Dos ensayos breves

Leonel Antonio de la Cuesta

¿Fueron dos cubanas princesas de Asturias?

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Alfonso de Borbón con la cubana Edelmira Sampedro y Robato, “La Puchunga”

En un artículo anterior aparecido en esta revista me referí al Infante Güell, el primer cubano que se introdujo en la casa de Borbón en su rama española. Fue el primero entre los criollos que logró esta hazaña  pero no el único. Hoy voy a referirme a dos cubanas que posiblemente fueron más allá en el orden monárquico pues hay muchos elementos que permiten postular que fueron princesas. Sin embargo, hay ciertas dudas al respecto.

Cuando don Felipe de Borbón y Grecia y su esposa doña Letizia (Ortiz Rocasolano) sean proclamados Felipe VI y la reina Letizia, se marcará un hito sin par en la larga historia de la monarquía española, la segunda más antigua del mundo después del Japón, pues se sentará en el trono por primera vez una plebeya.

Esto es cierto de toda certeza. Sin embargo, es discutible que doña Letizia sea la primera princesa de Asturias que no pertenezca ni a la realeza ni a la nobleza.

Según expertos en derecho dinástico, hubo quizá dos princesas de Asturias que no solo fueron plebeyas, sino que ni siquiera vivieron en España. Ambas curiosamente tuvieron la misma nacionalidad: fueron cubanas1.

Expliquémonos. Cuando el 14 de abril de 1931 los Borbones resultaron destronados y abandonaron España, a don Alfonso de Borbón y Battenberg, entonces príncipe de Asturias, se le envió al sanatorio Leysing, en Suiza, debido a su padecimiento hemofílico, enfermedad que había heredado de la familia de su madre, la reina Victoria Eugenia, née Ena de Battenberg2.

En el sanatorio conoció a una bella cubana, Edelmira Sampedro y Robato, prima del afamado intelectual Jorge Mañach Robato3. El príncipe se prendó de ella y tras un breve noviazgo decidió casarse con la criolla. Al comunicarle su decisión al exrey Alfonso XIII, este le recordó la existencia de una pragmática (ley) de Carlos III fechada el 27 de marzo de 1776, según la cual los príncipes españoles no podían contraer matrimonio con personas que no fueran de sangre real, so pena de perder sus derechos a la Corona4.

No obstante, don Alfonso persistió en sus propósitos matrimoniales y a través de su confesor le envió al monarca una carta, fechada en Lausana, Suiza, el día 11 de junio de 1933. En esta carta renunciaba al principado de Asturias y por ende a la sucesión en el trono. Este documento ha sido publicado y no parece que fuera suscrito ante testigos ni que haya intervenido en su otorgamiento un notario público que lo protocolizara o al menos autenticara su firma, para asegurar que el signatario estuviera en pleno uso de sus facultades mentales y que otorgaba dicho documento en completa libertad y sin coacción de ninguna clase o influencia indebida.

El 21 de junio de 1933, don Alfonso de Borbón y Battenberg y Edelmira Sampedro y Robato contrajeron matrimonio civil y canónico en Ouchy, en las inmediaciones de Lausana, Suiza. Asistieron a la boda la reina Victoria Eugenia y las dos Infantas hermanas del contrayente que así marcaban su desacuerdo con la actitud intransigente de Alfonso XIII quien obviamente brilló por su ausencia. Faltaban tres años para que Eduardo VIII de Inglaterra abdicara a su trono por el amor de Wallis Simpson.

Los recién casados se instalaron en París con el boato digno de su alcurnia pero, desafortunadamente, el tren de vida del conde de Covadonga (título adoptado por don Alfonso después de su renuncia), no se podía mantener con la magra mesada que le pasaba el exrey de España y los fondos que Edelmira recibía de su familia. La escasez de dinero provocaba constantes trifulcas entre los esposos e hizo que la pareja se separara. Edelmira, llamada en familia la Puchunga, regresó a Cuba. Al poco tiempo su marido la siguió, vía Nueva York, y se instalaron regiamente en la Isla.

Un hecho nuevo se hizo público: Alfonsito (así lo llamaba la Familia Real) declaró que él seguía siendo príncipe de Asturias pues no consideraba válida su renuncia porque esta no había sido aprobada por las Cortes españolas según lo prescripto en la Constitución de 1876. Esta Constitución había sido abrogada y sustituida por la de 1931, de carácter republicano. El argumento era discutible pues las cortes o parlamento entonces eran los de la Segunda República española y obviamente nunca hubieran entrado a conocer un documento emitido por un miembro de la Familia Real. Edelmira se veía ahora elevada al rango de princesa gracias a la acción de su marido, pero así y todo las cosas no andaban bien entre ellos por la eterna falta de dinero. En mayo de 1937 se divorciaron en La Habana. No se ha determinado si aparte de la falta de numerario hubo otras razones que determinaran este divorcio.

