Cine Latino de Humor Negro (VII):
El esqueleto de la señora Morales

Alfredo Antonio Fernández

El empleo de un título como El esqueleto de la señora Morales  (1959) para un filme difícilmente puede pasar desapercibido para el público y la crítica: equivale en publicidad comercial a un nombre que “engancha” y “vende bien”1.

Y así lo tuvieron en cuenta el director Rogelio A. González2, los productores Sergio Kogán y Armando Espinosa y el guionista Luis Alcoriza3 a la hora de modificar el título original del cuento “El misterio de Islington” del autor galés Arthur Machen.4

La filmación de El esqueleto de la señora Morales  se ubica al final de la llamada “década de oro del cine mexicano”.

La textura del filme recuerda a otro que también contó con Luis  Alcoriza como guionista: Él (1952), de Luis Buñuel, que será obligado punto de referencia en este artículo.5

Entre ambas producciones han pasado siete años y han cambiado los directores, pero permanecen en el contexto de ambas ciertas aberraciones patológicas de los personajes de carácter sexual que convierten en infierno sus vidas.

Es el sexo, reprimido o desenfrenado, el motor impulsor de las acciones y cualquiera, sin ser especialista en cinematografía, hubiera exclamado comparando El esqueleto… con Él: “He aquí otro filme de Buñuel”.

No importa que en Él el personaje portador de la patología sea masculino o que en El esqueleto de la señora Morales  sea  femenino.

En los dos filmes seguirá siendo el sexo por exceso (celos en Él) o por defecto (abstinencia sexual en El esqueleto de la señora Morales) el catalizador de las acciones.

La bipolaridad sicológica de los personajes se desdoblará en las relaciones de una pareja-dispareja: Gloria Milalta (actriz Delia Garcés) y Francisco Galván (actor Arturo de Córdova) en Él y Gloria Morales (actriz Amparo Rivelles) y Pablo Morales (actor Arturo de Córdova) en El esqueleto de la señora Morales .

Tanto Arturo de Córdova como Amparo Rivelles establecerán un “mano a mano” actoral de alto valor. Los extremos coinciden en sus respectivas actuaciones a través de una serie de concatenaciones genéricas del tipo “reductio ad absurdum”: Francisco Galván en Él siente celos desmedidos de cualquier “carne” que se aproxime, roce o toque a la “carne” de su esposa que estima como propia mientras que Gloria Morales en El esqueleto de la señora Morales  siente una repulsión sin límites hacia la “carne” que por matrimonio le pertenece  (la de su esposo) cuando este se aproxima, roza o toca su “carne” propia.

El matrimonio Morales habita en un pueblo cuyos más distinguidos representantes son un grupo de borrachos que suelen acompañar a Pablo en la cantina y un grupo de beatas, amigas de Gloria, sobre las que ejerce influencia el padre Familiar (actor Antonio Bravo), cura del pueblo.

No solo la cofradía de beatas amigas de Gloria le hace la vida imposible al “bueno” de Pablo, también “se le atraviesan” Clara, la hermana de Gloria (actriz Angelines Fernández) y Elodio, su marido (actor Luis Aragón).

El oficio de Pablo es taxidermista, siente placer al descuartizar animales, extraer las vísceras, vaciarlos por dentro y exhibirlos disecados en las vidrieras del establecimiento.

A Gloria el oficio de su marido le provoca continuo asco y repulsión.  Asocia la disección de animales con la carne muerta y putrefacta. No la come ni tolera que su marido la coma en su presencia. Se alimenta de huevos batidos dentro de un vaso de leche sobre el que derrama un chorrito de licor que guarda en la despensa.

Cuando Gloria ve que Pablo hojea un álbum de fotos muy interesado, se cuestiona si pueden ser fotos femeninas y el comentario que realiza es en extremo peyorativo y racista.

─Es un álbum de fotografías de África ─dice Pablo.

─Por Dios, se puede ser negra y tener vergüenza ─responde Gloria.

Para colmo de males Gloria es tullida de la pierna izquierda y al andar con botín ortopédico traza medias circunferencias sobre el piso.  Esta absurda e insostenible situación en una pareja que por quince años ha habitado debajo del mismo techo, tendrá varios momentos de  clímax, verdaderos estallidos de violencia verbal en los que saldrá a relucir el malestar acumulado por los cónyuges.

Para tener una idea hasta qué límites de lo imposible se extiende la distancia física y mental que separa al matrimonio, basta decir que el primer beso furtivo que intercambian a instancias por supuesto de Pablo y no de Gloria, ocurre al final de la tercera parte de la película, en el minuto treintaicinco.

