Un mundo raro

Santiago Gamboa

El fin de un año y el inicio de otro es siempre una época extraña. Uno comienza a pensar el futuro desde el pasado, y el resultado son inesperadas síntesis. Aterradoras simetrías.

Ya se ha escrito del modo en que el 2016 puso contra las cuerdas a la democracia liberal (Brexit, No, Trump), pero el horizonte trae nubes aún más cargadas de terribles presagios. Lo que se viene en el debate político está muy lejos del viejo paradigma del ciudadano racional capaz de preocuparse por el bien común o el suyo propio, pues lo que está en crisis es el mero hecho de considerarse pensante. El desprecio por cualquier discurso que tenga en su centro el pensar, me temo, le está dando paso a una ideología puramente emocional y utilitaria, con respuestas rápidas a los problemas concretos, pero sin proponer un modelo de convivencia o de sociedad. Y mucho menos una utopía.

Las grandes ideas están lejos de la vida, parece decirnos este siglo XXI, y el capitalismo neoliberal —antiguo triunfador tras la caída del imperio soviético— empieza a acusar los efectos de esa porfiada estela de cadáveres que dejó atrás. En todas partes hay multitudes de sujetos destruidos, con grados profundos de una alienación que ya no puede ser drenada con doctrinas y que sólo el consumo y el acceso pleno a la era tecnológica pueden aliviar. ¿Para qué creer en algo si la gota que espero jamás llega a mi boca? Ya no hay tiempo, es ahora o nunca. Quiero hacer clic y cambiar, ser más rico y bien plantado, de cuerpo musculoso y bello; quiero una Toyota 4×4 y el último Samsung, y seducir hombres o mujeres como yo, triunfadores que compran calzoncillos Abercrombie a 35 dólares y combaten la oxidación de la piel en L’Occitane en Provance. La ideología de lo emocional y de lo útil es un refrescante regreso al individualismo. Yo, yo, yo. Quiero ser feliz ahora, ya mismo, pero no de un modo abstracto. Nada de párrafos largos, sólo frases.

La nueva política, la que triunfará en los próximos años respondiendo a esto, es la que dice menos y actúa más; la que moviliza el desenfreno y el odio concreto versus la metódica explicación de un mundo a través de ideas. No hay sentimiento más puro que el odio y quien sepa canalizarlo llegará lejos. Esto no es nuevo en la historia del mundo y es la más terrible de las simetrías. Por lo demás, el esquema es idéntico al de las iglesias cristianas: nada de ideas lejanas, soluciones concretas y basta. Y que el cliente pague su dosis. ¿Tu marido es alcohólico y te pega? ¿Tu hijo se droga? Nosotros te ayudaremos a cambio de tu conciencia, ¡y de tu diezmo! A un nivel metafórico son el nuevo narcotráfico: venta de una dosis, solución inmediata de un contratiempo, captación del cliente y sus familiares, suplantación del Estado… ¡Y gurú circulando en un Hummer de 180 millones de pesos y haciéndole chantajes al Gobierno!

Será raro este mundo que ahora se nos viene, sin imágenes del regreso al paraíso o visiones del apocalipsis, pero nosotros, sin duda, seguiremos escribiendo y leyendo y pensando. Hay una cierta poesía en hacer cosas que ya casi no importan a nadie, en dar batallas que están perdidas de antemano. La literatura y la filosofía y el humanismo lo han hecho siempre, y lo harán también en el 2017.

Del Autor

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Santiago Gamboa
(Bogotá, 1965). Escritor considerado uno de los más reconocidos nombres de las actuales letras colombianas y latinoamericanas. Realizó estudios de literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá y en la Universidad Complutense de Madrid, donde obtuvo el título de licenciado en Filología Hispánica. Entre 1990 y 1997 residió en París, donde cursó un doctorado sobre literatura cubana en la Universidad de la Sorbona. Trabajó como periodista en el Servicio América Latina de Radio Francia Internacional y como corresponsal de El Tiempo de Bogotá. Ha vivido, además, en Roma y Delhi, India. Entre sus libros destacan: Perder es cuestión de método, La vida feliz de un joven llamado Esteban, Los impostores, El síndrome de Ulises y Necrópolis. El síndrome de Ulises fue finalista del Premio Médicis en 2007. “Necrópolis” fue ganador del Premio La Otra Orilla en 2009. Sus publicaciones más recientes son Plegarias nocturnas (novela, 2012) y Océanos de arena, diario de viaje por Oriente Medio (2013). Desde el 2015 reside en Colombia, luego de 30 años viviendo fuera del país.