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Alfonso de Borbón con su segunda esposa cubana: Marta Rocafort y Altuzarra.

Lo cierto es que en menos de dos meses tras la disolución del vínculo matrimonial Alfonsito se unió en matrimonio con otra bella cubana: Marta Rocafort y Altuzarra. La nueva princesa, según su marido, era una modelo de alta costura, hija de un dentista habanero. Alfonso la había conocido en Nueva York cuando llegó para reunirse con Edelmira. Lo que pasó después de ese encuentro no es de público conocimiento pero lo cierto es que el nuevo matrimonio duró alrededor de dos meses5. Después de su segundo divorcio Alfonso se instaló en Miami, Florida, donde conoció y cortejó a Mildred Gaydon, cigarrera de un club nocturno. Este romance lo tronchó la muerte pues Alfonso murió de una hemorragia interna al chocar su auto con un poste telefónico el día 6 de septiembre de 1938. Fue enterrado en Miami donde permaneció hasta 1985, en que fueron exhumados sus restos y llevados al Panteón Real del Escorial por orden de su sobrino el rey Juan Carlos I.

A estas alturas cabe preguntarse, ¿fueron doña Edelmira y doña Marta princesas de Asturias? Como se ha visto todo lo relativo a los respectivos matrimonios acaecieron en un momento en el que la monarquía española había perdido el poder. Como se apuntó, Alfonso XIII abandonó España (sin abdicar entonces) en 1931. La institución monárquica fue seudo restaurada por Franco en 1947 pero de hecho no hubo rey hasta 1975 con la muerte del dictador. Desde otro punto de vista los matrimonios mencionados fueron legítimos en el orden civil pues el ordenamiento jurídico español de entonces como el de hoy reconoce el divorcio. Pero la cosa se complica todavía más. Tras la renuncia de Alfonso el ex rey le pidió a su segundo hijo, don Jaime, que renunciara a la Corona, cosa que hizo por lo que el derecho a suceder pasó al tercer hijo del depuesto monarca el único que no padecía ningún mal pues su hermano Jaime era sordomudo. Don Juan engendró a don Juan Carlos pero este, no llegó al trono por su derecho dinástico pues su padre estaba vivo cuando fue proclamado rey6. En realidad fue entronizado por decisión del Caudillo, decisión revalidada por la actual Constitución española.

Por estos caminos, tan distantes de los conceptos legitimistas que se manejan en los medios monárquicos españoles, no creo que se pueda llegar a una conclusión apodíctica sobre la condición de princesas de las dos cubanas. Sin embargo, hay que señalar que la Familia Real siempre trató a Edelmira Sampedro como la esposa legítima y de legítimo matrimonio de Alfonso, extendiéndole todas las cortesías y reconoció su título de condesa de Covadonga aunque no el de princesa de Asturias. Edelmira Sampedro y Robato, condesa de Covadonga, pudiera ser considerada como princesa de Asturias pues su matrimonio canónico nunca fue anulado. Como es más que sabido la Casa de Borbón profesa la religión católica la cual no reconoce el divorcio civil.

El caso que nos ocupa es realmente complejo y como dije de no fácil solución. Mientras los tribunales de justicia de España a través de un juicio plenario ordinario no determinen si las susodichas criollas fueron o no princesas de Asturias el asunto no tendrá una solución cierta. Dada las circunstancias no creo que ese juicio vaya a celebrarse alguna vez.

Sea cual fuere la conclusión a que se llegue en esta disputa, hay que dejar constancia de que doña Edelmira y doña Marta si no fueron princesas, sí fueron dos grandes damas. A pesar de sus precarias situaciones económicas jamás vendieron entrevistas para las llamadas revistas del corazón. Por sus conductas verdaderamente regias merecen el respeto de todos7.

 

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Jorge Guillermo y María Cristina de Holanda

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María Cristina de Holanda en su boda con el cubano Jorge Pérez y Guillermo (Jorge Guillermo)

Si en el siglo XIX José Güell y Renté puso una pica en Flandes casándose con una infanta española, en el XX Jorge Pérez y Guillermo (conocido como Jorge Guillermo) superó la hazaña contrayendo nupcias con una princesa holandesa de nombre María Cristina, pero no nos adelantemos y vayamos por partes.

