OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Julio 2010. Año cuatro. Número trece

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Datos de la revista, julio 2010, año 4, número 13
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La Academia Cubana de la Lengua y la Real Academia Española: un vínculo hispanocubano en varios tiempos

 

Alejandro González Acosta

La Academia Cubana de la Lengua (ACuL) se fundó el 19 de mayo de 19261, a menos de un cuarto de siglo de haberse logrado la independencia del país, y estuvo integrada desde sus comienzos por un grupo de prestigiosos intelectuales de la época, provenientes de las más diversas tendencias y posiciones políticas, literarias, estéticas e ideológicas, con el propósito común de trabajar por la defensa del idioma español y su estudio. El primer Director de la ACuL fue el filósofo y político Don Enrique José Varona.

Durante mucho tiempo, la ACuL se mantuvo por el apoyo único y personal de sus miembros, y desarrolló una activa participación en los foros lingüísticos internacionales. Fue un notable académico cubano, Don Adolfo Tortoló, quien presentó en Madrid (1955) en el escenario del II Congreso de Academias de la Lengua, su ponencia "La legitimidad gramatical de la pronunciación hispanoamericana" y logró se aprobara una moción reconociendo la propiedad y pertinencia del seseo hispanoamericano.

Miembros prominentes de la ACuL fueron profesores y ensayistas como Don Raimundo Lazo Baryolo y juristas como Don Ernesto Dihigo y López Trigo, hijo del ilustre filólogo Don Juan Miguel Dihigo y Mestre, fundador de los estudios de fonética experimental en la isla. Don Ernesto fue un distinguido universitario, pues impartió clases de Derecho en la Universidad de La Habana durante muchos años y fue el representante cubano para la firma de la constitución de la Organización de Naciones Unidas en la ciudad estadunidense de San Francisco en 1945. Perteneció, junto a Manuel F. Gran y Raimundo Lazo, al grupo de prestigiosos intelectuales que al triunfar la Revolución Cubana el dos de enero de 1959, fueron nombrados por el Presidente Provisional Manuel Urrutia Lleó como embajadores de la isla en Francia (Gran), la UNESCO (Lazo) y Washington (Dihigo). Resultó una fugaz "luna de miel" entre el nuevo poder cubano y los intelectuales del "ancien régime", cuando el proceso revolucionario se definía aún como "más verde que las palmas" y con un ideario democrático y liberal.

La Academia Cubana guardaba con la Real Academia Española una relación fraternal, nunca de supeditación, aunque reconociendo la precedencia de la corporación fundada por Felipe V en 1715. De esta manera, colaboraron en medio de circunstancias desfavorables y hasta adversas, y la primera participó en Congresos de las Academias de la Lengua como los de México (1951) y Madrid (1955).

Estrechamente vinculadas con la Academia Cubana de la Lengua se encontraban otras asociaciones afines en sus propósitos, como la Sociedad de Conferencias de La Habana (6 de noviembre de 1906)2, la Academia de la Historia (20 de agosto de 1910)3 y la Academia Nacional de Artes y Letras (31 de octubre de 1910)4. Un rasgo sustantivo de estas instituciones era la pluralidad artística e ideológica de sus integrantes, desde liberales como Varona hasta nacionalistas de izquierda como Emilio Roig de Leuchsenring.

En agosto de 1951, por un decreto del Presidente Carlos Prío Socarrás5, se le reconoció carácter oficial como "de interés público" y otorgó apoyo económico y material para las tres academias, a las cuales se les concedió en comodato el inmueble del antiguo Palacio del Segundo Cabo o de los Tenientes Gobernadores de La Habana, en la Plaza de Armas de la Habana Vieja, con un modesto presupuesto para atender sus necesidades esenciales. Los académicos continuaron, como hasta entonces, sin percibir retribución alguna por sus labores, realizadas de forma paralela con sus actividades profesionales. En las tres instituciones se encontraban numerosos intelectuales opuestos a los sucesivos gobiernos cubanos, sin que se afectara por ello su pertenencia a las mismas.

En 1960, la Academia Cubana de la Lengua, al igual que sus otras dos corporaciones afines, fueron desposeídas de los espacios arriba citados, su patrimonio incautado y disperso en instituciones "revolucionarias" como la flamante Academia de Ciencias de Cuba, y suprimido el modesto presupuesto que le fuera acordado anteriormente para apoyar al menos de forma mínima y casi simbólica, sus necesidades. Las Academias de la Historia y de Artes y Letras desaparecieron en ese momento, pero la ACuL fue sostenida desde entonces por sus miembros y se afincó en la casa de Antonio Iraizoz, más tarde en la de Ernesto Dihigo, y finalmente en la de Dulce María Loynaz, hasta la muy reciente fecha del 11 de enero de 2010 en que por gestión de uno de sus miembros actuales, Eusebio Leal Spengler, se le abrió espacio en un piso del Colegio de San Jerónimo, en La Habana Vieja, en lo que fuera por muchos años el Ministerio de Educación de Cuba, y antes estuviera ubicada la Universidad de San Jerónimo de La Habana, en las calles de Obispo y San Ignacio.6

 

