Pascual Serrano ha publicado, de la mano de esa atalaya editorial que es Península, La comunicación jibarizada. Cómo la tecnología ha cambiado nuestras mentes, una suerte de manual en torno a la relación sociedad tecnológica e individuo contemporáneo, en el que el autor señala los efectos menos tangibles y amables del hecho tecnológico en la manera con la que nos comunicamos, la forma con la que transmitimos información, pero especialmente el efecto de estos (casi) nuevos modelos de vida –y realidad- en nuestra geografía cotidiana, sus consecuencias a la hora de afrontar el procesamiento de ideas y producción de pensamientos; una serie de consecuencias que atañe directamente al análisis y reflexión sobre el acontecer, acciones que como el autor señala tienden a la brevedad y lo superfluo, tienden a la jibarización.

 

En La comunicación jibarizada, ¿hay más de advertencia, de urgencia o una suerte de combinación de ambas?

Yo insisto a lo largo de la obra en que es una advertencia. No sé qué grado de urgencia, o dicho de otro modo, no sé qué nivel de poder y de irreversibilidad ha alcanzando ese grado de jibarización de la comunicación, lo importante es que lo detectemos y que la izquierda termine con su mitificación e idealización de las nuevas tecnologías, internet, las redes sociales, etc.

 

En el prólogo de tu libro señalas las diversas causas que han arrastrado al individuo contemporáneo a modificar el ejercicio de la comunicación, causas como «predominio audiovisual, espectacularidad en la comunicación, revolución tecnológica, sobresaturación informativa». Estas causas ¿cómo irrumpen en la sociedad informativa? ¿Y cuáles son sus porqués?

Confluyen varias razones. El abandono de la palabra, la apuesta por la espectacularidad y la imagen, el formato superficial y la comunicación constante es una vuelta a lo instintivo, un entorno no evolucionado por la razón. La palabra, la reflexión concentrada y el argumento profundo pertenecen a un nivel más evolucionado de la racionalidad, que requiere más esfuerzo. La sobresaturación informativa se desencadena porque el deseo de influir en la opinión pública provoca que todos los actores sociales emitan mensajes interesados. El ciudadano entonces se ve enfrentado al aplastamiento informativo y opta sólo por la más superficial, breve y sencillo. El mensaje adopta, a su vez, ese formato, y así se consolida un círculo vicioso.

 

Tal como escribes en el arranque del  primer capítulo, «La brevedad y la simplicidad se han instalado en el intelecto moderno y se diría que no dejan lugar al razonamiento complejo y elaborado». Esta suerte de pereza intelectual, ¿nos ha provocado cierto miedo a pensar o reflexionar?

la-comunicacion-jibarizada-pascual-serrano-otrolunes28Más que a pensar o reflexionar, a escuchar o atender al pensamiento complejo. Es más animal, y más instintivo desde el punto de vista de la supervivencia, estar atento a cualquier elemento que nos interrumpa, que concentrarnos en una actividad. Pienso en la gacela o el pájaro que está atento a cualquier sonido o movimiento que puede ser un peligro. Para estos animales concentrarse en una actividad y no percibir el más mínimo agente que interrumpa el silencio puede ser mortal. De ahí que resulta más sencillo al ser humano involucionar a ese formato de la comunicación constante y superficial que concentrarse en la profundidad del mensaje complejo.

 

El culto a la brevedad que mencionas en diferentes instantes del título ha modificado no sólo la forma de comunicar sino a la propia condición humana. ¿Cómo puede llegar a afectar a la sociedad esta última modificación?

La brevedad no es solo un formato, es también una posición ideológica. El mensaje dominante, el del poderoso, el que no quiere cambiar las estructuras, ni interpreta de forma crítica, no necesita de la profundidad ni de la extensión. En cambio, el discurso que pretende derrocar el modelo dominante, desentrañar otros valores y movilizar para otro mundo mejor, necesita más espacio y más tiempo para su exposición y para su recepción. De ahí que el desplazamiento hacia la brevedad no es neutro desde el punto de vista ideológico.

