"Soy o creo ser una persona sincera
hasta extremos a veces antisociales o peligrosos"

Entrevista en exclusiva para OtroLunes

Dossier
Por Amir Valle

México es un país maleado de raíz, de arriba abajo, en el que la eficiencia política del sistema está basada en la capacidad de corrupción de sus funcionarios. Si llegara un político honrado al poder duraría lo que un suspiro. En el campo cultural se ha creado un sistema por medio del cual se capta y corrompe a los artistas, se les da una especie de sueldo, a veces vitalicio, se les corta las alas y terminan creando un arte sin energía, sin capacidad de crítica, sin temperamento. Y eso mismo sucede en las instituciones culturales, en las empresas editoriales. Si criticas, te manchas, te excluyen, te convierten en apestado. Las grandes empresas editoriales publican literatura mediocre porque le tienen miedo a los trasgresores, y además porque prefieren publicar a los amigos, a los mansos, a los funcionarios con debilidades literarias, a las actrices de telenovelas, a las señoras ricas. La grieta por la que se pueden colar los buenos escritores y los buenos artistas, son las editoriales universitarias y las editoriales independientes.

 

marco-tulio-aguilera-entrevista-otrolunes30A modo de presentación hacemos siempre a nuestros invitados un reto: el de mirarse e intentar explicar a los lectores de OtroLunes ¿quién es Marco Tulio Aguilera Garramuño? La respuesta, como para profundizar más el reto, debe enfocarse en dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Marco Tulio Aguilera Garramuño, el ser humano y Marco Tulio Aguilera Garramuño, el escritor, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.

 

Soy o creo ser una persona sincera hasta extremos a veces antisociales o peligrosos. Ello me ha acarreado consecuencias positivas y negativas. En general las personas saben qué esperar de mí y por eso nunca soy tomado en cuenta para cargos, comités o direcciones, en los que hay que confraternizar y hacerse el de la vista gorda. Ello me ha permitido ser libre y ejercer mi criterio sin tapujos. Tengo pocos amigos, casi no recibo a nadie en casa. A estas alturas de la vida lo que me interesa es cumplir con lo básico en mi trabajo en la Editorial de la Universidad Veracruzana, asistir a mi entrenamientos de natación, ir un par de días a jugar baloncesto y sacar adelante los proyectos literarios que tengo en marcha.

Como escritor soy persona de disciplina espartana, de paciencia sin límites y perfeccionista. Puedo esperar años a que se publique un libro y ello no me impacienta. Estoy seguro de lo que hago y por ello cuando recibo algún rechazo de parte de una editorial, lo atribuyo más a deficiencias de la editorial o a políticas comerciales o a malos lectores, que a insuficiencias en lo que escribo. Soy en general desordenado con mi persona, no visto muy bien, mi estudio es un desastre, pero mis obras son ordenadas al milímetro. Y ello es así porque lo que más me importa es lo que escribo, incluso por encima de la familia y el trabajo en la universidad. Creo en mí como en dios, no abato la cabeza ante nadie, pero soy muy solidario con la gente humilde –tengo la compulsión de darle dinero a todo el mundo cuando dispongo de él-, me gusta reconocer el talento (literario) ajeno y disfruto defenestrando libros de mala calidad que son presentados como obras maestras.


Colombiano en México. Se impone una pregunta: ¿cómo y por qué razón se produjo el tránsito de un país a otro?

