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El impacto de Rayuela
La aparición de Rayuela en 1963 fue un acontecimiento decisivo. Con característica hipérbole, Carlos Fuentes llamó a Cortázar el Bolívar de la novela hispanoamericana: título si bien excesivo, eficaz en su síntesis. Después de Rayuela las estructuras externas e internas de la novela en nuestra lengua ya no serán las mismas. El libro de Cortázar no sólo cuestiona la forma de contar una historia, volviendo al lector consciente no sólo del orden de la lectura (véase el "Tablero de dirección") sino también del acto de leer mismo. AI discutir en muchos de los "Capítulos prescindibles" la operación de escritura que la novela implica, Cortázar convierte al lector en "cómplice", y Io obliga a sobrellevar con él el peso de la creación de la obra. Cada lectura diferente del Libro es una nueva escritura del mismo. Aquí Cortázar aplica a la novela un principio que había insinuado sagazmente Borges en su relato "Pierre Menard, autor del Quijote", ya en 1939. Pero La renovación de Cortázar es también lingüística. Continuando los experimentos de Los premios, Cortázar trata en Rayuela de encontrar un tono para el habla argentina de sus personajes. En esta tarea, depende mucho el narrador de la obra precursora no sólo de Arlt, Biorges, Marechal y Onetti, sino también de una cierta concepción lingüística que tiene sus orígenes en los experimentos de Girondo en su libro En la más médula. De Rayuela, pues, arranca la novela del lenguaje. Pero quienes lo siguen habrán de ir mucho más lejos en las direcciones apuntadas por esta obra precursora.
Tres libros, publicados en la segunda mitad de la década del sesenta, reflejan de diversa manera el impacto de Rayuela. Son Cambio de piel (1966), de Carlos Fuentes, Conversación en la catedral (1968), de Mario Vargas Llosa, y El obsceno pájaro de la noche (1970), de José Donoso. Los tres son obras de narradores que de alguna manera todavía conservan adherencias importantes de una escritura realista a la que estuvieron dedicados en sus primeros libros. Pero en los tres, el impacto de las nuevas concepciones narrativas que hace circular Cortázar es muy evidente. El caso más claro es Cambio de piel. Aquí la historia de dos parejas que viajan hasta un pueblo mexicano, a visitar unas pirámides, se dobla de una historia simbólica de México y sus sacrificios humanos, y de otra historia no menos simbólica de los sacrificios humanos que constituyen los campos de concentración nazis. Pero el sesgo mítico de la historia es sólo uno de los niveles en que está compuesta esta vasta y algo abrumadora novela. En ella Fuentes explora también el lenguaje y su crisis en el mundo de la cultura pop que cubre como una lámina de brillante plástico las otras culturas que se superponen, piramidalmente y sin integrarse realmente, en el México de hoy. El lenguaje, sobre todo a través de los monólogos de un personaje que se llama el Narrador, es el protagonista de esta otra historia y de este otro cambio de piel de la sagrada serpiente mexicana.
En Conversación en la catedral, el diálogo es el instrumento básico de la narración; pero no se trata del diálogo sucesivo y cronológicamente ordenado de las novelas de Ivy Compton Burnett, o de su discípula francesa, Nathalie Sarraute. En Vargas Llosa el diálogo de dos hombres (amo y criado) en el bar que se llama "La Catedral" es, en realidad, un collage acronológico de diálogos. El autor no sólo transcribe el diálogo actual, real, de esos dos personajes, pero por asociación, analogía, reminiscencia, establece un montaje simultáneo de otros diálogos, de otras personas, en otros sitios. Sin abandonar el presente narrativo del diálogo en "La Catedral", Vargas Llosa atraviesa simultáneamente todos los tiempos de su historia y completa (en dos macizos volúmenes) un cuadro hablado del Perú en tiempos del dictador Odría. Aquí el nivel de experimentación con el lenguaje es más limitado que en Cortázar, o en Fuentes, pero la intención experimental es no menos explícita.
Con El obsceno pájaro de la noche, José Donoso abandona decisivamente esa superficie de realismo intenso y sobrio que había caracterizado sus dos mejores novelas (Este domingo, 1966, EI lugar sin límites, 1966) para internarse con toda audacia en la exploración de un mundo de pesadilla, de un universo totalmente onírico en que fragmentos brutales de realidad a la Valle Inclán o Beckett aparecen sepultados en una trama de alucinaciones, parodias, mitos y leyendas (falsas o reales) que se vuelven sobre sí mismas hasta impedir toda identificación segura de Novela que no sólo pone en discusión su propia narrativa y niega la existencia misma de sus personajes, El obsceno pájaro de la noche pone en cuestión el lenguaje sobre todo, para poder poner en cuestión al autor. Si Cortázar quería efectuar una operación de crítica en la conciencia del lector, Donoso intenta efectuar la misma operación (pero en llaga viva) sobre el autor. Es decir: sobre sí mismo. Libro enciclopédico (como el de Lezama, al que lo une una cierta cualidad de informe y a ratos delirante); libro confesional, El obsceno pájaro de la noche puede ser también leído como una gigantesca autobiografía no de los hechos de la vida de Donoso, sino de sus pesadillas, de sus angustias de la vigilia, de los sueños de la razón que (como descubrió Goya) engendran monstruos.
Hacia la nueva novela
Estas tres novelas marcan nítidamente el momento en que un grupo de narradores originariamente adherido al realismo, a pesar de toda su experimentación formal, buscan a través de estructuras narrativas y lingüísticas más libres alcanzar ese territorio que Paradiso, a su manera, y Rayuela sobre todo, como incitación y ejemplo, habían marcado tan seductoramente. Pero no es en estos intentos logrados de renovación de tres narradores mayores donde se puede encontrar la verdaderamente nueva novela, sino en las obras de quienes, al ir más allá de Lezama Lima y Cortázar, hacen avanzar la narrativa hispanoamericana por el camino de La total experimentación del lenguaje. En los libros de escritores ya consagrados como Guimarães Rosa, Guillermo Cabrera Infante y Manuel Puig o en otros aún discutidos como Severo Sarduy y hasta en la obra totalmente revolucionaria de Reinaldo Arenas, es donde se podrá encontrar esa nueva novela. A ella habrá que dedicarle un estudio por separado."
Nota de los editores