La ingenuidad es hermosa

Enrique Benítez Palma

Nombres y animales
Rita Indiana
Editorial Periférica, 2013

 

nombres-y-animales-otrolunes30Existe en España la extraña y terrible manía de etiquetar libros y novelistas para vender mejor sus obras. Funciona el tópico y basta que seas de Cuba o Santo Domingo para que surjan las palabras “trópico”, “azúcar” y similares. Más que una estrategia de marketing la cosa suena a flojera, a desconocimiento, a trabajo mal hecho. Porque tratar de presentar en España a una autora tan interesante como Rita Indiana de la mano de etiquetas tan manidas como “realismo mágico” -por favor, ya basta- o elegir como titular para un texto sobre sus libros el insultante “magia negra” -ya saben: Dominicana es como Haití, y Haití es vudú- suena a falta de imaginación, cuando no directamente a incompetencia.

Rita Indiana es una artista polifacética, natural de la República Dominicana. Es alta, es brillante, tiene un grupo de música y además escribe muy bien. La editorial Periférica ha editado en España dos de sus libros, primero Papi y ahora Nombres y animales, un libro encantador, casi naif, lleno de sentido y sensibilidad, alejado de cualquier tópico caribeño y tropical. Pronto llegará La estrategia de Chochueca, su primera novela.

La protagonista es una chica de catorce años, que busca nombre para su gato, que resultará ser gata. Es el año 1992, sus padres viajan por Europa y ella se traslada a casa de sus tíos, Fin y Celia, peculiares personajes, dueños de una clínica veterinaria, y entregados a la causa de la vida. En este ambiente se desenvuelve una novela simpática, amable y muy original, en la que lo importante es de nuevo la iniciación a la vida, gracias a los primeros amores, al primer trabajo o sucedáneo de trabajo, y a esas aventuras que a los catorce años nos parecen tremendamente importantes.

No hay que ser muy perspicaz para adivinar trazos autobiográficos en esta novela estimulante y sensible. A ratos recuerda Te elige, de Miranda July. Las cosas parecen ocurrir por azar pero no siempre. La chica protagonista se enamora de su mejor amiga, Vita, de origen italiano, que a su vez se queda prendada de Uriel, su primo. Por la clínica entran y salen clientes con mascotas irreales, en busca del remedio para sus dolencias. Sus tíos tienen una sirvienta llamada Armenia y un trabajador haitiano al que han rebautizado como Radamés, quizás como homenaje a Trujillo: la tía Celia es balaguerista. No hay magia negra, tan sólo es la vida cotidiana en la República Dominicana, contada con la mirada cándida de una chiquilla de una familia bien, curiosa, culta e inquieta, pendiente de su discman para escuchar música siempre que puede.

 

Habría estado bien vivir aquel concierto de Luis Días y Xiomara Fortuna en las ruinas del Convento de San Francisco, en 1992. Más tarde, en la zona colonial, se abrieron locales como el Siete Puertas, o el concurrido Soho, decorado a bolígrafo por cientos de clientes talentosos. En el libro, la vida es sencilla, los haitianos conviven con sus patrones, la burguesía a la que pertenece la protagonista vive con cierta comodidad, la crisis no parece afectarles. Pero no todo ha sido así a lo largo de los últimos años, con un país desangrado por la falta de oportunidades y una nación cuya segunda ciudad, tras Santo Domingo, es Nueva York, donde residen más de un millón de dominicanos.

La combativa Rita Indiana deja para otros momentos sus acertadas reivindicaciones. En la novela se centra en una mirada limpia sobre la vida. Se agradece su cordialidad, su ausencia de malicia. Pasan las páginas y la protagonista se va ganando nuestro cariño, nuestra confianza, nuestra complicidad. El nombre del gato sobrevuela las escenas, constituye el pasillo por el que transcurre este libro cargado de una ingenuidad contagiosa, tan rara en estos tiempos de maldad y cinismo. La adolescencia ya no es lo que era. A nadie le importaría ahora una chica sensible que busca desesperada un nombre para su gato. Pero a los que todavía piensen que la ingenuidad es hermosa, encontrarán en este libro una maravillosa ocasión de disfrutar de una escritora imaginativa, llena de talento, capaz de hacernos pensar durante unas horas que ojalá que nunca hubiésemos crecido tan deprisa como para no poder disfrutar de todos aquellos momentos irrepetibles de nuestra primera adolescencia. Ahí es nada.