Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Mayo 2007. Antilde;o uno. Número uno

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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Discurso en defensa de Pavón

Pío Serrano

Página 1

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En un libro luminoso, El pensamiento cautivo, Czeslaw Milosz relata con deslumbrante claridad y honradez el complejo proceso por el cual se produce "el sojuzgamiento del espíritu en los Estados totalitarios". En sus primeras páginas adelanta: "Como mucha gente en la Europa del Este, yo estaba metido en el juego: el de las concesiones, de los testimonios de lealtad venidos del exterior, de las astucias y los golpes bajos, asestados a la sordina, en defensa de ciertos valores. Ese juego, no exento de peligros, vuelve solidarios a quienes están en él. Yo también me sentía así: me sentía solidario de mis amigos de Varsovia, y el acto de ruptura me parecía desleal". Una condición espiritual y un juego que los cubanos de mi generación y de las inmediatas anteriores conocemos bien.

Una condición que Karl Jaspers, en el Prefacio a la obra de Milosz, explicita al señalar "cómo cambian los hombres cuando pesa sobre ellos una constante amenaza de destrucción y sufren al mismo tiempo la sugestión de la fe en la necesidad de la historia". Una terrible seducción que cobra vida en "los diversos procesos de disimulación, de transformación interior, cómo se llega al súbito salto de la conversión, cómo un hombre se escinde en dos".

Milosz nos muestra los tortuosos pasadizos a través de los cuales queda cautivo el pensamiento en las redes de la nueva religión secular a la que no falta su Inquisición. Por supuesto, Milosz conoce los nombres de los torquemadas pero, piadosamente, calla y sólo se refiere a ellos con una letra. Milosz sabe que detrás de las sucesivas infamias que ejecutan existe un Poder superior que incita, ordena, traza la política cultural, se beneficia e instrumenta de la natural predisposición al mal del ejecutor.

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Meses atrás se supo cómo el arzobispo de Varsovia, Stanislaw Wielgus, había sostenido a lo largo de veinte años una estrecha colaboración con la policía política del régimen comunista polaco. Había sido reclutado cuando tenía veinte años de edad y estudiaba en la universidad de Lublin. Pretender discernir las razones últimas o las circunstancias personales que favorecieron la senda de deslealtades en la que el prelado daba sus primeros pasos es, en última instancia, una encuesta menor. La tragedia no radica en las debilidades del sacerdote, sino en la ilimitada impunidad con que un Estado totalitario puede violentar las conciencias, en los perversos mecanismos que pueden volver a un hombre de revés.

El gran acto de prestidigitación consiste en que la víctima se transforme en verdugo (delator), iniciando una infinita espiral de roles intercambiables. La destreza consiste en masificar la culpa, diluirla en las innumerables máscaras que se presienten por doquier. La oscura solidaridad del miedo convierte a todos en presuntos culpables de delación en una sociedad en que todos se sienten delatables.

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Gottfried Benn quizás constituya uno de los mejores ejemplos del trágico destino de un escritor sometido a las furias de su tiempo, víctima y culpable de una de las dos grandes ideologías del consentimiento (Camus) del siglo XX. Autor consagrado antes de la ascensión al poder del nacionalsocialismo su vida pública se vio degradada y su imagen de renovador de la poesía alemana, que había entusiasmado a los jóvenes escritores, quedó afectada por la doblez de su conducta esquizofrénica ante el poder nazi.

Milosz, en el esfuerzo que realiza por encontrar una explicación al consentimiento infame de la mayor parte de sus contemporáneos, procura inventariar una serie de circunstancias que facilitan la comprensión, no la justificación, de aquellos comportamientos. El premio Nobel polaco señala el temor de algunos escritores de "desaparecer" de la vida literaria si son considerados tibios, la angustia de no ver reproducidos sus libros, de fundirse en la impalpable no-existencia de los fantasmas públicos, el peligro que se cierne sobre sus familiares; pero también alude al miedo físico, a no soportar el dolor, al igual que tener que padecer humillaciones sin límite (por ejemplo exponer públicamente la identidad sexual "anormal" que muchos esconden). Es posible que sobre el poeta alemán pesaran algunas de estas circunstancias.

Gottfried Benn, como sucede a muchos otros escritores, arrastraba en 1934 el pecado original de su propia obra. Inserta en el expresionismo, la escritura de Benn es asimilada por la crítica nazi a la de "los desertores, presidiarios y delincuentes", y expulsado de la Union nationaler Schriftsteller (Unión de Escritores Nacionales), además de ser imputado de "judío". Todavía en 1936, en la revista oficial de las SS, Das Schwarze Korps, Benn es acusado de "cerdo" (el afán por rebajar al otro a la condición animal es común al totalitarismo nazi y comunista; "gusano", ya se sabe), "marica" (la identidad sexual como arma arrojadiza y denigratoria, común también a ambos; consúltense los números de la revista Mella de la Unión de Jóvenes Comunistas), "judíos" (confirmar en el léxico cubano de la época los términos "contrarrevolucionario", "vendepatria", "blandengue"...), "comunista" (versión cubana: la adscripción a cualquier manifestación religiosa). La poderosa mano de Joseph Goebbels dirigía el coro de los críticos nazis, que hoy nadie recuerda, que se cebaban en la ambigüedad de Benn.

