OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

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Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
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“No me arrepiento de nada”

Entrevista a Lina de Feria

 

por Alcides Rafael Pereda

Cuando se enteró que estaría en Holguín, el poeta Delfín Prats en una especie de rara alegría, sentenció: ¡Luna de Furia aquí, que banquete!

Y así fue. En las Romerías de Mayo del 2007 mantuvo a todos los amantes de la poesía alrededor suyo. Con los sesenta y cuatro años que le han tocado vivir, demuestra con su trato la vitalidad que la hizo moverse por el panorama cultural cubano, con la tan buena suerte para su obra; mantenida mucho tiempo en la oscuridad y que la hizo un personaje mítico de la chismografía cultural, aún en vida.

Estuvo en el centro de los debates más candentes que afectaron a los escritores cubanos, sin quererlo siquiera, pero eso, según sus palabras es agua pasada.

Conversar con ella fue fácil, incluso más de lo que imaginamos. Impelidos por el tiempo, y como telón de fondo la casona de la UNEAC de donde en cualquier momento tendría que levantarse para un recital de poesía. Autora de libros considerados puntales en la voz poética del siglo XX cubano, Lina de Feria con su voz cortada, pero sincera, extendió lo que iba a ser en primer momento una semblanza radial de su persona, en una larga conversación, con todos los visos de entrevista posible.

Claro, no podía venir de otra persona la idea. Inquirió en si conocíamos su obra, habíamos leído antes algunos poemas de  la antología que le preparó la Editorial Oriente: El Rostro Equidistante,  eso  le causó un gran placer, si tuviera que recomendar un libro suyo, uno sería aquel. Habló de su asiduidad a ciudades como Cienfuegos y Santa Clara, como una simple lectora y no como una conferencista  fría y sentenciosa.

Terminada la conversación, nos dimos cuenta que el material era una charla esencial para conocer a la Lina de Feria de los que no se  encuentran en los libros, y por ende se bifurcó en temas que para nada tocaron problemas de la creación artística, ni eran publicables. El cassette de la grabadora se terminaba y ella se dio cuenta. Nos dio su dirección con la promesa de que le escribiéramos para contarle como andaba el trabajo. Finalmente una comunicación con Lina, ajustó detalles importantes cuando terminaron las Romerías de Mayo, con su fárrago de carnaval

 

DE CÓMO EMPEZÓ TODO POR UNA ENTREVISTA DE RADIO

¿Cómo se presentaría Lina de Feria a un desconocido?

Les diría que nací en Santiago de Cuba en el año 1945 y rápidamente a los cinco años de edad fui a La Habana , y regresé en el 59 a Santiago y me fui otra vez en el 64 con una maleta de cartón, cuarenta pesos y a abrirme paso en la literatura cubana. Ya me había llevado desde Santiago el premio de teatro La Edad de Oro con dieciséis años, entonces llegué a La Habana  y allí me vinculé a las ediciones de El Puente que dirigían José Mario Rodríguez y Ana María Simo, y allí estuve en contacto con escritores como Nancy Morejón, Gerardo Fulleda, Ana Justina Herrera, Josefina Suárez, Miguel Barnet, Eugenio Hernández Espinosa y Rogelio Martínez Furé, y logré abrirme paso desde la Escuela de Letras, pero realmente mi carrera comienza cuando en el año 67 gano el concurso fundacional de la UNEAC, el premio David de poesía compartido con Luis Rogelio Nogueras. Cosa rara porque yo no mandé el libro a concurso, estaba fuera de La Habana y Nancy Morejón junto a Gerardo Fulleda que les gustaba bastante mis poemas, armaron mi libro Casa que no Existía y lo enviaron al premio. Todo a mis espaldas, y una noche en la UNEAC me hablan, tanteándome si no me molestaba compartir el David. Y yo aún en mi desconocimiento, no sabía de lo que me hablaban, cuando realmente caigo en la cuenta  de lo estaba a las puertas de mi vida me alegré muchísimo. Razón de sobra por la que le tengo quizás mucho cariño al premio David, que me abrió muchas puertas.

 

Sí, pero hay luego un largo silencio en su obra, muy dilatado y en el que muchos creyeron ver una especie de agotado esplendor.