España y Cuba: una relación difícil de más de cinco décadas

Durante 56 años, desde la instauración de la República de Cuba el 20 de mayo de 1902, las relaciones entre España y la isla fueron normales y durante períodos prolongados francamente buenas. No ocurrió como en otros países hispanoamericanos recién independizados, donde el odio al hispano flotó en las espesas atmósferas nacionalistas durante varias décadas, provocando incluso la expulsión total de españoles, según sucedió en México en 1827. En Cuba, por el contrario, la antigua "madre patria" quedó convenientemente distanciada, pero no tanto que significara cortar los lazos históricos, culturales y sanguíneos que unían ambas naciones. Durante más de medio siglo de vida republicana democrática, Cuba siguió siendo uno de los destinos preferidos por los emigrantes españoles, quienes respondían a la imagen que identificaba la isla como una nueva Jauja. La peculiar relación que se estableció entre España y Cuba creo puede resumirse con esa melancólica afirmación hispana que forma parte del habla cotidiana, como consuelo cuando algo muy valioso se malogra: "Más se perdió en la Guerra de Cuba". Baste recordar que Antonio Cánovas del Castillo había decidido sacrificar en la guerra contra los insurrectos cubanos "hasta el último hombre y la última peseta", y que en la isla antillana habían combatido ejércitos españoles más numerosos que los que pelearon en todas las guerras por la independencia de Hispanoamérica, como afirmó nada menos que el primer presidente de la Primera República Española, Francisco Pi y Margall.

Sin embargo, esta sosegada y casi familiar relación entre ambos países se vio turbada a partir de enero de 1959, con el triunfo militar de la insurrección popular contra el dictador Fulgencio Batista, que terminó dirigiendo Fidel Castro Ruz. Hijo de un gallego venido a la isla para pelear contra los guerreros independentistas cubanos, y quien amasó una confortable fortuna, el flamante Primer Ministro Castro no tardó en dar pruebas de un carácter atrabiliario y peleonero, digno de sus mejores años en el "bonche estudiantil" de la universidad habanera, cuando las calificaciones se obtenían a punta de pistola de los aterrados catedráticos. El 5 de enero de 1960, vísperas de los Santos Reyes, Castro atacó directamente en la televisión cubana a la Embajada Española en La Habana, acusándola, sin pruebas, de realizar "conspiraciones fascistas y contrarrevolucionarias". El entonces Embajador español, Juan Pablo de Lojendio, Marqués de Vellisca, convaleciente de una operación quirúrgica, no dudó en presentarse -con mejor ánimo que tino y prudencia- en el estudio donde todavía hablaba el Primer Ministro, y lo interrumpió para afirmar que mentía y exigir una retractación. De inmediato, el mandatario cubano decretó su expulsión del país en menos de 24 horas. Este incidente, sin precedentes, estuvo a punto de provocar que las relaciones entre España y Cuba se quebraran, lo cual no dudó Castro en hacer; sin embargo, fue la decisión del Jefe de Estado español, Francisco Franco Bahamonde, quien impidió esto, pues ordenó se manejara con suma calma y discreción el asunto y lo resumió en una frase a su Canciller Fernando Castiella: "Con Cuba, cualquier cosa, menos romper". Esta línea, dispuesta por quien fue llamado Caudillo de España, ha sido seguida, con altas y bajas, por todos los gobiernos españoles desde la Transición y los gobiernos de la democracia, con un amplio espectro político, hasta la fecha de hoy.

Teniendo esto en cuenta, desde 1960 a 1975 -fallecimiento de Franco- los diplomáticos españoles tuvieron mucho cuidado y aplicaron su mejor empeño para que nada pudiera nublar siquiera las relaciones entre ambos países, aunque en Cuba el gobierno organizara campañas a favor de Julián Grimau en 1963 y en contra del fusilamiento de los cinco miembros del FRAP, en septiembre de 1975, así como servir de guarida a numerosos líderes etarras. Al mismo tiempo, numerosos exiliados republicanos españoles ocupaban posiciones importantes en el gobierno revolucionario, como Luis Amado Blanco (embajador de Cuba en Portugal y la Santa Sede) y Manolo Ortega (maestro oficial de ceremonias del gobierno cubano). No obstante, en este juego de difíciles duplicidades, Castro nunca reconoció al gobierno republicano español en el exilio, como sí hizo, más rectamente, México, desde 1939. No deja de producir al menos asombro, si no absoluto estupor, que cuando muere Franco el 20 de noviembre de 1975, Fidel Castro decreta tres días de duelo oficial, honor que no recibió al fallecer Mao Zedong...

Con el advenimiento de la democracia en España por vía de "la solución biológica", sin embargo, la situación entre ambos países lejos de facilitarse, se complicó: ¿cómo explicar que un país donde reinan plena e irrestrictamente las libertades y los derechos de las personas tenga relaciones con otro donde sucede todo lo contrario? Después del período de Adolfo Suárez, al ocupar el joven Felipe González la Presidencia del Gobierno, es cuando se reanudan, paradójicamente, los roces y encontronazos que no se habían producido desde el "affaire Lojendio". Se vuelve a poner sobre el tapete de negociaciones la indemnización de los ciudadanos españoles a quienes se expropiaron sus bienes en la Cuba de Castro, y hasta en el plano anecdótico se producen escenas dignas de la ópera bufa, como las que narra el testigo presencial Alfredo Bryce Echenique en su libro de antimemorias Permiso para vivir.