Y cuando está a punto de materializarse, Gloria liquida la situación con una frase de antología de humor negro.

─Ve, lávate las manos y ponte alcohol antes de tocarme…

Por  parte de Pablo habrá, igualmente, réplicas verbales de antología de humor negro como el momento en que interrumpe una aburrida tertulia de moral religiosa que el padre Familiar brinda a Gloria y a sus amigas de la corte de beatas del pueblo.

─Salvar el alma de un pecador, debe ser tarea más ardua que disecar una iguana, padre…

Y en efecto, la casona que habitan los Morales está llena de iguanas y pájaros y culebras disecadas y el único animal vivo es un búho de mirada  fulminante al que Pablo quiere como a un hijo y alimenta ─para horror de Gloria─ con las vísceras de los animales  que disecciona con una sierra.

Por si fuera poco la casona-morgue de los Morales es de factura gótica ─parecida a la que habitaron en el filme Él de 1952 el matrimonio de Gloria Milalta y Francisco Galván─, abundan los espacios con escasa iluminación de claros oscuros, las escaleras de caracol, los altos techos y las rampas de acceso entre las habitaciones.

El director Rogelio A. González se luce en las tomas de interiores de los aposentos oscuros y emplea repetidas veces los contrastes de luz y sombra para hacer más ominosa la presencia del dispar dúo de  Gloria y Pablo.

También los encuadres pondrán en evidencia los perfiles de los personajes al fotografiarlos de forma expresionista de costado, como ocurre con el padre Familiar, cuya nariz incita a repetir los versos de Quevedo: “Érase  un hombre a una nariz pegado”.

El clímax del deterioro de la relación entre Pablo y Gloria coincide  con la mitad del filme (minuto cuarentaicinco). Pablo quiere invertir los ahorros en la compra de una cámara fotográfica, Gloria se adelanta a sus deseos, extrae de la cabeza de un tigre disecado el dinero y se lo entrega al padre Familiar para obras de caridad.

Pablo logra que el padre Familiar le devuelva el dinero, lo invierte en la cámara, pero, al mostrarla a Gloria en la casa, ésta, en un arrebato de furia, la lanza al suelo, la rompe y  empieza a gritar como si Pablo la agrediera a golpes para que los vecinos la escuchen.

Final

Pablo empezará a fraguar la muerte de su esposa teniendo como meta un crimen perfecto como el que ha referido a sus amigos en la cantina: un asesinato del cual, una persona tras ser juzgada, quede absuelta evitando así sentir la culpa que de otra manera lo pondría en evidencia.

Pablo inyectará veneno con una jeringuilla a todas las cosas que Gloria emplea como alimentos: huevos, frutas, leche y licor. Gloria morirá y Pablo se dedicara a descuartizar el cadáver, guardar las partes en bolsas y desaparecerlas en el fuego o en sitios distantes.

Le quedará de recuerdo el esqueleto de la señora Morales, a su lado, como un Hamlet en destierro, lo acaricia y dice:

─Al fin estamos solos, no te imaginas cómo me gustabas, claro, de la rodilla para arriba…

El padre Familiar y las beatas con la ausencia de Gloria piensan que algo malo puede haber sucedido. Pablo les responde con un comentario ambiguo y racista a la vez.

─Gloria va rumbo a un país lejano para redimir a las negras…

La sospecha se convierte en certeza cuando ven en exhibición y venta  en la vidriera central de la casona un esqueleto con un trozo de hueso torcido a la altura de la rodilla de la pierna izquierda. Las beatas se desmayan, el padre Familiar se echa a rezar de  rodillas y en las calles los repartidores de diarios empiezan a vocear:

─¡Extra, Extra! El embalsamador que disecó a su esposa ¡Extra, Extra! Le puso precio al esqueleto.

Pablo es arrestado y juzgado, pero es absuelto porque el peritaje médico determinó que la deformación del esqueleto no era ósea. Pablo entonces, añade  un nuevo twist al filme cuando se estimaba iba a finalizar como genial comedia de humor negro en la que se realizaba un crimen perfecto y el criminal no cumplía sentencia.

─Me estoy confesando yo, no usted, padre ─dice Pablo cuando el padre Familiar no le cree que haya sido el asesino de Gloria.

El  padre sigue sin creer en lo que ha escuchado, y le pregunta por qué se lo ha contado. Pablo le responde:

─Para que tenga en qué pensar. Y para que rece y pida perdón por mí porque yo no puedo. Yo no estoy arrepentido.

