Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Mayo 2007. Antilde;o uno. Número uno

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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Cuba: la escritura carcelaria

Rafael E. Saumell

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¿Existe una literatura cubana, posterior a 1959, escrita desde la cárcel, por expresidiarios o sobre el tema de la cárcel? Por supuesto que sí. Hay poemarios, cuentos, novelas, narraciones testimoniales, ensayos y por lo menos cuatro filmes bien conocidos: Conducta impropia (1984), de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal; Nadie escuchaba (1987), de Néstor Almendros y Jorge Ulla, 8A (1992) de Orlando Jiménez Leal, Before Night Falls, (2000), de Julian Schnabel, basado en Antes que anochezca (1992) del narrador Reinaldo Arenas. Claro está, ninguno de esos textos circula libremente en las librerías, bibliotecas y salas de cine en Cuba. Las copias existentes pasan de mano en mano y de forma clandestina entre los lectores y espectadores. El código penal en vigor sanciona con privación de libertad a quienes posean y distribuyan lo que las autoridades califican de "propaganda enemiga". Las penas para los infractores oscilan entre uno y ocho años y llegan a alcanzar hasta quince si a alguien se le ocurre divulgarlas a través de los medios de difusión masiva. En 1999, la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó la Ley 88 de Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba, "ley mordaza", para penalizar a quienes divulguen información contraria a los intereses del gobierno.

En realidad las leyes son bien severas cuando se trata de expresiones, artísticas o no, que cuestionan la línea de pensamiento oficial. La misma Constitución de 1992 se encarga en los artículos treinta y nueve y cincuenta y tres de limitar las opiniones y el contenido de las obras, respaldando exclusivamente aquéllas que alaban el régimen. Se trata de un permiso jurídico para aplaudir pero no para disentir. Desde el punto de vista histórico las primeras muestras literarias que tratan el tema de las prisiones fueron producidas por la generación de presos políticos que empezó a poblar las penitenciarías desde el mismo año cincuenta y nueve. En esa categoría caben diferentes corrientes políticas e ideológicas que muy temprano se opusieron a los rumbos trazados por Fidel Castro. Entre ellos podemos mencionar a antiguos militares y civiles ligados a la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1959), revolucionarios que se enfrentaron a la forzada marcha hacia el socialismo de corte marxista-leninista, campesinos y guerrilleros del Escambray, representantes de grupos armados del exilio, agentes de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos y miembros de la Brigada 2506 que desembarcaron en Bahía de Cochinos, Playa Girón, en 1961.

Por el hecho mismo de que Castro y su círculo han logrado mantenerse en el poder absoluto por casi medio siglo, sus oponentes han variado con el paso del tiempo y de las circunstancias internas y externas. A mediados de los sesenta, antiguos militantes del primer partido comunista -fundado en 1925- que no se sumaron a las directivas de Castro, fueron encarcelados y enjuiciados en un proceso que se dio a conocer como la micro-fracción. Notables líderes como Aníbal Escalante cayeron en desgracia. En esa misma etapa el Ministerio del Interior y el de las Fuerzas Armadas abrieron los campamentos de trabajos forzados conocidos como Unidades Militares de Ayuda a la Producción, UMAP, adonde remitían a homosexuales, disidentes y personas en general consideradas como desafectas por el gobierno.

En los setenta, el presidio político continuó creciendo incansablemente. Fue el turno de los intelectuales. El famoso "caso Padilla" en 1971 fue el más sonado, aunque en ese decenio ingresaron a las cárceles personas acusadas y sancionadas por haber cometido delitos de opinión o por intentar asilarse en sedes diplomáticas. Basta mencionar al narrador Daniel Pérez, al poeta y dramaturgo René Ariza y al también poeta Esteban Cárdenas para dar tres ejemplos concretos. Detrás de los barrotes iban a parar también aquéllos que trataban de abandonar la isla por el mar, ya sea mediante la categoría de "lancheros" -usaban botes privados- o de "piratas" -porque intentaron apoderarse de embarcaciones gubernamentales, naves marítimas o aéreas.

Durante los ochenta, y a raíz del éxodo del Mariel, el Ministerio del Interior bajo las órdenes de Castro protagonizó redadas en las cuales cayeron campesinos vinculados al mercado libre, artesanos y artistas que exhibían y vendían sus obras en la Plaza de la Catedral de La Habana, activistas por los derechos humanos, campesinos contrarios al plan de cooperativas, escritores, etc. El decenio cerró con el arresto, enjuiciamiento y fusilamiento de notables oficiales de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior (1989). La década siguiente prosiguió por los mismos fueros y culminó en la primavera de 2003 con el arresto de periodistas independientes y miembros de diferentes entidades opositoras.

Grosso modo, el balance represivo en más de medio siglo resulta abrumador, aún sin considerar los casos de discriminación, hostilidad y abusos cometidos contra miles de ciudadanos por la mera razón de no sumarse a las consignas ni a las tareas exigidas por el partido único. Me refiero a los campesinos desplazados de una provincia a otra (de Las Villas a Pinar del Río) para anular la base de apoyo a las guerrillas del Escambray ("Plan Sandino"); los obreros y empleados separados de sus puestos de trabajo tan pronto manifestaban intenciones de abandonar el país; los estudiantes purgados de escuelas y universidades porque sus conductas políticas o sexuales no se ajustaban a la moral revolucionaria; los escritores y artistas condenados al ostracismo por no estar suficientemente comprometidos.