A pesar de estos choques entre "los grandes", los embajadores españoles en la isla procuraron hacer su trabajo lo mejor posible dentro de circunstancias adversas y en ocasiones particularmente difíciles. Las relaciones con la intelectualidad cubana se traducían en comidas memorables que aliviaban a los favorecidos de la dieta "revolucionaria" impuesta por la Cartilla de Racionamiento, conocida sólo como "La Libreta" (la muy temida e inevitable, bautizada oficialmente con el eufemismo de "Libreta de Abastecimientos"). El poeta y sacerdote Ángel Gaztelu me contó esta anécdota: un día, el embajador español invitó a comer a José Lezama Lima -famoso por su apetito- y a él en su residencia. Envió su auto oficial con chofer a buscar al padre en su Iglesia del Espíritu Santo en La Habana Vieja y a Lezama en su mítica casa de Trocadero 162, para llevarlos a la exclusiva zona de Miramar. Cuando llegaron ante la verja de la mansión, esta franqueó el paso y entonces Lezama, abriendo teatralmente los brazos exclamó: "¡Regocijémonos, Padre, que hemos llegado a las Minas de Matahambre!"

Otro embajador español tomó parte involuntaria en un incidente algo chusco en relación con la Academia Cubana de la Lengua. Cuando inicié la gestión que ya referí para conseguir un local digno donde se pudiera establecer la Academia, motivos de salud me impidieron continuarla durante un mes, situación que aprovechó un poco escrupuloso académico entonces para personarse ante el diplomático hispano y pedirle que apoyara a la corporación con una lista de provisiones. Recuperado a medias de mi enfermedad, cuando fui a visitar a Dulce María ella me tomó las manos y llorando me dijo, con una rabia que apenas podía contener: "¿Sabes, ‘Benjamín’ -así me llamaba, por ser el más joven de los miembros- lo que ha hecho ‘Fulano’7? ¡Fue a ver al embajador español y le pidió que para la nueva sede de la Academia mantenga con recursos de la embajada un bar con productos españoles (jamones, chorizos, vinos de Rioja, salchichones... Vi la lista, de su mano)! El embajador, tan educado, me llamó para preguntar si eso es cierto... Y le dije que no estaba enterada y por favor que no le hiciera ningún caso". Por otro lado, este "activo" académico también fue a la sinagoga que tratábamos de negociar, y amenazó a los aterrados judíos quienes la mantenían a duras penas, con mandarlos a encarcelar por "gusanos contrarrevolucionarios" y "sionistas de la CIA" si no entregaban sin más la casa. Me apliqué entonces, lo mejor que pude y supe, a tratar de reparar las desaforadas acciones de este "paquidermo despavorido suelto en cristalería", pero el saldo de todo este embrollo es que ya no se pudo hacer nada más en ese momento con el sentido de obtener un local para la Academia.

Ingresé en la Academia Cubana de la Lengua el 23 de abril de 1983, cuando aún no había cumplido los 30 años de edad, con un discurso dedicado al maestro Raimundo Lazo Baryolo, de quien tomé sillón (aún no eran identificados con letras) y collar (el cual conservo conmigo), que respondió Dulce María Loynaz como Vicedirectora. Conservo el manuscrito original de ese texto, que me obsequió Dulce María, y lo publiqué años después en la revista Plural de México, entonces dirigida por el amigo Jaime Labastida. En ese momento, la ACuL estaba formada por:

Ernesto Dihigo (Director), Dulce María Loynaz (Vicedirectora), Delio J. Carreras Cuevas, Arturo Doreste, Adolfo Tortoló, Caridad Quintana de Bretón, Armando Álvarez Bravo, Enrique Labrador Ruiz y Néstor Baguer Sánchez-Galarraga. Los que forman hoy la ACuL, con las excepciones del Doctor Delio Carreras Cuevas (de hecho, el decano de la ACuL: ingresó el 26 de junio de 1979), Historiador de la Universidad de La Habana, y de los poetas Armando Álvarez Bravo y Luis Ángel Casas, ingresaron después de la fecha arriba apuntada. En aquel momento, califiqué mi ingreso como "una generosa distracción de los ilustres miembros de la corporación".... Y lo sigo pensando hoy, a 27 años de distancia en el tiempo... Más tarde, se agregarían las elecciones de Félix M. Argüelles y José Antonio Portuondo Valdor.

Durante muchos años, desde su expulsión del Palacio del Segundo Cabo hasta el principio de los años 90 del siglo pasado, la ACuL se mantuvo como la única institución cultural independiente en Cuba. Quienes la formábamos, no éramos considerados "confiables" políticamente y se nos veía, en el mejor de los casos, con mucha reserva y cautela.8 En 1987 -después de varios (tres) intentos fallidos de conseguir el permiso de salida de la isla, nada fácil entonces- vine a México, para realizar un doctorado con una beca de El Colegio de México, el cual finalmente obtuve en la Universidad Nacional Autónoma de México (1996), donde hoy trabajo como Investigador del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, entidad que cobija a la Biblioteca y Hemeroteca Nacionales de México, dedicado por igual a los temas de la rica cultura novohispana que a la apasionante historia de la primera mitad del siglo XIX mexicano, sin abandonar, claro está, las constantes motivaciones e incitaciones cubanas. Por ello, realizo junto con otros amigos que convoqué, una edición crítica de las obras completas de José María Heredia, de la que ya han aparecido varios libros relacionados con este autor como El enigma de Jicotencal, donde procuré acumular pruebas para proponer a Heredia como el autor de esta enigmática primera novela histórica moderna hispanoamericana y también pionera indigenista, propuesta que ha recibido calurosos apoyos de eruditos como José Emilio Pacheco y otros; la primera edición de Jicotencal ya reconocida como obra de Heredia y su respuesta hispana, Xicoténcal, príncipe americano, de Salvador García Baamonde, para lo cual rescaté el único ejemplar que conozco de esta curiosidad literaria; y la edición que hice de la revista Miscelánea, periódico artístico y literario, publicada por Heredia en Tlalpan y Toluca (sucesivas capitales del Estado de México) entre 1829 y 1832. Espero en breve tiempo publicar otras obras con este sentido de rescate herediano.

