La editora de Guillermo Vidal

Asela-SuárezGuillermo Vidal declaró varias veces en público, que Asela Suárez era su editora, y la editorial Oriente, su editorial. El 15 de mayo de 2014 se cumplen diez años de su muerte. Claustrofobias quiere acercarse a uno de los escritores más queridos en el Oriente de Cuba, a uno de los que escribió tomándole el pulso a su pueblo.

Asela Suárez, editó los cinco libros publicados hasta el momento por esta casa editora. A mediodía llegué a su casa, me brindó café y agua. Antes me había dicho por teléfono que sería difícil. Comenzamos a conversar y sin darse cuenta le había encendido la grabadora.

No sabía cómo comenzar. Le pregunté cualquier tontería hasta caer en lo que buscaba. Después fluyó esta breve conversación que queda como testimonio de una relación de trabajo.

Desde el principio nos llevábamos muy bien en esta relación autor – editor. En su sistema de escritura, su modo de escribir, sobre todo en las novelas, no tanto en el cuento, hacía montajes paralelos. Y había cosas que lo golpeaban mucho. Tenía la tendencia de repetir algunos pasajes o la esencia de algunas situaciones. En eso nos poníamos de acuerdo, quitábamos en una parte, poníamos en otra, para que al lector no le resultara muy reiterativo, había momentos que a mí me parecían más importantes para finalizar que otros.

Muchas veces me lo dejaba, haz lo que tú quieras, y después lo veía. Con respecto a la puntuación no le gustaba puntuar mucho, y algunas veces era necesario aclarar algo para que el lector no se agobiara. Claro, todo se consultaba entre ambos.

En cuanto al contenido no, si yo hubiera tenido que rehacerles el contenido a algunos autores no fuera editora, fuera escritora. Mi función es corregir los errores ortográficos y hasta donde uno puede los problemas de estilo. El estilo con mucho cuidado, porque uno tiene que entrar en el estilo del autor. No como yo quisiera que fuera, como yo lo diría, yo tengo como editora que adentrarme en el estilo del autor para respetarlo, y dentro de ese estilo tratar de que lo mantenga, de que el autor sea coherente en su mismo discurso.

Las alcobas profundas se premia y ya él está ingresado y Salsa Paradise estaba en la lista de edición. Fueron libros muy terribles para trabajar. Porque en todo momento estaba trabajándolo a sabiendas de que iba a morirse y no tenía modo de comunicarme, tenía dudas. En fin era tratar de que saliera antes, de que por lo menos pudiera verlo. Sobre todo Las alcobas profundas que fue premio de cuento Rafael Soler, pero no se pudo lograr.

No es lo mismo cuando ya la persona ha muerto y pasa el tiempo. Tú vuelves sobre ese material ya sea publicado o inédito. Creo que son los recuerdos más duros que tengo como editora.

¿Cuáles son algunos rasgos de la personalidad de Guillermo que no olvidas y que se mostraban en esos libros que editaste?

La valentía, el sentido crítico de la vida, y ser fiel a sí mismo. Además de ser una persona muy honrada, carismático, alegre; pero realmente era austero y consecuente con su propia religión y con su modo de vida.

¿Te divertiste con los chismes de las bibliotecarias en la novela Ella es tan sucia como sus ojos?

Sí, y no creas, ahí es donde está la grandeza. Alguien que bebe del humor para tratar temas aparentemente simples. Sobre todo esta estrella del carnaval, esta mujer que ya no es bella. Guillermo sabe penetrar en la esencia de su pueblo, eso fue lo que hizo, escribir sobre su aldea. Es el humor, pero es la tragedia, es el drama cotidiano. Eso es lo que estremece de su literatura. Por lo menos para mí.

El entierro fue algo grande, terrible. El pueblo se tiró para la calle. El cortejo fue de cuadras, y el que no estaba lo veía pasar. Es el escritor de mi pueblo que se muere y la gente sale espontáneamente a rendirle homenaje. Es ahí donde está la grandeza de una persona que supo llegar, y que retrató siempre a su pueblo: Las Tunas.

El Guille en mi memoria

guillermo-vidal-sobre-autor-otrolunes32-8No recuerdo exactamente el año que conocí a Guillermo Vidal, sabía de él por sus libros, que había leído con avidez, pero nunca cruzamos palabra. Fue en Las Tunas donde nos encontramos, en la biblioteca de la ciudad; yo hacía una visita allí junto al escritor tunero Andrés Casanova cuando vi entrar a un individuo desgarbado, con barba y pelo revuelto, vestía una camiseta blanca, larga y con dos tallas de más que le llegaba a las nalgas, vaquero desteñido y sandalias, algo en mi subconsciente me hizo pensar en Jesús (junto al que ahora está). Se dirigió hacia nosotros y me saludó con efusividad. Casanova nos presentó: este hombre, dijo, es Guillermo Vidal. La palabra hombre adquirió para mí otra connotación.

