OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

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Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
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“No soy un escritor de academia”

 

por Amir Valle

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Cuando leí en una de estas respuestas el modo en que Alejandro se refería a “esa época tan terrible como maravillosa de los 90’s en Cuba”, no pude evitar que un aluvión de imágenes me asaltara. Me vi, bajo el influjo de esas palabras, recordando tantos encuentros memorables, tantas conversaciones que empezaban temprano y terminaban, casi siempre, cuando las sombras de la noche bailaban en las calles hastiadas de calor de La Habana, y luego, como también casi siempre sucede cuando algo nos traslada a aquellos años, llegó la pregunta, la misma pregunta, con una tozudez que, cada vez, hiere más: ¿quiénes quedan allá, en la isla, de aquellos con quienes compartimos tantos sueños, borracheras, planes del entonces y del futuro?

Y al remitirme, como respuesta automática de la mente, a la lista de amigos que el propio Alejandro menciona en otra de sus respuestas, esos amigos que estuvieron “allí en mis primeros momentos para ayudarme a saltar de los predios de la ingenuidad y la impericia”, me doy de cara con una dura realidad: Abilio Estévez emigró como él mismo dijera cierta vez “harto de todo” a Barcelona donde también reside Rolando Sánchez Mejías; Antonio José Ponte trabaja en el Diario de Cuba, recién fundado, en Madrid, igual que Michel Perdomo y Ronaldo Menéndez (que trabaja de editor en la muy reconocida editorial Lengua de Trapo); Carlos Alberto Aguilera anduvo por Alemania (como yo, que escribo ahora mismo desde Berlín) y Pedrito Márquez de Armas estaba, según supe hace poco, en Portugal. Sólo Padura, Reina María y Yoss continúan en Cuba. Ocho de once viven fuera de la isla: como diría un fan de nuestro deporte nacional “si no es un récord, es un buen average”.

Pero otra respuesta de Alejandro me hizo mirar esta realidad con menos dramatismo: “No hay orillas, hay una escisión en el discurso que omite o reconoce a los autores de un lado o del otro; un instrumento de manipulación utilizado por el poder para dividir; pero esencialmente el arte cubano es uno solo en su inmensa diversidad y riqueza”.

Y esta entrevista, concebida para decir: “sí, Alejandro Aguilar no ha dejado de escribir, tiene nueva novela, ahí está, se llama Fijar la mirada”, va también detrás de esa realidad, diría alguien: “una verdad como un templo”, es decir, toda obra escrita por cubanos fuera y dentro de la isla es cubana por encima de las absurdas exclusiones y parcelaciones que hemos sufrido en ese eufemismo descomunal que es “el período revolucionario”; esta entrevista va también detrás de esa necesidad de entendernos en tanto creadores, en tanto pensadores, en tanto cubanos comunes con derecho a respirar y crear lo mismo en Cuba que en otras latitudes; esta entrevista intenta mostrar algunas claves que permitan a muchos entender que hablamos de la obra de un nombre que no podrá ser soslayado a la hora de escribir la historia de la narrativa cubana escrita en estas últimas dos décadas.

 

Ubiquemos al lector de Otrolunes. Quien intente encontrar una colocación metodológica de tu obra dentro de las actuales letras cubanas la tendrá bien difícil porque, al menos en mi opinión, eres una especie de “rara avis” tanto en materia generacional como estética. ¿Te atreverías a buscar una definición, una colocación posible de tu obra?

