OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

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Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
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La lluvia que trajo el viento

Premio Celestino de Cuento 2009

 

Alcides Rafael Pereda

Odiaba a la lluvia
porque caía sobre mi alero
 y me despertaba,
odiaba al viento
que golpeaba mi puerta;
      pero tú llegaste.
Ahora amo a la lluvia
que te hace despojar
 de tus ropas mojadas
y amo al viento que cierra
mi puerta.

Poema Tradicional Chino

El Negro tardó en contestar antes de convencerse.

—¡Le tengo miedo!

El Capitán desde un inicio trataba de meter en razón a su protegido.

—¡No puedes negármelo!

El Negro sabía que no podía.

El Capitán lo había salvado de morir en la silla de tortura del famoso Rompehuesos, cuando estuvo involucrado con los rebeldes.

—¡Pero si sólo tienes que robarte un cuadro!

El Negro sintió un zapatazo en la rodilla y recordó los golpes de Rompehuesos.

—Está bien —contestó—, pero no quiero problemas.

Aún no estaba convencido. No entendía por qué el Capitán deseaba tanto que robase un cuadro viejo.

—No preguntes tanto que no te importa.

El Capitán le entregó un papel con la foto y el nombre del cuadro que debía robar.

Lo Que Trajo el Viento —leyó El Negro, y se marchó.

No fue difícil robarlo.

Mientras la dueña escuchaba radionovelas lo descolgó de la pared; y se lo llevó al Capitán hasta la acera dónde lo había dejado.

—Va a llover —comentó.

El Negro no le hizo caso.

—Parece… —contestó sin ánimo.

El Capitán lo dejó con la palabra en la boca y corrió a ver a la dueña del cuadro. Era una vieja de setenta años que vivía con su hermana y un perro. Cuando escucharon que alguien tocaba la aldaba, los tres corrieron a abrirla.

¡Oh Capitán, Mi Capitán! —exclamaron.

La vieja y su hermana se le abalanzaron.

El Capitán traía el lienzo amarrado al cuello.

—Les han robado otra vez. Aquí les traigo la pintura.

Las dos mujeres lloraban emocionadas. Le descolgaron la tela del cuello y lo obligaron a sentarse.

—Tienen que tener más cuidado —les dijo el Capitán —. Esta vez pudo ser un violador.

Ambas se persignaron.

—¡Qué el Señor no lo quiera!

El perro jugaba con una pelota que fue a dar a los pies del Capitán.

—Cerbero ya está viejo, mejor les compro un cachorro de pastor alemán.

La hermana saltó alarmada.

—¡No, que el gobierno nos multa!

El Capitán no entendía a la vieja porque estaba ocupado en sacarle unas pulgas a Cerbero.

—¿Qué?

—Me dijo una vecina que los revolucionarios van a matar a todos los perros cubanos y que van a sustituirlos por perros rusos.

La vieja buscó a Cerbero y lo abrazó muy fuerte.

—Yo no quiero que lo maten.

El perro gimió, y el Capitán aguantó la risa. Siempre que traía el cuadro las viejas lloraban porque creían que las iban a matar, a ellas y al perro. Como habitualmente hacía a esa altura de la tarde, El Capitán le quitó a Cerbero de entre las manos a la vieja, y lo puso en el suelo.

—Esas son idioteces  —dijo—, como cuando dijeron que se llevaban a los niños para Rusia.

—¡Pero sí se los llevaron! —aseguró la otra vieja.

—Para los Estados Unidos —corrigió El Capitán—, no para la Unión Soviética.

El Capitán salió al portal. Las viejas lo acompañaron.

Llevaban con ellas un paraguas para protegerlo del sol.

En la acera, El Negro estaba con la espalda apoyada a un poste eléctrico.

—¡Qué vida la de ese! —dijo una de las viejas mientras abría el paraguas.

—Los negros son todos iguales. Unos vagos —aseguró la otra.

A las viejas les molestaba la presencia de los negros.

—Pero si sólo es un muchacho —dijo el Capitán.

—Sí, pero tiene cara de ladrón. ¿Seguro fue un negro el que se robó el cuadro?

—No lo dudes —balbuceó la otra hermana.

—Señoras —intervino el Capitán—, pudo ser cualquiera. Incluso hasta un chino.

Cerbero ladró. Las viejas lo mandaron a callar.

—Los chinos no roban —dijeron—. Son comunistas, y los comunistas no roban… En cambio los negros no creen ni en su madre.

Al Capitán no le quedó otra alternativa que apoyar a las viejas.

El Negro fumaba y perdía el tiempo recostado contra el poste. No tenía remedio ayudarlo.

El viento de la tarde llegó golpeándolos en la cara.

—¡Qué viento! —dijo la vieja.

Cerbero volvió a ladrar.

—¡Cómo nunca! —contestó la hermana.

El portal se cubrió con las hojas de los árboles. La vieja entró a buscar una escoba para recogerlas.

—Enséñemelo.

—¿Qué cosa? —preguntó el Capitán.

—El cuadro —pidió la vieja—… No quiero que mi hermana piense que ya es hora de llevarme a un asilo.

El Capitán abrió el lienzo.

—¡Ya había olvidado lo hermoso que era!

—Es verdad —contestó la vieja—, ese cuadro me gusta mucho. Era el favorito de mi esposo.