Me habían invitado a un evento literario que se celebraba en Manatí y esa noche nos trasladamos desde Las Tunas para alojarnos en un motel de la localidad norteña. Nos veíamos en lecturas y actividades, pero ni una palabra entre nosotros. Leí un cuento en la biblioteca municipal y al finalizar levanté la vista y vi que Guille alzaba su pulgar hacia mí. No me pareció un cumplido, noté que su aprobación era sincera. Por aquella época yo fumaba puros. Por la noche hicieron un performance en una de las cabañas y él se me acercó: me gustó tu cuento y me gusta el estilo con el que fumas, eres un fumador clásico, de los que es un deleite ver fumar, dijo y me tomó del brazo para sacarme al exterior. Conversamos de disímiles temas y de literatura. Confieso que su sabiduría literaria me impresionó. Me regaló un ejemplar de Matarile que recién había salido: “Para Osvaldo, amigo, de los nuestros”, escribió y fue suficiente para que desde aquel encuentro surgiera entre nosotros una amistad que se quebró y me quebró el día que conocí de su enfermedad y del inevitable final.

No sé cómo se las ingeniaba para llevarme a cuanta actividad literaria se hiciera en la provincia, fue el artífice de que estuviera en el jurado del Concurso La llama doble y fue uno de mis compinches en las guerrillas literarias de la feria internacional de La Habana. Una tarde –aún La Cabaña no estaba reparada en su totalidad– bajamos a hurtadillas hasta una zona prohibida, donde antes estuvieron las mazmorras y las recorrimos silenciosos. En medio del mutismo al que nos obligaba el lugar, me atreví a comentar: se respira el dolor impregnado en las paredes, él me puso un brazo por encima del hombro: ¿te puedo pedir algo?; por supuesto, Guille; no escribas esa frase, regálamela. No creo que la usara, no lo necesitaba porque las suyas siempre fueron mejores, pero lo asumí como un halago. Hace unos días releí Las manzanas del paraíso y lo volví a palpar cercano, amigo, bromista y, lo mejor, es que sentí que su espacio junto a mí nunca ha estado vacío.

Nuestro flaco y barbudo Moisés

guillermo-vidal-sobre-autor-otrolunes32-27Guillermo Vidal, para mí la personificación de La Literatura. Se ha hablado y se seguirá hablando de su obra, pero no es eso en lo que me quiero detener, que existen voces muy autorizadas en materia para cantarle loas a su creación. Quiero abrazarme dulce y tibiamente a su recuerdo: al de nuestro flaco y sin embargo inmenso Guille. Nunca tanta bondad, tanta agudeza, tanta sabiduría y tanta límpida ingenuidad convivieron sin contradicciones en la misma persona. No he vuelto a encontrar algo que se asemeje a la calidez y la transparencia de su mirada, ni a la simpatía y cercanía de su palabra en el trato a cortas distancias. Leer más…

El Demiurgo de las Tunas

guillermo-vidal-sobre-autor-otrolunes32-25Lo conocí en un, ya lejano encuentro de escritores en 2001. Me había premiado, dado una mención en el Premio de Cuento Erótico en Camaguey: solo por haberlo hecho él ya eso me honraba. Yo sabía que era un creador de mundos. Había leído con fascinación, con sana envidia su libro Se permuta esta casa y había pensado: quiero escribir así. Yo había leído Matarile con verdadero placer, una novela que me parece de las más trasgresoras que he conocido en mi errabunda vida de lector impenitente, es una novela existencial de un ser aquejado por una dolencia emocional (cualquier comparación con el lobo estepario es fatal), un hombre que desde niño no puede comprender el contexto donde vive, porque está enajenado, succionado por una realidad opresiva, absurda, asfixiante. Leer más…

Para presentar El mendigo bajo el ciprés

Después de leerme Matarile, quise presentar un libro de Guillermo Vidal, apenas era un adolescente, y en parte me creía Toño, y veía cómo muchos compañeros, aunque no iban a la playita, lo hacían entre los matojos. Pero nunca imaginé cómo presentar un libro del Guille, después de haberlo conocido y escuchar un montón de anécdotas suyas, de cómo un hombre a pesar de escribir y ganar tantos concursos, se comunicaba tan bien con cualquier joven sin creer en orgullos ni fronteras intelectualoides. Y es que Guille, a mi juicio, nunca pudo aceptar ser un intelectual, sino un hombre que vivía en Las Tunas, en ese pedazo de tierra en el que le correspondió nacer, y que amó y plasmó en toda su obra narrativa: desde las calles Ramón Ortuño y Lucas Ortiz hasta el amigo menos íntimo reflejado en cualquier personaje, moldeando caracteres de la idiosincrasia del cubano, resaltando la cubanía del interior, desde una palabra hasta un plato de comida. Leer más…