Comienzo por saludar al lector de Otro lunes y agradecerte a ti la oportunidad de esta entrevista. Pues mira, no sé si pueda ayudarte con esta pregunta. Evito mirarme desde la posición del crítico. Me he obstinado en no compartir esa dualidad de ser juez y parte del delito de escribir lo que escribo. Sin embargo, la censura real y la autocensura inconsciente con la que tuvimos que lidiar en Cuba – tú conoces los detalles de lo acontecido alrededor de mis textos- ; y luego los estudios en el contexto particular de la academia norteamericana que entrena en el ejercicio de la crítica literaria, me han obligado a esa mirada consciente hacia lo que hago. No voy a darte un criterio generacional porque precisamente trabajo en un tema que rechaza ese concepto como una construcción interesada, que se ha impuesto por inercia y desidia intelectual. En el fondo, el concepto de generación literaria lo acuñó el crítico alemán Petersen, se lo apropió la maquinaria de propaganda nazi, luego pasó a España  y en lo adelante se ha utilizado, generalmente como instrumento del poder especialmente en épocas y lugares de regímenes totalitarios y de alto contenido nacionalista. Críticos y autores lo han repetido despreocupadamente a través de los años y en distintos contextos histórico geográficos… Así es que eludiendo el tema de la generación, me limitaré a decir que, cronológicamente, comienzo a publicar a comienzos de los 90’s, cuando ya mediaba los 30… La mayoría de los novísimos entonces eran mucho más jóvenes pero nos identificábamos en la irreverencia hacia el poder, la experimentación formal, la búsqueda de un lenguaje más efectivo, el sentido de urgencia y la relación con la ciudad… Coincidíamos en la intención de subvertir todas las categorías narrativas, en la búsqueda de una trascendencia inmediata, creo que determinada por la urgencia del momento terrible en que vivíamos, y para ello buscábamos un código propio que acaba por romper con los antecedentes inmediatos en la literatura cubana y por fundir lo real, lo imaginativo, lo ficcional… en un discurso novedoso. Cuando el entrañable Redonet conoce mi trabajo, enseguida me echa al saco de los novísimos. Entonces alguien, no recuerdo si fue Sergio Cevedo, dijo jocosamente aludiendo a mi edad que yo era el Tina Turner del grupo… Estéticamente, no sé cómo sea percibido mi trabajo. Creo que como cualquier creador soy un resultado de todo lo asimilado en mi vida personal y de la experiencia cultural que he vivido. Cuando escribo no me apego a normas. Busco el tono, la manera y el formato más adecuado para lo que necesito decir, más o menos a tono con las múltiples y variadas formas de expresión de finales del s. XX y principios del XXI. No me atrevo  a más precisiones. Tú estás en mejor posición para extenderte en el tema, no ya como el narrador prolífico y de larga trayectoria que eres, sino desde tus facetas de crítico y ensayista que ha seguido mi trabajo desde el principio.

 

El Alejandro Aguilar cuentista es, estilísticamente, casi diametralmente opuesto al novelista. En tus cuentos hay una búsqueda de la singularidad, del impacto de un detalle, y en tus novelas hay una extensión podría decirse que oceánica en busca de conformar una novela mundo que abarque el tema en cuestión. ¿Cómo asumes la creación en cada uno de esos géneros?

El cuento es para mí un grito pegado a la página, lo mismo que el poema. De hecho, los límites entre uno y otro son para mí difusos. Cuando escribo poemas hay en ellos una ilación sugerida de hechos, una narrativa esbozada, más o menos evidente. Cuando escribo cuentos, hay un lenguaje, una estética cercana al poema, una forma de abordar los temas que me recuerda a la pintura de los impresionistas. De hecho el primer libro que presenté a un concurso de poesía, ganó el premio de cuento… La novela es  el género en el que me siento más cómodo a pesar de su extensión y complejidad, o precisamente por eso. En mis novelas puedes encontrar diversos lenguajes, espacios de prosa poética o incluso poemas insertados en el texto a través de algún personaje que escribe, como el hermano del protagonista de Casa de cambio que le envía a este poemas que hablan de sus angustias por la situación del país y sus propios conflictos como homosexual que se siente rechazado, marginado. Hay temas de una dimensión tan grande y tan complejos en sus interrelaciones e implicaciones que desde el inicio sabes que exigen la dimensión y complejidad de una novela; que no es algo que vas a resolver con cuatro caracterizaciones y un par de situaciones sino que va a necesitar todo un universo de relaciones complejas y contradictorias. Generalmente me lleva mucho tiempo desentrañar sus motivos y consecuencias, construir sus personajes, determinar la estructura y el tono… No planeo exhaustivamente todo de principio a fin. Trabajo con cierto plan pero dejo un espacio de libertad para que los personajes y todos los factores que incidirán en el desarrollo de la trama hagan su juego; me indiquen a que estación nos conducirá la novela, tanto a mí en su creación como al lector en esa etapa de recepción que culmina el proceso, si es que esto último pudiera anticiparse. Es decir la planeación deja un gran número de preguntas sin respuestas que irán aflorando y determinando el rumbo de la historia. A veces esto implica reescrituras casi totales con cambios estructurales importantes, como sucedió con Razones para llamar a Sandra, que tras nueve años de trabajo terminó siendo una novela distinta y acaba de ser publicada por el Premio Casa de Teatro, de  República Dominicana bajo el título Fijar la mirada. Para algunos, todo esto no sonará muy ortodoxo; y hasta me alegraría de ello. Para mí implica más trabajo pero lo disfruto y me alegro que así sea.

