Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Mayo 2007. Antilde;o uno. Número uno

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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Conjuro para fundir la nieve...

Katherine E.González

Mi hambre de escribir creció estivalmente, nació conmigo bajo la luz y los modos de la isla, se acomodó tímida en algún sitio energético de mí y se formó como un hijo a lo largo de los años. Ese impulso interno me llevó a una profesión vecina de mis reales deseos, a devorar los libros sin creer mucho realmente en lo inevitable de tener que asumir esa fuerza mayor, en no negarla...Lo curioso es que toda esa obligación haya brotado de una forma más definitiva cuando ni el mundo que me concibió, ni las personas que ayudaron a que encontrara esa vía estuvieran cerca.

Cuba es la evocación constante o casi desde que hace casi cuatro años atravesé la franja clara, nítida de los trópicos hacia el norte del mundo, ahí empezaba a sentir en palabras y sensaciones, mi país otro, la isla subterránea que parecía habérseme escapado por demasiado tiempo. A la sombra de las brumas del otoño, en el silencio agobiante de los inviernos, toda mi naturaleza, los recuerdos, los sabores se fueron delineando, hermosos, para darme calidez. La música de siempre, de los programas de televisión al mediodía, de los domingos, la de la radio y que pasaba desapercibida como una nota ambiente del escenario, se recogió en los discos, disparando sonidos que ahora son pequeñas magias para devolverme a todo aquello.

He pensado si acaso verlo todo desde una distancia evidente hace que se le valorice más... o si se trata mas bien de una sublimación, lo cierto es que a todo ello debo las palabras más sinceras que haya escrito, las emociones más coherentes, la noción de construirme en lo que soy movida por lo ausente, con la visión aérea, lejana de mis raíces, del patio de mi infancia, de los colores invariables de los árboles en todo un año de los trópicos, en constante comparación con las estaciones indomables de estos lares, y el hielo, ese mismo que en algún sitio dentro se me va fundiendo, cuando reparo en la visión imaginada del sol, calentando un patio encendido de mariposas monarcas, colibríes y marpacíficos.

Cuando faltan los gritos en la calle, la música de los vecinos, el amanecer, la vida exuberante y hasta el calor impúdico del mediodía, entonces pienso en lo enorme del mundo que porta cada cual en sí, en esa unidad de historias, placeres, dolores que somos todos y que en medio de otros nos hace sentir únicos, inabordables; sentimiento, a qué negarlo, muchas veces vital cuando no tenemos más modo de ser reconocidos que por nosotros mismos, en la oscuridad, la soledad de la vida en otro sitio.

Puede ser también el encanto mismo, y no hay novedad en lo que digo, el caos se ordena a veces dentro y una claridad mística lo atraviesa todo, en la que la respiración se activa naturalmente y no como cuando parece artificial de tan desnaturalizada en medio de los mundos ajenos. Los espacios turbios de lo desconocido, pierden su peligrosidad si , por ejemplo, evoco La Habana, y entonces los movimientos mecánicos de la gente en las calles, de esta nueva dimensión, los rostros que no osan ser expresivos y los gestos de nadie, se disuelven si de pronto en un giro de la noche fría percibo palabras, palabras que me complacen y que anticipan una historia, el cuento por venir, apresurado, infantil que no espera llegar a casa. Entonces vuelve Cuba en visión caleidoscópica, sazonada de rejas, piedras envejeciendo sin verguenza, amigos, la casa, libros de ediciones locales, polvo, mujeres en las puertas, el ir y venir de las brisas en los parques, los mangos, los mameyes...

A veces para sentir a ese país de bolsillo, me rodeo de objetos que sin embargo no le pertenecen, las sombras de mi cuarto aquí, no son las de ningún sitio en la isla, la tranquilidad de la casa aislada por las ventanas cerradas a causa del frío no son nada alusivo, pero me traigo a mí, y a la diferencia que, a fuerza de ser enorme, acerca su contrario, y eso es otra vez lo mío, esa nación que habita lo que escribo persistentemente, que, insisto, no es la misma de ustedes, ni la de los que la sienten como yo a miles de kilómetros de distancia real, en otros sitios, por el mundo, pero por ser tan mía a veces me aferro a la idea de no cambiarla, de que se quede ahí para salvar ese rincón, esa cierta identidad que temo podría irse andando hasta perderla de vista.