Por una confabulación urgente: Guillermo Vidal, la isla y las manzanas

guillermo-vidal-sobre-autor-otrolunes32-18Antes de la caída del campo socialista en 1989 los artistas en Cuba vivían en una burbuja. Hasta esa fecha, la industria editorial funcionaba sin un mercado y sin importarle el coste material que pudiera representar ya que lo más importante era seguir con la alfabetización y una culturización acorde a los principios de la Revolución: “dentro de la revolución, todo; contra la revolución, nada”. Esa frase de Fidel Castro en el discurso conocido como “Palabras a los intelectuales” definiría no sólo la política cultural del país, sino también su vida social y política hasta la fecha; pasando por diversas etapas de crisis y relajación, siempre ideologizadas, y de las que la mayoría de los intelectuales, incluso, los que más tarde se rebelaron o abandonaron la Isla, fueron cómplices. La euforia cultural intoxicó a todos y la creación de instituciones como el Instituto Cubano del Libro y el ICAIC nublaron la objetividad de los intelectuales que, parafraseando a Jesús Díaz, estaban invadidos por un fuerte sentimiento de plenitud y de exaltación. Leer más…

Recordar a Guillermo Vidal

guillermo-vidal-sobre-autor-otrolunes32-22Me resulta sumamente grato evocar/recordar, ‘con y sin nostalgia’ —parafraseando a Mario Benedetti— al entrañable colegamigo, excelente persona y ejemplar narrador cubano Guillermo Vidal Ortiz, fallecido con apenas 52 años, en Victoria  de Las Tunas, su ciudad natal, al norte oriental cubano, en otra de cuyas ciudades, Puerto Padre, yo nací.

Su honda y laureada obra (cuentos y novelas) no cambió su carácter pleno de bonhomía y sencillez, como tampoco su incambiable cordialidad con ninguna clase de vedetismo: tales virtudes fueron acaso sus mejores cartas de presentación entre sus más íntimos y, en general, entre todos los que leían sus páginas desnudas de artilugios y plenas de aciertos, a tal pnnto que enseguida querían conocerlo. Leer más…

Una incesante necesidad de leerlo

guillermo-vidal-sobre-autor-otrolunes32-21“Trabajé con mucha libertad, pues Guillermo me dijo, haz la edición como si fuera tu libro. Pero ya era un libro bueno, no necesitaba una edición extrema, para ser lo que hoy es. Es una novela que demuestra la máxima de engrandecerse no solo por los caracteres, sino sobre todo por los argumentos. Es como dice el propio autor, una metáfora del miedo, pero también de la culpa. Leer más…

El diamante en la arena

guillermo-vidal-sobre-autor-otrolunes32-20Guillermo Vidal, “el Guille Vidal” comenzaba a llenar un aspecto de la literatura cubana que a él le llegaba con la fuerza impremeditada y fervorosa de la naturaleza, su naturaleza rara vez amansada, casi siempre desmandada, que le resultaba incontrolable y a la que respondía como a un fatum.

Su expresión era propia e irremediablemente auténtica, en un aspecto de nuestro nutrido espectro cultural, en ocasiones ocupado por otros de innegable astucia para la impostación, aunque sin la carne y la sangre que él sabía ponerle. Lo hacía sin previsiones ni contenes. La suya era una picaresca limítrofe del campo y de la ciudad, de la serranía y del litoral, un desenfado nacido de la justificada ansiedad por romper esquemas aparentemente vencidos, supervivientes de un innegable cambio de costumbres con inocultables rezagos. Leer más…

Hablar de Guillermo me abre la herida del corazón

guillermo-vidal-sobre-autor-otrolunes32-23Conocí a Guillermo Vidal mucho antes de haberlo visto o leerlo. Mi amiga Laura Bazán con la que junto a Omar Labrada formábamos un grupo literario en Vado del Yeso a finales de los 80 y principio de los 90 había sido su alumna en el Pedagógico, hablaba con sumo orgullo, y una alegría desmedida de su profesor de literatura latinoamericana. Luego fue Zoelia Frómeta, quien nos hacía historias de heroicidad y sacrificios del Guille, y yo sentía una admiración por ese escritor censurado, al que habían echado del trabajo, el tipo era un duro, de él corrían mil historias, (por los censurados en Cuba los otros sentimos una secreta admiración, especie de envidia) finalmente nos presentó Tony Borrego en la Casa del Joven Creador en Las Tunas en la presentación de su novela Matarile, novela que marcaría mi destino como novelista y un punto en la literatura escrita en Cuba. Leer más…