El infame oprobio de los años

Marco Tulio Aguilera Garramuño

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Una de las palabras que aparecen con frecuencia en los textos de Borges es “oprobio”. Me llama particularmente la atención el uso que hace de ella en la expresión “el oprobio de los años”, dando a entender, de manera menos que discreta, la idea de que la acumulación de ellos, especialmente hacia el final de la vida –que con el paso del tiempo se hace cada vez más ineludible- no hace más que acumular males, dolencias, humillaciones y tristezas. Pensaría uno, a partir de esta actitud, que la vejez es una enfermedad incurable e inaguantable.

Pienso, a partir de mi propia experiencia, que acumulación de los años hacia el final de la vida no es ni tiene que ser necesariamente nefasta e inaguantable. Tal vez lo sea para quienes padecen de enfermedades dolorosas, para los que son ciegos como Borges o para los que viven en medio de entornos familiares pedregosos.

En mi caso hallo que la cercanía de la vejez –tengo 67 años y como diría el amigo poeta Cenamor: no me arrepiento de ellos- ha sido todo menos oprobiosa. En la sexta década me han llegado una serie de rutinas que no sólo me salvan del famoso oprobio borgiano sino que apuntalan un entusiasmo de vivir casi febricitante o de vejete hiperactivo: regresé al estudio del violín que he abandonado dos veces (una en mi adolescencia y otra a los 33 años); comencé a nadar y a competir en torneos máster en los que he sido campeón nacional mexicano de Aguas Abiertas (1500 metros en mar abierto); terminé dos novelas el año pasado (que son parte de un anacrónico proyecto de siete novelas seriadas, de las cuales ya tengo publicadas cinco). Sigo trabajando en la Editorial de la Universidad  Veracruzana y estoy a punto de jubilarme, tras trabajar 35 años. Tengo en marcha varios libros, una “twitnovela”; además publico regularmente en la revista Otro lunes  una columna y un capítulo de novela.

Puedo decir que soy un viejo feliz y activo: entreno seis días a la semana natación, toco una hora diaria el violín, tengo una vida familiar soportable (lo que atribuyo a que he logrado aislarme como un eremita en una cabaña de madera en la azotea de una casa donde convivo con una esposa, dos hijos, una nieta, dos gatos y una perra… tan hiperactiva como yo).

Estuve cinco años hundido en una depresión mayor –lo que es como tener un infierno incesante y siempre creciente en la cabeza- y salí de ese infierno jolgorioso, a disfrutar de los dones del mundo… que se me dan manos llenas.

¿Éxito? Lo he tenido dos o tres veces y se ha esfumado… pienso que por fortuna. Ello me ha permitido seguir escribiendo sin sobresaltos. Casi toda la institución cultural colombiana y mexicana, me ignoran, no existo. Sigo publicando aquí y allá (nunca faltan editores) pero las grandes empresas prefieren decretar mi inexistencia: demasiado problemático, demasiado crítico, incapaz de quedarse callado, ha criticado a todos los grandes y se ha granjeado que se le cierren las puertas (de Alfaguara, Planeta, Plaza y Janés, la agencia Carmen Balcells, etc.) en la nariz.

No hay nada tan saludable como el fracaso. Pienso que porque he fracasado tantas veces, a mis 67 años estoy saludable y tengo la peregrina idea de que voy a llegar a los 140 años de edad nadando, tocando violín, escribiendo… y dando lata.

De modo que para mí no cuenta el famoso oprobio de los años… por ahora.

Del Autor

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Marco Tulio Aguilera Garramuño
(Bogotá, 1949) Autor de las novelas El amor y la muerte (Alfaguara), Los placeres perdidos, Las noches de Ventura/ Buenabestia (Planeta, México, Plaza y Janés, Colombia, La hermosa vida (CONACULTA, México), La pequeña maestra de violín (Universidad de Puebla), Mujeres amadas (Universidad Veracruzana), Agua clara en el Alto Amazonas y Historia de todas las cosas.… Ha publicado, además, los libros de relatos Cuentos para ANTES de hacer el amor(Plaza y Janés, Colombia; Educación y Cultura, México), Cuentos para DESPUÉS de hacer el amor (Plaza y Janés, Colombia; Punto de Lectura, México y España), El pollo que no quiso ser gallo (Alfaguara infantil, México y Colombia), entre otros. Acaba de publicar la novela La insaciabilidad.Nuestra revista le dedicó el dossier de autor del número 30, que puede consultar visitando nuestra Hemeroteca.