Desde ese momento comencé a crecer en cuanto a carrera literaria, y aunque estuve después del 67 sin publicar, por más de veinte años, después mis libros fueron muy aceptados, a tal punto que el segundo libro que yo publico A mansalva de las Años, incluye una porción de más de veinte años de mi vida que estuve en silencio, libro que es prácticamente una antología de esos años y que se lleva el Premio Nacional de la Crítica.

Después publico Espiral en TierraEl Ojo Milenario, publico A la Llegada del Delfín y los tres libros se llevan el Premio de la Crítica. Que hay que tener en cuenta que es un premio muy curioso porque no es como otros premios que se dan por concurso, sino porque se considera el mejor libro publicado en el año, es un premio realmente codiciado por muchos escritores.

 

Hablando de premios, se nota la importancia que le concede. Pero, ¿hasta qué punto es válido, según su criterio y su persona, tan mimada por los premios, el valor de uno para medir el peso de si una literatura es buena o mala?

Un premio es una casualidad y generalmente requiere de una cosa que se llama lobby, cosa que no he hecho yo con mis premios, he tenido, y lo digo con toda honestidad la transparencia de no acercarme a los jurados mientras yo he mandado a concurso. Quiere decir que todos los premios que yo he obtenido han sido porque el juicio del jurado ha sido ese. Pero evidentemente un premio no dicta ni dice exactamente la calidad de una obra. Hay muchas obras en el mundo que han llegado a ser las primeras, que han encabezado las literaturas en sus países y nunca han recibido un premio, quiere decir que si en realidad yo pienso en algo como que sea perdurable, no pienso en los premios que he tenido sino en la aceptación que tiene mi obra.

 

EL CUERPO DE UNA NACIÓN ES TAMBIÉN EL DE UNA POETA

Lina, usted que vivió esos años, tumultuosos, de los primeros de la Revolución, imprescindibles a la hora de hablar de la mejor  literatura cubana, como joven que quiere cambiarlo todo, ¿cómo los vivió?, sabemos que fueron intensos.

El tiempo de mi vida ha transcurrido entre los años setenta, años de una vida bohemia que viví intensamente, en el período que va de los sesenta a los setenta, viví y disfruté el mundo nocturno de La Habana , aparejado a ese otro mundo fascinante de la Escuela de Artes y Letras dirigida por Vicentina Antuña y Mirta Aguirre. Fui discípula de Mirta y gracias a ella pude rápidamente desarrollarme en el campo de la literatura, pero también tuve una tutora importantísima para mí, que fue la doctora Josefina Suárez, una mujer que me abrió completamente las puertas de la literatura universal.

 

Sí, pero ya tenía una formación anterior.

De niña tuve el privilegio de crecer en un colegio, porque mis padres fueron dueños de colegio en Santiago y ya desde que tenía seis o siete años me había leído a lord Byron, eso representa una ventaja enorme, y a Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, entonces yo tuve lo que se llama una carrera meteórica, y agradezco esas primeras lecturas, tan fundamentales e inolvidables para cualquiera.

 

Entonces, ¿cómo continuó la vida de esa Lina de Feria?

La carrera la llamo meteórica en el sentido de la rapidez. Ya con veinte años me había llevado el premio David, que era un premio nacional, y puedo decir realmente que mi vida ha sido azarosa porque tengo un sentimiento de etapas buenas y malas, las etapas malas no quiero ni hablar de ellas porque no vale recordar los tiempos de marginación. Pero si es válido decir que en estos momentos estoy en la culminación de una carrera muy interesante, después del último Premio de la Crítica, mandé al concurso Raúl Hernández Novás mi poemario El Libro de los Equívocos  y gané el premio, lo que me satisfizo mucho porque es un premio de convocatoria internacional. Y realmente he publicado otros como Omisión de la Noche, publiqué un poquito antes El Rostro Equidistante, publiqué Absolución del Amor y País sin Abedules, a tal punto que mi obra está considerada por la crítica como una de las obras más importantes de la literatura cubana, no lo digo yo, porque parecería una falta de modestia, estoy dando opiniones críticas que para mí son sorprendentes a la vez. Me sorprendo tanto como cualquiera, quiere decir que a mi edad tengo una carrera hecha, tengo muchos discípulos por todas partes del país, gente que se acercó a mí desde Las Villas, Santiago de Cuba, Pinar del Río y desde La Habana misma, Matanzas, yo ya no puedo decir que mi casa es mía, sino de todos los que pasan por ahí y que reciben el estímulo y la opinión mía sobre su obra, lo que ha significado, y me llena de orgullo, es que haya gente que yo haya ayudado a formar y que en estos momentos sostienen los pilares de la poesía que se escribe hoy en Cuba.

