¿Son ingenuos los cubanos?

Antonio Álvarez Gil

Por mucho que se afirme lo contrario, yo seguiré pensando siempre que todos los pueblos tienen cualidades que hacen a sus gentes parecerse entre sí y, al mismo tiempo, diferenciarse de otros pueblos, afines o lejanos, tanto da. En estas cualidades particulares de la nación entran sus virtudes y sus defectos, y la relación entre ellos determina en mucho el paso hacia el progreso. Los cubanos tenemos, por supuesto, una buena cantidad de ambos, aunque me parece que los segundos abundan un poco más entre nosotros. Si no fuera así, Cuba sería un país próspero, que no lo es; y la gente de todo el mundo seguiría llegando a sus costas para vivir y trabajar allí, que tampoco es el caso. Como se sabe, ocurre más bien lo contrario. De manera que no voy a hablar de los defectos, pues no quiero que esta nota se haga demasiado extensa. Además, las virtudes son más agradecidas.

La primera que me viene a la mente es la agilidad de pensamiento que tiene la gente procedente de nuestra la Isla para orientarse en situaciones nuevas, para emprender con buen tino empresas que hasta hacía unos segundos apenas conocía; y, sobre todo, para hacerlo con la actitud de alguien que, de siempre, domina el asunto que se maneja. Esa especie de audacia, o de atrevimiento, ha sido fundamental en el éxito de los cubanos en la otra orilla del Estrecho de la Florida. Allí han triunfado como comunidad. Hay otros rasgos positivos que se haría largo enumerar aquí; pero, de ellos, hay uno que me parece fundamental a la hora de hablar de mis connacionales. Estoy pensando en la gran confianza en sí misma que tiene nuestra gente. Esto, por cierto, me lo han hecho ver algunas personas que han tenido amigos o compañeros cubanos, y que se han fijado en el proceder de mis paisanos. En general, a las personas que nos observan desde fuera les gusta esta cualidad del cubano. Pero también es verdad que esta virtud puede convertirse en defecto, ya que provoca cierto estancamiento en el aprendizaje de cosas nuevas y errores garrafales en su interpretación. A veces no basta con creérselo, sino que hay que saber las cosas de verdad. Y aquí podemos cojear. De todos modos, se dice que no hay nadie más feliz y audaz que un ignorante, de manera que una pizquita de esa cualidad cubana nunca viene mal.

Los cubanos, en fin, son muchas cosas, unas mejores que las otras, o puede que peores. Pero casi nunca suelen ser es ingenuos. Por eso me llamó tanto la atención algo que me contó mi hija sobre su primer viaje a Barcelona, hace ya algunos años. Una chica del lugar le dijo que había conocido a varios cubanos, y que les habían caído siempre muy simpáticos. Sólo que les parecían un tanto ingenuos. Dice mi hija que, al oír esa caracterización de nuestros muchachos, se quedó mirando a la otra para ver si sus palabras no llevaban algún doble sentido. Como vio que no era así, que la muchacha hablaba en serio, le respondió que estaba completamente equivocada, y que se anduviera con cuidado, porque de los cubanos podía pensar ella cualquier cosa, menos que fueran ingenuos. En todo caso, si así le había parecido, que revisara bien sus relaciones, porque era muy fácil que le hubieran pasado –o le estuvieran pasando aún– “carretas y carretones” por delante de sus narices. Y, por supuesto, sin que se percatara en lo absoluto de ello.

 

Del Autor

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Antonio Álvarez Gil
(Melena del Sur, La Habana, 1947). Ha publicado Una muchacha en el andén (Ediciones Unión, La Habana, 1986), Unos y otros(Ediciones Unión, La Habana, 1990), Del tiempo y las cosas (Ediciones Unión, La Habana, 1993),Fin del capítulo ruso (Ediciones Vintén, Montevideo, Uruguay, 1998), Las largas horas de la noche (Editorial Universidad de San José, Costa Rica, 2000; Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003), Naufragios (Algaida Editores, Sevilla, 2002), Delirio nórdico (Algaida Editores, Sevilla, 2004), Nunca es tarde (Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2005), La otra Cuba (Centro Cultural de la Generación del 27, Málaga, 2005). Entre sus muchos premios destacan el Premio de novela Ciudad de Badajoz (España, V edición) y el Premio de novela del Ateneo ciudad de Valladolid (España, en su LI edición). Álvarez Gil aparece incluido en varias antologías del cuento contemporáneo. Cuentos y artículos suyos han aparecido en publicaciones de España, Italia, Suecia, Estados Unidos y Latinoamérica. Es miembro de la Asociación de Escritores de Suecia. Desde 1994 reside en Estocolmo. Acaba de publicar las novelas Después de Cuba en la editorial española Baile del Sol y Perdido en Buenos Aires (2010), con la que obtuvo el Premio Internacional “Mario Vargas Llosa”, de la Universidad de Murcia en el 2009. Sus novelas más recientes son Callejones de Arbat (2012), Annika desnuda (2015) y Las señoras de Miramar y otras cubanas de buen ver (2016).