 

¿Qué significó, literaria y personalmente, Paisaje de arcilla para Alejandro Aguilar?

Aunque ya había publicado en Venezuela una plaquette de poesía titulada Tesituras, Paisaje de arcilla fue para mí, literariamente, un ritual de iniciación al que acudí con toda la ingenuidad y honestidad posible, con poco oficio pero al parecer con buen tino y, obviamente, con una carga vivencial tremenda. Es un texto que cabalga entre la poesía y el cuento, o una especie de novela por viñetas… no podría definirla formalmente. Creo que es una historia tremenda contada con una economía de recursos, con distancia e ironía, hasta con un humor casi estoico… Podría sonar pretencioso, pero creo que ese primer libro marcó lo que podría llamarse mi estilo, si es que he logrado conformar tal cosa… Ya he dicho que fue un homenaje para aquellos niños que como yo, finalizando los 60’s, fueron enviados a la experiencia brutal de una escuela militar, camuflada bajo unos ideales que luego probaron ser fallidos, aquello de la formación del “hombre nuevo”… El libro no es un manifiesto político, aunque es innegable la carga de denuncia que contiene y de ahí las consecuencias que sufrió por la censura. Hace dos años la editorial chilena Ventana Abierta se estrenaba y me pidieron una obra para publicar. Tenía otros libros inéditos pero preferí hacerle justicia a Paisaje…, recuperarlo del silencio que le habían impuesto en Cuba. Se hizo una bellísima edición bilingüe, con la traducción de ese grande que es Andrew Hurley, traductor también de obras de nuestro Reinaldo Arenas y de Borges, entre otros. Paisaje… ha sido recogido en antologías como la de Esther Withfield y Jacqueline Loss. Ha sido reproducido en otros medios electrónicos y en papel. Lo he presentado en sitios como las Universidades de Harvard y Columbia, en otras instituciones culturales, talleres y tertulias literarias. Tengo una relación entrañable con ese texto y a él le debo mucho. Es mi primogénito y si tuviera que escribirlo otra vez, muy poco agregaría o cambiaría, a pesar de la distancia temporal de casi veinte años desde que lo escribí.

 

¿Puedes hablarnos de las circunstancias, literarias o extraliterarias, pues estas últimas influyen mucho siempre, que te hicieron dar el salto hacia la primera novela?

