Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Mayo 2007. Antilde;o uno. Número uno

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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Noticias sobre el día después. Primera parte: La isla

Ladislao Aguado

Para el día que suceda la última de las muertes de Fidel Castro, Cuba será la misma isla en penurias que es hace décadas y tendrá por delante, todos los conflictos que provoca la intemperie que dejan las dictaduras. Sobre todo aquéllas que, como la cubana, se ocupan de llevar a su población a un lamentable estado de carencia, sueños truncados y una peligrosa necesidad de bienestar.

Para los cubanos nacidos a partir de 1959, la vida tiene la forma de la miseria, la escasez, la abulia, y también de la idea que las justifica. Los Estados Unidos, los ciclones, la sequía, el comercio desigual, el capitalismo, incluso, la ineptitud de los antiguos soviéticos -durante los años del CAME-, para fabricar objetos de consumo, ligeros, hermosos, duraderos, han servido para crear en la población cubana una mentalidad de bienestar insatisfecho, al tiempo que la ha sometido a una subsistencia en los márgenes, diferente, peor vestida, hacinada, con demasiada hambre, encubierta por la estridencia de la música, las maniobras de huída, el clamor de los desfiles y los eslóganes, los sueños del día por venir, las medallas de los atletas, los maestros y médicos por el mundo.

Esta descripción podría tomarse por una desfiguración de un país que también tiene clases seudoprósperas, amplias avenidas, hoteles de lujo y casas residenciales, y educación y salud gratuitas, y los niños cantan Barquito de papel, mientras esperan la oportunidad de ahogarse en el Estrecho de la Florida. Puede parecer que exagero, que pinto gris el futuro, que una vez abierta la brecha de reconstrucción, la memoria nacional olvidará de la noche a la mañana este último medio siglo, y pintará las fachadas carcomidas de sus casas, limpiará las calles hollinadas, retirará de los recuerdos la traza de las consignas y un bienestar como el de Puerto Rico o Singapur premiará nuestra paciencia insular. Perdonen que me ría.

Bajo la mesa donde se cortará el pastel de los poderes, una masa de once millones de seres hambrientos de prosperidad reclamará entre sí, su ración de migas. El futuro cubano, al menos durante los primeros quince años, como sucedió en Rusia, servirá para la venta de baratijas del alma, drogas de olvido y remedios contra las enfermedades del desconsuelo. Democracia no construiremos, al menos, de momento. Tampoco nunca nos ha hecho falta. En la breve historia nuestra, hay de todo, menos consenso. Eso, nunca. El respeto al prójimo, a las instituciones, a los fondos públicos es cosa de débiles, de gente poco lista, de alelados por los fríos europeos. Robaremos, traficaremos, joderemos al más cercano y al lejano también, y si podemos, intentaremos como hasta ahora, salvarnos nosotros y salvar a los nuestros, y el resto, allá ellos.

Quizás sigo exagerando. Y esta descripción parece alejada de las bondades de hospitalidad y espíritu fraterno que caracterizan al pueblo cubano. Y me engaño al creer que los odios están guardados al fondo de los escaparates, tras las imágenes de los santos, bajo las almohadas de todas las noches. Y con suerte, nos volvemos mansos, nosotros que siempre hemos sido fieras, y nos perdonamos los unos a los otros, se nos olvidan las muertes, las delaciones y el cabrón que nos rompió la vida. Hacemos como la España post Franco y civilizadamente, decimos, hasta aquí y un abrazo y un beso en cada mejilla y ahora a trabajar juntos para salir del hueco donde nos sembró el anciano líder. Pero no lo creo. Esta tesis es un invento de los políticos para tranquilizar a la opinión pública, granjearse la confianza de los gobiernos y la lealtad de los inversores. Y a esto en Cuba se le llama un tango.

Luego de medio siglo (y exagero, son sólo cuarenta y ocho años) de Revolución, la mentalidad nacional ha cambiado. De ello se han ocupado las escuelas en el campo, los programas ideológicos del Partido, los medios de prensa, la metodología marxista-tropical de la educación, y entre todos, como la fuerza grande la Patria, han dejado sin potestad las antiguas, débiles y atávicas creencias cívicas que persistieron en el comportamiento poblacional hasta que la vida moderna y el hambre hicieron el resto y robar se convirtió en resolver, traficar en ir escapando y la noción del delincuente en alguien mejor equipado que los demás para la sobrevivencia. La prostitución se extendió como una alternativa poderosa frente a la desolación y los padres comenzaron a ver con buenos ojos, aliviados ante las preocupaciones del futuro, la bondad con que los sexagenarios extranjeros acariciaban a sus hijas adolescentes, los preparativos de la salida, la llegada de un próximo pretendiente ante el abandono o la muerte imprevista del anterior. La lozanía puesta al servicio de la familia, qué menos.