 

Trastienda de un Premio Cervantes:

En 1992, en medio de los dimes y diretes de la ¿Celebración? ¿Conmemoración? ¿Reflexión? del V Centenario del ¿Descubrimiento? ¿Encuentro mutuo? ¿Encontronazo de Dos Mundos?, el Jurado del Premio "Miguel de Cervantes" decidió otorgárselo a la poetisa cubana Dulce María Loynaz, residente en la isla. De inmediato, el aparato burocrático-cultural oficial y oficioso cubano se puso en movimiento para atribuirse la candidatura de la hasta entonces arrinconada, olvidada y en ocasiones agredida escritora9. No fue cierto lo que afirmaron entonces, pues las autoridades culturales insulares nada tuvieron que ver con la nominación de la Loynaz, pues en esa oportunidad, el candidato presentado oficialmente por Cuba fue el gran poeta Eliseo Diego.

Para los futuros historiadores de la literatura cubana de todas las orillas, debe quedar bien clara la siguiente información: quien presentó en esa oportunidad ante el Jurado la candidatura de Dulce María Loynaz fue Don Inocencio Arias (a la sazón Secretario de Estado para la Cooperación Internacional y de Asuntos Iberoamericanos), por instancias de su amigo Don Eulalio Ferrer, publicista, teórico de la comunicación, escritor y mecenas hispano-mexicano. En 1991 propuse a los amigos Gonzalo Celorio Blasco, entonces Coordinador de Difusión Cultural de la UNAM y Hernán Lara Zavala, Director de Literatura, el proyecto, que aprobaron y apoyaron, de publicar una breve antología de la poesía de Dulce María Loynaz, en la Colección Material de Lectura de la UNAM, que apareció a mediados de ese año, con selección y nota introductoria mía. En febrero de 1992 fuimos a Cuba10 para entregarle más ejemplares de esa edición a Dulce María, como narra Celorio en su novela Tres lindas cubanas, publicada por Tusquets. Pero cuando en 1991 tuve mis primeros ejemplares, además de enviarle varios a Dulce María, le llevé uno a mi amigo Don Eulalio, en sus oficinas del Grupo Ferrer. En un par de días leyó el librito, se emocionó mucho, me llamó admirado, y me dijo que tenía que conocer inmediatamente a Dulce María Loynaz, de quien no tenía ninguna noticia. Fue entonces, velozmente, a La Habana, acompañado por otro gran amigo mío, el economista José Cuarón, y ambos quedaron tan prendados con la poetisa como sobrecogidos con el medio de soledad y aislamiento en que vivía. Al regresar a México, Don Eulalio me llamó y dijo: "Voy a hablar con mi amigo Inocencio Arias, para proponer directamente la candidatura de Dulce María Loynaz al Premio Cervantes. ¡Hay que premiar a esa mujer!" terminó diciendo muy conmovido. Y así lo hizo. Y así fue. Lo demás que se ha dicho, escrito y publicado, no es cierto. Y no fue tampoco en 1992 la primera vez que Dulce María fue nominada al Premio: en las actas de la ACuL, si las conservan y no las han extraviado, constará que en 1984 fue propuesta por mí, sin mayor apoyo de los otros miembros, y todavía en 1986, por segunda ocasión y con la misma autoría, llevé a la embajada española mi propuesta como miembro de la Academia para que se la considerara. A la tercera fue la vencida. Y vino de México y España, no de Cuba, tristemente. Todavía recuerdo la mañana de ese día cuando dieron a conocer el premio Cervantes que mi gran y admirado amigo Eliseo Alberto de Diego, "Lichi", me llamó para decirme: "Al fin te saliste con la tuya, Alejandro. Lo malo es que por dárselo a Dulce María se lo quitaron a mi papá..."

A partir de ese momento, percatándose las autoridades cubanas que "la vieja batistiana" aún estaba viva, se empezaron a publicar de nuevo sus obras, después de un largo paréntesis desde 1958 (Madrid, Aguilar) que no se editaba. Sólo La novia de Lázaro, amorosamente realizada en Madrid por Felipe Lázaro, y el humilde Material de Lectura que preparé para la UNAM, fueron las excepciones de esa regla de silencio impuesto. No puedo olvidar mencionar, por gratitud y justicia, nuevamente, a la admirada y aún en la distancia muy querida Lucía Sardiñas, quien calladamente, como es su estilo, empezó a mover los complejos y delicados hilos para que se restituyera a Dulce María el lugar que le correspondía: suya fue la propuesta para la concesión del Premio Nacional de Literatura, que hizo llegar a la UNEAC, entonces presidida temporalmente, debido a la incapacidad de Nicolás Guillén, por Lisandro Otero, quien la rechazó. La UNEAC, ese mismo año, inicialmente, propuso a Lisandro Otero... Consta en actas. De igual manera, Sardiñas influyó decisivamente para que Dulce María viera cumplido su antiguo y mil veces frustrado sueño de ser publicadas las Memorias de la guerra, escritas por su padre, el Mayor General Enrique Loynaz del Castillo, y preparadas devotamente por ella, uno de cuyos primeros ejemplares guardo con una cariñosa y generosa dedicatoria de Dulce María. Sé que esta publicación fue una alegría aún mayor para ella que su Premio Cervantes.

