Después de escuchar un Rock cínico, un frugal diálogo con Jorge Federico Márquez Muñoz

Luis Pérez de Castro

El hombre es la única criatura
que se niega a ser lo que es.
Albert Camus

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En Cuba, el escaso éxito logrado en el crecimiento económico y la reducción de la pobreza y la desigualdad –acrecentada en los primeros años de la década del noventa y profundizada con la liberación del dólar y la aparición de la doble moneda y las remesas familiares-, ha disminuido en gran medida el entusiasmo por cuantas reformas se han impuesto en los últimos años por un intento desesperado de salvaguardar el sistema socialista y las ¨conquistas¨ alcanzadas. En cambio se han fortalecido las dudas en relación con la eficacia de las mismas y ha aumentado el debate sobre el rumbo a seguir en política económica y social, para alcanzar la borrosa –casi inalcanzable y cada vez más rectificada-, meta del tan deseado desarrollo sostenible con igualdad, alejado de todo sociolismo, a la que espera la sociedad.

No es mi intención con este artículo hacer un análisis histórico sobre los elementos que intervienen en la formación de los grupos de poder, los agentes económicos y su estructuración en sectores sociales, así como el desarrollo de las contradicciones, conflictos e intereses que se dan e interactúan en el marco del circuito y que han determinado la aparición de otras fuerzas o grupos sociales, que pugnan por encontrar su espacio no sólo dentro de la sociedad, también dentro de los grupos de poder, los que, de forma desmesurada y diría que hasta incomprensible, le niegan todo espacio so pretexto de no compartir sus preceptos políticos e ideológico, solo quiero destacar la reaparición de una corriente ideológica que se encontraba como dormida o agazapada a espera de una finísima hebra de luz para imponer su cuota de poder: el Cinismo, doctrina cínica, imprudencia, obscenidad

Cinismo, del griego kúwy kyon: Perruno; denominación atribuida debido a su frugal modo de vida. Cinismo, o escuela cínica, fundada en la antigua Grecia durante la segunda mitad del siglo IV a C por Antístenes de Atenas y teniendo entre sus filósofos más reconocidos y representativos de su época a Diógenes de Sinope, Crates de Tebas, su esposa Hiparquía y Minipo de Gadara; los que reinterpretaron la doctrina socrática considerando que la civilización y su forma de vida era un mal y que la felicidad venía dada siguiendo una vida simple y acorde con la naturaleza. El hombre llevaba en sí mismo ya los elementos para ser feliz y  conquistar su autonomía era de hecho el verdadero bien. De ahí el desprecio a las riquezas y a cualquier forma de preocupación material. El hombre con menos necesidades era el más libre y el más feliz.

Y pasaron los siglos y con él evolucionó el hombre en pensamiento –espiritual y material-, y se fundó el Estado y el Derecho y, por consiguiente, aparejado a ellos las políticas e instituciones y, como algo inédito, sorprendente para los altos dirigentes/funcionarios/burócratas, en nuestras sociedad(es) germinó la semilla del odio no solo contra estas instituciones, también contra todo ordenamiento político-económico-social, mostrándose una amplia inconformidad con el statu quo y aún más con la propia condición humana. Teniendo en cuenta la expresión reflejada en el rostro de mis conciudadanos de un sentimiento de desacuerdo con el mundo en que viven, me refiero al perímetro que abarca desde la punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio o viceversa, así como la radical necesidad de liberarse del preocupante mundo del sufrimiento, plagado de miserias humanas y de las insuperables y cada vez más creciente materiales, de ese mundo tan solo nuestro llamado realidad y puesto de manifiesto en cada diálogo que se escucha en las disimiles colas que a diario hay que hacer por todo y por nada, en los bancos, en los correos, en los bares tras unos tragos y bajo las notas insufribles de un reggaetón, en cada rincón de esta bendecida y, en ocasiones, oscura isla, es que me doy cuenta, y más que darme cuenta confirmo, que no estamos tan lejos del mundo helénico y que su corriente filosófica hoy en día se imparte en nuestras aulas e instituciones administrativas y/o políticas, pues su concepto, entiéndase el cinismo, fue mutando de forma brutal y hoy se asocia a la tendencia anteriormente señalada, o sea, a no creer en la sinceridad o bondad humana, ni en sus motivaciones ni en sus acciones, así como a otra tendencia, ya generalizada dentro de la población, de expresar esta actitud mediante la ironía, el sarcasmo y la burla.