A estas alturas, habrá llamado la atención el hecho de que no haya mencionado aún el asunto de las ejecuciones. Fuera de Castro y de su entorno más íntimo, nadie sabe a ciencia cierta cuántas personas han sido fusiladas en Cuba durante los pasados cuarenta y ocho años. A los lectores incrédulos, los invito a revisar diferentes códigos penales de Cuba, los de 1979 y 1987, para que comprueben cómo la pena de muerte abunda en los llamados delitos contra la seguridad del estado en comparación con los comunes. Los cálculos más discretos sobre la cantidad de fusilados siempre oscilan entre dos y cinco mil. En algún momento del futuro, cuando sea posible el acceso a los archivos secretos, podrá conocerse la verdadera cifra. Los últimos pasados por las armas, Lorenzo Enrique Copello Castillo, Bárbaro Leodan Sevilla García y Jorge Luis Martínez Isaac (2003), fueron tres jóvenes que trataron de apoderarse de la lancha "Baraguá", empleada para hacer la travesía desde el Muelle de Luz en la bahía de La Habana hasta el puerto de Regla.

Sin embargo, y a diferencia de las dictaduras de derecha, en Cuba no hay "desaparecidos" en el sentido en que ese término se aplicó a las víctimas asesinadas por juntas militares. Las violaciones de los derechos humanos tienen lugar en el marco de la titulada "legalidad socialista", donde policías, jueces, carceleros y sepultureros tienen un mismo empleador. Tal es la diferencia entre gobiernos autoritarios y totalitarios. En el primer caso, y a pesar de los generales derechistas y sus sicarios, aún perduran jueces y abogados independientes, digamos la "Vicaría de la Solidaridad" o "Las madres de la plaza de Mayo" en Chile y Argentina, respectivamente. En Cuba, sin embargo, no hace falta lanzar un cadáver al mar ni arrojarlo al abismo desde un helicóptero. Existen las fosas comunes para los sancionados a muerte y, si son "contrarrevolucionarios", ni seña de la tumba donde se hallan los restos. En la apariencia de acatamiento a las "leyes socialistas" vigentes, el policía, el guardia de prisiones y los soldados del pelotón de fusilamiento no tienen necesidad de desaparecer los cuerpos.

Ni qué decir de los medios de información (radio, televisión, prensa plana y ahora la red de internet e incluso las computadoras), sometidos a la vigilancia y a la censura. Ese poder vertical y rigurosamente manejado asegura que los reos de la policía política sean siempre presentados a la opinión pública como "lacayos del imperialismo yanqui, soldados de fortuna de los intereses más espurios y fabricantes de grupúsculos integrados por cuatro gatos a los que el pueblo debe aplastar como cucarachas". En ese contexto, nadie debe asombrarse de que en todos los juicios se les halle culpables y sean sancionados sin piedad. En las prisiones los abusos cometidos por los guardias son estimulados por el poder político. Basta repetir que Castro, en sus intervenciones públicas sobre el tema, siempre se jacta al decir que nunca ha habido una sola violación de los Derechos Humanos.

Cuando ocurre un acto espontáneo de disidencia, como el de la Embajada del Perú en abril de 1980, la tendencia del Gobierno, de sus cuerpos represivos y de la prensa bajo su mando, consiste en presentarlos bajo la luz de acciones contrarrevolucionarias emprendidas por una minoría (recuérdese el prefijo "micro" usado contra los comunistas del sesenta), a las cuales se enfrenta el pueblo "indignado" mediante manifestaciones masivas, patrocinadas por el sistema a través de las únicas organizaciones (sindicatos, comités de defensa, etc.) reconocidas por la Constitución. Así se manipuló el suceso inaudito de más de diez mil personas que decidieron hacinarse en el patio de la sede peruana, y de los cientos de miles que optaron por marcharse de Cuba en aquel período.

En esta etapa algunos disidentes fundaron las primeras organizaciones informales dedicadas a monitorear el comportamiento de las autoridades en materia de derechos humanos. En la primera mitad de los ochenta todos pararon en la cárcel. No obstante, el impacto local de las políticas de "perestroika" (reestructuración) y "glásnot" (apertura) en la Unión Soviética influyó en la excarcelación de la mayoría de ellos. Desde las calles de La Habana continuaron sus actividades y se reunieron con la prensa extranjera y representantes del cuerpo diplomático para describirles lo que sucedía en las cárceles y demostrarles que los cubanos carecen de libertades civiles mínimas. Asociaciones como Amnistía Internacional, Americas Watch (Human Rights Watch), Of Human Rights, Freedom House, la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y Reporteros sin Fronteras se hacen eco de estos temas y prueban que el gobierno de Castro es un sempiterno transgresor de los conceptos democráticos.

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"José Martí"

Damaris Betancourt. 2005

Sumario

Este Lunes

Política y religión en Cuba en los siglos XIX y XX

Leonel A. de la Cuesta

Discurso en defensa de Pavón

Pío E. Serrano

Notas (para una conversación) sobre la diáspora cubana

Jorge Luis Arcos

La isla numerosa

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Desventuras de la "conciencia crítica" en la Cuba del "sí"

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Cuba: la escritura carcelaria

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Los impedimentos de la literatura

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De lunes a lunes

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