Un grito prolongado durante doscientas cincuenta páginas

Rubén Sánchez Trigos

Con todo el odio de nuestro corazón
Fernando Cámara
Rey Lear, 2013

 

Con-todo-el-odio-otrolunes30De entre los muchos clichés que ahondan en la cada vez más absurda distinción entre alta y baja cultura es frecuente el que dicta que una buena obra (una obra de calidad) es también una obra necesaria. Decir que un libro, una película o una obra de teatro es necesario es tanto como decir que trasciende el género al que supuestamente se adscribe, otro de los lugares comunes con que la vieja crítica se empeña en separar el grano de la paja. Una obra necesaria, entonces, es aquella que, además de proporcionar al lector un placer digamos estrictamente narrativo, aporta una visión, una reflexión inédita o sencillamente una batería de ideas más o menos provocadoras al mundo al que pertenece. Aclaremos esto: un libro como Con todo el odio de nuestro corazón,  segunda novela de Fernando Cámara tras Necróparis (NGC ficción, 2010), tiene todos los ingredientes para ser considerada una obra necesaria: es una narración que retrata, de frente y sin fisuras, las miserias del mundo post-apocalíptico que nos ha tocado en suerte sufrir, tomando la estafa de las preferentes bancarias como un hilo del que tirar para, finalmente, concluir con un fresco social en el que los de abajo siguen siendo los de abajo y los de arriba están aún más arriba.

Existe, sin embargo, otra forma de acercarse a Con todo el odio de nuestro corazón que no necesariamente invalida la anterior: porque esta es, sobre todo, la novela de un narrador en pleno dominio de sus facultades, que no necesita distinguir ya entre los recursos propiamente literarios y aquellas destrezas que su experiencia como cineasta le ha legado (fundamentalmente, capacidad de síntesis y verosimilitud en los diálogos). Respecto a lo primero, es de destacar el uso incisivo que se hace de la primera persona del presente, como una forma de subrayar la inmediatez (e inevitabilidad) de los hechos que se narran; recurso también que proporciona al lector el papel de un asfixiado testigo omnisciente. Por otro lado, es posible que la novela acuse por momentos la división en dos partes que sostiene su estructura: la primera parte, la preparación y ejecución del asesinato de un banquero y ex-político, dialoga abiertamente con las convenciones de la narrativa policíaca (o más bien negra, no en vano el libro se ha hecho con el Premio Francisco García Pavón 2013), mientras que la segunda, mucho más reposada, relata las consecuencias de esta acción. No obstante, el buen ojo narrador de Cámara compensa este desequilibrio con un escenario evocador que funciona al mismo tiempo como alegoría-resumen de su novela: un barrio abandonado, hijo neonato de los excesos inmobiliarios de la España pre-crisis, habitado por unos desahuciados de la sociedad que se mueven por sus intestinos como gusanos por el interior de un cadáver.

Así pues, Con todo el odio de nuestro corazón es una obra necesaria siempre y cuando uno confíe en el poder de la pluma para redimir los pecados de un mundo consumido por la ambición de unos pocos y la inacción de otros muchos. Lo que es a todas luces es una narración absorbente y visceral, marcada por la impronta de aquellos autores que, más que querer contar algo, lo que quieren es gritarlo. Porque esto es, al fin y al cabo, lo que constituye este libro: un grito prolongado durante doscientas cincuenta páginas