Quiere decir que estoy imbricada en la formación de las nuevas generaciones y por eso es para mí una cosa extraordinaria ser miembro de honor de la Asociación Hermanos Saíz, cuando allí está la vanguardia del arte joven cubano, que tanto me impulsa y me llena, porque los jóvenes están siempre atentos a lo que yo hago, a lo último que publica Lina de Feria y eso es una de las cosas que más me sostienen y alimentan. Ese es uno de los lauros más lindos que tengo ganado, aunque tengo la Orden por la Cultura Nacional.

 

Siempre existen cosas nuevas que los escritores no publican, ¿tiene alguna considerando su silencio de años?

Tengo proyectos interesantes, estoy escribiendo una prosa más bien surrealizante, con idea de mandarlo a concurso.

 

¿Podría aclarar su concepto de surrealizante?

Surrealizante es una prosa que no es realista, es una prosa poética por así decirlo, pero prosa, y es un cuento por la extensión que tiene, no una novela. También hago al mismo tiempo crítica literaria, la conjugo con mi proceso de escritura.

 

Eso es algo también interesante, una zona de su obra considerada rara y poco visitada tanto por los lectores como por la crítica.

Sí, actualmente yo soy la persona que intenta ser la que más crítica literaria promueve de los libros que salen de poesía, generalmente me acerco a sus autores y hablo de lo que claro, me parece más interesante. Porque no todo lo que se publica es digno, desgraciadamente. Hecho que me da una preeminencia en el conocimiento de lo que está sucediendo en la poética del país.

 

Y usted, como autora, ¿qué lugar ocupa la crítica en su obra?

Es muy importante. Ahora yo voy a editar por Ediciones Capiro, un material que se llama La Prosa Intensa y que son parte de mis reseñas críticas.

Entonces creo que esa mirada mía a la crítica literaria va a ser necesaria para que exista juicio y pluralidad, tan necesarios y que no siempre existe.

 

UNA MUJER QUE ESCRIBE A PESAR DE TODO

Mucha gente habla de las influencias, su voz poética tan personal, ¿cree que las tiene?

Por supuesto, de entrada reconozco a la literatura hebrea, yo estoy muy influida por la Biblia, en la edición clásica de Casiodoro de la Reina, que me formó mucho en todos mis primeros años, entonces yo tengo el tono sálmico de de los Cantares que aparecen en los salmos de la Biblia. La idea del versículo como aliento en el movimiento rítmico de mis poemas, mucho de literatura hebrea y por ende también me llega la influencia de Gabriela Mistral, cercana a mí y que es una de mis grandes influencias. Desolación fue para mí un libro tremendamente formador. Aunque algunos críticos como Beatriz Maggi que es mucho más autorizada que yo, dice que ve algo como el sonido de T.S Eliot en mi obra.

 

También suponemos que las tenga de los escritores cubanos, no ya de los clásicos, sino de aquellos que veía a diario y que quizás no sabía compartirían aquel parnaso.

Yo precisamente estuve muy vinculada a todo lo que llegaría a ser después el esplendor y en ese momento era también esplendor desde una etapa adolescente, esplendor de la cultura cubana, porque yo era muy joven.

Qué decir, era bonita, tenía dos facultades, era joven y talentosa, tal vez por eso no me daba cuenta de lo afortunada que era, imagínate que La Habana era una olla de lobos, y te voy a dar datos interesantes, Luis Suardíaz, ya fallecido, estuvo enamorado de mí, Rafael Alcides Pérez, estuvo muy enamorado de mí también, aquello fue tremendo, y otra serie de gentes que no las voy a decir por que no sé si te interesa te aclare su orientación sexual, pero era realmente espectacular la lucha que había allí, vivía imbuida en ese mundo, alguien que me ayudó mucho fue Virgilio Piñera, yo era muy amiga de Virgilio.

