OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

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Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
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Traiciones de la memoria

Alfaguara, 2009
 

De traiciones y traicionados

por Laura García

El olvido es, ante todo, una forma de matar a las cosas, las situaciones, las personas. La memoria, por el contrario, preserva, cuida, resguarda, da vida a través del recuerdo. Uno lo ve así, facilito, y lo repite como si nada: «el olvido mata, la memoria preserva». Pero no. No es tan fácil. El olvido y la memoria son, por así decirlo, dos enemigos pequeños que se pelean a muerte en el corazón de los individuos y de las sociedades. Los humanos nos negamos a olvidar, pero el olvido nos acecha. Los humanos queremos recordar siempre, pero la memoria es esquiva, se escurre, se esfuma. A veces, cuando envejecen, los humanos olvidan cómo se llaman, qué cosas hicieron en su vida, por qué tienen que comer y beber, y entonces mueren en vida. A veces, los humanos presenciamos esa muerte en vida de otros humanos, producida por el terrible olvido, y nos prometemos que nunca en la vida vamos a olvidar a nada, ni a nadie. A veces podemos cumplir, a veces no.

El miedo al olvido es cosa seria y su principal aliado es la distracción, por eso los amantes  sufren cuando un día deben tomar distancia, porque temen a que uno de los dos se olvide del otro, se distraiga y borre de su cabeza primero el sentimiento y luego hasta el rostro del ser amado.

La memoria también es cosa seria; es tan terrible como el olvido, porque una buena memoria es capaz de respaldar toda una vida con sus cosas buenas y malas y uno a veces quiere olvidarse de lo malo, que se vaya, que no persista con su reaparición constante.

Hay personas expertas en recordarlo todo. Y las hay en olvidarlo todo. Algunos tienen una memoria prodigiosa y otros la tienen horriblemente malcriada. Yo conozco a un hombre cuya memoria lo traiciona, por mala. Yo diría que más bien es distracción, que él es un irremediable distraído. No es mala voluntad, no, al contrario, me consta que a él le gustaría tener una buena memoria.

Una vez fui testigo de su mala memoria: fue un día, hace mucho tiempo ya, cuando fuimos a visitar librerías de viejo y me pidió que le recordara el título del libro que quería y… ¡por qué lo quería! A mí me agarró un ataque de risa y él me confesó que su memoria era muy traicionera. Entonces vamos a decir que sí, que efectivamente este es el hombre de la memoria traidora.

Y tanto lo traicionó la memoria en su vida que, para homenajearla, le dedicó un libro. Él dice en ese libro que una mala memoria hace tan difuso el pasado como el futuro. Y dice también algo así como que a veces uno no sabe si está recordando o inventando. Es verdad. ¿Quién nos dice que de tanto contar la misma historia no la terminamos inventando? ¿Quién nos garantiza que no estamos exaltando en exceso o denigrando en demasía a esos seres que nos traen tanto buenos como malos recuerdos? ¿Eh?

No quiero pretender que conozco exactamente los motivos por los que otros escriben, al final cada quien sabe por qué lo hace. Recuerdo que Orhan Pamuk decía en su discurso de recepción del Premio Nobel en 2006: «escribo para ser feliz». Pero yo sospecho, sinceramente, que este hombre del que les hablo y cuya memoria lo traiciona escribe para no olvidar, para acordarse de cosas, de lugares, de personas y personajes. Un día le voy a preguntar, en una de esas y estoy acertando con esto que digo.

El hombre de la memoria traidora ha revivido en su libro una aventura literaria, una amorosa y una intelectual. La aventura literaria es loquísima y comenzó de forma muy triste el día en que mataron a su padre quien llevaba como único “escudo” un papelito con un poema de JLB, iniciales, claro está, de Jorge Luis Borges. Pero ese escudo al parecer era apócrifo y, veinte años después, cuando el hombre la memoria traidora quiso averiguar la verdad detrás de ese poema tuvo que enfrentarse a las dificultades propias que entraña encontrar el tesoro escondido de un autor tan grande como Borges. Enfrentó a otro poeta colombiano, Harold Alvarado Tenorio, con sus diatribas. Enfrentó a profesores, especialistas, académicos, poetas y todo aquel que le dijo, porque sí y porque no, que el poema no era de Borges, que lamentaban mucho, pero que él deliraba, que estaba loco.

Casi, casi que abandona la empresa, pero como no lo hizo, recuperó para todos los que sufrimos de serias enfermedades literarias, cinco bellísimos medicamentos, es decir, cinco poemas de Borges para felicidad nuestra.