Cuando terminé mis estudios de Filosofía en la Universidad del Valle, en Cali, conseguí trabajo de profesor de cívica y educación física en un colegio de ricos, el Colegio Los Cedros del Líbano. Era un colegio al que llegaban los muchachos que habían sido expulsados de los otros colegios de Cali, un sitio en el que los muchachos eran casi incontrolables. Para controlarlos tuve que hacer clases que llamé “de catarsis y sinceridad”. Consistían en someter a los agresivos y antisociales a interrogatorios y agresiones de sus compañeros. Por esas clases fui expulsado del colegio. Quedé sin trabajo, viviendo en un cuchitril en el segundo piso del Grill Las Escalinatas en Cali. Por esos días salió mi primera novela Breve historia de todas las cosas en Buenos Aires; llegó a Cali un gringo, Raymond Williams, y me invitó a dar clases en la Universidad de Kansas. Acepté, fui a dar clases. Estuve año y medio allí, me aficioné a una mexicana, me vine a vivir a México con la intención de casarme, viví en Monterrey, fracasó mi plan de casarme, trabajé año y medio de la Universidad de Nuevo León, gané un concurso de cuento en la Universidad Veracruzana, vine a trabajar a Xalapa, aquí me casé y terminó mi viajadera. Lo que me ha movido de un lado a otro son el azar, las mujeres y la literatura. No soy exiliado de nada.

 

Háblame (obviamente se imponen un cuándo y un dónde) de ese primer momento en que te dijiste que podías (y sentiste que querías) escribir.

Comencé a ser escritor en las clases de lectura y redacción que dictaba Vilma Alfaro, una bella, simpática y coqueta profesora en la escuela secundaria, en San Isidro de El General, Costa Rica, pueblo en el que viví mi adolescencia y en el que está ambientada mi primera novela  Breve historia de todas las cosas. Doña Vilma nos pedía una redacción semanal sobre cualquier tema que se nos ocurriera. Teníamos que leer frente a la clase. Yo escribía pensando en impresionar a mi profesora y ella me correspondía, pidiéndome que leyera al final de la clase, pues sabía que yo siempre llevaba algo interesante. Ese fue mi primer nacimiento como escritor. Mi segundo nacimiento fue cuando perdí una carrera de 5000 metros planos; a partir del fracaso comencé a sufrir de insomnio y finalmente vencí el insomnio escribiendo mi primer cuento con tintes netamente literarios, “El sabio ignorante”.

 

Otra vez en el sentido del ser humano y el escritor, ¿qué te han aportado Colombia, Costa Rica, país donde viviste tu adolescencia, y México donde has vivido  casi 35 años?

De Colombia tengo recuerdos de fincas de tierra caliente, un difuso pasado familiar en el que se mezclan recuerdos de mi padre, que era un hombre imponente e importante; y de mi madre, una mujer culta y hermosa, entregada a la lectura. De Costa Rica recuerdos de un pueblo inolvidable, San Isidro de El General, donde me inicié en todo. De México, la batalla por salir adelante como escritor en un medio adverso, lleno de conciliábulos y complicidades. Yo casi no he vivido en los países, sino en mis relaciones amorosas, en mis disciplinas deportivas y en mis encierros de lectura y escritura. Soy básicamente un misántropo.

 

 

Parte 1

Esa vieja Dama que es América

 La literatura latinoamericana actual, piensan muchos estudiosos del tema, ha tenido que superar los “traumas editoriales” provocados por el impacto del boom y el postboom en la mentalidad editorial europea sobre qué escribimos en este lado del mundo ¿Cuál ha sido tu experiencia personal en esa lucha contra los encasillamientos editoriales?

Si alguien ha sido molestado, etiquetado, comparado y a veces denigrado por estar relacionado o influenciado por el boom, he sido yo. A partir de mi primera novela se me ha comparado constantemente con García Márquez, ya sea para decir que lo que escribo es un sub producto de su realismo mágico, o que lo mío está a la altura de lo de García Márquez. Es claro que mi primera novela  Breve historia de todas las cosas, fue escrita a la sombra de GGM, pero me parece obvio y demostrado el hecho que yo despegué hacia una literatura muy personal, que no tiene ningún parentesco con lo de nuestro nobel.

Pienso que hay que dividir el fenómeno del boom en dos: por una parte está el llamado genéricamente boom: ventas altas y difusión amplia a un grupo pequeño de autores con una calidad literaria alta; y, por otra parte, García Márquez, que es un monstruo, un outlier, un caso irrepetible de popularidad aunada a una calidad superior.

Pienso que uno debe escribir sin pensar en comparaciones, escribir lo mejor que pueda, con la idea de que cada obra que escribe es una obra maestra. El tiempo se encargará de acomodar esas obras donde les corresponda.