 

La Academia Cubana de la Lengua en el Exilio:

Actualmente, vivimos cuatro miembros de la ACuL exiliados: Armando Álvarez Bravo y Luis Ángel Casas, en Miami; Manuel Díaz Martínez, en Las Palmas de Islas Canarias, y yo, en la Ciudad de México. No aparecemos en la relación oficial de la corporación habanera: hemos sido borrados de la historia... Víctor García de la Concha, Director de la RAE, en 1998 me dijo personalmente en Madrid que "para la Real Academia seguimos siendo Miembros de Número y Correspondientes Hispanoamericanos", pero no figuramos tampoco en la relación oficial de los Anuarios de la RAE... Los oficialistas aducen que por residir en el extranjero y haber adoptado nacionalidades distintas de la cubana. Sin embargo, la razón es otra: somos disidentes, opositores, indeseables y proscritos (nunca mejor dicho, por cierto, "sacados de las listas").

Si fuera por la razón que aducen, entonces el hace poco fallecido no sólo miembro sino hasta Director de la ACuL, Lisandro Otero, habría sido igualmente invalidado: residió varios años en México y recibió la ciudadanía mexicana, con renuncia previa de la cubana, en un acto solemne y público encabezado por el entonces Presidente Doctor Ernesto Zedillo Ponce de León.11

En los Estatutos originales de la ACuL (1926) se establecía clara y definitivamente que la condición de académico era vitalicia e irrenunciable; tengo entendido que así lo sigue siendo, sin condicionante alguna, en la Real Academia Española y en el resto de las academias hermanas hispanoamericanas. Sin embargo, en la actual ACuL, no sucede esto desde que fueron reformados esos Estatutos, a mediados de la década de los 90 del siglo pasado. Hubo varios precedentes de académicos cubanos que por los vaivenes de la política insular se exiliaban y seguían ocupando no sólo sus membresías numerarias en asociaciones como la ACuL, sino hasta sus cátedras universitarias con pleno goce de sueldo, como fueron los casos de Raimundo Lazo y Raúl Roa, durante "la anterior dictadura", la de Batista.

Los antiguos Estatutos, así como su Reglamento, vigentes desde el primero de noviembre de 1927 (con leves modificaciones en 1970 y 1971), fueron sustituidos por los que actualmente rigen la corporación, elaborados a la medida de la nueva Academia Cubana de la Lengua y de sus compromisos y vasallaje.

En su Artículo 2 se declara que "la Academia Cubana de la Lengua -ACuL- tiene vida autónoma, personalidad jurídica y plena capacidad civil para todos los efectos legales. Y en su Artículo 8 se establece que para ser miembro de número se debe "ser ciudadano cubano". Aunque en su Artículo 23 se estipula que "no podrá ser recibido en un mismo día más de un Académico", basta revisar la relación de miembros y sus fechas de ingreso para comprobar que esto no se ha cumplido en numerosos casos, lo cual invalida su propia legislación. Especialmente interesante es su Artículo 24: "El cargo de Académico de Número es vitalicio, pero puede ser revocado por acuerdo de la junta general en el caso de que el individuo que lo ostente delinca, cometa actos indignos o se ausente injustificadamente durante seis meses de las actividades académicas." Y más adelante, en el Artículo 26 se precisa: "El Académico de Número que durante seis meses no asista a las sesiones de la ACuL sin estar en uso de licencia ni excusar su falta por escrito, se entenderá que renuncia al cargo, el cual será declarado vacante y se procederá a cubrirlo en la forma dispuesta en los estatutos. Los Académicos de Número que por causa justificada no puedan temporalmente asistir a las sesiones de la Academia, podrán solicitar se les considere en situación de licencia por el tiempo que fuere menester."

Y el Artículo 27 es verdaderamente memorable por su redacción, indigna de una corporación como la Academia: "El Académico de Número que cambie su ciudadanía cubana por otra extranjera12, se entenderá que renuncia al cargo de Académico". ¿Será posible cambiarla por "otra nacional"? Pasando por alto el dislate, olvidan los ilustres legisladores académicos que el actual Estado cubano no reconoce como válido el cambio de nacionalidad que realice cualquiera nacido en el territorio nacional, de tal suerte que cuando viajan a la isla deben hacerlo con pasaporte cubano y no con el de su nueva nacionalidad.

El Artículo 77 merece ser reproducido: "Como la índole de la ACuL y de sus objetivos es literaria, lingüística y técnica, no podrá plantearse ni discutirse en sus sesiones ni en los trabajos que en su seno se hagan o que en ella o por ella se realicen o publiquen, ninguna cuestión política ni religiosa". Más allá del anglicismo deslizado ("cuestión", question, por "tema" o "asunto") lo que se transparenta es una declaración de apoliticidad, la cual se contradice abiertamente con su desempeño en los últimos años y de modo muy especial en la reciente fecha de febrero del 2010, a propósito del V Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE).