 

En relación con el hecho político, el uso de las tecnologías intelectuales, ¿cómo nos afecta? ¿Nos hace ciudadanos más vulnerables?

No se puede afirmar que estas tecnologías tengan una consecuencia igual para todas las personas. De hecho el objetivo del libro es pretender que tenga unas determinadas consecuencias y no otras. Un teléfono móvil puede permitir que un tipo esté dando órdenes de compraventa de acciones de Bolsa mientras viaja en tren o que tenga localizado a su hijo adolescente un sábado por la noche. Una página de Facebook puede servir para organizar una manifestación contra el gobierno o compartir las fotos de tu boda.

 

¿Qué tipo de comunicación/sociedad puede derribar esta comunicación/sociedad jibarizada que alimentamos y sostenemos?

El libro aborda algunas propuestas, pero en todas se requiere un cambio profundo de mentalidades y ello implica ámbitos diversos. Desde la educación hasta la reivindicación de la palabra y del libro frenTe al dominio de la imagen. También reivindicar el contacto físico, la organización real y lugares físicos frente al culto de la virtualidad como lugar para la movilización, que es otro de los problemas.

 

¿Y cuánta responsabilidad tiene el periodismo en este cambio de rumbo, o es la profesión sólo una víctima más?

Es un poco las dos cosas. Al principio la consideraba más responsable, pero me he ido dando cuenta de que la propia sociedad, la fascinación tecnológica, las tendencias innatas al mínimo esfuerzo provocan que los periodistas -y en general todos los comunicadores- tiendan a la superficialidad y la jibarización para agradar a sus audiencias. Sucede también con los docentes o con los escritores de ficción.

 

Otro gran asunto que tratas en La comunicación jibarizada es la relación imagen/palabra. ¿Por qué hemos apostado, de forma tan contundente, por la espectacularidad en la información sacrificando el ejercicio de la palabra?

Era una tendencia instintiva lógica. No sucedió antes porque no existía la tecnología adecuada. Quizás si se hubiera inventado la televisión antes que el libro, éste nunca se hubiera usado. Y esto no es bueno porque no es verdad que una imagen valga más que mil palabras. Las complejidades no las explican las imágenes, sólo las ilustran si las has expuesto mediante el argumento que solo la palabra permite. Por otro lado, existe otra perversión de la imagen. Mientras que la palabra recurre a la razón, la imagen recurre a la emoción y reniega del razonamiento. Las imágenes explotan sentimientos y pasiones muy fáciles de manipular. En una guerra, basta que pongas en cámara el huérfano o la viuda del soldado de un bando para que, automáticamente, el espectador crea que el otro bando es el criminal, sin más análisis.

 

 

En el capítulo “El dominio audiovisual”, escribes: «La prioridad de la imagen ha revolucionado no solo la presentación, sino el propio concepto de noticia y, seguidamente, la estrategia de todos los sectores que quieren influir u ocupar un espacio mediático». ¿Por qué no se equipara el empleo de imagen y palabra en la información?

Cuando el soporte es audiovisual la disponibilidad de imagen es una condición imprescindible para que exista la noticia. Eso lo saben todos los que trabajan en televisión, y es una barbaridad desde el principio periodístico de lo que es noticia. Una televisión dedica diferente espacio e importancia a la noticia del asesinato de cinco defensores de derechos humanos en Colombia si tiene imágenes o no del crimen. Eso es antiperiodístico, porque la noticia tiene la misma importancia o no la tiene, con imágenes que sin imágenes. Las consecuencias son estremecedoras. El tipo que se quema a lo bonzo para protestar por algo conseguirá que su protesta se difunda si alguien le grabó, y se quemó para nada si nadie estaba por allí cerca con una cámara.

