Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Mayo 2007. Antilde;o uno. Número uno

Logotipo de La revista Otro lunes
Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
otrolunes.com >> Otra Opinión >> Palabras de revés

Una revista es una revista es una revista...

Amir Valle

Dicen que a la tercera es la vencida. Eso espero. Hace unos años, cuando en esa isla que llamamos Cuba no existían las revistas literarias digitales que hoy pululan, a cierto escritor se le ocurrió recoger en breves páginas lo más reciente, cada semana, dentro de las letras escritas y publicadas en la isla, y lanzarlo vía e-mail hacia un grupo de amigos. Como las ondas se difunden en el éter, o en las aguas quietas cuando una piedra cae sobre la superficie, los lectores de aquella pequeña revista fueron creciendo, creciendo, creciendo... y poco después el escritor debía dedicar casi dos días para completar todos los envíos, más de seis mil. Le resultaba hermoso. Sentía que había cumplido un sueño. Y ya se sabe, cuando se cumple un sueño es como si se avanzara un paso hacia la luz, luego de haber estado en cierta zona oscura, indefinible, aún cuando fuera soportable. Letras en Cuba se llamaba esa revista.

Pero los sueños, también se ha dicho, sueños son. Y un día terminaron por decreto: "no sabes lo que ha costado que me dejen entregarle correos electrónicos a los escritores y artistas para que por una negligencia como la tuya todo se eche a perder", le dijo cierto Ministro al escritor. No podía seguir con la revista, así de simple. Pero, ojo: hablemos a favor del escritor, que aceptó la medida sin protesta, pues puede presumirse cobardía. El Ministro no tronó: "¡¡¡no puedes tener esa revista!!!". Dijo, en voz afable, amiga: "vaya, te propongo dirigir una con tu idea, oficializada por nosotros. Eres libre de hacer allí todo lo que idees. Yo confío en ti". El escritor creyó. Es más, nacieron sueños. Y en menos tiempo del pensado tenía un número, y otro, y sólo esperaba el recurso técnico para montarla en la red... Pero, los sueños... ah, los sueños... El escritor descubrió que la revista no sería "su" revista, que no era libre de hacer allí "todo lo que idees", como prometiera el Ministro. "Todo lo que quieras publicar debe pasar por sus manos". Aquel hombre que pusieron para dirigir, por encima de él, "su" revista, debería haber dicho: "por sus viejas manos". Cierta Dama vieja y ciega tendría que aprobar todos los textos. Y al escritor le pareció un engaño, una cruel burla. ¿Una ciega censora? Es obvio, renunció. Hoy, a veces, entra al sitio web de la UNEAC y se pone a leer "su" revista. Se llamaba La isla en peso. O se llama, aunque ya no sea suya.

"¿Podrías asesorarnos? Necesitamos respuestas", le dijeron. Los lectores preguntaban, escribían, preguntaban, insistían con las preguntas: "es que en otros lugares oficiales nadie nos da respuestas a estas preguntas". Querían saber, por ejemplo: "¿qué tendencias existen hoy en la narrativa cubana?, ¿qué autores se destacan?, ¿qué libros recomiendas?", y el escritor decidió hacer cápsulas. Respondía las preguntas de poesía y las enviaba por email a todos los interesados en poesía de aquel listado de seis mil lectores de Letras en Cuba. Igual con la narrativa, igual con el teatro, o el ensayo. Pero hablar de literatura sin permiso es algo muy peligroso en ciertas islas. Le cortaron el servicio de correo electrónico. "¿Te burlas de nosotros? ¿No se te dijo que no podías usar tu correo personal para esas cosas?", le dijo un fascista disfrazado de funcionario, o un funcionario fascista, o un exdiplomático que perpetrara alguna vez un horrendo libro y se ganara el puesto de funcionario fascista en una oficina de control de internet con nombre fascista y métodos de control y represión fascistas. Ya no sabe. A título personal se llamaban aquellas cápsulas. Duraron poco, como los sueños.

Donde estaba una parte del muro de Berlín hoy se alza un parque de diversiones. Hay, también, un par de mogotes inmensos, estilizados, altos, donde los amantes del alpinismo practican. Abajo, en espacios de arena, los niños juegan.

Al hijo del escritor le gusta montarse en los troncos de equilibrio. Puede verlo tambalearse sobre el madero, soñando con alcanzar la otra punta, lejana, difícil. Sonríe el escritor mientras lo ve en el intento. Pero cuando pierde el equilibrio y cae sobre la arena, siente un pequeño hincón en el pecho y abraza a su hijo que, en cada caída, se acerca. "Dale, que tú puedes", le dice, y lo empuja hacia el tronco.

Allí mismo ha visto a los turistas que vienen a ver el muro. Llegan en grupos, silenciosos, puede jurar que tristes y solemnes. Y los ha visto perder tristeza y solemnidad ante el jolgorio y la ingenuidad de los niños.