 

Uno de los “tópicos típicos” de nuestra literatura tiene que ver con la convulsionada vida de nuestros países y, específicamente en el caso del país donde naciste y del que vives, con la violencia. Yendo a un dilema ya casi eterno: Entre los escritores que creen que la literatura debe cumplir una función generadora de pensamiento social contra esa realidad y los que simplemente dicen escribir sin importarles esos asuntos, ¿dónde te ubicarías? ¿Por qué?

Todo lo que el escritor vive, ya sea en carne propia o por experiencias de segunda mano, afecta su vida e influye en lo que escribe. Es un proceso natural que no se debe forzar: literatura es lo que produce el escritor, así como los árboles producen frutos. Pienso que el escritor puede modificar la realidad más con sus actitudes políticas que con lo que escribe. La influencia de la imagen de un escritor puede promover causas sociales en su contemporaneidad. La literatura tiene un efecto mucho más lento, pero puede llegar a modificar el espíritu de un pueblo: España le debe más al Quijote que la mayoría de sus gobernantes pasados.

La intención política nunca ha guiado lo que escribo. No soy un activista ni participo en grupos. Soy más bien un reconcentrado, un obsesivo en las dos o tres cosas que me gustan y para las que creo estar capacitado.

 

Es curioso que mientras la humanidad se jacta de vivir en la “era de la comunicación”, los escritores de un país y otro apenas nos conocemos, incluso aunque sólo, como sucede, estemos separados por un par de metros de frontera ¿Cuáles crees que son los mayores problemas que impiden que en cada uno de nuestros países conozcamos lo que se escribe en otras naciones del continente?

Básicamente la incomunicación se debe a la política de las empresas editoriales trasnacionales y a los grupos de poder editorial, que cierran las puertas a “los otros”; también se debe a los conciliábulos de los que se reparten el pastel de los premios, de los espacios editoriales, personajes que se apropian de territorios como los animales que orinan para marcar sus terrenos. El comercio domina la escena mundial. Ya son pocas las editoriales literarias serias, dispuestas a apostar por propuestas innovadoras. Alguien lo dijo: Si hoy se intentara publicar un Ulises o Rayuela, posiblemente no encontraría editor.

 

Roa Bastos habló de América Latina como una vieja dama que, de tiempo en otros escritores, consideraba que en esta parte del mundo bien poco ha cambiado nuestra realidad social, primando (cuando se la mira desde otras latitudes) una  incómoda e idílica aureola que mezcla el exotismo, la falta de información y hasta las ilusiones políticas e ideológicas. Mirándola desde tu propia obra ¿cómo sería esa América por ti ficcionada?

Más allá de mi primera novela, lo que escribo indaga allende el exotismo y el folclorismo: busca ficcionalizar la vida de personas, no de nacionalidades o territorios, me importa la intimidad, me interesa cómo interactúan los personajes, cómo viven, mueren, aman. Mi centro de interés es la mujer y sus complejidades, así como el amor y el erotismo.

Otro de los tópicos que solemos escuchar parece indicar que después del boom, en materia literaria, no ha habido nada importante en Latinoamérica. ¿Qué piensas?

Claro que ha habido mucho más. Lo que pasa es que no se ha difundido.

 

Más allá de García Márquez, Fernando Vallejo, Héctor Abad Faciolincie, Jorge Franco Ramos, Santiago Gamboa y Mario Mendoza, para sólo nombrar a los más mencionados fuera del país, ¿puede hablarse de una narrativa colombiana?

Los que mencionas son los que se han proyectado a nivel internacional. Hay otros, que yo llamaría de primera división: poseen una obra que me parece deslumbrante, poderosa: William Ospina, Evelio Rosero, Tomás González.