De nuevo pensamos el filme ya no da más y finaliza tras la confesión. Pero en un brindis en la mansión de Pablo y Gloria, por error una beata sirve el licor envenenado. Ahora si se  precipita el final cuando vemos en una elocuente toma de cámara en contrapicado el desfile de media docena de ataúdes cargados en hombros rumbo al cementerio.

Por supuesto, es un buen final…

Pero también pudo ser un buen final si el filme hubiera cerrado con el rostro atónito del padre Familiar al escuchar de labios de Pablo la confesión del asesinato.

O aún antes, cuando Pablo consuma el asesinato a solas y al cabo de varios días aparece en la vidriera el esqueleto de la señora Morales que provoca los desmayos de las beatas y los ruegos al cielo del padre Familiar.

Los dejo con una pregunta…

¿Cuál de los tres finales creen ustedes hubiera sido el más apropiado para cerrar con broche de oro un clásico de la comedia del género de humor negro como es El esqueleto de la señora Morales?

Notas del artículo

  1. Hasta qué punto esta película que se estrenó en 1959 quedó grabada en la memoria del público y de la crítica, se pone en evidencia treintaicinco años después cuando la revista Somos publicó un lista de las cien mejores películas del cine mexicano y El esqueleto de la señora Morales quedó en el número diecinueve del ranking.
  2. El nombre del director Rogelio A. González dentro del cine mexicano se asocia con el “cine comercial” en particular con decenas de películas que contaron con la actuación de un “ídolo” de multitudes, el famoso cantor de rancheras Pedro Infante, cuya inesperada muerte en un accidente aéreo vino a cerrar con perfil de mitología la leyenda artística que había forjado en vida.
  3. Luis Alcoriza se formó a la vera de Luis Buñuel, como él de origen aragonés y exiliado de la guerra civil española en México. Ambos eran aficionados a las bromas y truculencias cinematográficas que desnudaran ante el público la moral de la época con su carga de falsa religiosidad, puritanismo y tabúes sexuales. Alcoriza escribió los guiones de los filmes más célebres de la etapa mexicana de Buñuel: Los olvidados, Él y El ángel exterminador.  En cierta forma el segundo Luis (Alcoriza) fue el relevo mexicano del primer Luis (Buñuel) cuando éste se marchó a Europa (España y Francia) en la década de 1960’s.
  4. Arthur Machen (1863-1947), escritor galés, cultivó la literatura fantástica. Al igual que a Oscar Wilde, su obra fue criticada por la abundancia de horror y erotismo, pero también fue admirada e influenció a grandes maestros contemporáneos del género de terror como el norteamericano H.P. Lovecraft, autor de “Mitos de Cthulhu”.
  5. Él y El esqueleto de la señora Morales comparten el tiempo de duración en pantalla (noventa y dos minutos), el sexo como tema dominante, el nombre de Gloria para ambos roles protagónicos femeninos y la autoría de los guiones por parte de Luis Alcoriza.

Del Autor

Alfredo Antonio Fernández
(La Habana, Cuba) Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana, Master en Estudios Latinoamericanos en la UNAM, México y Doctorado en Español de la University of Houston, Estados Unidos. Ha publicado: El Candidato (Premio de la Unión de Escritores de Cuba, 1978), Crónicas de medio mundo (relatos, 1982), La última frontera, 1898 (novela, primera finalista Premio de la Crítica, Cuba, 1985), Del otro lado del recuerdo (novela, 1988), Los profetas de Estelí (novela, Feria Internacional del Libro, Guadalajara,1990), Lances de amor, vida y muerte del Caballero Narciso (Premio Razon de Ser de novela, 1989 y Premio Alejo Carpentier de Novela 1993, de la Fundación Alejo Carpentier), Amor de mis amores ( novela, Planeta, México, 1996) y Adrift: The Cuban raft people (Rockfeller Foundation Grant, 1996; Arte Publico Press, Estados Unidos, 2001), Bye, camaradas (novela, 1era finalista Premio Internacional Novela Marcio Veloz Maggiolo, New York, 2002 y finalista Premio Novela La ciudad y los perros, Madrid, 2003, publicada en la Editorial El barco Ebrio, España, 2012) y A traves del espejo. El cine hispanoamericano contemporaneo. Volumen I (ensayo, Editorial El Barco Ebrio, España, 2013). Sus libros más recientes son la novela Aló, marciano y el libro de ensayos Buñuel In memoriam (ambos por la Editorial El Barco Ebrio, España, 2015). Reside en los Estados Unidos.