La aventura amorosa se esconde detrás de una aventura de inmigrante. Exiliado en Turín, huyendo de lo que él llamará en el siguiente texto «la barbarie colombiana», el hombre al que la memoria lo traiciona recuerda a Lorenza, una bellísima italiana, alumna de español, que protagoniza por segunda vez una obra suya, porque una vez, hace años ya, él ya había escrito sobre ella en otro libro. El caso es que Lorenza tenía la convicción de que le faltaba, en su colección de amantes, uno que tuviese el fuego del trópico y he ahí que el hombre de la memoria traidora, que además provenía del trópico, hizo real el mito. Parecería graciosa la aventura amorosa si no estuviese precedida por el recuerdo de un colombiano inmigrante: porque la memoria es traidora cuando quiere serlo y cuando los colombianos somos inmigrantes la memoria se empeña en afirmarse y el recuerdo – sobre todo de las malas experiencias – persiste siempre, haciéndonos listas de todas aquellas cosas que se nos enrostran y enrostrarán de por vida por el sólo hecho de tener un papel que dice que accidentalmente nacimos en un determinado lugar.

La aventura intelectual es lejos mi favorita, porque el hombre cuya memoria lo traiciona se pregunta en este artículo qué hubiese sido si hubiese tomado determinados caminos. Así también se lo preguntaba en su momento don Miguel de Unamuno y le dio un nombre a eso “ex – futuros”. Al respecto de los “ex – futuros” don Miguel dijo esto: «Siempre me ha preocupado el problema de lo que llamaría mis ‘yos ex futuros’, lo que pude haber sido y dejé de ser, las posibilidades que he ido dejando en el camino de mi vida. Sobre ello he de escribir un ensayo, acaso un libro. Es el fondo del problema el libre albedrío. Proponerse un hombre el asunto de qué es lo que hubiese sido de él si en tal momento de su pasado hubiera tomado otra determinación de la que tomó, es cosa de loco. Tiemblo de tener que ponerme a pensar en el que pude haber sido, en el ex futuro llamado Unamuno, que dejé hace años desamparado y solo…»

A mí me encanta este juego. Me fascina. El hombre de la memoria traidora se preguntó una vez qué habría sido de su vida si se hubiese quedado viviendo en Turín, especializándose hasta «en la pata coja de Quevedo», así como don Miguel se preguntaba si «Werther no sería el ex – futuro suicida de Goethe». A mí me gusta esta aventura intelectual que emprendió el hombre de la memoria traidora, porque le descubrí una variante muy interesante: los “ex – futuros” literarios, tal vez porque siempre, siempre, me ha gustado imaginar, en cada línea que escribo, que alguna vez fui La Maga y que Horacio me busca con ansias, pero no en el Pont des Arts.

Y bueno, como se habrán dado cuenta al llegar a esta línea, las historias del hombre cuya memoria lo traiciona no se caracterizan precisamente por carecer de recuerdos, lo cual nos plantea una paradoja: ¿Será que el hombre de la memoria traidora no es tan desmemoriado? Yo creo que sí lo es, y mucho, pero más bien sucede que se lo escribe todo y se lo escribe tan bien, que puede recordarlo después. O casi, porque un día se te olvidó, Héctor, que querías comprar una novelita por cursi. Y aprovecho para recordártelo ahora, mientras escribo esto, porque entre traicionados por la memoria nos debemos echar una mano.

Portada del libro Traiciones de la memoria

Traiciones de la memoria.
Héctor Abad Faciolince.
Alfaguara,
265 pág.


Laura García

(Colombia, 1985) Editora General del sitio 6columnas.com. Miembro del consejo editorial y corresponsal para América Latina de la Revista Hispanoamericana de cultura OtroLunes (España y Alemania). Colaboradora de la publicación Periódico de Libros (Bogotá). Durante 2 años administró el blog literario Club de Artes y Letras, en donde publicó y editó textos inéditos de importantes autores latinoamericanos y realizó entrevistas a personalidades tanto de la literatura, como del periodismo. Ha publicado reseñas y artículos en diferentes medios impresos y en Internet.

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El flamenco y América Latina: un habla de ida y vuelta

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Contra la impunidad

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Por una nueva concepción de la Sociedad, el Estado y el Derecho cubanos

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¿Quién es Herta Müller?

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“No soy un escritor de academia”

con Alberto Chimal

“Renunciamos a nuestro libre albedrío para eludir responsabilidades”

con Lina de Feria

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Punto de mira

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El Socialismo es Inviable, según las propias leyes de la Dialéctica Marxista

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Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge la poesía de Juan Antonio Villacañas

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