 

Un amigo escritor mexicano me comentó en privado que, lamentablemente, México es “una olla de grillos donde cada grillo cree que su canto es el mejor y se pasa el tiempo haciéndole grilladas a los demás para que no se oiga el canto ajeno”. Sé que durante mucho tiempo has librado una batalla tozuda contra cosas que en México funcionan mal, a pesar de ser uno de los países de América donde más becas, ayudas y cosas por el estilo están creadas para los escritores. Háblame, en toda la extensión que desees, sobre el porqué de esa lucha.

México es un país maleado de raíz, de arriba abajo, en el que la eficiencia política del sistema está basada en la capacidad de corrupción de sus funcionarios. Si llegara un político honrado al poder duraría lo que un suspiro. En el campo cultural se ha creado un sistema por medio del cual se capta y corrompe a los artistas, se les da una especie de sueldo, a veces vitalicio, se les corta las alas y terminan creando un arte sin energía, sin capacidad de crítica, sin temperamento. Y eso mismo sucede en las instituciones culturales, en las empresas editoriales. Si criticas, te manchas, te excluyen, te convierten en apestado. Las grandes empresas editoriales publican literatura mediocre porque le tienen miedo a los trasgresores, y además porque prefieren publicar a los amigos, a los mansos, a los funcionarios con debilidades literarias, a las actrices de telenovelas, a las señoras ricas. La grieta por la que se pueden colar los buenos escritores y los buenos artistas, son las editoriales universitarias y las editoriales independientes.

 

 

Parte 2

De su obra y otros ámbitos

 

En algún lado he leído que has dicho que la literatura para ti es, también, juego, reto. Pero no sólo el ámbito de la historia, sino también del lenguaje. ¿Cómo ocurre ese juego?

La literatura es para mí un juego con la realidad, un juego riesgoso, pues implica la subversión de lo existente y el intento de imponer una nueva lógica, la lógica del creador, que de alguna manera compite con lo ya creado. El oficio de la literatura es una especie de oficio de Caín: pretende traicionar lo convencional, lo dado. La literatura es un invento que ayuda a vivir. Todos los auténticos creadores enfrentan la oposición de sus contemporáneos. Esto suena sentencioso y pretencioso, pero si uno no aspira a lo absoluto, sin duda no alcanzará a conquistar ni la más nimia meta.

 

Se cuenta que ya en una tablilla de tiempos del rey Hammurabi un escriba se quejaba de que ya todo estaba escrito. ¿Qué temas persiguen al escritor que eres y, en especial, cómo haces para que sea nuevo, para que no parezca un asunto trillado?

No todo está escrito: cada día nacen nuevos códigos que hay que descifrar. El libro del universo macro y microscópico se renueva día a día. Si el universo fuera limitado y el cerebro humano hubiera revelado todos sus secretos, sí podríamos decir que todo está escrito. Pero no es así. El misterio del universo es tan vasto y el cerebro tan complejo, que no dudo que el hombre jamás pueda abarcarlo. Lo que sí está escrito es el universo, como está escrito el hombre, y al hombre le corresponde descifrarlo y descifrarse o por lo menos intentarlo. La literatura y la ciencia son luchas contra el universo, es decir, contra el absoluto: luchas indispensables pero luchas perdidas de antemano, que sin embargo hay que afrontar: si no se afrontaran la vida carecería de sentido. Cada vez que nace un nuevo ser humano nace algo nuevo, inédito. Cada invento en una cuña que abre los ámbitos cerrados del universo.

 

Me gustaría destacar ese momento en que escribes Breve historia de todas las cosas y comienzan a compararte con tu compatriota Gabriel García Márquez. Y lo destaco porque creo que existe un antes y un después de esa novela. Cuenta a los lectores de OtroLunes qué sucedió y porque ese antes y ese después en tu carrera literaria.