 

En el libro, relacionas el empleo de buscadores –como Google- con la elaboración de noticias y su influencia en el lenguaje. ¿Es el uso de buscadores principal parte responsable de la falta de argumentos en la información, de una clara apuesta por lo cuantitativo frente a lo cualitativo?

Son muchas las distorsiones que supone Google. Para empezar la cuantitativa, si vemos que una noticia nos la proporciona Google procedente de varios medios tendemos a pesar que es más verídica o más importante, y quizás todos esos medios la han tomado de una sola fuente (una agencia) o son diez periódicos regionales que pertenecen a la misma empresa.  Por otro lado, Google descontextualiza, algo muy grave para estudiantes que operan con el mínimo esfuerzo. Google ubica un determinado concepto en un párrafo concreto de un documento de cien páginas y tendemos a obviar las otras noventa y nueve que forman parte del contexto que el autor ha presentado de forma inseparable con el concepto.

 

Sobre el Power Point, su empleo «combina lo útil y lo agradable, la propaganda y la ilusión, supedita el sujeto al objeto, el contenido al continente, el fondo a la forma y el mensaje al medio», ¿cuánta responsabilidad tiene en el tipo de información que se lleva a cabo actualmente?

Power Point lleva la palabra al entorno superficial de la imagen, elimina sintaxis, corrompe los métodos argumentativos y los sustituye por estética y espectacularidad. De nuevo jibarización.

 

A la educación le dedicas buena parte de la preocupación y reflexión que conforman el entramado de La comunicación jibarizada. En relación con las nuevas generaciones, éstas se presentan como «la juventud mejor formada respecto de las anteriores», una juventud cuyo conocimiento es de corte acumulativo y su capacidad reflexiva se muestra mermada, en parte, por el uso de las tecnologías intelectuales y redes sociales. ¿Qué se puede hacer, en materia educativa, para invertir el rumbo de las generaciones más jóvenes?

En las presentaciones de La comunicación jibarizada he descubierto que las personas relacionadas con la docencia están angustiadas por la forma en que los nuevos formatos y tecnologías están afectando a los estudiantes. Creo que se debe desmitificar la tecnología, ya los profesores reconocen que tienen los armarios de los colegios llenos de chatarra informática por las presiones de las empresas de tecnología que han embaucado a las administraciones. El ejemplo más curioso de la fascinación tecnológica de las autoridades es que algunas autonomías españolas un año regalaron a todos los maestros de primaria un ordenador portátil y al año siguiente les quitaron la pagar extra por falta de presupuesto. El profesor debe resistirse a la tentación de convertir su clase en un show divertido. No es que el alumno deba aburrirse en las clases, pero divertirse no es sinónimo de aprender. También está demostrado que la información que nos llega por metodología audiovisual y espectacular se fija menos en nuestra mente, mientras que lo que alcanzamos mediante la deducción propia y tras una elaboración compleja resulta más enriquecedor y más sólido para nuestro conocimiento.

 

En tu opinión, «la escuela ha claudicado ante la lógica del entretenimiento». ¿Dónde debemos buscar el origen de tal claudicación? ¿Cuál puede ser el efecto a corto/ medio plazo?

El origen es el mismo que en el periodismo. Las nuevas tecnologías permiten a un precio barato aportar espectáculo. Y ese espectáculo es más ameno para el alumno y más cómodo para el profesor. A partir de ahí se comprende hacia donde estamos yendo. El problema es que el alumno exige divertirse en lugar de aprender. Volvemos a la infancia mental, el objetivo no es que se aprenda sino que sea entretenido y ameno. Y no es la misma cosa. Determinados procesos de aprendizajes son duros, y esa dureza es la que desencadena la satisfacción por haber logrado el objetivo y la que fija el conocimiento.

 

La ciudadanía se muestra -y siente- frágil y débil; a pesar de las protestas, los ciudadanos siguen siendo fácilmente manipulables. Parece que todo le ha salido redondo a quienes ostentan el poder, ¿no?

