O la nada

Juan Carlos Chirinos

Rajoy, según Torres y Maduro, según Revista Semana.

Rajoy, según Torres y Maduro, según Revista Semana.

Este artículo está dedicado a la valentía del atleta Pedro Nimo del Oro, un español decente.

Es muy fácil mirarse en un espejo; lo difícil es saber qué hay detrás de cada uno. Borges o Larra: Es el dilema que se le presenta al que mira su reflejo. La eternidad, o un día. La locura de la multiplicación, o la locura por desolación. Cuando Larra descubrió que detrás de su espejo no había nada —ni siquiera España, ni siquiera el amor—, me cuenta ese sabio que es Pepe Esteban —rememorando las palabras de su maestro, Bergamín— el bardo sacó su pistola y se pegó un tiro (un tiró que salió por la ventana y se incrustó en la pared del edificio de enfrente). Tal vez ese fue el momento en que Fígaro entendió que los límites del universo son los límites de su mundo; y yo especulo que cuando a Borges le tocó entender esto, se quedó ciego.

Los espejos de ahora, no obstante, no son los de entonces. O sí: Si Larra viviera en esta época, otra vez apostaría su vida en la punta de una bala; no habría amor en su vida; y ya nos vamos quedando, otra vez, sin España. Eso, si creemos en las palabras de la señora María Dolores de Cospedal, que ha anunciado taxativamente, imitando al caudillo europeo por excelencia —Luis xiv— que, o es ella (son ellos), o nada. Ella, o la fría nada. Après moi, le déluge: Le hago el favor de compararla con el rey sol, y evito convocar, por perogrullada, la otra frase totalitaria con la que se emparenta, «dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución, nada»; y, por arte de la palabra, por arte de los axiomas, los apotegmas y los refranes, una señora de mantilla y misa regular (o «en diferido») confraterniza en ideas con ese tenebroso y longevérrimo creador de más de cincuenta años de felicidad (?) comunista en Cuba. Y, ya puestos, el discurrir de la señora tampoco anda muy lejos del ideario del supremo-comandante-eterno de la falaz revolución del siglo xxi venezolana: «Patria, socialismo, o muerte» (o sea, la nada, otra vez).

Pero qué fácil es emparentar los pensamientos totalitarios.

Hace años el luminoso Umberto Eco fijó las coordenadas para identificar como semejantes pensamientos aparentemente antitéticos; el maestro italiano creó un  mapa de caracteres bastante preciso para aislar en un solo territorio especies que se disfrazan de diversidad, pero que son las mismas (ya se sabe que la mona, aunque se vista de seda, mona se queda): El fascismo eterno se llama el artículo de marras, y gracias a él ya sabemos cuándo a es b y es c y es d y es f y es g y es a.

Miro por la ventana, cae nieve tímida en Madrid, y supongo que cae nieve bizarra en Salamanca: ahora mismo, en Caracas, cae una lluvia pertinaz que supongo torrencial aguacero en Valera. Pero leyendo la prensa de ambos territorios constato con tristeza que las diferencias entre ellos apenas si son meteorológicas: En Caracas, Nicolás Maduro, un ignorante que gobierna, cacarea que ha librado a su país del alfabetismo (con marcado éxito, por cierto); en Valladolid, Mariano Rajoy, otro que gobierna con apenas mayor cultura y tino que su colega venezolano, saca pecho y canta como gallo poncho exigiendo silencio a todo aquel que no piense como él. Caudillos; caudillitos groseros, soberbios, enceguecidos por el limo de la ideología.

Larra, querido Larra: pégate otro tiro, que sigue sin haber nada.