La nueva Latinoamérica
Entre el iPhone y el Reggaetón

Veronica Pamoukaghlian

Prefiero hablar con un filósofo sueco
Que con un indio guatemalteco,
y tengo más en común con un rumano
que con un cholo boliviano.

Letra de “No somos latinos” del Cuarteto de Nos

 

La herencia maldita del colonialismo es el auto-racismo.

Cuando los belgas llegaron a la actual Rwanda en 1916 distribuyeron tarjetas de identidad entre la población nativa. Los hutus, más bajos y de narices más anchas, eran considerados inferiores por los belgas, mientras que los tutsis, con su piel más clara, narices finas, altos y delgados, eran considerados “más europeos”. He aquí el origen de una de las más grandes masacres de la historia de la humanidad; la matanza de hutus por tutsis. El odio racial que llevó a la muerte de más de 800.000 personas fue una herencia del colonialismo.

En Latinoamérica, no heredamos de los conquistadores europeos masacres, pero sí nos trajeron el auto-racismo más perverso. En Perú los ricos son rubios y blancos. En los barrios pobres de Montevideo, la gente suele tener la piel más oscura.

Hay un personaje del humorista argentino Diego Capusotto, llamado Micky Vainilla, que les llama “morochos” a los pobres, la gente de “raza inferior”. Vale la pena aclarar para quienes nunca lo han visto que Vainilla lleva un bigote à la Hitler. Así como los tutsis gozaron de más oportunidades durante la época de la colonia, los blancos y rubios continúan teniendo hoy más oportunidades en nuestra región.

Nada de esto es casual. Latinoamérica es una tierra que sufre de un auto-racismo extremo. La letra de la canción citada más arriba tiene mucho que ver con la identidad uruguaya. En Uruguay, casi no hay personas de ascendencia indígena. El uruguayo, aún hoy, se siente orgulloso de ser “más europeo” que el resto de los latinoamericanos.

“No somos latinos… no decimos poio… arroio” dice la canción del Cuarteto de Nos. Los uruguayos no tenemos “palmeritas y calor”. Las visiones distorsionadas de lo latino nos vienen acechando desde hace tiempo.

 

La colonización cultural

El Uruguay está plagado de gente que dice que odia el candombe, nuestra música más auténtica, bella y autóctona, la única capaz de darnos una clara identidad en el continente y en el mundo. En las ex-colonias, no es raro que lo propio sea visto como de menor calidad.

En general, a los latinoamericanos se nos coloniza culturalmente con basura prefabricada desde el mal llamado primer mundo. Esto es historia antigua. Pero desde hace algunos años, las culturas locales de nuestros países están siendo asfixiadas por una ola de contenidos “latinos” made in Miami.

El reggaetón más banal copa las radios de países con una riqueza musical exquisita, incluso en cuanto a ritmos tropicales. El iPhone y el Reggaetón son la herencia cultural de las nuevas generaciones.

En Uruguay, y seguramente no sea la excepción, las playlists obligadas de los cumpleaños infantiles incluyen temas misóginos, carentes de riqueza musical o poética, todos iguales con pequeñas variaciones. Los salones de fiestas tienen pantallas donde pasan videos de Daddy Yankee y cosas por el estilo, llenos de mujeres siliconadas que caminan por barrios decadentes mientras los cantantes les suplican hasta el hartazgo que muevan esto o lo otro.

El auto-racismo también es eso. No quererse a sí mismo. Eso nos hace permeables a la basura que nos llega desde fuera. Nuestras bellas músicas nativas están siendo sepultadas bajo un imparable basural de músicas sin alma, sin contenido. El repiqueteo del ritmo de reggaetón que sale de los iPhones y los parlantes de los salones de fiestas nunca se detiene.

Cuando El Cuarteto de Nos lanzó el disco que contiene “No somos latinos” en el año 2000, el paisaje era otro. Se conservaba algún tipo de identidad tal vez. Hoy me atrevería a afirmar que los uruguayos ya somos latinos, latinos made in Miami, pero latinos al fin.

 

Viva la nueva generación

Cuando el auto-racismo nos hace no amarnos a nosotros mismos, todo lo que llega de fuera nos parece mejor. Las generaciones que lucharon por una independencia real para nuestra región fueron cruelmente masacradas. Hoy nos queda el falso confort de los plasmas y los teléfonos celulares, la falsa elección cuando vamos al cine y solo podemos elegir entre películas de Hollywood, generalmente de las peores, que son las que nos llegan.

La clase media uruguaya está criando unas generaciones de niños que tienen iPhones más actualizados que sus pares de Estados Unidos. Niños ansiosos y enchufados, incapaces de concentrarse, que sólo ven lo que les da Netflix o la música que pasa Radio Disney. Hasta el español está cambiando, gracias a los programas doblados en abominable español neutro que miran los más pequeños.

El cerebro funciona igual que un músculo, la música repetitiva, los storylines superficiales de las series adolescentes de Netflix, hacen que las neuronas trabajen menos.

La complejidad del mundo real sobrepasa las capacidades desarrolladas por estos adolescentes y ya casi adultos que miran series en las que sólo hay malos muy malos y buenos muy buenos, chicas populares y gorditos nerds. No hay espacio para los matices en esas cabezas. Para estas generaciones, leer una página entera de algo que no esté cargado de “Holis” “LOL” y otras expresiones comunes en los mensajes de texto, resulta un sacrificio inmenso.

Hay que aceptar la derrota, la banalidad nos ha ganado. El nuevo Plan Cóndor no precisa de desapariciones ni torturas, Sus armas de conquista son el iPhone y el Reggaetón.

Del Autor

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Veronica Pamoukaghlian
Escritora y cineasta, máster en guión por la UIMP de Valencia. Verónica es colaboradora habitual de la revista LENTO y varios medios en lengua inglesa. Su poesía, ficción y ensayos han aparecido en Prism, Naked Punch, Letralia, The Big Times News, Sentinel Literary Quarterly, Antología Zapatos Rojos, Poesía en el subte, The Southern Pacific Review, y The Acentos Review, entre otras publicaciones. Puedes visitarla en VeronicaPamoukaghlian.com, Thewanderlife.com y facebook.com/musicpoetry.