 

Un sujeto alucinante y revelador en la vida cubana de esos años, ¿cómo llegó a Virgilio?

Llegué a Virgilio porque me llevaron a él, me llevaron las gentes de Ediciones El Puente a un recital que organizó Virgilio en el Gato Tuerto, yo no tenía todavía el premio David y andaba aún como se dice con mi maletica, pero ya traía la experiencia de leer poesía en Santiago de Cuba. Entonces Virgilio me puso a leer junto a otros poetas un poco más consagrados como Miguel Barnet, Nancy Morejón y una serie de personas esa noche. A partir de ahí quedó una amistad entre Virgilio y yo extraordinaria. Yo iba a su casa sin avisarle, y los sorprendía jugando a las cartas con José Rodríguez Feo, y siempre tuve el valor, que me llena de orgullo, a pesar de yo estar en estratos dirigentes, porque dirigía El Caimán Barbudo y pertenecía al secretariado de la Juventud Comunista de que cuando más daño le hicieron, yo cruzaba las calles inmediatamente que lo veía para decirle Maestro, ¿Cómo está usted? Él estaba con su jabita haciendo mandados, y lo ayudaba. En tiempos en que estaba maltratado por el marginamiento que hicieron de él. Claro, después me marginaron a mí.

 

Un tema espinoso, como una continuación de Lunes de Revolución.

Lunes de Revolución fue un suplemento literario del periódico Revolución que agrupó a gente de la generación de los cincuenta, Lisandro Otero, Antón Arrufat, Pablo Armando Fernández, pero había una persona muy controvertida dentro del grupo que fue Guillermo Cabrera Infante, y yo tengo un recuerdo de Guillermo que es un recuerdo negativo, acorde con esa política de ataque que él propugnó en el grupo. Alguien como César López me ha comentado que eso era consustancial con el carácter insoportable de Guillermo Cabrera Infante. A él yo le mandé unos poemas desde Santiago de Cuba, era muy joven todavía, no me había llevado el David, yo tenía dieciséis años, pero ya para mí se me revelaba el potencial que tenía y me decido a mandar mis poemas a Lunes de Revolución, y Guillermo me respondió con una carta diciéndome que mejor me retiraba de la poesía. Luego, no recuerdo dónde, comentó que aquello había sido una barbaridad.

 

Usted por su edad no fue atacada desde Lunes de Revolución, pero luego sí fue muy censurada porque le pusieron algunos motes de contrarrevolucionaria, desde lugares que antes contaron con su colaboración y ayuda, incluso de la mano de personas que se decían sus amigas.

Quisieron ver en mí una línea de escapismo, de no revolucionaria, de gente pesimista y luego han tenido que acercarse a decirme, perdóname Lina, que yo en aquella época no entendía lo extraordinaria que tú eras. Son personas que ahora las saludo como a cualquiera.

 

Hablemos claro, Lina pienso en el grupo del Caimán Barbudo.

Con el Caimán sucede algo también de golpe, recién premiada con el David y aún caliente con mis estudios de Letras, me llaman para que dirija la revista. Ya tenía mis acercamientos a ella, pero dirigirla, sin preámbulos, fue chocante. Cuando pregunto que pasó con el anterior consejo de dirección me ignoran y es entonces que decido, con todas las ganas que tiene todo joven a darle un vuelco a la revista, ponerla en la corriente de lo que más valía y brillaba del arte mundial, darlo a conocer acá. Así surgió la idea de hablar desde sus páginas del Expresionismo y de los procesos pujantes a nivel artístico que vivimos en  los sesenta. Pero un mal día me llamó un sujeto del Ministerio del Interior para alertarme que estábamos peligrosamente acercándonos a la contrarrevolución. Por supuesto que aquella persona como muchas otras no entendió las razones que di, y un tiempo después a mí también me sacan. Entonces quedo en la misma posición de aquellos que me atacaron durante y después, como es el caso de Guillermo Rodríguez Rivera, a quien actualmente aprecio mucho, pero que en su momento no tuvo tibiezas conmigo. En la presentación de su última novela, que precisamente recoge una visión muy propia de los años que estuvo en el Caimán Barbudo, no pasábamos de las ocho personas, y allí estaba yo. Y cuando terminó la presentación, compartimos juntos una botella de ron en la UNEAC, y en un momento que se propició Rodríguez Rivera me dijo, Lina, y pensar que yo era uno de los que más daño te hacía. A lo que yo, con mi natural carácter le respondí que aquello ya era pasado, y lo que importaba era que yo nunca lo odié y sabía que ese día llegaría, para ambos y para la cultura cubana.