La necesidad de negar los valores establecidos y mostrar el desprecio no solo por propuestas de cambios que no dicen nada, también por lo vivido, se agudiza en tiempos de inestabilidad económica-política-social, ya que en estos casos los grandes referentes que orientan la vida de los hombres, en nuestra sociedad las políticas impuestas para el saneamiento de la economía, entre otras, son puestos entre dicho; y no podría ser de otra manera, una vez sabiendo en la práctica que de la noche a la mañana pueden desaparecer o ser, una vez más, rectificada debido a la inseguridad político-social (esta inestabilidad puede tener su origen en diversos factores como son la guerra, la corrupción, la que ha ganado de manera espeluznante terreno y permite mirar las leyes establecidas como fácilmente franqueables, y el siempre complejo y cuestionado cansancio psíquico por la rutina cotidiana). En este desordenado caso de la inestabilidad no es difícil despertar habiendo extraviado la familia, la patria y hasta la vida.

Los valores que propician la convivencia humana, una vez que son mirados con escepticismo, como sucede en el diario vivir de nuestros días, comienzan a flaquear y en ocasiones no resisten los embates del caos, desapareciendo códigos éticos, costumbres y, en la mayoría de los casos, tergiversando o negando la historia, dando lugar al surgimiento de nuevos paradigmas. Todo esto trae consigo la duda y cuando se duda de las normas socialmente establecidas es debido a que existe cierta inconformidad ya no con el mundo, sí con ese otro pequeño lugar que nos asignó Dios en la tierra y llamamos Patria, la que se hace más visible cuando dicho mundo, o Patria, se haya en un estado de desconcierto, de anarquismo, de violencia –manifiesta en todas sus facetas-, o de una transición interminable.

Toda esta inestabilidad e incertidumbre trae como una de sus múltiples consecuencias el solipsismo; viviendo la perturbación externa se busca la tranquilidad interna. Y nos devuelve, sin miramientos ni escala en la historia, a uno de los movimientos solipsistas más olvidados por historiadores, filósofos y eruditos, y del que con anterioridad hacía referencia, el de los cínicos del mundo helénico.

El pensamiento cínico se expresa mediante anécdotas en las cuales se muestra, con un fino sentido del humor, el alto costo de la vida, de seguir sin miramientos la costumbre, los hábitos, los sentidos de vergüenza (aidós) y justicia (dike). Estos miran los rostros detrás de los rostros, no importando lo espantoso que pueda llegar a ser la cara verdadera, no les importa que la doxa (opinión) sea contraria a la tradición y buenas costumbres. El cínico, una vez que ha superado el aidós y la dike, en su lugar a puesto adiaphoría (indiferencia), no teme al ridículo social, pues las leyes de las polis (civilización), no son para él más que excusas para quitar el lustre de barbarie a nuestras acciones.

¿Existen diferencias entre el sentimiento nihilista-solipsista de los cínicos y nuestra sociedad actual?

Hoy, el mundo helénico y su corriente filosófica liderada por Antístenes de Atenas, continúa imponiéndose y cobrando vida. El cinismo está presente en todas las manifestaciones de la vida. Se ve en los círculos políticos, en los círculos de intelectuales, en los círculos de educadores y educandos, en los círculos de obreros y campesinos que piensan de una forma y se manifiestan de otra. Cinismo en el mundo, o mejor dicho, en este lugar que nos asignó Dios y llamamos Patria, solipsismo causado por la desconfianza, por los desacuerdos en el orden económico-político-social y, por qué no, hasta con la existencia misma.

Del Autor

Luis Pérez de Castro
(Pinar del Río, Cuba, 1966). Es historiador, abogado, poeta, narrador y crítico. Publicó cuentos (Nostalgia del cíclope, de 2004, Mientras arde en silencio mi voz, de 2006, Rapsodia del erudito, de 2007], narrativa infantil (Epístolas de un loco, de 2007). También resaltan sus poesías (C”, T”, Ú”), escritas entre 2005 y 2009. Entre las antologías que incluyen obras suyas destacan N”, N”, N”, y Faz de tierra, 2010. Trabajos suyos de poesía y narrativa aparecen en diferentes revistas nacionales e internacionales. Entre sus obras premios destacan el “Mercedes Matamoros” de cuento en el 2003, el “Poesía de Amor Varadero” en el 2004 y 2008, el “Batalla de mal Tiempo” de poesía en el 2004. el “Félix Pita Rodríguez” de poesía en el 2006 y el “Farraluque" de narrativa erótica en el 2007.