OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

Logotipo de la revista OtroLunes
Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
otrolunes.com >> Sumario >> En la misma orilla

Hasta el fondo

 

Yoenia Gallardo Rodríguez

La música de una   filarmónica anuncia la entrada del amolador de tijeras se acerca con piedra y carretilla a pleno sol de mediodía. Empuja suavemente el carricoche destartalado de tanto andar ya por estas calles irregulares. Sopla una y otra vez el instrumento musical, cuyo sonido sólo atrae a algún que otro niño. Estela recuerda que debe amolar su tijera. Vive de las costuras, y de lo que su hijo puede ofrecerle. Acude veloz ante el llamado del viejo que aliviado de haber encontrado a su primer cliente extiende la mano, y placenteramente pasa el objeto cortante por la piedra. Primero suave y luego va acelerando la rueda. Hace saltar chispas, luces y fragmentos de acero. Estela observa su rostro y el ceño fruncido, los pómulos salientes, la boca hundida y arrugada. El brillo que desprenden piedra y tijera se refleja en los ojos del viejo que presuroso por cobrar el dinero, deja caer todo el sudor sobre la madera oscura. Estela siente miedo de que se abalance sobre ella y  la haga pedazos con las puntas de la tijera que brilla frente a su rostro. Saca el dinero del bolsillo de la bata, lo tira sobre la carretilla y huye despavorida tijera en mano hacia el interior de la casa.

Hoy ha sido un mal día. Convidó a su hermana a ir al ginecólogo a causa de sus nauseas y desarreglos menstruales. Su hijo le aclara que puede ser la menopausia. Ella confía en él. Médico con título de oro. Siempre metido bajo sus faldas. Es lo único que tiene. El padre murió cuando era pequeño. Algún retrato le recuerda que tiene sus ojos y su sonrisa. Sin embargo la nariz perfecta y el cabello ensortijado son de ella, y eso la enorgullece. Lo que más le preocupa no es el desarreglo menstrual si no el problema de sus huesos, teme devenga en lupus eritematoso. El hijo le suministra una serie de medicamentos que él mismo le ha recetado. Ella cae a la cama completamente dormida.

Como si estuviera muerta. Él sale todas las noches. Después de darle sus pastillas. Se viste y va para la casa de la novia. Los dos se graduaron en la misma facultad. Hacen una bonita pareja. Ya comienzan los preparativos de la boda y sus padres la quieren ver salir de blanco. Pero a él lo que más le preocupa es la salud de su madre. La hermana mira a Estela con reproche. Sentada a la mesa de la consulta se pregunta por qué no ha confiado en ella. Por qué no le contó nada. Estela no comprende. Le dice al galeno que hay algún error. Y él sonriendo le explica que tiene algo menos de ocho semanas. Que el ultrasonido no miente. Estela sigue sin entender. Desde que su marido murió no ha estado con ningún hombre. Se despiden del doctor, y caminan cabizbaja por la acera. Estela pensando en que debe tener un tumor maligno, y la hermana, que siempre fueron una sola y ahora la ha defraudado. Van calladas. Mudas. Nada que preguntar. Nada que decir. Estela no deja de pensar en su tumor, en el tumor que crece, y piensa en Andrés el vecino al que le vende hielo en las noches. Andrés que sabe de su problema. Que ella cae a la cama como muerta.  Y no es capaz de escuchar el más estruendoso de los sonidos.  ¿Un  niño? ¿De veras una criatura viviendo dentro de ella? Ya no sabe qué pensar. Descarado, lo del hielo es solo un pretexto. Se aprovecha de la ausencia del hijo que aun piensa que sus dolencias son de la menopausia y nada más.

Esta noche no tomará las pastillas. Pedirá disculpas y después de venderle el hielo a Andrés fingirá tener mucho sueño y lo esperará despierta con la tijera bajo la almohada y cuando intente echarse sobre ella le descuartizará su cara regordeta y arrugada.