Ambas circunstancias están en mi caso muy entrelazadas. Mi vida ha sido muy intensa en términos de experiencias vitales, existenciales, sentimentales, políticas… Tengo una sensibilidad social muy alta. Mi formación literaria comenzó desde niño como lector y pronto con los primeros intentos de escribir y pintar, de actuar. Necesitaba y tenía la predisposición de expresarme. Cuando en 1992 regresé a Cuba después de 6 años de vivir y trabajar en Europa durante los días tremendos de la decadencia y caída de los regímenes del Este; de viajar extensamente por el mundo y conocer culturas y conflictos sociales por igual; era yo un barril de emociones a punto de estallar. Necesitaba sacar todo aquello que me asfixiaba, decir, comunicar tantas vivencias. Comencé a escribir con tesón y consistencia, casi con desesperación. Los primeros brotes fueron retazos líricos, de corta duración. La poesía fue ese primer cauce que pronto se hizo insuficiente. No niego la efectividad de un poema para expresar un mundo, pero necesitaba contar historias en profundidad y detalle. El cuento fue un primer paso en esa expansión, muy cargado de poesía, ríspido y cortante a un tiempo… Por ejemplo, “Cuento y epílogo para otro amigo en fuga”, uno de los más publicados entre mis cuentos; es un fogonazo de dolor que capta el momento en que unos amigos acompañan a otro que está a punto de lanzarse al mar en una balsa, y juegan a la ruleta rusa como opción desesperada para tratar de mantenerse unidos, aun sea en la muerte. Los 90’s, - y creo que no fue una opción solo mía sino de muchos de nuestros colegas -, nos empujaron a la crónica de una realidad casi apocalíptica para la isla que el discurso oficial escamoteaba. Sentía que conocía a fondo las esencias políticas del sistema, que estaba en condiciones de desentrañar sus esencias en un texto extenso… así escribí Casa de cambio, que es la novela de los cambios en el Este de Europa visto por un cubano que se movía en esa realidad, que tenía la posibilidad de captar los matices de ese proceso histórico tremendo, apartándose de las posiciones extremas y los clisés ideológicos, mediante un close up de la dimensión humana del conflicto. Al mismo tiempo era una manera de desarrollar una tesis sobre el doloroso proceso de descreer, que de alguna forma era lo que experimenté a nivel personal y lo que estaban viviendo muchos de mis contemporáneos. Asumir este trabajo requería de una novela mundo, como dices, tan universal como fuera posible y tan íntima que tuviera un efecto de exorcismo, que me dejara poner en claro mis propias ideas y sentimientos. Esa fue mi primera novela, aunque fue la segunda en publicarse a causa de la reticencia que provocara y a pesar del resultado obtenido en el Premio Italo Calvino en su segunda o tercera edición, no puedo recordarlo. Antes salió a la luz, y no en Cuba donde había obtenido mención del premio UNEAC de novela, sino en Puerto Rico, La desobediencia, que fue la segunda novela y trazaba un paralelo entre la vida cultural cubana de dos momentos ancilares a través de dos personajes: un actor famoso víctima de la “parametración” de finales de los 60’s; y un joven plástico vinculado al movimiento Arte Calle de finales de los 80’s. Sus vidas coinciden en el tiempo bajo las circunstancias de la crisis de los 90’s. Como vez, estos son temas amplios, textos de tesis más que crónicas, y exigen del amplio espacio de la novela.

 

Si tuvieras que mencionar a escritores que constituyeron puntos de apoyo, de despegue, por sus influencias literarias o sus consejos, ¿quiénes te vienen a la mente?