Escribí esa novela cuando tenía 24 años, le entregué el manuscrito al escritor argentino Eduardo Gudiño Kieffer, que pasó por Cali. Gudiño la leyó en el viaje de Cali a Buenos Aires, allí se la entregó Daniel Divinski, editor de Quino y Umberto Eco, uno de los editores más importantes de Latinoamérica. La leyó inmediatamente y en menos de una semana tenía en mis manos un contrato. Divinski escribió en la contraportada del libro que mi novela era mejor que  Cien años de soledad. Y ahí comenzó mi  carrera, mi mala y mi buena fama. La novela la leyó García Márquez y le gustó, me llamó para decírmelo, pero también me dijo que nunca me iba a recomendar porque eso me perjudicaría. Hubo gran revuelo crítico en muchos países. Unos pocos críticos señalaron que la obra era una especie de semi plagio. Contra eso se levantaron otros, la mayoría. Pero quedé marcado por esa especie de mancha y algunos lectores se quedaron con la idea de que yo era un segundón y un imitador. La novela apareció en 1975, luego hubo una nueva edición en 1979, con un tiraje de 25 000 ejemplares, en Plaza y Janés de Colombia. Después me olvidé de la novela y quedó sepultada por el paso de los años. Escribí muchos otros libros, que tuvieron en general gran éxito crítico y no mucha difusión. En el año 2008 me encontré con García Márquez y él me preguntó qué había pasado con  Breve historia de todas las cosas. Le dije que ya no me interesaba esa novela, que la había olvidado y no pensaba reeditarla. Me respondió: “¡Pendejo, es lo mejor que has escrito en tu vida! No creo que vuelvas a escribir nada a ese nivel”. Y me recomendó: “Revísala y vuelve a publicarla”. Lo hice, se publicó con nuevo nombre, Historia de todas las cosas, en coedición de Trama Editorial de Madrid y Educación y Cultura de México. El resultado fue un auténtico alud de comentarios muy positivos de parte de personas muy autorizadas: “Obra maestra, lo mejor que ha producido la literatura latinoamericana en décadas, la nueva picaresca latinoamericana, Garramuño hizo con el realismo mágico lo que hizo Cervantes con las novelas de caballerías, etc”. Los comentarios fueron tan altisonantes que tuve que inventarme un crítico literario para que escribiera en contra de la novela.

 

El cuento es, lamentablemente, un género que va de capa caída en el actual mundo comercial del libro, a pesar de que América Latina es, históricamente, una tierra de cuentistas. ¿Qué territorios del idioma y de la historia puedes recorrer en el cuento que te hace escoger ese género en vez de dejar esa historia para una novela?

Para mí los cuentos son como tajadas de vida, como iluminaciones, como instantes,  que no requieren un desarrollo sino una cristalización, algo como el descubrimiento de una cifra o una clave, la revelación de un secreto. Las novelas para mí son como tesis de grado sobre la vida, toda una concepción del mundo, toda una recreación de ambientes, de personajes, de historias con sus necesarias ramificaciones: las novelas son como árboles bajo cuya sombra se puede abrigar todo un mundo. Los cuentos una revelación súbita que le sucede a una sola persona o a un grupo pequeño de personas.

 

Una pregunta clásica: ¿cómo es una semana normal en la vida de Marco Tulio Aguilera Garramuño?

Lunes, martes, jueves y sábado: voy a entrenamiento de natación de 9 45 a 10 30; luego permanezco en la oficina de la Editorial de la Universidad Veracruzana, donde trabajo desde hace más de 30 años, de 11 30 a 1 30; a las 2 pm almuerzo con  mi esposa; 230 a 3 pm la llevo al trabajo; 4 a 5 pm, duermo una siesta; 6 pm a 9 pm trabajo en asuntos editoriales; 9 10: voy por mi esposa al trabajo. De 10 a doce de la noche: pendejear. Habitualmente duermo por la noche seis horas.

Martes, viernes y domingo: no voy a natación sino a baloncesto.

Estas rutinas sólo varían cuando salgo de viaje a asuntos literarios o a competencias de natación. No hago casi salidas nocturnas, no recibo visitas, no voy a fiestas: casi siempre estoy cansado y prefiero estar en casa.

 

Quien se acerca a tu vida desde afuera lo primero que nota es que te gustan los retos, el deporte; a tus años eres medallista de natación en los campeonatos nacionales de México; además te gusta decir lo que piensas sin calcular si a alguien le va a sentar bien o mal lo que digas…, es decir, transitar tu vida en sus límites más libres y riesgosos. ¿Qué le ha aportado ese sentido de la vida al escritor que eres?