María Cristina es la hija menor de la fallecida reina Juliana y de su consorte el príncipe Bernardo, también occiso. Durante su embarazo la reina contrajo la rubiola por lo cual al nacer María Cristina era casi ciega. Sometida a diversos tratamientos la princesa mejoró bastante de su ceguera. Quizá como compensación a su limitación tiene un gran talento para la música como intérprete y gran facilidad para el aprendizaje de los idiomas. Tras residir en Canadá donde estudió música clásica8, se trasladó a la ciudad de Nueva York donde enseñó en una escuela Montessori y donde también conoció a un guapo exiliado cubano: Jorge Pérez y Guillermo conocido como Jorge Guillermo. Nunca me he explicado por qué este dejó de usar el apellido paterno. Holanda es un país de mayoría protestante y muy dado a escudriñar a fondo el pasado de los que pretenden entrar en la casa real9. Por otra parte al hecho de ser Jorge un extranjero extra europeo y católico y que no accedió a convertirse por conveniencia al protestantismo fueron obstáculos para el enlace. María Cristina decidió hacerse católica10 y se casó el 28 de junio de 1975 con Jorge Guillermo. Como consecuencia de este matrimonio que nunca fue aprobado por los Estados Generales (Parlamento holandés) María Cristina se vio obligada a renunciar a sus derechos sucesorios para ella y sus descendientes11.

En cuanto al conyugue morganático, debemos decir que nació en La Habana (como Güell y Renté)  el primero de agosto de 1946. Hijo de Federico Gilberto Pérez Castillo y de Mercedes Edenia Guillermo y Marrero. Tuve el gusto de conocer y tratar a Edenia , como era conocida, cuando era profesora de español en Hood Collage en Frederick, Maryland, en los años sesenta cuando yo profesaba en Mount Saint Mary’s University en el vecino pueblo de Emmitsburg, también en Maryland. Edenia Guillermo tenía la reputación de ser una excelente profesora. Como ya apunté nunca he sabido la causa por la cual Jorge decidió eliminar de su nombre completo el apellido paterno. He oído varias versiones pero todas me parecen producto de la chismografía. Como es natural, por prudencia no se lo pregunté a su señora madre.

Después del matrimonio la pareja se estableció en Nueva York y más tarde pasaron a Holanda donde se radicaron en una finca sita en Wassenaar, cerca de La Haya. Aunque María Cristina dejó de formar parte como dinasta de la Familia real neerlandesa, conservó muy buenas relaciones con la corte, a diferencia de Irene quien se divorció y tuvo relaciones amorosas con vistas a rehacer su vida con tres compatriotas y, además, se ha dedicado a actividades feministas que no fueron bien vistas por la Corona neerlandesa.

Desafortunadamente el matrimonio no perduró demasiado y terminó en divorcio en 1996. A partir de ese momento la figura de Jorge Guillermo se eclipsa. Se encuentran datos sobre la princesa pero no sobre él, salvo indirectamente en relación con el matrimonio de alguno de los vástagos de la pareja. María Cristina no ha vuelto, que se sepa, al seno de la Iglesia Reformada holandesa, donde fue bautizada. Tampoco he podido encontrar nada sobre las actividades amorosas o profesionales de Jorge Guillermo. Mucho habría de estimar si alguno de mis lectores pudiera aportarme datos al respecto. Este cubano se casó con alguien que era princesa situada en la línea de sucesión del trono holandés. Logró que la misma cambiara de religión y no volviese atrás en esas decisiones después del divorcio civil. Tampoco he tenido noticias que se decretara la nulidad canónica del matrimonio católico.

En fin, estoy bien intrigado con la suerte de este hijo de Cuba que de vivir tendría sesenta y siete años y que logró “infiltrarse” en una dinastía que junto con la británica está entre las más sólidas y bien asentadas del mundo, y con una familia real que es probablemente una de las más ricas del planeta.