También es difícil pensar, creer en lo que puede ahogar la falta del mar, no es el mismo otro siquiera, ni el Mediterráneo, ni el Bósforo y mucho menos el Mar del Norte. Cuando la necesidad de sentir algo semejante es demasiada, voy al lago, a esa superficie vasta pero limitada y en un muro semejante, el malecón tuvo bríos para mí, y mis historias, las que me salen en esos estados de gracia, se hacen sintiendo los recuerdos de mar.

Evidentemente escribir con un país portable en la medida de lo posible puede convertirse en algo demasiado subjetivo, suele desviar, alucinar, alinear lo que queremos y sólo lo que queremos sentir, pero no ha habido ni habrá verdades absolutas en la creación y el París de Henri Miller no es el mismo que el de Proust, ni el Zurich de Hermann Hesse el mismo de Paul Klee, más allá de las épocas. Es una riqueza después de todo, un arma que perfora el mundo ilusorio que se lleva dentro, ese resumen afanoso de estados de ánimo, de contemplación, de desamparo, que se reparten tenaces entre la infancia y la vida adulta.

Mis historias, por ejemplo, me saben a veces amargas, la frialdad las mima y puedo sentir que son hijas de este espacio del norte, de esta gente retirada, incrédula, dolida, de las horas de andar sin decir nada, de los trenes mudos, del funcionamiento ignorado de la vida de los otros. Cuba puebla mis cuentos pero salidos del desespero de no poder ir a la calidez, a la espontaneidad como entre nosotros, los allí nacidos. Pienso que podrían percibir en las dulzuras de mis evocaciones la sal de este modo otro de vivir allende los mares, percibir el sueño parido por la brutalidad, lo simple partiendo de lo complejo, cierta humildad salvada del orgullo. Quien escribe deslumbrado por el pasado, por el sabor mejor de lo que en la rutina puede ser detestable, puede ser sin embargo un portador de esa dificultad tan conocida de aprender a vivir mientras se busca el modo de poner en orden las verdades y los espejismos.

No hay que negar las autocomplacencias, también la vacilación del emigrante que, -parodiando un teórico del exilio- se siente como entre dos aguas, sabiendo que ese lugar de su añoranza existe, que no está perdido, que no hay ni puede haber total desarraigo por ello, porque sabe en su angustia de inadaptado que su país, su casa no han desaparecido y por ello no puede hacer el duelo de esa pérdida. Lo sueña y ese pedazo de tierra con todo lo que implica, toma una dimensión enorme, al tiempo que toda comodidad en el país de exilio le parecen un peligro, una trampa en el camino para hacerle caer, en otras palabras renunciar, adaptarse.

Es probablemente cierto, que toda la creación pueda ser por momentos bellas defensas contra verdades que no queremos o podemos ver y que sin embargo nos pertenecen, verdades demasiado afiladas, duras que escondemos sin saberlo. La angustia de Proust dio algo inmenso, inquietante, hermoso pero cabe la duda de si acaso era todo ello su verdad o un cúmulo de explicaciones, pretextos, para no mostrarnos o mostrarse a sí mismo algo... quién sabe qué.

Finalmente quizás no se pueda definir con justeza eso que nos lleva a los mundos ilusorios, a esas protecciones acertadas o no de lo que creemos más válido en nosotros mismos, pero la realidad es que están ahí esas poses, saltos, gritos, decoraciones de lo que, dibujado con amor, resulta ser nuestras vidas, los tesoros del pasado, encerrados en la condena de no poder ser explicados exhaustivamente, tal vez tampoco comprendidos porque salen de espacios íntimos, demasiado personales para ser transparentes.

Y la isla... la isla es un ancla a ratos, porque durante años la tuve dentro, fuera, tal vez además porque el paisaje embriagador del mundo me llegó tarde, o precisamente porque no resultó ser como se cree, porque una vez más todas esas Venecias, Budapets, Sevillas, llevan el rasgo bochornoso del hombre, de las rutinas, del egoísmo, porque, y repito, ninguna de esas ciudades es nunca la realidad, la poesía, la tierra celestial de los que nos las describen como ellos mismos las quisieron ver. No hay que ofenderse, no hay derecho, los que soñamos otras latitudes lo hacemos con el mismo ímpetu, las ganas de que el mundo se haga por magia a partir de lo que esperamos de él, y eso, evidentemente es otra de esas calidades pero también frenos en el que el hombre cae, una y otra vez hasta que pueda aceptarlo o consumirse en una quimera.

Para ganarle a esa zozobra sólo puedo contar conmigo misma, con el derecho de abrir puertas para que los otros, y las experiencias traigan desinhibidamente la sabiduría que cada ser aporta con sus fallas y sus aciertos. Lo que escribo ha de ser al menos siempre sincero, cada vez más porque al final lo válido es saberse uno mismo, reconocer en las palabras lo auténtico, el mensaje íntegro, extendido de lo que queremos dar. Escribir es alcanzar un considerable grado de sinceridad, asumir.