Ser señalado por una revista que expresaba la opinión oficial del poder no era cosa de juegos. A algunos los llevaría al cadalso. Y Gottfried Benn se inclina ante sus verdugos, cae en la trampa de extremar su justificación de "ario puro", hace público su rechazo de los escritores comunistas y se confesaría -en respuesta a una amarga carta que el joven Klaus Mann le dirigiese a nombre de la juventud alemana en el exilio- entusiasta de un momento en que se producía "una auténtica renovación del pueblo alemán, que hallaría la salida del racionalismo, del funcionalismo y del entumecimiento "civilizatorio"", para concluir "lo que el Partido Socialista no pudo conquistar para la clase trabajadora, se lo ha dado esta nueva forma nacional de socialismo: un sentido vital que los empuja".

Lo terrible es que nunca lo perdonaron. Forzado o consentidor por debilidad al "arrastramiento perruno de su inteligencia" Gottfried Benn debió aguardar por la derrota del Tercer Reich para, lentamente, recuperar su dignidad.

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"BRUTO: Antonio no es más que un miembro de César.
¡Seamos sacrificadores, Cayo, pero no carniceros!"

SHAKESPEARE, Julio César

La fugaz aparición en la televisión cubana de Luis Pavón, seguida de la de Serguera, director de la TV por la misma época en que el primero dirigía el Consejo Nacional de Cultura -segunda mitad de la década del sesenta-, ha desatado los demonios reivindicativos de la ciudad letrada insular, continuada en los ecos varios que resonaron en el exilio.

Se trataba de poner en claro, con treinta años de retraso, las perversas consecuencias de la política cultural ejecutada por el funesto funcionario, y que descansaba, y continúa descansando, en lo que Milosz llamó "sojuzgamiento del espíritu", en la violentación de la conciencia que sufrió el prelado Wielgus y en el "arrastramiento perruno de [la] inteligencia" que debió padecer Gottfried Benn. Todo un catálogo de humillaciones y penalidades que incluyeron los campos de concentración de las UMAP, la cárcel, el suicidio, la expulsión de la universidad y del trabajo, y el forzado lanzamiento al exilio en los casos más graves; una prolongada y dolorosa exclusión de la vida pública y profesional debieron soportar aquéllos con los que el régimen mostró una menor crueldad. Pero aún quedaron, temblorosos sobrevivientes, los que disimularon la miseria de la historia, los que en silencio debieron soportar la vergüenza a la que toda la clase intelectual y artística era sometida.

La infamia nos impregnaba a todos. A nadie amparaba que la razia se encubriese en la homofobia, la persecución religiosa, el rechazo al movimiento reivindicativo negro de su identidad cultural, el castigo a la debilidad ideológica, el desprecio a la escritura hermética, el acoso de la crítica incómoda, la condena de la tibieza revolucionaria, la penalización, en fin, de la otredad, en cualquiera de sus manifestaciones.

La sociedad literaria y artística cayó en un estado generalizado de presunta culpabilidad. Unos ocultaron su vergüenza en una pasividad opresiva, otros supieron aprovechar de manera oportunista la paralización de los mejores y, por fin, por supuesto, no faltaron los cómplices, los que justificaron, denunciaron y acosaron.

La selección de Luis Pavón (1930) para que hiciera el trabajo sucio no fue casual. Se escogió para la jefatura del Consejo Nacional de Cultura a una persona que ni por su cultura ni por una destacada posición política respondía a las responsabilidades del cargo. Pavón era un menesteroso cultivador de la poesía, digamos, épica, con un libro perfectamente prescindible, publicado en 1960 (en 1967 publicaría el segundo). Su militancia política se había alimentado en las filas del Ejército. Pero era un joven flexible que cultivaba el peculiar género de la ambición que desborda al afanoso. Quizás fuera esta falta de condiciones lo que favoreciera su nombramiento. El régimen deseaba un ejecutor gris, alguien fácil de olvidar después del crimen. Ninguna virtud singular permitiría su perseverancia en la memoria pública. Como en el Ejército debió aprender una cierta disciplina, estaba dispuesto a obedecer. Tampoco creo que fuera excesivamente perverso. Su conciencia debió acogerse a la obediencia debida. Los jerarcas del régimen habían encontrado el rostro, el instrumento desechable y, como al Golem, lo echaron a andar. En ello, hay que reconocerlo, fue escrupuloso. Fue la primera vez que lo traicionaron.

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"José Martí"

Damaris Betancourt. 2005

Sumario

Este Lunes

Política y religión en Cuba en los siglos XIX y XX

Leonel A. de la Cuesta

Discurso en defensa de Pavón

Pío E. Serrano

Notas (para una conversación) sobre la diáspora cubana

Jorge Luis Arcos

La isla numerosa

Luis Manuel García

Desventuras de la "conciencia crítica" en la Cuba del "sí"

Duanel Díaz

La Rebelión de los Enfermos

Carlos A. Aguilera

Lunes de Revolución y la Revolución de Lunes

William Luis

Noticias sobre el día después. Primera parte: La isla

Ladislao Aguado

Gastón Baquero, conciliador y discrepante

León de la Hoz

Otro lunes Conversa

Con José Lorenzo Fuentes

El hombre tranquilo

No hay última vez

Cuento inédito de J. L. Fuentes

Punto de mira

Exilio: ¿ruptura o continuidad?

Antonio Álvarez Gil

Armando de Armas

Joel Franz Rosell

Odette Alonso Yodú

Ricardo Ortega Nápoles

Cuarto de visita

"La humanidad tiene un contrato de fe"

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Palabras de mujer

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