No se puede negar que están muy acostumbrados para hacerlo así, condicionando su presencia a que se acepten sin chistar sus demandas y reservándose el "derecho de admisión", incluso en los eventos que no organizan y a los cuales son invitados, asumiendo la actitud de censores y fiscales para determinar quiénes cuentan, en su juicio inapelable, con las credenciales aceptables como trabajadores de la lengua, según ocurrió en el recientemente frustrado V CILE en Valparaíso, conmovido hasta sus cimientos primero por la difusión de una declaración de la ACuL, y más tarde por un terremoto. Y luego se quejan del aislamiento... Están autocondenados a mil años de soledad.

Sorprende, pues, a la luz de todo esto, que precisamente en reciente fecha las relaciones entre la Academia Cubana de la Lengua con la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua resultara tan profundamente comprometida por el exabrupto de la corporación insular ante la reunión que iba a celebrarse en Valparaíso, donde el cataclismo padecido por la nación sudamericana fue el colofón de la implosión que motivó la institución cubana al rehuir tomar parte en el encuentro, después de haber confirmado oficialmente su asistencia, por enterarse de que estarían presentes "personas indeseables" para los oficialistas cubanos, quienes entonces no hacen honor a su pretendida "apoliticidad", pues claramente se refirieron a personajes como Carlos Alberto Montaner13 y Yoani Sánchez como motivadores de su ira, aunque es posible que hayan incluido también a Mario Vargas Llosa, Jorge Edwards, Jorge Castañeda y la muy larga y cada día creciente lista de sus desafectos y furores. Asombra entonces que una persona tan culta, sensata, sensible y tradicionalmente moderada como Ambrosio Fornet, por ejemplo, haya descalificado con términos tan absolutos y terminantes el cónclave austral en sus declaraciones sumamente ríspidas al periódico digital oficial La Jiribilla (N° 462, 13-19 de marzo de 2010). Es algo muy lamentable y triste todo este asunto.

No puedo imaginar el estupor que habrá experimentado el Director de la RAE, el recientemente "toisoneado" Víctor García de la Concha, al enterarse de todo el embrollo desatado por los colegas cubanos en relación con el V Congreso. Que él, hombre siempre tan amable y condescendiente -y hasta casi obsecuente, como hubieran deseado más sus invitados isleños- con los autoridades cubanas y en especial la Academia Cubana, haya recibido semejante trato que ponía en peligro la gran cita anfictiónica de la lengua española, creo le habrá servido para reflexionar y evaluar lo inútiles que resultan, en muchas ocasiones, las concesiones y los "paños tibios" con quienes no están dispuestos a transigir, ni ceder, ni ponderar argumentos con razones inteligentes. El movimiento telúrico opacó el movimiento ideológico de La Habana y no resultó en mayores consecuencias, pero dejó demostrado que la Academia Cubana actual no vacila en refrendar su absoluto compromiso político a pesar de su estatutaria "apoliticidad".

Por su interés documental y para ilustrar mis afirmaciones, reproduzco con fidelidad las cartas cruzadas sobre este penoso asunto.

La carta de la ACul no fue enviada a García de la Concha, como era dable esperar pues es el Presidente de la Asociación, sino directamente a todas las Academias pertenecientes a ella, y está redactada en términos no sólo perentorios, sino admonitorios; podría ser, si necesario fuera, un modelo de censura:

 

Carta de la Academia Cubana

El día 13 de junio de 2009 la Academia Cubana de la Lengua, al conocer los detalles de cómo se estaba organizando el V CILE, remitió una carta a D. Víctor García de la Concha en que expresaba su preocupación porque tal modo de concebir el encuentro significaba una distorsión de la índole, las misiones, la identidad misma de nuestras Academias, y subrayaba la importancia de que nos concentráramos en la dimensión cultural de la lengua.

Observábamos que muchas de las personas convocadas no contaban con los avales para certificar sus discursos sobre la lengua, y que la representación de esferas y sectores sociales era muy sesgada. Advertíamos que en estas condiciones el Congreso podría convertirse en un foro político y mediático más que científico, y abogábamos por ser cuidadosos sobre la idoneidad de los participantes.

En aquella ocasión no recibimos respuesta a nuestras inquietudes, lo que achacamos a problemas con las comunicaciones vía correo electrónico. Por esa razón, remitimos la carta nuevamente.

El 26 de enero de 2010 nuestro director recibió una respuesta de D. Víctor García de la Concha en que se apuntaba que estos congresos no están concebidos como congresos científicos, sino como foros <<para concitar la atención de los más variados sectores de la sociedad civil de todo el mundo hispanohablante sobre la lengua>>, relacionaba las incidencias de su fundación e historia y los dividendos que, a su juicio, habían dejado -siempre dentro de los marcos en que se habían concebido- para la salud de nuestro idioma. D. Víctor comentaba la presencia de delegados cubanos en reuniones preparatorias y solicitaba que nuestro vicedirector reconsiderara su decisión de declinar la solicitud de presidir una mesa. Afirmaba, por último, con toda justicia, los esfuerzos realizados, en su condición de presidente de la Asociación, para incrementar la presencia de las Academias en los congresos.

Tomando en cuenta estos argumentos, habíamos decidido enviar una delegación a pesar de nuestras discrepancias. En este momento, sin embargo, es nuestro deber expresar que la Academia Cubana de la Lengua no acudirá a un foro en que, como previmos, han sido invitadas personas que no cuentan con avales para reflexionar y discutir sobre el destino del español, y cuya presencia en el cónclave solo puede ser interpretada como una provocación política.

