García Márquez ya no tiene quien le escriba

José Luis Muñoz

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Recién enterrado el presidente de la transición democrática española, Adolfo Suárez, con todo el reconocimiento que mientras tuvo memoria y vida se le negó, un hombre que ya no recordaba que había sido presidente por culpa del Alzheimer, la enfermedad que mata a las personas en vida, no puedo dejar de pensar en otro ilustre aquejado por esa terrible mal, el nobel colombiano Gabriel García Márquez.

El pasado 6 de marzo el ilustre cataquero cumplió 87 años e hizo una breve aparición pública saliendo de su casa mexicana, en compañía de los suyos, para atender a los medios de comunicación después de mucho tiempo de invisibilidad. Sonreía de forma afectuosa, movía la mano y parecía flotar en un limbo de felicidad entre los suyos. Ignoro si el autor de Cien años de soledad se acuerda de que escribió esa obra magna que ya ha pasado a la historia de la literatura universal; lo que sin duda es una certeza es que el escritor colombiano ya no escribirá más, lo que, además de ser una gran desgracia para él como escritor lo es también para los que siempre lo hemos leído y gozado de su arte narrativo.

Lejano ya en el tiempo el boom de la literatura latinoamericana, de la que Gabo y su entonces amigo Mario Vargas Llosa eran sus principales abanderados—malditas sean las diferencias ideológicas que alejaron para siempre a esos dos escritores y grandes amigos—, la figura de García Márquez se agranda con el paso de los años a pesar de que no ha habido ninguna obra suya más allá de 2004, cuando publicó Memoria de mis putas tristes. Con 11 novelas en su haber y una extraña relación con el acto creativo—siempre me llamó la atención unas declaraciones suyas en las que confesaba que sufría mucho escribiendo—resulta una paradoja que el escritor que patentó el realismo mágico que, realmente, impregna toda la vida en los países latinoamericanos, viniera del periodismo, que ha de ser un ejercicio muy apegado a la realidad. García Márquez, además de sus obras de ficción largas y un buen número de relatos breves, dejó un par de crónicas periodísticas, Relato de un náufrago y Noticia de un secuestro, que se podían leer como novelas, con las que se apuntaba al mestizaje de ambos géneros que ya había patentado Truman Capote con A sangre fría.

El oficio de escribir es de los pocos que no están reñidos con la edad, sino todo lo contrario. Muchas veces las mejores obras salen de uno cuando está ya al final del camino y entiende la vida, y es capaz de plasmarla con toda intensidad precisamente porque se le escapa de entre los dedos. Hay, sin embargo, autores que deciden no escribir más, porque ya lo han contado todo o porque mentalmente ya no pueden controlar el complejo proceso creativo—me acuerdo de Miguel Delibes que decidió que El hereje fuera su última novela y en una entrevista reconoció amargamente su incapacidad para seguir escribiendo—y otros que continúan haciéndolo, y con lucidez, hasta su último suspiro como el recientemente desaparecido José Luis Sampedro.

El Gabo escribidor que tantas obras maestras ha acumulado sobre sus espaldas—El coronel no tiene quien le escriba, Crónica de una muerte anunciada, Los funerales de la mamá grande, El otoño del patriarca, El general en su laberinto— nos dejó en 2004, hace ya diez años. Espero que los seres que le quieren y le rodean le recuerden a ese viejo desmemoriado que es uno de los más importantes escritores vivos que hay en el mundo y le lean, para avivar sus recuerdos, párrafos de lo que regaló a sus lectores con su extraordinario talento durante tantos años: Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

Del Autor

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José Luis Muñoz
(Salamanca, 1951). Estudió Filología Románica en la Universidad de Barcelona durante los años de las revueltas estudiantiles contra la dictadura franquista y militó en grupos de oposición democrática hasta la muerte de Franco. Es escritor, novelista, articulista, apasionado del cine y viajero. Entre los numerosos premios literarios que ha obtenido a lo largo de su carrera destacan el Tigre Juan, el Azorín, La Sonrisa Vertical, Café Gijón, Camilo José Cela y IV Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona. Publicó en Etiqueta Negra, la mítica colección policial de Paco Ignacio Taibo II para Júcar, sus dos primeras novelas policiales: El cadáver bajo el jardín (Júcar, 1987) y Barcelona (Júcar, 1987). Autor de una larga obra sus últimas novelas publicadas son todas de género negro: Lluvia de níquel (Algaida, 2004), Último caso del inspector Rodríguez Pachón (Algaida, 2005), La caraqueña del maní (Algaida, 2007) El mal absoluto (Algaida, 2008), El corazón de Yacaré (Imagine Ediciones, 2009), La Frontera Sur (Almuzara, 2010), Marea de sangre (Erein, 2010), Tu corazón, Idoia (Corona Borealis, 2011), Llueve sobre La Habana (La Página Ediciones, 2011), Muerte por muerte (Bicho Ediciones, 2011), PatPong Road (La Página Ediciones, 2012), Bellabestia (Sigueleyendo.com, 2012), La invasión de los fotofóbicos (Atanor Ediciones, 2013), La doble vida (Sub-Urbano, Miami, 2013), El secreto del náufrago (Ediciones del Serbal, 2013) y Ciudad en llamas (Neverland, 2013). Tiene en la red el blog literario La soledad del corredor de fondo.