Más que manipulables yo hablaría de apáticos. El ciudadano es muy crítico, pero no se rebela, no se organiza, no es capaz de ver o buscar alternativa. Pero no está convencido de que todo está bien en la forma que está. Eso quiere decir que existen unas condiciones para la sublevación. Mira en América Latina, estoy convencido de que hace quince años, en los suburbios empobrecidos de las ciudades de Venezuela, Bolivia o Ecuador, todos parecían estar apáticos, y cuando encontraron una esperanza o una alternativa se movilizaron y derrocaron a los gobiernos neoliberales. Y hoy esos ciudadanos defienden con uñas y dientes a sus gobernantes porque consideran que les representan. Aquí nos movemos poco para derrocar a gobiernos infames, pero los ciudadanos se mueven todavía menos para defenderlos. De modo que no está todo perdido.

 

En el apartado “La dispersión de las ideas” dices: «El modelo de pensamiento disperso, jibarizado, superficial y abrumador al que estamos sometidos supone desplazar del ser humano su capacidad adquirida de concentrarse en una sola tarea sin interrupciones». ¿Cómo afecta/afectará esta jibarización al escenario editorial?

Se discute mucho sobre si el libro seguirá siendo de papel o un ebook, el problema, en mi opinión, es que el ebook ya no será como lo vemos ahora: el mismo texto del papel en un formato digital. Tendrá hipervínculos, alternará con vídeos y gráficos animados. En pocas palabras: ya no será un libro. Y entonces sencillamente, sin necesidad de que quemarlos como en la novela Fahrenheit 451, ya no quedarán libros.

 

En el libro escribes lo siguiente «Y es que solo desde un análisis del modelo económico actual y de unos determinados valores inculcados se puede entender nuestro sistema comunicacional»; si invertimos los términos, ¿podría llegar el sistema comunicacional a determinar el modelo económico?

No, no lo veo así. Es el sistema económico el que define todo, el sistema político, el comunicacional, el ocio y hasta el sexo.

 

¿Y el modelo de convivencia social?

También, también. Si hasta creemos que los amigos son los de Facebook.

 

Para cerrar, a modo de colofón, ¿qué esperas aportar, sumar, con la publicación de La comunicación jibarizada?

Como dejo claro en todo momento. Se trata básicamente de una advertencia, de proporcionar el prospecto sobre efectos secundarios que no viene con las nuevas tecnologías y formatos, y que yo pretendo adjuntar. A partir de ahí, ahora los ciudadanos, los periodistas, los docentes, las administraciones y los colectivos sociales deberían replantearse algunos mitos y adoptar métodos y cambios necesarios en el uso de sus estrategias de comunicación e información.

 

Pepita García Granados, la poeta irreverente

Una mujer del siglo XIX, con las características de una del XXI. Irreverente, satírica para sus escritos, con los que se ensañó contra todos aquellos que quisieron dañar a su familia; antecesora del feminismo, fundadora de un diario y autora de poemas considerados pornográficos y por los que tuvo muchísimos problemas. De ella se saben hasta historias de ultratumba.

 

mujer-leyendo-columna-francisco-alejandro-méndez-otrolunes28Es difícil pensar que entre los años 1800 existiera alguna mujer que se saliera del rol tradicional y para esa época, sin embargo, con María Josefa García Granados (1796-1848) encontramos que sí fue posible. Ella rompió con las expectativas de aquellos que consideraban que la mujer debía ser sumisa, nunca beligerante, intachable en su conducta y sobre todo, que no se dedicara a escribir textos prosaicos indecentes. Por otro lado, fue protagonistas historias dignas de Cuentos de la cripta, relatados no solamente como historias fantásticas, sino, también aludidos en textos históricos y académicos. Leer más…