Soy reacio a mencionar influencias de los grandes nombres de la literatura porque creo que todo lo que leemos va moldeando nuestra identidad estética, por afinidades o por oposición; por tanto la lista sería interminable. Intentarlo causaría omisiones. Me arriesgo a darte unos nombres que sirvan quizás como ejes, como amplias coordenadas entre las que creo se mueve mi manera de decir y son tan disímiles y distantes como Reinaldo Arenas, Ítalo Calvino, Cortázar, Rulfo, Malcom Lowry, Knut Hamsun, Raymond Carver, Kundera, Bukowski, Huidobro, Baudelaire... y muchos más. Por supuesto quedaría lindo poner en esta lista otros nombres ilustres a los cuales no excluyo pero prefiero no caer en ese lugar común. En cuanto a escritores amigos, gente que estuvo allí en mis primeros momentos para ayudarme a saltar de los predios de la ingenuidad y la impericia para que llegara a adquirir oficio y disciplina, puedo mencionar a Abilio Estévez, muy especialmente a la entrañable Reina María Rodríguez y a mi querido amigo Antonio José Ponte; a Leonardo Padura, a ti mismo, a quien siempre he agradecido tu apoyo y buenos consejos; a nuestro querido hermano ya fallecido Guillermito Vidal, al diálogo con Ronaldo Menéndez, Michel Perdomo, el Yoss. Aunque no tenemos demasiada cercanía en estilo me identifiqué con las ideas sobre literatura y sociedad que en los 90’s manejaban Sánchez Mejía, Carlos A. Aguilera y Pedrito de Armas, de Diáspora(s). Con Rolando y Aguilera tuve un encuentro muy emotivo hace poco más de un año en Connecticut y luego leímos juntos en Nueva York… Como vez, escritores disímiles que formaban parte del hervidero de ideas y la promiscuidad literaria que a mi juicio definen esa época tan terrible como maravillosa de los 90’s en Cuba. No puedo dejar de mencionar a quien ha acompañado mi carrera y mi vida en los últimos 17 años, quien ha sido además una crítica incisiva de mi trabajo, un ejemplo de artista total y una interlocutora imprescindible, Marianela Boán. A través de ella pude recuperar tardíamente, todo lo que había ocurrido en Cuba sobre todo en la plástica, el teatro y la danza en los años 80’s, cuando aún yo vivía en Europa. Baste decir que la sala de su casa, había sido el primer escenario de las presentaciones no autorizadas de “La cuarta pared”. Cuando llegué a habitarla con Marianela, aún colgaban allí restos de su escenografía.

 

Me gustaría que asumieras la perspectiva del crítico e investigador literario que eres, que te alejaras del escritor, y me dijeras qué crees que fue el foco de atención del escritor Alejandro Aguilar en cada una de sus obras, sin olvidar ninguna de las publicadas.

Me obligas a hacer lo que no me gusta. Trataré de meterme en el personaje aunque no sé si lo lograré. En general, mi sensibilidad social va a la par con la literaria, de ahí que el foco de atención haya sido predominantemente el del individuo frente a sus circunstancias, especialmente frente a la manipulación del poder. Si vamos de obra en obra:

Paisaje de arcilla es el más concentrado ejemplo de lo que he dicho. Viene a mi mente la imagen del personaje que oponía al adoctrinamiento ideológico la lectura obstinada, tal si fuera una novela, del único libro que tenía a su alcance en el encierro de la escuela militar: el Pequeño Larousse Ilustrado.

Casa de cambio (novela): la transición de una época histórica a otra diferente a escala universal y el impacto que tuvo en millones de individuos el proceso de descreer. Ya he hablado de ella.

Figuras tendidas, otro libro de cuentos: El sexo y la imaginación VS el poder y la crisis. Formalmente más variado con algunos textos casi oníricos, otros quizás naturalistas y algunos más experimentales.

La desobediencia (novela): Cultura VS poder en los años dorados de la utopía contrastada con la cultura de los años de la crisis profunda de los 90’s. Cercano al formato de Paisaje de arcilla, pero con bloques narrativos de más largo aliento, y tensiones dramáticas más evidentes.

Fijar la mirada (novela): El amor entre individuos gestados y vapuleados en una época de utopía y de su posterior decadencia. Ejercicio de escritura que mezcla estilos, modos narrativos y niveles de realidad, uso de intertextualidad y referentes históricos tratados con mucha libertad. El juego, lo detectivesco, el viaje…

Creo que en todos esos textos hay una cierta conexión con la tradición narrativa, con puntos de contacto tanto con lo latinoamericano del momento de transición entre el “boom” y “el post boom”, como con la literatura norteamericana y quizás la europea de los años 50’ y 60’. Cada uno es diferente en tanto que todos son parte de un proceso de búsqueda de un lenguaje adecuado y de una experimentación formal en todos los sentidos. Específicamente Fijar la mirada es un intento parcialmente frustrado de alejarme de los temas de sensibilidad política, de tentar formas discursivas diferentes y una mayor libertad ficcional, con una manipulación más atrevida de la realidad.