Notas del artículo

  1. Hubo otro que ocupó el principado de Asturias sin ser español por nacimiento, se trató de don Manuel Filiberto, duque de Apulia, hijo de don Amadeo de Saboya, rey electo por las Cortes que reinó en España entre 1870 y 1873. Los Saboya eran italianos. Por otra parte, y como nota curiosa es de señalar que el actual rey no ostentó el título de príncipe de Asturias sino el de príncipe de España, inventado por Franco.
  2. Se dice que la reina Victoria de Inglaterra llenó de hemofilia a la mitad de los tronos de Europa. Quizás el caso más trágico fue el de los Romanoff, la familia imperial rusa, cuyo príncipe heredero o zarévich, la padeció. La hemofilia la sufren los hombres y la transmiten las mujeres aunque en ambos casos hay impredecible excepciones. En el caso de la Familia Real española la padeció don Alfonso y otro hermano suyo, don Gonzalo. Don Juan, el hijo menor de Alfonso XIII y padre del actual rey, no fue afectado por este mal.
  3. Nacida en 1906, Edelmira era natural de Sagua la Grande, provincia de Las Villas, pertenecía a una familia de ricos terratenientes. Estaba en Suiza convaleciente de una enfermedad que nunca se ha aclarado. La familia debió ser muy rica puesto que se podían permitir el lujo de mantenerla en Suiza mientras en Cuba se sufría todavía la crisis financiera mundial de 1929. Los Sampedro eran unos buenos burgueses sin preocupaciones en torno a la nobleza ni mucho menos a la realeza.
  4. Como se sabe en España en contraste con Inglaterra, solo hay un príncipe: el vástago del rey llamado a sucederle. A los otros hijos del monarca se les llama Infantes o Infantas, con el mismo tratamiento de Alteza Real que corresponde al heredero. También se consideran Infantes a los hijos del Príncipe de Asturias. Hay además los Infantes de Gracia, que son parientes del monarca a quien este concede el título y tratamiento como un privilegio personal e intransmisible. La distinción entre príncipes e infantes la mantienen también la Casa Real de Portugal y la Imperial del Brasil. En España hay otro príncipe: el obispo de la Seo de Urgel, que es copríncipe de Andorra. Es una situación jurídica anómala pues el copríncipe es súbdito y a la vez jefe de Estado de dos países distintos y vecinos algo heredado de la Edad Media y ratificado recientemente por referendo popular en Andorra.
  5. Después de su divorcio Marta Rocafort se casó con un millonario norteamericano del cual también se divorció para casarse con un cubano llamado Adolfo Caballero. Tras el triunfo de la revolución de 1959 Marta Rocafort se exilió en Miami donde murió octogenaria.
  6. En España no hay coronación pues las joyas de la corona se las llevaron los franceses durante la Guerra de Independencia Española (1808-1814) y el Estado español no ha querido invertir en reponer estas joyas.
  7. Para mayor información recomiendo el libro La Familia Real y la familia irreal del fallecido periodista Juan Balansó publicado en Barcelona por Planeta en 1993. Este libro me ha servido de referencia para completar o verificar los datos adquiridos de amigos míos, amigos a su vez de los familiares de la Puchunga.
  8. Resulta sorprendente que escogiese Canadá puesto que en Europa y en los Estados Unidos hay excelentes instituciones dedicadas a la enseñanza de la música.
  9. De hecho a la reina Máxima, nacida en La Argentina se le ha sometido a la humillación de no poder tener a su lado a los padres ni en su boda ni en su coronación. Ello debido a que su progenitor había sido ministro en una dictadura rioplatense. También se opusieron al matrimonio de la reina Beatriz con el aristócrata alemán Claus von Amsberg, porque este había servido en el ejército nazi como simple soldado movilizado (hubo de nacer en 1926) y sin responsabilidades en cuanto a crímenes de guerra. También fueron denostados los consortes (todos alemanes) Enrique, esposo de la reina Guillermina y Bernardo, marido de la reina Juliana.
  10. Era el segundo caso en el siglo XX pues Irene, hermana mayor de María Cristina, también se hizo católica a fin de contraer matrimonio con el príncipe Carlos Hugo de Borbón-Parma, pretendiente al trono español por la línea carlista. Como es sabido esta línea surgió de la abolición de la Ley Sálica en España a principios del segundo tercio del siglo XIX, este hecho provocó las sangrientas guerras carlistas. Los carlistas se declaran partidarios de la monarquía absoluta (¡en el siglo XXI!) y aunque hoy en día sus huestes están muy disminuidas todavía cuentan con algunos partidarios en España. Recomiendo para una mejor y mayor información al respecto el libro La Familia Irreal del fallecido periodista Juan Balansó, publicado por Planeta en 1994.
  11. Fueron tres: Bernardo Federico Tomás, nacido el 17 de junio de 1977; Nicolás Daniel Mauricio, nacido el seis de julio de 1979 y Juliana Edenia Antonia, nacida el 8 de octubre de 1988.

Del Autor

Leonel Antonio de la Cuesta
Profesor universitario en los Estados Unidos durante cuatro décadas. Dirigió durante dieciocho años el Programa de Formación de Traductores e Intérpretes de Florida International University. Está acreditado por la American Translators Association y es uno de los principales analistas de Derecho constitucional cubano. Ha publicado varios libros, entre ellos Constituciones Cubanas desde 1812 hasta nuestros días y Cuba. La patria grande. La patria chica, editado por Aduana Vieja, Valencia, España, 2013.