Con esta decisión, nuestra Academia se mantiene fiel a sus principios, a sus estatutos y a los dictados de la Asociación de Academias de la Lengua Española a la cual se honra en pertenecer. Esperamos fervientemente que se tomen medidas para que situaciones tan lamentables como esta, que minan nuestra unidad y obstaculizan el trabajo de concertación que con tanto esfuerzo y éxito venimos realizando, no se repitan.

 

La Habana, 18 de febrero de 2010
Academia Cubana de la Lengua

 

A contrapelo del tono de la misiva anterior, el Director de la RAE agotó el vocabulario diplomático y las más depuradas técnicas suasorias, y envió este mensaje a los miembros de las distintas Academias de la Lengua, acompañando la carta que dirigió a la ACuL:

Queridos amigos:

Adjunto la carta que envié a la Academia Cubana de la Lengua en respuesta al comunicado en el que, tras sucesivos titubeos, deciden no asistir.

La raíz última parece estar en la presencia de algunas personas que, a su juicio, podrían ser activistas frente al régimen político cubano.

Desde luego, haremos todo lo que esté en nuestras manos para impedir actuaciones políticas contra nadie. Hasta ahora no las ha habido en ningún Congreso. Y tal como digo en la carta a la Academia Cubana, en la próxima reunión de Directores podemos abordar este asunto y adoptar, en su caso, medidas precautorias.

Dicho esto, ruego a todos los Directores que se sumen con urgencia a mi petición solicitando a la Academia Cubana que, por favor, y en aras de la unidad, vayan al Congreso. Estoy seguro de que un correo de todos y cada uno de los Directores es lo que puede tener más efecto.

El correo de la Academia Cubana es:

presidencia@casa.cult.cu

isra@cubarte.cult.cu

Muchas gracias. Hasta pronto. Un abrazo

Víctor García de la Concha

Director de la Real Academia Española

Presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española

 

Y la carta que adjuntó García de la Concha al mensaje es ésta:

Madrid, 23 de febrero de 2010
Academia Cubana de la Lengua

 

Muy estimado Sr. Director y queridos colegas:

Acabo de leer la comunicación que se remite a todas las Academias de la Asociación y no puedo ocultar mi tristeza y, más allá de ella, mi preocupación.

En mi carta del pasado mes de enero me esforzaba en explicar la naturaleza de estos Congresos, que no son propiamente congresos científicos sino foros de encuentro de hispanohablantes para reflexionar libremente sobre distintos aspectos de nuestra lengua, sobre todo, los relacionados con su función en la sociedad. Añadía también que las Academias nos incorporamos tarde a su organización y que nuestras propuestas deben coordinarse con la posición del Instituto Cervantes y atender sugerencias del Gobierno del país anfitrión. En consecuencia, el proceso de información resulta complejo: querríamos los mejores en cada línea, pero no siempre aceptan y los fallos, habituales en estas programaciones, no siempre pueden rellenarse con personas del mismo nivel.

A pesar de ello, creemos que el programa de este año es de buen nivel.

La Academia Cubana ha participado hasta ahora en todos los Congresos celebrados y sus representantes, como se reconoce en el comunicado, han estado presentes en las reuniones preparatorias sin manifestar reservas de fondo. Solo, a raíz de la anterior misiva pudimos conocer que el Subdirector no se encontraba a gusto con la presidencia de la mesa que se le había asignado. Bastó una indicación suya para solucionarlo de inmediato.

Respetamos, pues -cómo no- la decisión que ahora se nos comunica, pero estoy seguro de expresar el pensamiento y el deseo de todas las Academias de la Asociación, solicitando, como formalmente lo hago, que la Academia Cubana haga un esfuerzo adicional y asista al Congreso.

Por dos razones. Una, porque la unidad y la concertación se aseguran mucho más con la presencia y el diálogo. Y porque, en tal sentido, en la reunión de Directores que celebraremos el domingo en Santiago de Chile podemos incluir en el Orden del día la discusión de los puntos conflictivos a que la Academia Cubana hace referencia y adoptar, en su caso, los acuerdos necesarios para evitar distorsiones de la línea congresual.

Puedo asegurarle que las Academias hacemos todo lo que sea preciso para que de ningún modo se produzcan acciones políticas que hasta ahora no se han dado en ninguno de los Congresos.

Apelo, pues, a la generosidad de la Academia Cubana, que tiene pruebas concretas de cómo la Asociación trata de evitar lo que la pueda afectar cada una de las Academias miembros, y, en consecuencia, evitemos una imagen de discrepancia que no responde a la realidad.

Con la gratitud segura de todas las Academias, le envío un cordial abrazo,

Víctor García de la Concha

Director de la Real Academia Española

Presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española

 

Una suerte de pudor me impide realizar comentarios de estas misivas. Sólo doy vuelta a esta triste y denigrante página.

De nada sirvió. El Quinto Congreso Internacional de la Lengua Española fue privado de la asistencia del delegado cubano quien, por otra parte, según el Programa, no presentaba ponencia alguna.

