Quince años, casi nada

Pedro Crenes Castro

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Si como canta Gardel, veinte años no son nada, quince, son casi nada. En muchos países latinoamericanos, los quince años de ellas son una estación de fiesta, las quince primaveras, la niña se hace una mujercita y lo celebran por todo lo alto, una presentación en sociedad con un baile, emocionadas palabras de los padres, regalos y la sensación, siempre, de que el tiempo se ha pasado volando y cómo ha cambiado la niña.

Este año, una editorial, más guapa que nunca, cumple quince años de andadura, un cuento que se alarga, una constancia aleccionadora, un prestigio sólido que merece la pena elogiar: Páginas de Espuma. El sueño se Juan Casamayor y Encarni Molina llega a esa ilusionante edad con más ganas que nunca de seguir. Y sí, el tiempo se ha pasado volando.

En estos años les hemos visto traernos a los clásicos desde el más allá editorial: Stevenson, Dostoievski, o Gustave Flaubert. Edgar Allan Poe, en una edición magnífica, y hasta Henry James. Una suerte de “dream team”, capitaneados por un Chéjov monumental y siempre vigente, que ya quisiera más de uno. Textos de fondo que dan buena cuenta de la calidad y olfato de los editores.

Luego los grandes nombres de las letras actuales conviven, lomo con lomo, en un catálogo de lujo: Clara Obligado, Ana María Shua, las damas primero, Medardo Fraile (que nunca se ha ido), José María Merino, Juan Pedro Aparicio, Fernando Iwasaki, de allá y de aquí, y cuyos libros se revalorizan en el mercado de segunda mano como los cromos de los grandes futbolistas.

A lo consagrados también los tienen: Andrés Neuman, bárbaro de todas partes, Juan Carlos Méndez Guédez, grande, Edmundo Paz Soldán, preciso, e Ignacio del Valle, constructor y amigo, que camina sobre las aguas del cuento. Grandes escritores, obras necesarias.

Hay además casas de muñecas (Patricia Esteban Erlés), ajuares funerarios que dan miedo (Fernando Iwasaki, again), vidas imposibles (Eduardo Berti) y hasta un libro de pequeños milagros (Juan Jacinto Muñoz Rengel). Porque lo bueno si micro-breve, es infinitamente bueno.

Páginas Espuma ha conseguido que cada vez que anuncian la publicación de un nuevo libro, todos esperemos con las ganas contenidas de caerle con el diente lector, sabiendo que lo que viene es bueno. Y no defrauda. La niña está tan bonita que le salen novios por todos lados, puros cuentistas básicamente. Pero ella tiene buen ojo y cuando presenta a uno de ellos, todos sabemos que ha escogido bien. Una virtud editorial que la sitúa en el centro de la razón lectora.

Aquí, en el interior, celebramos en estos días la Feria del Libro, un momento perfecto para recordar a Páginas de Espuma y su excelente labor editorial durante estos quince años, casi nada. La gran fiesta de los libros recibe como guinda de esta celebración el excelente libro de cuentos de la argentina Samanta Schweblin, ganadora del IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, otra de las joyas de la corona. El maridaje entre la buena literatura y una excelente labor de difusión del cuento a nivel internacional y de la mano de una de las grandes denominaciones de origen, han disparado en los cuentistas, las ganas de participar, de acercarse a este premio sustancioso y de prestigio.

El equipo humano que acompaña a Juan y a Encarni, es otra de sus virtudes. Las personas que se cruzan con ellos, terminan salpicadas de grandes cosas, inspiradas por una historia que parece un cuento (que no termine por favor), por la profesionalidad y el buen hacer para mantenerlo. Vivir del cuento exige horas de esfuerzo, jornadas de intensa transpiración.

Trabajando durante semanas en una antología, escogiendo una muestra de doce cuentistas españoles para ofrecer al público panameño, caí en la cuenta de que casi todos ellos han publicado en Páginas de Espuma, que sus carreras de éxito en el género cuento están vinculadas al trabajo de esta editorial. Seguramente su talento los habría sacado a flote por otros pagos, muchos ya flotaban, pero me atrevo a decir que flotar con este sello, es flotar con garantías.

De aquí a los veinte, ya no les queda nada para nada y cantaremos, espero, a Gardel para darle la razón allí donde esté, aunque parezca puro cuento.

Del Autor

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Pedro Crenes Castro
(Panamá, 1972). Desde 1990 vive en Madrid donde publica críticas y reseñas literarias en la revista digital Papel en blanco además de colaborar con el diario digital El Librepensador. Forma parte del equipo docente de los Talleres Literarios en Panamá.  Ha sido incluido en la antología “Los recién llegados” (2013) en Panamá y en Francia, en la antología “Lectures du Panama” de la Universidad de Poitiers (2014). Ha publicado la colección de cuentos “El boxeador catequista” (2013) en la Editorial Foro/taller Sagitario de Panamá. Mantiene una columna semanal, “Desde Madrid”, en el suplemento literario “Día D” del periódico Panamá América. Acaba de publicar el libro de microrrelatos “Microndo” en la editorial Casa de Cartón de Madrid.