Lo que ha aportado a mi vida mi carácter agresivo, competitivo, sincero hasta extremos peligrosos, es básicamente libertad (nadie me invita a comités, direcciones, reuniones de sindicatos, juntas); me ha aportado también muchos malquerientes y algunas personas valiosas que me quieren y me respetan. También se me han cerrado las puertas de muchas editoriales, he ganado fama de intolerante, no tengo acceso a las prebendas institucionales de la cultura mexicana ni de la mexicana. Recibo pocas invitaciones porque no soy persona de obsecuencias o discursos oficiales.

 

Llega el momento de hacerte la pregunta que siempre presentamos a nuestros entrevistados con la clara intención de que, como padre de la criatura, describas a los lectores por qué deberían leer tus libros. Yo mencionaré algunos de tus títulos y tú ofreces esa razón.

 El pollo que no quiso ser gallo:

Todos los niños que han leído los cuentos de este libro piden que se los lean una y otra vez, una y otra vez, no se aburren de escuchar los mismos cuentos.

Cuentos para después y Cuentos para de hacer el amor… ¿qué diferencia a estos dos libros?:

Son cuentos intensos donde se dice sobre el amor y el erotismo lo que muy pocos escritores han dicho.

Aves del paraíso:

Es un libro que no existe.

Breve historia de todas las cosas:

Todo el poder de una imaginación juvenil aplicada a una realidad impresionantemente rica: la de San Isidro de el General.

Paraísos hostiles:

Un libro escrito con disciplina absoluta en el que intenté poner la palabra justa, lo que a veces me llevaba a gastar una hora en pensar una palabra. La idea era pintar el infierno en la tierra.

Mujeres amadas:

Un protagonista macho jugando a ser Scherezada: contándole sus historias de amor pasadas, truculentas y tiernas, a una mujer extremadamente (y falsamente) púdica.

El juego de las seducciones:

Es la historia de mi esquizofrenia precoz.

Los placeres perdidos:  

El discurrir de un personaje renacentista y angélico por la ciudad de  Cali.

La noches de Ventura (ó Buenabestia):

El libro del desafuero, de la insaciabilidad.

La hermosa vida:

Lo mejor y lo peor de la vida de un escritor.

La pequeña maestra de violín:

Relaciones de la música con el amor y la literatura.

Alquimia popular:

Mi primer libro de cuentos (fallido).

Agua clara en el Alto Amazonas:  

Mi nostalgia por la vida silvestre y mi deseo de desaparecer del mundo civilizado.

 

¿Y el periodista que también eres? ¿Dónde se manifiesta? ¿O ha tenido que plegarse a ir a la zaga de tu carrera como escritor?

En mi vida ha habido periodos para todo. En la actualidad ejerzo una especie de periodismo literario en mi blog

Descabezadero http://www.mistercolombias.blogspot.com

Que se lee bastante y en muchos países.

 

Finalmente, pregunta socorrida, pero siempre necesaria: ¿qué escribes actualmente?

Actualmente no estoy escribiendo nada y no voy a hacerlo posiblemente en dos años. Acabo de terminar, en dos años de absoluta libertad que me dio la Universidad Veracruzana, dos novelas: El sentido de la melancolía y  Sin máscara frente al espejo. A la primera ya le estoy buscando editor. La segunda necesita una corrección final. Estas dos novelas forman parte de un proyecto grande, que he llamado El libro de la vida. Está formado por cuatro libros ya publicados: Mujeres amadas, Las noches de Ventura, La pequeña maestra de violín y La hermosa vida. Luego viene una novela que decidí eliminar (provisionalmente): La plenitud del amor. Inéditas quedan La insaciablilidad (que sale el próximo año), El sentido de la melancolía y  Sin máscara frente al espejo. En total ocho novelas, que siguen la trayectoria de un personaje. Se trata de una obra del tamaño de  En busca del tiempo perdido. Modestamente.