El carpintero y otros poemas

Poesía

Arístides Vega Chapú

La escritura me ha aportado un oficio, un rigor, una entrega y una responsabilidad. Vivo en una ciudad de provincia y eso hace que el ser escritor te convierta en una persona pública. Muchos desconocen mi nombre pero saben que soy escritor y vienen a comentarme cualquier suceso o a preguntarme cualquier duda, sobre las muchas cosas que ellos suponen debo dominar. La literatura me ha acompañado siempre, desde que tengo uso de razón y gracias a ella me he librado de algo que nombran soledad y he podido viajar mucho más de lo que en realidad he podido hacer y me ha dado casi todos los conocimientos que hoy puedo tener y una visión de libertad a mi manera de ver mucho más real y me ha salvado de espantos y me ha dado algunas de mis mayores alegría.

Arístides Vega Chapú.
De la entrevista concedida a Juan Carlos Romero Mestre

 

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El carpintero

Esquivé la luz del trueno,
la que se desprende de una luna
venida del continente.
Esquivé las luces y las lluvias,
las estaciones opuestas a la naturaleza.
Amasé el árbol a sabiendas de que me domina
la malicia de talarlo.
A falta del índice y el pulgar izquierdo
logro mover con precisión los demás dedos,
gesticulan con vehemencia
apenas los acerco al olor de la madera.
Construí mesas para extraños;
techos en los cuales podrían desvanecerse
las regiones menos purificadas del cielo;
ajustadas camas que nunca fueron mías,
incluso en los días de mayor fatiga.
Construí marcos para encajar espejos
y satisfacer a la gente hermosa;
bancos para parques no proyectados
en ciudad alguna;
sillas para barberos y sillas de ruedas
probadas con el peso de mi cuerpo;
botes, ventanas y otra vez marcos,
muchos marcos para no restringir
la libertad de nadie.
Mis manos han dado forma
a cuanto objeto me fue encargado.
Amasé el árbol a sabiendas de que el mío
otro deberá talarlo.

 

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El testigo

Mi cuerpo es una caja
que sirve de refugio a los temores.
Me doy de comer y no siento el peso
de tan azarosa existencia.
Cuido de las ilusiones, del sueño
y sus escenas desbordantes;
aquella, por ejemplo, donde me besabas
cuando en realidad no había
alcanzado tus labios.
Cuando recupero la capacidad de observar,
y el sol está ya lejos
después de golpear con saña mi cabeza,
finjo dominar la situación.
A veces no sé si soy parte de la realidad
o no existe realidad que me pertenezca
y solo soy la representación,
la puntual representación de mis deseos.
Sobrevivo ante la demasiada felicidad.
No mantengo filiación,
no intento reorganizar lo lineal del suceso,
aún menos su veracidad.
Mi cuerpo, que ya inhaló suficiente aire,
puede equilibrar una cabeza ajena.
Temo que todo suceda a mis espaldas
y juntos no podamos ver la anunciada caída
de ese lado tremendo del cielo
bajo el cual nos correspondió vivir
sin hacer resistencia.

 

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El balsero

Sabiendo que escucho mi respiración
y ningún otro sonido,
reconozco en el sueño un dramático mar
donde gira tu cuerpo, sin hacer resistencia,
sin dirección previsible,
como tronco echado entre las aguas.
Entre las aguas y tu cuerpo hay una continuidad
sobre la cual se tiende un cielo simétrico
que desafía todo orden universal.
Como si te dirigieras a un confesor
estás mirando al cielo, sus deidades,
instante en que te percatas
por primera vez de su existencia,
sin necesidad de comprender.
Dejas que las aguas penetren por tus ojos,
como si fuese una sombra ligera quien los nubla
para no ser testigo de nada.
No importa hacía dónde te lleva la corriente,
nunca lo supiste, nunca dependiste de un destino.
Tengo certeza de escuchar
el sonido mecánico de mi respiración
y que tu cuerpo flota
entre un cielo sublimado por el sueño
y un mar que perforan todas las tormentas,
un mar presto a la crueldad
de no dejar tierra alguna
sobre la cual se pueda escribir tu nombre

Del Autor

Arístides Vega Chapú
Santa Clara, Cuba, 1962. Reconocido poeta, su producción literaria está compuesta, entre otros por los poemarios Breve estancia de Cristo en la ciudad de Matanzas (1989), Finales de los años (1993), Revelaciones en las postales del viajero (1993), Ultimas revelaciones en las postales del viajero (1994), La Casa del Monte de los Olivos (1996), Retorno de Selím (1998), El riesgo de la sabiduría (2000), El signo del azar (2002), De lo que se supone (2002), Días a la deriva (2002), Mensajes del pan (2003), Sagradas Pasiones (2005), Dibujo de Salma (2006, 2ª redición en Editorial Letras Cubanas, La Habana 2008 y tercera redición, Editorial La Hoguera, Bolivia, 2010), Después del puente sobre las aguas (2007), Que el gesto de mis manos no alcance (Antología personal con prólogo de Lina de Feria, Ediciones UNION, La Habana, 2008) y Noche cálida en Santa Clara (2010). Ha publicado también las novelas Un día más allá (Editorial Bluebird Editions, Miami, 2008 y Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2010), Soñar el mar (Editorial Capiro, Santa Clara, 2002 y Letras Cubanas, La Habana 2009), Te regalo el cielo (Editorial Cauce, 2007) y Steinway & Sons (Atmósfera Literaria, 2012).