La posibilidad de obtener divisas a cambio de sexo se ha convertido en el día a día cubano en una puerta de sobrevivencia para hombres y mujeres. Y de este punto, en un tipo de actuación social, casi, en una ideología de la subsistencia y el glamour trópico-socialista. El día que las estructuras de control de la dictadura desaparezcan ¿la prostitución disminuirá? Personalmente, no lo creo así. La peligrosa necesidad de bienestar seguirá encontrando en el comercio sexual una vía efectiva de consecución. Y así lo demuestra la experiencia de los países de Europa del Este, actualmente los exportadores por excelencia de mujeres a las casas de citas, moteles de carreteras y clubes nocturnos de la Europa Occidental.

Pero intentando evitar el pesimismo, que la mentalidad nacional haya cambiado, quizás a muchos líderes de la oposición, sobre todo la exterior, se le hace coyuntural. Un mero accidente que no tendrá mayor repercusión cuando comiencen las grandes fiestas de la libertad, es decir, el día que suceda la última de las muertes de Fidel Castro, y sobre una amplia mesa comience el troceo de feudos en el gran pastel en que se convertirá el poder en la Isla. Muchos se muestran convencidos de que un aluvión de mejoras de vida, de oportunidades de inversión y empleo, y de las infraestructuras nacionales será suficiente para apaciguar los ánimos, los estigmas dejados por la dictadura. No faltaba más. Ahí está el ejemplo de Chile: prosperidad, democracia, e incluso, la izquierda en el poder. Los cubanos no somos diferentes, y también podemos conseguirlo, insisten.

Más bien, diría yo, nos traicionan las realidades, incluidas las geográficas. Cuba es una isla alargada de 1250 Km. de largo que, colocada a noventa millas de los Estados Unidos, traza un gracioso paréntesis abierto (y bocabajo) al sur de la Florida. Y además, tiene una profusa cayería a su alrededor. Lo que convierte al archipiélago en el paraje idóneo para el tráfico de droga hacia Norteamérica, sitio de descanso de sus transportistas y excelente ubicación para las transacciones comerciales de todo tipo. Y en ello deben estar pensando los cabecillas del negocio de la droga, mientras imaginan el paraíso que llegarían a construir a la memoria de Meyer Lansky: drogas, sexo y juego. La Isla como el mejor de los trampolines de la mercancía hacia los gringos. Un clima excelente, hermosas mujeres, la gente afable, hospitalaria y encima, con esa necesidad de bienestar, esa ansia acumulada de volver al mundo, de perderse en él, de padecer las inclemencias del capitalismo, los automóviles, dicen, las tiendas, dicen, los aviones, dicen, las casas, dicen; y mientras, los capos miran un mapa y los pobladores de la Isla contemplan con ojos extasiados las fotografías que sus familiares les envían desde Miami, Orlando o Madrid.

A lo mejor, dicho en mexicano, a los capos les vale madre la posición geográfica de la Isla y se contentan con las vías de tráfico usadas hasta ahora. Esto, aunque improbable, quizás sea plausible creerlo. Pero estoy convencido, que quienes no lo pasaremos por alto seremos nosotros. Y a la primera oportunidad, el Meyer Lansky de turno tendrá su hombre en la Habana, y les parecerá increíble a ambos la de cayos y canales con que cuenta el archipiélago, la inmensidad de playas sin explotar, y lo bien que viajan con el sol tropical, los vientos alisios y los paisajes con mar y palmeras, el sexo, la droga y el juego.