La literatura en tiempos de crisis

libro-columna-jose-luis-munoz-otrolunes28Por mucho que estemos maldiciendo el momento que nos ha tocado vivir, las cosas difícilmente van a cambiar a mejor. Ese expolio a gran escala, y anónimo, aunque con algunos nombres propios que van a dar con sus huesos en las cárceles, es como un tsunami imparable que todo se lo lleva por delante. A lo último que uno renuncia es a la comida. La literatura es un alimento para el espíritu. Así es que esta profesión vocacional que hemos abrazado con una especie de misticismo y que nos depara, muchas veces, sobre todo en los últimos años, más pérdidas que ganancias, la ha zarandeado la crisis como nunca.

Voy a hablar de mi país que, desgraciadamente, es tema de actualidad internacional y copa por temas desastrosos las portadas de la prensa. Con los últimos acontecimientos hemos puesto en valor un género, que forma parte de la idiosincrasia nacional, la picaresca, y que tantas obras literarias magistrales dio en nuestro Barroco que fue llamado el Siglo de Oro, por el oro que se llevaron unos cuantos en sus bolsas en contraste con la miseria que dejaron a la mayoría que, con ingenio y arte, sobrellevó esa etapa infausta e ironizó sobre ciegos, lazarillos, pucheros vacíos y hambruna generalizada. Hoy los pícaros nacionales llevan elegantes abrigos estilo Al Capone, cenan en restaurantes de lujo y manejan las finanzas de los partidos políticos, una ciénaga en donde el dinero de los contribuyentes se pierde, despilfarra o pasa directamente a bolsillos ajenos, y los afectados se quedan sin trabajo, sin casa y hasta sin la vida. Qué duda cabe que esa pandilla de sinvergüenzas que merodea partidos de derechas e izquierdas, que está en el gobierno y en la oposición, ha contribuido, y mucho, a ahondar la crisis de mi país que es mucho más aguda que la de los de su entorno.

Es posible que, cuando pasen los años, se alumbre un subgénero literario, emparentado con el género negro, desde luego, que hurgue en esa maraña de dinero fácil, robo generalizado y corrupción política, o que salga de entre nosotros algún John Steinbeck que convierta el drama humano de los que soportan esta debacle en obra literaria. Del semen del ahorcado nace la mandrágora.

El no hay dinero, porque se lo han llevado, porque lo han tirado, y de ello todos debemos sentirnos responsables por no haber fiscalizado la cosa pública a su tiempo, tiene consecuencias inmediatas en el ámbito cultural. Si la industria del cine ya estaba comatosa por la competencia desleal consentida de los productos que llegan de EE.UU, y, en su inmensa mayoría, salvo honrosas excepciones, infames, ahora está en la UCI con respiración asistida por falta de financiación, inasistencia de público, que no puede costearse el elevado precio de las entradas, y el abandono por parte de las autoridades del proteccionismo necesario para hacer frente a la hidra norteamericana.

A la literatura no le va mucho mejor, aunque nunca ha gozado de mucha salud en mi soleado país en donde se lee poco y mal, se publica mucho y existe un intrusismo vergonzoso hasta el punto de que la madre de un torero retirado, y más conocido por sus asuntos sentimentales que por su arte ante la cornamenta del morlaco, señora de pocas luces y menos letras, publica un libro sobre su interesante vida, y seguramente se venderá como rosquillas, o la grande de España, la duquesa de Alba, hace otro tanto. Lo preocupante, como en el caso de los programas de televisión, no es que existan libros basura, o programas basura, sino que tengan su público, o sus lectores que, desde luego, no son los nuestros.