Siento que por mucho tiempo no podré andar por otros sitios que no sean las mareas de Cuba, la fortaleza nítida de mis vivencias. Luego vendrán probablemente conjugaciones del presente, historias libres de ese peso de la nostalgia, pero para ello queda mucho por andar, mucha erosión salvadora o punzante por reparar. Mientras tanto seguiré jugando a desangrar esa persistente historia mía, culpa mía, asunto mío, creyendo por ratos que eso es todo lo que tengo que hacer, escribirlo, crecer, divagar, acercarme a una cierta realidad, a la coherencia, mientras dudo y no oso llamarme “escritora”, puesto que estos humanos impulsos todavía no me parecen hacer tan alta profesión.

Desde una noche de domingo, con 10 grados bajo cero, en esa quietud, al alma no le queda más que latir, desnudarse para acompañar al cuerpo perezoso. Las ideas salen como vapores del ensimismamiento, las palabras como generaciones espontáneas, una verdad, mi diminuta verdad, importante como todas las verdades, se apodera alegre del espacio...y Cuba, la más real, funde con su soberana aparición el cristal de la nieve.

Otra Opinión

Señales

Por
Rafael
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Carta pública a Amir Valle

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Palabras de revés

Por
Amir
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Una revista es una revista es una revista...

Dicen que a la tercera es la vencida. Eso espero. Hace unos años, cuando en esa isla que llamamos Cuba no existían las revistas literarias digitales que hoy pululan, a cierto escritor se le ocurrió...

Sin embargo

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Carga de caballería

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Jung y los masones en el futuro de la isla

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Carta desde el norte

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Figuras de la ley

Hércules Poirot, el detective belga, andaba por el mundo resolviendo casos con arrogancia y displicencia. Bajo de estatura, calvo y con mostachos, Poirot era una figura cómica, una suerte de pariente cercano de Chaplin.

Paperback writer

Por
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Final de viaje y otros sones

Cuando se produjo el fin de los sistemas comunistas de Europa del Este, los intelectuales(...) "No sabían reinventarse en condiciones libres, no sabían qué hacer con la libertad"...

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"José Martí"

Damaris Betancourt. 2005

Sumario

Este Lunes

Política y religión en Cuba en los siglos XIX y XX

Leonel A. de la Cuesta

Discurso en defensa de Pavón

Pío E. Serrano

Notas (para una conversación) sobre la diáspora cubana

Jorge Luis Arcos

La isla numerosa

Luis Manuel García

Desventuras de la "conciencia crítica" en la Cuba del "sí"

Duanel Díaz

La Rebelión de los Enfermos

Carlos A. Aguilera

Lunes de Revolución y la Revolución de Lunes

William Luis

Noticias sobre el día después. Primera parte: La isla

Ladislao Aguado

Gastón Baquero, conciliador y discrepante

León de la Hoz

Otro lunes Conversa

Con José Lorenzo Fuentes

El hombre tranquilo

No hay última vez

Cuento inédito de J. L. Fuentes

Punto de mira

Exilio: ¿ruptura o continuidad?

Antonio Álvarez Gil

Armando de Armas

Joel Franz Rosell

Odette Alonso Yodú

Ricardo Ortega Nápoles

Cuarto de visita

"La humanidad tiene un contrato de fe"

Entrevista al escritor albanés Arian Leka

Amir Valle

La serpiente de la casa

Fragmento de novela de Arian Leka

Unos escriben

Guillermo Vidal

Otros miran

Damaris Betancourt

En la misma orilla

Omisiones, olvidos

Félix Luis Viera

Conjuro para fundir la nieve...

Katherine E. González

¿Seremos famosos Pepe?

Francis Sánchez e Ileana Álvarez

Escrito sobre el hielo

Alberto Rodríguez Tosca

Introducción de Juan Manuel Roca

Poemas

Libre-mente

Cuba: la escritura carcelaria

Rafael E. Saumell

Recycle

Los impedimentos de la literatura

George Orwell

De lunes a lunes

Carta abierta de Enmanuel Tornés

Carta de Santo Domingo

Librario

Pallá y Pacá

Mario G. de Mendoza

Fantasía roja

Iván de la Nuez

Todos los buitres y el tigre

José Luis Arzola

Palabras de mujer

Olga Connor

Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 686 111 523. info@otrolunes.com
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