 

Ya sabemos porque lo vivió, ¿pero cree que habrá afectado realmente como se comenta aquel quinquenio gris la producción literaria de los setenta?

¿De los setenta?, es difícil, es realmente difícil. Escritores de los setenta son Fina García Marruz y Cintio Vitier. Yo estoy bastante en contra de la teoría de las generaciones y de las décadas. Es decir, la literatura se va haciendo. El propio Cintio dice que no se puede hacer la historia de una literatura antes que esta se produzca. En toda esa etapa había un grupo de gente que estaba escribiendo, pero que no publicaba. Yo soy literatura de los setenta, Delfín Prats es literatura de los setenta.

 

A su juicio, ¿es salvable la producción de aquel período, con todo y el cuestionado boom de la literatura policial y la seudo-escritura publicada?

Onelio Jorge Cardoso era salvable, enormemente salvable. Manuel Cofiño tiene su interés también. Y yo siempre aparto a Félix Pita Rodríguez porque sus Viajes de Marco Polo lo mantenían bastante novedoso con lo que hacía, y que ya en el plano personal tenía un aire de dandy realmente para mí impresionante.

 

¿Cómo cree que influyó esta época y sus contradicciones en lo que se hizo luego y en lo que se escribe actualmente?

Ahí hubo una ruptura, porque ya en los ochenta y los noventa irrumpen María Elena Hernández, Damaris Calderón y toda una serie de escritores con ideas absolutamente originales, toda una serie de gente con ideas absolutamente origenistas, que estaban interesados en renovar el pálido panorama de lo que se hizo antes. Obviamente lo renovaron en vida personal y en obra. Para mí lo que prima es el espíritu de ruptura, y no de continuación.

 

Lina, se nos acaba el cassette pero esta pregunta por manida, a su persona le viene como anillo al dedo, usted que conoce el ruido ensordecedor, pero también el silencio más triste, ¿si volviera atrás que cambiaría?

No cambiaría nada. Es decir, no me arrepiento de nada. Hace un añito hice una locura y estaría dispuesta a repetirla. Porque entre otras cosas vi el río Mississippi que es tan lindo, y entonces me parece que siempre hay posibilidades en cada acto que haga uno con honestidad. Con honestidad de que las consecuencias, si son negativas sirvan para profundizar más en la naturaleza humana, y si llegan a ser positivas mejor. Porque yo estuve en la cárcel, una niña criada en un ambiente casero, enfrentarse a la marginalidad de una cárcel y hacerse parte de él no es recomendable.

Yo que vi el mar negro y pestilente de Miami, sin el azul que tiene el de La Habana conozco el sufrimiento. Pero también la dicha y no me arrepiento de nada de lo que he hecho con mi vida.

Gracias Lina.

No hay que darlas.


Lina de Feria

(Santiago de Cuba, 1945). Con Casa que no existía recibió en 1967, el Premio David compartido con Wichy Nogueras (Cabeza de zanahoria). A mansalva de los años, 1990; El ojo milenario, 1995; Rituales del inocente, 1996 y A la llegada del delfín le valieron cuatro Premios de la Crítica. Fue Jefa de Redacción de la revista cultural El Caimán Barbudo y en el año 2005, estuvo nominada al Premio Nacional de Literatura. Cualquier mirada sobre la poética cubana incluye a Lina entre una de las voces más peculiares de su generación. En el 2008 ganó el Premio Nacional Nicolás Guillén con su poemario Ante la pérdida del safari a la jungla.

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