Hoy como todas las noches el hijo le ofrece los medicamentos y ella coloca las pastillas dentro del ajustador. Él se pone su pulóver blanco con rayas rojas, se despide con un beso y promete llegar temprano. Ella piensa cosa que nunca haces- y le acaricia el pelo ensortijado. Estela no tiene sueño. No tiene porqué tener sueño. Sus párpados se mantienen firmes y fijos hacia la puerta. Se sienta frente a la máquina de coser esperando que pase el tiempo. Ve con placer rodar la tela bajo la aguja. Termina un vestido que le encargara una vecina. Negro con florecitas en relieve y un escote bien descarado.  El tejido palpita bajo sus ojos. Piensa en lo que pasará: ese degenerado. Esta costura debe ser por dentro, para que no se vea. A nadie le gustan las chapucerías. Y Andrés que no viene por el hielo, viejo descarado, pervertido. El sonido del timbre la desconcierta. Tira el vestido a un lado y con temor y rabia abre la puerta. Ahí está con el jarro y el dinero. A Estela se le suben los colores a la cara y no lo manda a pasar como de costumbre. Va hacia el refrigerador y le echa el hielo en el jarro. Le cobra y le deja la puerta sin seguro. Fingirá dormir, y la tijera mutilará la cara del desgraciado. Se acuesta y sin pretenderlo se va  quedando dormida. Lucha, pero sus parpados caen, Andrés, demora demasiado. Ella piensa que quizás se lo ha olido el muy hijo de perra y no vendrá. El chirrido de la puerta la saca de su modorra. El corazón se le quiere salir. La luz no se enciende pero escucha los pasos que se aproximan. La puerta del cuarto se abre. En medio de la oscuridad no se divisa siquiera la silueta de Andrés, pero adivina su cuerpo feo y aplastado. Cierra los ojos y aprieta la tijera bajo la almohada. Se queda sin respiración cuando el otro cuerpo se desliza encima del suyo. Sigue con los ojos cerrados. No quiere ver el rostro babeante de Andrés sobre el suyo. Una mano la recorre toda. La despoja de las ropas, mientras las de él caen al suelo. Por un momento siente deseos de dejarse hacer, de sentir el placer de años atrás de  olvidarse y olvidarlo todo. Hace tanto que no experimenta una caricia, un beso, un orgasmo. Lo siente suave. La carne comienza a temblar. Lo desea, mas recuerda que debe terminar el hecho, y antes de que la penetre hunde con rabia la tijera en su espalda y escucha un gemido. Siente un líquido caliente y espeso que comienza a bañar su propio cuerpo. El de Andrés no se resiste y cae. Temblorosa palpa su rostro, la tersura de una piel joven, la barba recién salida. Pasa la mano otra vez por la cabeza de cabello ensortijado que resbala por sus dedos y luego palpa temblorosa la nariz fina y perfecta. Estela escucha nuevamente la música de la filarmónica que anuncia la entrada triunfal del amolador de tijeras. Lo ve abalanzarse sobre ella y hurgarle las carnes con las puntas recién afiladas.  Lo mira y su mano la apuñala destrozándole el abdomen. Se siente bañar por la sangre que brota con fuerza y empapa sus ropas, y otra vez el viejo punzándole las entrañas. Riendo. Mostrando su único diente dentro de aquella boca hundida y arrugada.


Yoenia Gallardo Rodríguez

(Holguín. Cuba. 1978).  Licenciada en Ciencias Humanísticas. Egresada del VI curso del centro de Formación Literaria Onelio jorge cardoso, La Habana, 2005. Ha obtenido, entre otros, los premios León de León, poesía, 2004; Premio Ángel Augier, cuento, 2004; Premio Ecos del Río, cuento, 2007 y Premio Juan Marinello, cuento, 2008.

Google Custom Search
Tamaño de letra:

Imagen de portada:

José María Merino

Fotografía

Sumario

Este Lunes

Las lenguas prohibidas

Rafael rojas

El flamenco y América Latina: un habla de ida y vuelta

Fernando Iwasaki

Condenado por tener hambre: Pánfilo, el estado peligroso y la situación de los cubanos negros

Leonel A. de la Cuesta

Contra la impunidad

Sanjuana Martínez

Por una nueva concepción de la Sociedad, el Estado y el Derecho cubanos

Faisel Iglesias

¿Quién es Herta Müller?