De otra parte, la Cuba de hoy posee un aparato militar calculado en 500 000 efectivos aproximadamente. 500 000 efectivos armados y que de la noche a la mañana se encontrarán que el país no tiene -ni nunca tuvo, valga aclararlo- una infraestructura económica, como para permitirse el gasto que semejante ejército genera. Y el camino a seguir, caso que optemos por la sensatez como modelo de gobierno, será el paso a la vida civil de esa masa potencialmente productiva. De hecho, muchos analistas insisten en creer, que la integración de los militares a la vida civil se desenvolverá sin mayores contratiempos. Aquí, divido mis opiniones. Estoy de acuerdo con la tesis de que los técnicos militares pueden encontrar un espacio de desarrollo en las nuevas estructuras económicas y que muchos hallarán sitio en agencias de seguridad y vigilancia. Sin embargo, hay que contar que no todo el ejército cubano tiene las mismas características. Y dudo que esa masa de policías acantonados en todas las esquinas de la isla, sin mayor instrucción educacional, y acostumbrados a infundir el miedo entre la población, se decante por labores que hasta ahora les son ajenas y que los desnudan de su potestad represiva. Disculpando las individualidades, me inclino a considerar, que estas fuerzas cebarán las mafias, las pandillas de asalto y los mercenarios de media Latinoamérica. Esto, sin contar que más del setenta por ciento de la población ha disparado un arma de fuego alguna vez y que el noventa por ciento de los hombres cubanos ha pasado, al menos, un año de servicio militar. Lo cual, nos deja listos para cuantas guerras estén por venir. Guerras propias y guerras ajenas, como hasta ahora ha sido.

No habrá democracia, al menos, durante muchos años. Cincuenta años de miseria son demasiados años. Y la peligrosa y urgente necesidad de bienestar, una vida nacional entera sin construir nada parecido, no lo permitirán. Los cubanos somos antidemocráticos por antonomasia. Los cubanos somos vividores por naturaleza. A los cubanos no hay quien nos ponga un pie delante en los negocios. El futuro de la Isla es nuestro. Las posibilidades de inversión son infinitas. El dinero correrá a mares. Falsificaremos lo infalsificable. Traficaremos con Dios y sus milagros. Venderemos hasta la ilusión. Y saldremos adelante, como hasta ahora. Pero no habrá democracia. Mucho business, sí, y putas y mariquitas y cocaína y marihuana y volverán los ciudadanos del mundo a emigrar a Cuba y los salones de juego, las peleas de gallo, el robo, las mafias. La tara nacional de la idea de la fuerza, la vejación y el rechazo al débil, la preocupación de la ventaja sobre el prójimo, la confusión ideológica de unas acciones en otras (robar por resolver) nos asiste siempre, como una actitud ante la vida.

El día que suceda la última de las muertes de Fidel Castro y la dictadura llegué a su fin, entonces, sabremos el tamaño inmenso del daño que nos hizo.

Otra Opinión

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Final de viaje y otros sones

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"José Martí"

Damaris Betancourt. 2005

Sumario

Este Lunes

Política y religión en Cuba en los siglos XIX y XX

Leonel A. de la Cuesta

Discurso en defensa de Pavón

Pío E. Serrano

Notas (para una conversación) sobre la diáspora cubana

Jorge Luis Arcos

La isla numerosa

Luis Manuel García

Desventuras de la "conciencia crítica" en la Cuba del "sí"

Duanel Díaz

La Rebelión de los Enfermos

Carlos A. Aguilera

Lunes de Revolución y la Revolución de Lunes

William Luis

Noticias sobre el día después. Primera parte: La isla

Ladislao Aguado

Gastón Baquero, conciliador y discrepante

León de la Hoz

Otro lunes Conversa

Con José Lorenzo Fuentes

El hombre tranquilo

No hay última vez

Cuento inédito de J. L. Fuentes

Punto de mira

Exilio: ¿ruptura o continuidad?

Antonio Álvarez Gil

Armando de Armas

Joel Franz Rosell

Odette Alonso Yodú

Ricardo Ortega Nápoles

Cuarto de visita

"La humanidad tiene un contrato de fe"

Entrevista al escritor albanés Arian Leka

Amir Valle

La serpiente de la casa

Fragmento de novela de Arian Leka

Unos escriben

Guillermo Vidal

Otros miran

Damaris Betancourt

En la misma orilla

Omisiones, olvidos

Félix Luis Viera

Conjuro para fundir la nieve...

Katherine E. González

¿Seremos famosos Pepe?

Francis Sánchez e Ileana Álvarez

Escrito sobre el hielo

Alberto Rodríguez Tosca

Introducción de Juan Manuel Roca

Poemas

Libre-mente

Cuba: la escritura carcelaria

Rafael E. Saumell

Recycle

Los impedimentos de la literatura

George Orwell

De lunes a lunes

Carta abierta de Enmanuel Tornés

Carta de Santo Domingo

Librario

Pallá y Pacá

Mario G. de Mendoza

Fantasía roja

Iván de la Nuez

Todos los buitres y el tigre

José Luis Arzola

Palabras de mujer

Olga Connor

Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 686 111 523. info@otrolunes.com
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