El pensamiento crítico en la era zen

Veronica Pamoukaghlian

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Judgment
The process by which people form opinions, reach conclusions,
and make critical evaluations of events and people based on available
material; also, the product of that mental activity.

Richard J. Gerrig & Philip G. Zimbardo, Psychology and Life

 

Hace un par de meses, Assia, una escritora en busca del amor en Okcupid, tuvo una cita por Skype con Hans, un joven escandinavo de New York. Durante el breve tête-à-tête virtual, ella le comentó que prefería tener citas con chicos de Manhattan, porque no tenía muy buena conexión con los hombres de su ciudad.

Un par de días más tarde, Assia recibió de Hans el siguiente mensaje:

“Estuve reflexionando un poco acerca de nuestra breve charla, y me di cuenta de lo importante que es para mí no ser duro al describir a otras personas. Intento ser compasivo con todo el mundo, incluso con los demás hombres solteros. Lo que se dijo en esa conversación me confundió demasiado, y tal vez sería bueno que no conversáramos más, al menos por un tiempo”

Hans, que es miembre de la generación de los millennials, era una especie de experto en yoga y técnicas de mindfulness. Tal vez era natural que estuviese predispuesto a evitar a las personas que consideraba “judgmental“, una palabra muy de moda en Estados Unidos que se suele aplicar a quienes suelen juzgar a los demás. Pero cuando me enteré acerca del breve intercambio, también comprendí que Assia se podría sentir frustrada al sentirse sin derecho a discutir sus preferencias en cuanto al género masculino, cuando lo que buscaba era precisamente un hombre con quien establecer un vínculo.

En Latinoamérica no existe un equivalente exacto para la palabra judgmental. Tal vez por este motivo, desde un punto de vista latinoamericano, la tendencia, inspirada en el budismo, de nunca jamás emitir juicios de valor acerca de los demás, parece una exageración y también una forma de limitar nuestra libertad de expresión.

Según el diccionario Merriam Webster, ser judgmental significa, “tener una tendencia a juzgar a las personas demasiado rápido y en forma muy crítica”.  La clave de esta definición está contenida en las palabras “demsiado rápido y en forma muy crítica”. Pero ¿qué sucede cuando el miedo a ser demasiado judgmental hace que evitemos expresarnos libremente?

El juicio crítico puede ser algo muy positivo. Nuestra capacidad  de hacer evaluaciones críticas es una de las características más valiosas de la inteligencia humana. Si no podemos hacer evaluaciones críticas, somos incapaces de formar opiniones propias. Desprovistos de opinión, podemos caer fácilmente en el abandono de la apatía.

Si no soy capaz de juzgar a  Trump o a Clinton, ¿cómo decidiré a quién votar? Pero si emito un juicio demasiado rápido, sin considerar todos los datos disponibles, tal vez tome una decisión de la cual probablemente me arrepienta.

 

Cuando Hans le dijo a Assia que preferiría no hablar con ella “al menos por un tiempo”, estaba emitiendo un juicio. Como Assia tenía una opinión fuerte acerca de los hombres de su ciudad, él le había puesto la etiqueta de judgmental. He aquí la mayor de las ironías: estamos juzgando a las personas por juzgar demasiado.

veronica-pamoukaghlian-opinion-otrolunes44-2Es extremadamente difícil expresar una opinión informada sin emitir algún tipo de juicio. Si amamos a todos por igual, tal como lo predican sitios como zenhabits.com, seremos incapaces de condenar ciertos actos atroces contra la humanidad. Si adoptamos el relativismo moral, debemos aceptar culturas en las que las mujeres son tratadas como esclavas o algunos tienen menos derechos a causa del color de su piel.

El pensamiento independiente no puede existir sin el juicio crítico. Expresar una opinión implica un riesgo, porque tal vez no tengamos toda la información y quizás suframos ataques o persecución a causa de nuestras ideas.

Expresar una opinion es un acto de tremenda valentía. Está claro que no todos reflexionamos durante largo tiempo antes de expresarnos. En un mundo ideal, todos habríamos leído todos los libros, todos los artículos, escuchado todos los argumentos, y nuestras opiniones estarían siempre basadas en hechos, o al menos en varias versiones de los hechos.