Esther Andradi

La nueva utopía: Un día sin mexicanos & A wonderful world

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

José María Merino

Otros miran

Gustavo Acosta

OtroLunes conversa

con Alejandro Aguilar

“No soy un escritor de academia”

con Alberto Chimal

“Renunciamos a nuestro libre albedrío para eludir responsabilidades”

con Lina de Feria

“No me arrepiento de nada”

con Manuel García Verdecia

“Nací en Marcané, en el batey de un central azucarero”

con Armando León Viera

“Viví diecisiete años como exiliado en mi ciudad natal”

con Juan Aparicio-Belmonte

“Mi fuerte no está en lo romántico”

Punto de mira

Ese imaginario llamado América Latina

 

Antonio Caballero
Antonio Skármeta
Eduardo Antonio Parra
Fernando Butazzoni
Javier Reverte
Leonardo Padura
Moacyr Scliar
César Verduguez

Cuarto de visita

Literatura Guaraní

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa
a cargo de Amir Valle

Volar y Casting

José Lorenzo Fuentes

Relatos

Radio Puente

Héctor Huerga

Fragmento de Novela

Porcelana

Mariela Varona

Relato

Cine y literatura

Ricardo Bada

La lluvia que trajo el viento

Alcides Rafael Pereda

Relato

La tragedia de Regina

Roberto Quesada

Relato

Hasta el fondo

Yoenia Gallardo

Relato

La marmita, de Poesía
a cargo de Alberto García-Teresa

Manual para niños rusos

Rolando Jorge

Poemas

Claudio Bertoni

Dama del exilio

Oscar Kessel

Haikus

Rafael Álvarez Rosales

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

El Caribe de Antonio Benítez Rojo

Ignacio Padilla, las búsquedas del presente

Las «cuatro estaciones» de Leonardo Padura

Elia Barceló y los mundos imaginarios

Recycle

La Revolución Cubana y el golpe en Chile: Jorge Edwards

Jorge Edwards

El Socialismo es Inviable, según las propias leyes de la Dialéctica Marxista

Roberto Álvarez Quiñones

De lunes a lunes

Anunciados en La Habana los Premios Alejo Carpentier y Nicolás Guillén

Actividades de cierre del 2009 en la editorial Iduna

Anatomía de un instante, de Javier Cercas, libro del año 2009 en España

Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge la poesía de Juan Antonio Villacañas

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Última rumba en La Habana

Fernando Velázquez Medina

Traiciones de la memoria

Héctor Abad Faciolince

Vivir en otra lengua

Esther Andradi

Los huéspedes

Rubén Sánchez Trigos

Invisible

Paul Auster

De mecánica y alquimia

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Un poco de crematística

Juan Valera

Una revolución pequeña

Juan Aparicio-Belmonte

Los últimos días de Michi Panero

Miguel Barrero

Comunión

Eloy M. Cebrián

Pero sigo siendo el rey

Carlos Salem

A cargo de Alberto García-Teresa

Semilla insólita

Lydia Zárate

Una mirada diversa

Xuan Bello

La pasión según Georg Trakl: Poesía y expiación

Hugo Mújica

Pájaro relojero. Poetas centroamericanos

Mario Campaña

Sustituir estar

Julián Cañizares Mata

Última función

Marcelo Uribe

La casa que habitaste

Jorge de Arco

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

Skype MeT!
OtroLunes. Revista Digital. Tlf: +34 644 469 467. info@otrolunes.com
  • Icono de XHTML 1.1 Válido
  • Icono de CSS 2.1 Válido
  • Icono de conformidad con el Nivel Doble-A, de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 del W3C-WAI
  • Conforme WCAG 1.0 Nivel AA - Revisado con HERA.
  • TAW. Nivel doble A. WCAG 1.0 WAI

Web optimazada para resoluciones de 800 x 600 píxeles o superiores y para los navegadores: Firefox 2, Internet Explorer 6 y 7, Opera 9 y Netscape 8.1 para PC y Firefox para Mac.