 

En uno de mis ensayos sobre tu obra hablé sobre la presencia en tu narrativa de una mirada que se parapeta en lo cubano para saltar hacia esa universalidad que existe en tu propia vida personal. Quiero que intentes ser lo más específico que puedas y me digas ¿en qué sentido crees que tu obra se ha alimentado de tu experiencia de vida?

Creo que escribo por lo que he vivido y cómo he vivido mis experiencias, lo que no quiere decir que mi obra sea autobiográfica. No soy un escritor de academia, de libros y talleres. Mi obra surge de una necesidad vital de comunicar esas experiencias a través del tamiz de la imaginación, de la creación y la convicción de que mi conocimiento del mundo me permite ver lo local en un contexto universal. Por supuesto, soy cubano por nacimiento y formación cultural y eso está ahí, de algún modo influyendo mi manera de percibir y de escribir. Pero esa posible marca de origen va de la mano con una sensibilidad que me hace sentirme inconforme con los instrumentos de expresión que voy hallando cada vez y me impulsa a buscar formas más efectivas de transmitir. Respeto lo que hace cada cual y la manera en que lo hace, pero no me interesa la literatura libresca, esa que surge del refrito de otras obras leídas y no pasa por el asador de la experiencia vital más intensa. Tampoco me interesa una literatura recluida en el perímetro vital del autor o que ignora la dimensión más universal que puede hallarse en el más insignificante de los hechos. Mi literatura refleja mis vivencias, pero estas son sólo un motivo, un punto de partida para observar y analizar la realidad de forma literaria, para que las posibles lecturas de esos hechos se abran, como una caja de Pandora de la que surge todo lo demás. Aún cuando he escrito obras que pudieran parecer autobiográficas, he acudido a recursos como descomponer ese posible “yo” en varios personajes para ponerlo a dialogar, a contradecirse, a mostrar diferentes planos de realidad, diferentes visiones de un mismo fenómeno incluso, niveles de esa realidad que un personaje percibe y otros no…

 

Una pregunta ineludible: ¿crees que esa marca en tu obra ha cambiado, se ha modificado, con el exilio? ¿Te atreverías a decirme en qué sentido?

Más allá de las leyes, la política y las convenciones, no me considero un exiliado. Defiendo mi derecho a establecer morada donde y cuando lo decida y no considerar esa decisión una reacción a las restricciones impuestas por otros. Hoy estoy aquí, mañana puedo decidir estar allá o acullá y trataré de conseguirlo, independientemente de los vaivenes de la política. Puede sonarte a ficción o ingenuidad esto que digo, pero en eso creo. Ahora bien, esa marca de mi obra a la que te refieres ¿ha cambiado? Creo que sí. ¿Cómo? Eso es más difícil saberlo. Quizás el tema cubano sigue ahí pero ya no está en el centro de mis preocupaciones y por tanto creo que mi mirada fortalece una universalidad que siempre estuvo, pero que en los años duros de los 90’s se concentró en lo cubano, en la sobrevivencia, en la frustración y el desencanto. Es decir, mi sensibilidad y los temas siguen siendo los mismos; pero el horizonte se expande. Ahora mismo trabajo en un proyecto de novela que tiene en el centro mi visión, por cierto, crítica, sobre la sociedad norteamericana. Pero de eso hablaremos más adelante. Por otro lado, los estudios académicos me han abierto otras perspectivas, otros temas para el diálogo, han actualizado mi información; y todo eso influye, quiéralo o no, en lo que escribo. Por último, creo haberme despojado de cualquier vestigio de autocensura que hubiera padecido antes y de la cual no era ni soy consciente. Aquí pesa otro tipo de censura que es la del mercado, pero no creo haber sucumbido ante ella; es decir, no escribo atendiendo a cánones y requerimientos que hagan que mi obra sea aceptada, sea vendible. Cuando termino un texto le busco salida aquí, o en cualquier otro lugar en el mundo. Sigo usando las vías de los premios y concursos internacionales. Me resisto a la auto-publicación aunque respeto el derecho de quien quiera hacerlo. La diferencia que juega a mi favor al vivir aquí es la posibilidad que tengo de comunicarme con el mundo con unos simples teclazos o un buen servicio de correos para enviar mis manuscritos a concurso, cosa que en Cuba fue siempre difícil y supongo lo sigue siendo hoy.