En la era de las redes sociales, las opiniones no sólo se ven amenazadas por el riesgo de que seamos etiquetados como judgmental, sino también por una alta probabilidad de  convertirnos en blanco de insultos en Twitter o Facebook.

A veces, yo misma me descubro escribiendo y luego borrando largos y elaborados párrafos en respuesta a alguna opinión publicada en alguna de mis redes sociales. Apenas al acabar de escribir, me doy cuenta de que voy a recibir diez respuestas agresivas, muchas veces provenientes de personas con un nivel de conocimiento de los hechos inversamente proporcional a sus ganas de atacar a cualquier persona que esté en desacuerdo con sus opiniones. Muchas veces, el silencio se presenta como la opción más conveniente.

 

El presidente desnudo

Recientemente, un artista pintó un cuadro del ex-presidente uruguayo José Mujica y su esposa, desnudos, representados como Adán y Eva en el paraíso. Cuando la obra fue retirada de la galería en que se exhibía (luego de que una visita de la policía) la mitad de los intelectuales uruguayos recurrieron a Facebook para quejarse de un supuesto acto de  censura. Daniela Menoni, una conocida experta en derechos de autor, decidió responder a algunos de esos comentarios citando hechos y aclarando algunos puntos sobre la situación legal, la cual no ofrecía un fundamento tan directo para inculpar al ex-presidente.

veronica-pamoukaghlian-opinion-otrolunes44-3Pero casi nadie prestó atención a los comentarios informados y carentes de pasión de Daniela. Sólo a un puñado de personas “les gustó” su comentario en Facebook. Mientras tanto, los  indignados posts de algunos referentes de la intelectualidad uruguaya recibían cientos de gestos de aprobación.

Defender nuestro derecho a juzgar también significa permitir que este tipo de personas indignadas se expresen libremente. ¿Qué habría dicho una persona”zen”, carente de prejuicios? “Me encanta que el pintor se haya expresado, respeto el derecho del ex-presidente de proteger su imagen, ambos tienen razón”.

Quizás, teniendo ante sí toda la evidencia fáctica, muchos llegarían a conclusiones similares. Pero si eludimos deliberadamente la crítica, ¿cómo puede avanzar el conocimiento? ¿Cómo puede avanzar el pensamiento? La apatía es enemiga de la verdad. Y el no-juicio a veces se parece mucho a la apatía.

 

Entre el juicio crítico y el moralismo

En los Estados Unidos, los líderes conservadores y cristianos se quejan a menudo del non-judgmentalism, aunque por razones muy diferentes a las que acabo de exponer. Recientemente, un popular blogger cristiano utilizó su interpretación personal de la Biblia para justificar ante un amigo que uno tiene la obligación de “juzgar a los demás en base a su conducta sexual”.

La religión y la derecha conservadora proponen que juzguemos todo y a todos en base a un sistema de valores compuesto por verdades absolutas. En EEUU, la ideología conservadora tiene profundas raíces religiosas. Cuando los republicanos dicen que están en contra del aborto, para muchos de ellos, se trata de obedecer un mandato divino.

Una búsqueda en Internet sobre el non-judgmentalism lleva mayormente a sitios conservadores y religiosos. Pero la crítica del no-juicio no debería ser sinónimo de dogma. Es una postura válida el abogar por un juicio crítico basado en la observación, la evidencia y los hechos, además de en nuestras creencias personales y sistemas de valores.

Para el baby boomer conservador, el millennial no-crítico parece ser la raíz de todos los males, del matrimonio gay y la marihuana legal. En una entrevista con Fox News, el ex-presidente de la Cámara de Representantes -y portavoz de Trump-, Newt Gingrich dijo: “Estamos en una época en la que uno puede hacer casi cualquier cosa y salirse con la suya … El sistema educativo enseña que no hay que emitir juicio, no hay que discriminar. No hace falta tener una idea de qué es lo que está bien y qué es lo que está mal. Bueno, ya van dos o tres generaciones que han sido educadas con el lema de que no hay que ser judgmental“.

veronica-pamoukaghlian-opinion-otrolunes44-4En línea con el pensamiento de Gringrich, los líderes cristianos a menudo se quejan de la “falta de responsabilidad de los millennials hacia un poder superior”. Pero también es posible tener una perspectiva humanista, profundamente arraigada en la libertad de expresión y la libertad sexual, que defienda el derecho de todo el mundo a emitir juicios que no estén basados en un conjunto rígido de valores contenidos en un libro sagrado, sino en la idea de que todo ser humano merece la oportunidad de tener confort, paz y felicidad.