Alguien ha vuelto a decirle: "¿Y ahora qué piensas hacer?", y él ha dicho: "escribir, intentar un par de proyectos... por ejemplo, una revista". Y aunque sigue llevando al niño a jugar al parque donde estuvo el muro de Berlín, en las mañanas dedica un buen tiempo a la nueva revista. Otro lunes se llama. Se ha encontrado otros locos que, también, soñaban con tener la suya. Cree tener la certeza de que esta vez, la tercera vez que inicia una revista, será la vencida, la definitiva. Siente que los sueños vuelven. Que es hermoso. Que pueden equivocarse y, por primera vez, sus errores serán suyos. Que la libertad es algo que no lograba entender en toda su inmensidad allá en su isla, donde no se entiende que la libertad puede ser querer alcanzar la punta de un tronco, sin importar cuántas veces te caigas, pero siempre luchando con tus propias fuerzas y sueños.

Por eso, cierta tarde en que el parque volvió a llenarse de turistas (alguien dijo que venían de Polonia o de otro país exsocialista que no precisa); cuando él y su hijo los vieron fotografiar a niños, alpinistas, y a los restos del esqueleto del muro que los alemanes habían dejado allí, como recuerdo claro de lo que no será más; cuando sintió la voz del niño preguntar: "Papá, ¿y para qué le tiran fotos a esos escombros sucios?", quiso decirle: "es que sus sueños se han cumplido, hijo", pero le miró a los ojos y supo que, gracias a Dios, el niño jamás entendería aquello. Y entonces, como si la voz le naciera desde la misma sangre, o desde ese secreto rincón donde se guardan los sueños, con una alegría rara, sintió que algo le obligaba a decir: "son para una revista, hijo".

Otra Opinión

Señales

Por
Rafael
Alcides

Carta pública a Amir Valle

Yo no tengo ni teléfono, Amir. Ni teléfono. El correo me llega a través de una piadosa amiga. El electrónico. El otro, si es de afuera, del extranjero, sencillamente no me llega, y si me llega es abierto. Cosas del cartero, me imagino.

Palabras de revés

Por
Amir
Valle

Una revista es una revista es una revista...

Dicen que a la tercera es la vencida. Eso espero. Hace unos años, cuando en esa isla que llamamos Cuba no existían las revistas literarias digitales que hoy pululan, a cierto escritor se le ocurrió...

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Vidas mínimas

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Carga de caballería

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Final de viaje y otros sones

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"Martí"

Damaris Betancourt. 2006

Sumario

Este Lunes

Política y religión en Cuba en los siglos XIX y XX

Leonel A. de la Cuesta

Discurso en defensa de Pavón

Pío E. Serrano

Notas (para una conversación) sobre la diáspora cubana

Jorge Luis Arcos

La isla numerosa

Luis Manuel García

Desventuras de la "conciencia crítica" en la Cuba del "sí"

Duanel Díaz

La Rebelión de los Enfermos

Carlos A. Aguilera

Lunes de Revolución y la Revolución de Lunes

William Luis

Noticias sobre el día después. Primera parte: La isla

Ladislao Aguado

Gastón Baquero, conciliador y discrepante

León de la Hoz

Otro lunes Conversa

Con José Lorenzo Fuentes

El hombre tranquilo

No hay última vez

Cuento inédito de J. L. Fuentes

Punto de mira

Exilio: ¿ruptura o continuidad?

Antonio Álvarez Gil

Armando de Armas

Joel Franz Rosell

Odette Alonso Yodú

Ricardo Ortega Nápoles

Cuarto de visita

"La humanidad tiene un contrato de fe"

Entrevista al escritor albanés Arian Leka

Amir Valle

La serpiente de la casa

Fragmento de novela de Arian Leka

Unos escriben

Guillermo Vidal

Otros miran

Dámaris Betancourt

Dossier

Entrevista

En la misma orilla

Omisiones, olvidos

Félix Luis Viera

Conjuro para fundir la nieve...

Katherine E. González

¿Seremos famosos Pepe?

Francis Sánchez e Ileana Álvarez

Escrito sobre el hielo

Alberto Rodríguez Tosca

Introducción de Juan Manuel Roca

Poemas

Libre-mente

Cuba: la escritura carcelaria

Rafael E. Saumell

Recycle

Los impedimentos de la literatura

George Orwell

De lunes a lunes

Carta abierta de Enmanuel Tornés

Carta de Santo Domingo

Librario

Pallá y Pacá

Mario G. de Mendoza

Fantasía roja

Iván de la Nuez

Todos los buitres y el tigre

José Luis Arzola

Palabras de mujer

Olga Connor

Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 686 111 523. info@otrolunes.com
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