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Sumario

Este Lunes

Las lenguas prohibidas

Rafael rojas

El flamenco y América Latina: un habla de ida y vuelta

Fernando Iwasaki

Condenado por tener hambre: Pánfilo, el estado peligroso y la situación de los cubanos negros

Leonel A. de la Cuesta

Contra la impunidad

Sanjuana Martínez

Por una nueva concepción de la Sociedad, el Estado y el Derecho cubanos

Faisel Iglesias

¿Quién es Herta Müller?

Esther Andradi

La nueva utopía: Un día sin mexicanos & A wonderful world

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

José María Merino

Otros miran

Gustavo Acosta

OtroLunes conversa

con Alejandro Aguilar

“No soy un escritor de academia”

con Alberto Chimal

“Renunciamos a nuestro libre albedrío para eludir responsabilidades”

con Lina de Feria

“No me arrepiento de nada”

con Manuel García Verdecia

“Nací en Marcané, en el batey de un central azucarero”

con Armando León Viera

“Viví diecisiete años como exiliado en mi ciudad natal”

con Juan Aparicio-Belmonte

“Mi fuerte no está en lo romántico”

Punto de mira

Ese imaginario llamado América Latina

 

Antonio Caballero
Antonio Skármeta
Eduardo Antonio Parra
Fernando Butazzoni
Javier Reverte
Leonardo Padura
Moacyr Scliar
César Verduguez

Cuarto de visita

Literatura Guaraní

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa
a cargo de Amir Valle

Volar y Casting

José Lorenzo Fuentes

Relatos

Radio Puente

Héctor Huerga

Fragmento de Novela

Porcelana

Mariela Varona

Relato

Cine y literatura

Ricardo Bada

La lluvia que trajo el viento

Alcides Rafael Pereda

Relato

La tragedia de Regina

Roberto Quesada

Relato

Hasta el fondo

Yoenia Gallardo

Relato

La marmita, de Poesía
a cargo de Alberto García-Teresa

Manual para niños rusos

Rolando Jorge

Poemas

Claudio Bertoni

Dama del exilio

Oscar Kessel

Haikus

Rafael Álvarez Rosales

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

El Caribe de Antonio Benítez Rojo

Ignacio Padilla, las búsquedas del presente

Las «cuatro estaciones» de Leonardo Padura

Elia Barceló y los mundos imaginarios

Recycle

La Revolución Cubana y el golpe en Chile: Jorge Edwards

Jorge Edwards

El Socialismo es Inviable, según las propias leyes de la Dialéctica Marxista

Roberto Álvarez Quiñones

De lunes a lunes

Anunciados en La Habana los Premios Alejo Carpentier y Nicolás Guillén

Actividades de cierre del 2009 en la editorial Iduna

Anatomía de un instante, de Javier Cercas, libro del año 2009 en España

Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge la poesía de Juan Antonio Villacañas

Biblioteca de OtroLunes

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Última rumba en La Habana

Fernando Velázquez Medina

Traiciones de la memoria

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De mecánica y alquimia

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Un poco de crematística

Juan Valera

Una revolución pequeña

Juan Aparicio-Belmonte

Los últimos días de Michi Panero

Miguel Barrero

Comunión

Eloy M. Cebrián

Pero sigo siendo el rey

Carlos Salem

A cargo de Alberto García-Teresa

Semilla insólita

Lydia Zárate

Una mirada diversa

Xuan Bello

La pasión según Georg Trakl: Poesía y expiación

Hugo Mújica

Pájaro relojero. Poetas centroamericanos

Mario Campaña

Sustituir estar

Julián Cañizares Mata

Última función

Marcelo Uribe

La casa que habitaste

Jorge de Arco

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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