Juzgar no es inherentemente malo. No es sinónimo de llamar pecadores a algunos, como lo hacen muchas religiones, o equivocados a otros, como lo hacen ciertos partidos políticos. Si vamos a los extremos, ¿está mal juzgar a Hitler? ¿Debemos evitar emitir juicio acerca de violadores, torturadores, funcionarios públicos responsables de masacres, directores generales de empresas que envenenan, a conciencia, a comunidades enteras?

El temor a las represalias virtuales en las redes sociales, junto con el temor de que nos llamen judgmental o nos tilden de demasiado críticos, puede tener un efecto negativo sobre  nuestra capacidad de expresar nuestras opiniones. Basta con echar una mirada a cualquier feed de Facebook para encontrarse con interminables seguidillas de discusiones inflamadas por titulares sensacionalistas. El alto nivel de agresión reinante a menudo inhibe la participación de individuos con opiniones relativamente equilibradas. Esto crea un terreno propicio  donde las ideas sin fundamento prosperan, y la voz de los pensadores independientes e informados rara vez encuentra un espacio.

Tal vez, en su afán por no juzgar, los pensadores serios e independientes están creando un vacío en el cual el fanatismo es capaz de florecer. Mientras las personas informadas y poco habituadas a juzgar al otro según su etnia o su posición social, bajan la voz -porque han aprendido que la voz más fuerte no siempre lleva la razón- las voces de los extremistas iracundos emergen y se apoderan del centro de la escena.

A pesar de todas sus convicciones sobre la igualdad y el calentamiento global, muchos millennials norteamericanos eligen quedarse en casa el día de las elecciones. La generación más numerosa de los EEUU, ha sido capaz de expresar muchas de sus opiniones, sin embargo, suele optar por el silencio. “No me gusta esta elección”, le dijo una veinteañera descontenta a The Guardian, “No me gusta nada acerca de ella. No me gusta ninguno de los dos candidatos”.

En los años 60, un gran número de jóvenes se politizaron para expresar sus ideas anti-sistema. Salieron a las calles y se unieron a grupos políticos. Emitieron duros juicios sobre todo aquello con lo que estaban en desacuerdo. Fueron extremadamente francos a la hora de expresar sus opiniones. Una gran parte de la juventud de hoy se muestra descontenta con la ideología en general, cualquiera sea su color. Las opiniones fuertemente críticas están mal vistas.  Paradójicamente, este estado de cosas le ha dado a los Estados Unidos el presidente más violentamente judgmental que uno pudiera imaginar.

“Yo sí emito juicio sobre aquellos que piensan que tener una opinión es ser demasiado judgmental“, me dijo Assia. “Estoy harta de lo políticamente correcto. ¿Qué fue de aquello de juntarse con otra gente porque odiábamos las mismas cosas? Mi corazoncito de generación X realmente extraña eso”. En realidad, ella y Hans sí volvieron a comunicarse. En su último intercambio, él le ofreció una solución para su “problema”, “Los retiros de meditación  Vipassana se encuentran por todo el mundo y se ofrecen en forma gratuita. Creo que eso podría ser algo muy útil para alguien como tú”.

 

 

Del Autor

Veronica Pamoukaghlian
Escritora y cineasta, máster en guión por la UIMP de Valencia. Verónica es colaboradora habitual de la revista LENTO y varios medios en lengua inglesa. Su poesía, ficción y ensayos han aparecido en Prism, Naked Punch, Letralia, The Big Times News, Sentinel Literary Quarterly, Antología Zapatos Rojos, Poesía en el subte, The Southern Pacific Review, y The Acentos Review, entre otras publicaciones. Puedes visitarla en VeronicaPamoukaghlian.com, Thewanderlife.com y facebook.com/musicpoetry.