La crisis ha golpeado a todas las administraciones públicas, a ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas, y una de las consecuencias directas para el mundo del libro es que las bibliotecas que compraban sistemáticamente los libros que se publicaban han dejado de hacerlo. Eso, que era una forma de subsistencia y aseguraba el cubrir los gatos de edición a las pequeñas editoriales, ha motivado que un buen número de ellas eche el cierre. Las que quedan, después de esta selección de las especies darviniana, si son mismamente rentables serán devoradas por los grandes grupos editoriales del país que copan con sus publicaciones las mesas de novedades de las librerías e impiden un espacio a las pequeñas. Me llevo constantes sorpresas cuando hojeo el libro de una editorial independiente y compruebo dónde está su sede social.

Con el libro nadie come; a lo máximo te puede calentar ardiendo en la chimenea, como hacía con ellos Pepe Carvalho, el singular detective de Montalbán. El hábito de la lectura, que requiere un esfuerzo de concentración y comprensión, se está perdiendo a pasos agigantados porque los niños y jóvenes que van a las escuelas prefieren otras formas de expresión y ocio que poco tienen que ver con la literatura y se educan en la cultura del no esfuerzo. Se pierde la narrativa literaria, pero también se pierde la narrativa cinematográfica porque muchas películas carecen del mínimo guión o éstos son un sinfín de despropósitos. Parecemos abocados así, inexorablemente, a un mundo sin libros tal como los conocemos, sin necesidad del Fahrenheit 451 de Anthony Burgess, y estos, con suerte, serán sustituidos por libros virtuales que nadie ve, que no ocupan espacio, que no llenarán estanterías de librerías y bibliotecas y que podrán ser borrados con un simple clic; pero tampoco está teniendo mucho éxito, hablando de virtualidad, el ebook en mi país, quizá porque no hay ni siquiera dinero para comprarse la tableta para leerlo.

Con todos estos considerandos, más la disminución de las bolsas de los premios literarios, o su desaparición, o la vergonzosa corrupción de los mismos (a partir de los 18.000 euros ya están dados de antemano, en su inmensa mayoría), el panorama resulta desolador para todos aquellos que con la palabra escrita tratamos de abrirnos camino en la selva de la humanidad y ganarnos la vida.

La revolución en el mundo editorial no ha hecho más que empezar. La crisis deberá, forzosamente, rebajar el precio de los libros que no es competitivo, o primar la edición de bolsillo sobre la de tapa dura y pondrá, sin duda, o ya la ha puesto, un mercado de libros de segunda mano, una proliferación de las librerías de lance. Quizá llegue el tiempo en que nosotros, como lectores, tengamos que pasarnos el libro de unos a otros, pagar una especie de leasing por ello, durante el tiempo que lo retengamos para leerlo,  y traspasemos su propiedad pasajera al siguiente lector. ¿Y el autor? ¿De qué vivirá si no se venden sus libros?

La galaxia Gutemberg se extingue, para dolor de los nostálgicos, yo entre ellos, pero la literatura seguirá existiendo en otro formato, en la red, en donde todo el mundo ya puede escribir y publicar, tener su blog literario, dar a conocer sus escritos, una opción que, en teoría, democratiza la literatura, pero el problema, entonces, cuando millones de personas escriban en la red, ahora ya, será separar el polvo de la paja, deslindar en todo ese batiburrillo de buenos y malos escritores quien merece la pena, y gozar de tiempo, bien siempre escaso, suficiente para hacer esa búsqueda.

La literatura no desaparecerá, porque es una actividad privada que no requiere ninguna infraestructura, y quizá las mejores obras de la literatura universal no se publicaron jamás porque sus autores sintieron pudicia extrema en exponerse al juicio de los demás, pero habrá que considerar el oficio de escritor como tal, redefinirlo, adaptarlo a los tiempos futuros y acercarlo al lector, quizá sin intermediarios (editoriales y librerías), con el desafío inmenso que ese nuevo escenario conlleva. Siempre, y confiemos en ello, tendremos necesidad de que nos expliquen historias que nos hagan soñar con otros mundos y otras vidas, precisaremos de Scherezades que nos hagan más soportable la existencia. Hasta en tiempos de crisis. Más en ellos.

