Felipe Alarcón Echenique

Dossier

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Felipe Alarcón Echenique viene hace mucho tiempo siendo una figura destacada en el amplísimo escenario de las artes plásticas cubanas y basta echar una mirada a su curriculum profesional artístico y a su obra, para saber que nos encontramos ante un artista genuino, incansable, y dueño de un estilo propio bastante singular que combina el mundo onírico del autor con esa majestuosa luminosidad y colorido que parece brotar naturalmente en todas partes en la isla donde nació hace ya 47 años; una isla que, ahí están sus cuadros para demostrarlo, viaja con él vaya donde vaya.

Sería útil decir que esa explosividad creativa que caracteriza a todo artista joven le llegó a Felipe en momentos en que la isla atravesaba por uno de sus más importantes estremecimientos en materia ideológica y cultural: aquellos años ochenta en los cuales coincidieron estallidos de inconformidad intelectual ante la abulia y la domesticación oficial en tres sectores que, se reconoce hoy, marcaron un antes y un después en el panorama artístico nacional: las artes plásticas, el teatro y la literatura. Y hablo de utilidad porque Felipe Alarcón Echenique es uno de esos artistas cuyas obras no pueden contemplarse sólo por el impacto de la calidad de su pincel, por las técnicas que emplea con una facilidad y una expansión realmente impresionantes, por la “tropicalidad” colorida de muchos de sus lienzos, sino también (y sobre todo) es necesario acercarse a este creador buscando entender esos mensajes latentes escondidos tras los trazos precisos, tras la difuminación del color o las figuras supuestas o expresadas: existen claves a encontrar, acertijos a descifrar, preguntas a responder, y no hacerlo implicaría alejarse peligrosamente de sus mundos pictóricos.

Con Felipe Alarcón Echenique se repite algo que ya va siendo norma en las artes plásticas cubanas: un creador que va ascendiendo cada día más hacia ese Olimpo exclusivo del reconocimiento internacional sigue, sin embargo, produciendo una obra cubanísima, anclada en las poderosas raíces de nuestra nacionalidad pero, al mismo tiempo, alimentada por esas experiencias del éxodo, por la confraternización con otras culturas, por el diálogo enriquecedor del artistas con las circunstancias múltiples, plurales en lo ideológico y lo ontológico, de eso que Ciro Alegría llamaría alguna vez “el mundo ancho y ajeno”. Todo ello, es importante apuntarlo, confiere a la obra de este cubano afincado en España un rango anhelado por muchos creadores: la universalidad (en este caso, la universalidad de lo cubano).

El equipo de trabajo de OtroLunes agradece a Felipe Alarcón Echenique la gentileza y humildad con la que acogió nuestra propuesta para dedicarle este dossier. Nos complace entonces presentarlo a nuestros lectores como una muestra más de la vitalidad de la cultura cubana.

Amir Valle

Director General

 

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Entrevista

Algunas opiniones sobre su obra

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