—¡Un gran hombre!

—Y usted también —respondió la vieja, aduladora.

Caminaron hasta la sala. El Capitán enmarcó el lienzo y lo colgó. La vieja comenzó a cerrar las ventanas.

—¡Qué viento este!

Cuando miraron afuera se dieron cuenta que llovía. El Negro se mojaba tranquilamente.

—¡Lo que faltaba! —comentó la hermana.

Traía cuatro tazas de té. Puso tres encima de una pequeña mesa y la otra en el suelo. Cerbero se acercó y comenzó a beber.

Lo Que Trajo el Viento, si hasta parece el título de un libro de poesía.

El Capitán celebró la idea.

—No. Mejor el título de una radionovela donde alguien regresa a vengarse.

—¡Ay sí! —suspiró la hermana—. Pero luego todo queda igual y se muere la protagonista.

Continuaron hablando toda la tarde.

El viento no cesó hasta bien entrada la madrugada.

La lluvia comenzó a inundar la sala y los obligó a buscar refugio encima de una mesa.

Al amanecer, El Capitán preguntó cómo era que les habían robado esa vez.


Alcides Rafael Pereda

(Holguín, 1985) Narrador y realizador audiovisual. Con El color del verano fue finalista del XIV Concurso de Cuentos La Gaceta de Cuba. Obras suyas para cine y radio han obtenido diferentes premios como el del Taller Nacional de Radio y Televisión, de la Ciudad de Holguín y del Festival Por primera Vez.

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Imagen de portada:

José María Merino

Fotografía

Sumario

Este Lunes

Las lenguas prohibidas

Rafael rojas

El flamenco y América Latina: un habla de ida y vuelta

Fernando Iwasaki

Condenado por tener hambre: Pánfilo, el estado peligroso y la situación de los cubanos negros

Leonel A. de la Cuesta

Contra la impunidad

Sanjuana Martínez

Por una nueva concepción de la Sociedad, el Estado y el Derecho cubanos

Faisel Iglesias

¿Quién es Herta Müller?

Esther Andradi

La nueva utopía: Un día sin mexicanos & A wonderful world

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

José María Merino

Otros miran

Gustavo Acosta

OtroLunes conversa

con Alejandro Aguilar

“No soy un escritor de academia”

con Alberto Chimal

“Renunciamos a nuestro libre albedrío para eludir responsabilidades”

con Lina de Feria

“No me arrepiento de nada”

con Manuel García Verdecia

“Nací en Marcané, en el batey de un central azucarero”

con Armando León Viera

“Viví diecisiete años como exiliado en mi ciudad natal”

con Juan Aparicio-Belmonte

“Mi fuerte no está en lo romántico”

Punto de mira

Ese imaginario llamado América Latina

 

Antonio Caballero
Antonio Skármeta
Eduardo Antonio Parra
Fernando Butazzoni
Javier Reverte
Leonardo Padura
Moacyr Scliar
César Verduguez

Cuarto de visita

Literatura Guaraní

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa
a cargo de Amir Valle

Volar y Casting

José Lorenzo Fuentes

Relatos

Radio Puente

Héctor Huerga

Fragmento de Novela

Porcelana

Mariela Varona

Relato

Cine y literatura

Ricardo Bada

La lluvia que trajo el viento

Alcides Rafael Pereda

Relato

La tragedia de Regina

Roberto Quesada

Relato

Hasta el fondo

Yoenia Gallardo

Relato

La marmita, de Poesía
a cargo de Alberto García-Teresa

Manual para niños rusos

Rolando Jorge

Poemas

Claudio Bertoni

Dama del exilio

Oscar Kessel

Haikus

Rafael Álvarez Rosales

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

El Caribe de Antonio Benítez Rojo

Ignacio Padilla, las búsquedas del presente

Las «cuatro estaciones» de Leonardo Padura

Elia Barceló y los mundos imaginarios

Recycle

La Revolución Cubana y el golpe en Chile: Jorge Edwards

Jorge Edwards

El Socialismo es Inviable, según las propias leyes de la Dialéctica Marxista

Roberto Álvarez Quiñones

De lunes a lunes

Anunciados en La Habana los Premios Alejo Carpentier y Nicolás Guillén

Actividades de cierre del 2009 en la editorial Iduna

Anatomía de un instante, de Javier Cercas, libro del año 2009 en España

Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge la poesía de Juan Antonio Villacañas

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Última rumba en La Habana

Fernando Velázquez Medina

Traiciones de la memoria

Héctor Abad Faciolince

Vivir en otra lengua

Esther Andradi

Los huéspedes

Rubén Sánchez Trigos

Invisible

Paul Auster

De mecánica y alquimia

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Un poco de crematística

Juan Valera

Una revolución pequeña

Juan Aparicio-Belmonte

Los últimos días de Michi Panero

Miguel Barrero

Comunión

Eloy M. Cebrián

Pero sigo siendo el rey

Carlos Salem

A cargo de Alberto García-Teresa

Semilla insólita

Lydia Zárate

Una mirada diversa

Xuan Bello

La pasión según Georg Trakl: Poesía y expiación

Hugo Mújica

Pájaro relojero. Poetas centroamericanos

Mario Campaña

Sustituir estar

Julián Cañizares Mata

Última función

Marcelo Uribe

La casa que habitaste

Jorge de Arco

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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