Las buenas relaciones

Jorge Chavarro

De las muchas preguntas que se hacen sobre el presidente Donald Trump, hay un par relacionadas con el Zar ruso Vladimir Putin que asaltan la imaginación y la credibilidad. La más difundida es la conexión del espionaje ruso con el pasado proceso electoral norteamericano, la siguiente se refiere al porqué de la ceguera del nuevo presidente con las coincidencias evidentes en los asesinatos de los opositores rusos al gobierno de Putin.

Lo del espionaje va para largo, quizá el motivo que encendió las alarmas en el servicio secreto norteamericano ocurrió el 27 de julio de 2016.  Ese día, el contestatario y para entonces solo histriónico candidato, lanzó su famoso llamado “Rusia, Si estas oyendo, espero que seas capaz de encontrar los treinta mil mails que faltan. Serás recompensado por nuestra prensa”.

Para entonces las agencias norteamericanas de inteligencia, pero no la opinión pública, conocían ampliamente las proporciones del ataque ordenado por Putin en su decisión de aplastar a Clinton. Por eso mismo para ellas el llamado de Trump fue visto, y continúa siéndolo, como una traición. La relación del presidente con los servicios de inteligencia ha escalado desde julio pasado de mal a peor, las explicaciones mentirosas y los nexos no aclarados de sus colaboradores con el Kremlin desembocaron en dos comités parlamentarios y una investigación del FBI acerca de la conexión rusa con el equipo de campaña y el posterior gobierno republicano.

Jan Martínez Ahrens, corresponsal en Washington del diario madrileño El País, publicó en marzo 20 y 28 pasados, dos artículos que espulgan la multiplicidad de las relaciones entre los universos Trump – Putin. La decisión del gobierno ruso en cabeza de Putin era “socavar la fe pública en el proceso democrático”, dañar la elegibilidad de Clinton y desarrollar una preferencia por el actual presidente.

Para lograrlo iniciaron una operación encubierta de agencias gubernamentales dirigidas por el servicio secreto ruso y el GRU, e infiltraron los computadores del Comité Nacional Demócrata y las cuentas de colaboradores próximos a Clinton, luego, para difundirlos, la tarea quedó a cargo de Guccifer 2.0 (un hacker rumano), y las webs DCLeaks y WikiLeaks.    Lo anterior aparece en el informe ICA 2017-O1D de la dirección nacional de inteligencia, que se convirtió en la base del expediente conjunto del FBI, la CIA y la NSA.

Así se consumó “la mayor operación conocida hasta la fecha para interferir en la vida política de Estados Unidos”.  Sin embargo esto era solo la punta del iceberg.  Rusia infiltró también los computadores del sistema electoral, y la investigación evidenció las actividades en favor de Rusia de buena cantidad de los asesores de Trump.

Veamos, Paul Manafort, jefe de campaña, fue un lobista que trabajó para favorecer los intereses rusos. Carter Page, consejero de política exterior, no logra explicar sus visitas a Moscú. Roger Stone, asesor, fue el contacto de Guccifer 2.0 y WikiLeaks, y el teniente general Michael Flynn, consejero de Seguridad Nacional que renunció recién nombrado por haber ocultado su trabajo como consultor pagado por compañías rusas y sus reuniones con Sergei Kislyak, embajador ruso en Washington. Su situación se refleja en el hecho de haberse ofrecido a testificar ante el FBI a cambio de inmunidad.

Y esta también la ceguera selectiva del presidente, cuando se le han cuestionado sus preferencias por el mandatario ruso interrogándolo acerca de las coincidencias en los asesinatos de los opositores al gobierno de Putin, ha contestado con cinismo: ¿Cree que nuestro país es inocente?, hay muchos asesinos.

La lista de nombres que han cobrado resonancia internacional es grande, aquí algunos.  El 24 de marzo de 2014 un hombre le disparo a Denis Voronenko a la salida de su hotel en Kiev a donde había huido por las amenazas de los servicios de seguridad como secuela de su oposición en el parlamento a las políticas del presidente contra Ucrania. Boris Nemtsov fue asesinado en Moscú en el 2015, dos días antes de la protesta que convocó contra la corrupción. Alexander Litvinenko desertor del KGB, fue envenenado en el 2006, Litvinenko trabajaba con Scotland Yard investigando los esquemas de lavado de dinero de la mafia rusa y su conexión con políticos del Kremlin en el Reino Unido, además acusó a Putin de haber ordenado el asesinato del millonario Boris Berezovsky y de Anna Politkovskaya, periodista que denunció las violaciones a los derechos humanos en Chechenia.

Ahora está iniciando un nuevo frente que en los últimos días le ha garantizado por fin alguna aprobación a un acto de gobierno, el bombardeo a la base militar siria de la que partieron los aviones que el pasado martes 4 de abril mataron con armas químicas a 86 personas incluyendo a 30 niños, y la decisión de descalificar a El Asad como posibilidad de gobierno en Siria, le están dando sus primeros réditos. La decisión le significó una voltereta de equilibrista de circo, un año antes le había dicho a Obama con su tono de iluminado, con Siria no se meta.

Del Autor

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Jorge Chavarro
Medico colombiano residente en Houston, Texas. En diciembre de 2014 se graduó en la maestría de español y literatura hispanoamerica en la Universidad de Sam Houston de Huntsville, Texas. En la actualidad es estudiante del programa de doctorado en literatura del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Texas A&M en College Station, también en Texas.