El infausto avance del integrismo populista

populismo-columna-jorge-martinez-jorge-otrolunes28Desde hace más de cinco siglos, éste, nuestro continente americano desde el Río Bravo al sur, se debate entre la locura y la barbarie; un paso adelante hacia la civilización y otro atrás hacia los orígenes. Las feraces tierras suramericanas desprovistas del oro expoliado por los invasores, quedaron dueñas de una pesada cultura, mezcla del indigenismo primigenio y del cristianismo impuesto a sangre y fuego por españoles y portugueses.

Mientras en Europa la sangre de las guerras fratricidas coagula en sociedades abiertas donde priman instituciones sobre individuos -no sin recaídas, por cierto, aunque con mucho camino recorrido como para volver al principio- nuestra “patria grande”, como ampulosamente se refieren a ella los nuevos “libertadores”, cae bajo el hechizo del brujo de la tribu redivivo en hombres y mujeres providenciales, encargados de devolver a las sangrantes venas abiertas la dignidad de su sangre recuperada. Leer más…

La fantasmal condición del escritor dominicano

escritor-columna-carlos-enrique-cabrera-otrolunes28Escribió Mariano José de Larra en el siglo XIX: “Escribir en España es llorar.” Ya en el siglo XX, yendo aún más lejos, Luis Cernuda enfatizó: “Escribir en España es morir.” Hacerlo en la República Dominicana de hoy es morir –como mínimo– dos veces. Todo es sin duda duro, escarpado y difícil en nuestro país, cualquier actividad creadora o no, sobre todo si ésta se ejerce con independencia, seriedad, honestidad y coherencia.

Si usted es escritor en la República Dominicana de hoy debe tener un férreo, decidido temple de héroe, una clara vocación de Hércules redivivo, a la par que debe ser (debería ser) tremendamente humilde y modesto, practicar como un santo varón la dolorosa resignación, y esto aun cuando entienda que le está yendo muy bien, que la fortuna le sonríe y que ha logrado el éxito mayor que es posible alcanzar en las lides literarias en este país. Leer más…

Memorias de una ciudad y un bar

bogota-columna-santiago-gamboa-otrolunes28Me fui de Bogotá a los 19 años, rumbo a España, con una maleta en la que debía caber una vida entera. Atrás quedaba, entre otras cosas, mi adolescencia, que fue sobre todo un mapa de luces en lo alto de la montaña, una serie de itinerarios por la ciudad buscando responder algunas preguntas, o tal vez buscando preguntas nuevas, diferentes de las que mi pobre experiencia me ofrecía. En esos años Bogotá era una ciudad oscura y fría que intentaba abrirse paso hacia la modernidad. Yo estudiaba literatura en la Javeriana y mi aporte a ese movimiento era algo confuso: consistía en andar por la calle de ruana, zapatos chinos de tela negra y muchos collares precolombinos. A Bogotá, como a nosotros, la iluminaba un sol pálido y todos estábamos un poco marchitos. Leer más…

La URSS en la obra de Antonio Álvarez Gil

Algaida Editores, Sevilla, 2002.

Algaida Editores, Sevilla, 2002.

Descubrí la novela Naufragios (2002) por casualidad en una librería en España hace unos años. Como típica y desafortunadamente a veces ocurre cuando uno está llevando a cabo una investigación en particular, nos fijamos más en los elementos relacionados con el estudio de uno a costa de otros detalles que podrían ser aún más relevantes.  De esta novela muy emblemática, tenía plantada en mi memoria durante años sólo una frase “La rusita era linda y estaba consciente de ello. La mezcla de sangre la había favorecido mucho. Tenía a un tiempo la enigmática belleza de las mujeres rusas y la salsa. . . de las chicas cubanas” (74).  Esta imagen sirvió más de una vez como la contraparte de otra representación de una cubana rusa que sale en una novela de un autor norteamericano Martin Cruz Smith. Leer más…