Ahora en Cuba la comidilla y única esperanza que conmueve a la sociedad es el beneficio que supone, en un país tan amable y placentero, abrigo de centenares de oleadas de migraciones desde aún antes del siglo XV (los arauacos también "venían de fuera"), acogerse a la "Ley de la Memoria Histórica" que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero implantó en España sin prevenir todos sus efectos en Ultramar, como es el caso de la isla antillana, y convertirse en ciudadanos españoles, con la posibilidad así de viajar a ese mítico lugar conocido como "el extranjero". Incluidos notorios cantautores de encendido verbo revolucionario, alguno de ellos exdiputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, campeones olímpicos, científicos de gran reconocimiento, pueblo llano, son más de 200 mil las solicitudes que han inundado al Consulado español en La Habana. A tal extremo ha llegado esta estampida, que el sempiterno Partido Comunista cubano ha dictado una prohibición de solicitar dicho acomodo a los miembros del Comité Central y del Consejo de Estado. Y varios ilustres miembros de la Academia Cubana de la Lengua, con el sigilo necesario y recomendable, ya lo han gestionado. De esta forma, en virtud de una "revolución" que comenzó como proyecto nacionalista y democratizador, se logrará a la larga que sea realidad la pesadilla decimonónica de José Antonio Saco: una isla de afrocubanos de rotunda y unánime negritud, pues cuando toda confianza en el futuro se malogra, sólo queda la huída como recurso de legítima defensa en esa porción planetaria donde se ha invertido la terrible amenaza que Dante Alighieri colocó en la entrada de su "Infierno": "Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate".

 

Tlalpan, 31 de marzo de 2010

 

Notas del artículo:

1.- Su primer director fue Enrique José Varona. Le siguieron, hasta la actualidad, Mariano Aramburo y Machado, José María Chacón y Calvo, Antonio Iraizoz, Ernesto Dihigo López-Trigo, Dulce María Loynaz Muñoz, Salvador Bueno, Lisandro Otero y Roberto Fernández Retamar

2.- "La Sociedad de Conferencias se debió a los empeños de un grupo de hombres de la primera generación republicana, pero sus propios fundadores mostraron especial interés en obtener la colaboración de los hombres de la anterior generación, entre los cuales se contaban las mentalidades más altas y reverenciadas con que contaba Cuba en aquel momento: Varona, Sanguily, González Lanuza, Montoro, José Varela Zequeira, Juan Gualberto Gómez, Eliseo Giberga, Alfredo Zayas y otros más. La Sociedad de Conferencias, iniciativa de la generación joven, fue por tal causa, la obra de dos generaciones, y aún pudo decirse, más adelante, que lo fue de tres, pues también la segunda generación republicana fue llamada a colaborar en este propósito." Max Henríquez Ureña. Panorama histórico de la literatura cubana, La Habana, Edición Revolucionaria, 1967, T. II, p. 272.

3.- Fundada durante el gobierno del Presidente José Miguel Gómez, por iniciativa del titular de Instrucción Pública, Mario García Kohly. Su primer Presidente fue Don Evelio Rodríguez Lendián.

4.- Fundada también durante el gobierno de José Miguel Gómez, su primer Presidente fue Don Antonio Sánchez de Bustamante y Sirvén.

5.- Y no de Fulgencio Batista Zaldívar, como dijeron alguna vez unos personeros para tratar de manchar la reputación de la ACuL con el calificativo de "madriguera batistiana"...

6.- A mediados de los años 80, participé en una gestión, frustrada por ambiciones personales de algunos cuyos nombres callo, para conseguir un local donde se pudiera establecer la ACuL. Se vieron varios espacios pero el que más interés logró fue el de una antigua sinagoga ubicada en la Avenida de los Presidentes, en El Vedado, esquina con la calle 21. Se conversó con los encargados de dicha agrupación religiosa y estuvieron de acuerdo en ceder el lugar a cambio de que se les restaurara otra sinagoga ubicada en Centro Habana. En esas gestiones conté con el apoyo decidido y generoso de una funcionaria honesta del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, la Doctora Lucía Sardiñas, que hoy puede dar fe y testimonio de ello. Conservo en la memoria varias anécdotas verdaderamente surrealistas de algunos que entorpecieron y finalmente frustraron esta gestión, con los comentarios cáusticos que Dulce María Loynaz me confió, los cuales narro más adelante en este texto.

7.- Recuerdo muy bien el nombre, pero ya es persona que no está en este mundo. Esta gestión no la realizó solo este señor, pues fue secundado por un grupo de sus entonces amigos, cuyos nombres también recuerdo muy bien, pero callo.

8.- Un ejemplo de esa "cautela" fue lo que me dijo en esa época el narrador Abel Prieto, entonces Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y hoy Ministro de Cultura: "Nunca he sabido, Alejandro, si tú eres un espía nuestro dentro de ellos, o un espía de ellos dentro de nosotros". Ni lo uno, ni lo otro, Abel...

9.- En la década del 70, la casa de Dulce María Loynaz fue allanada por la policía política que buscaba "depósitos de dólares y joyas". Rompieron una antigua caja fuerte... que estaba vacía. En el terrible año de 1980, en medio de la campaña oficial contra los llamados "marielitos" y "escoria", algunos furibundos vecinos de la zona realizaron un "mitin de repudio" contra la casa de Dulce María Loynaz, arrojando piedras y huevos. Es justo decir que Eusebio Leal Spengler, vecino de ella, se lanzó valerosamente para impedir semejante ultraje a la hija de un general mambí.

10.- Viaje extremadamente azaroso para mí, pues primero no me querían permitir entrar al país (siendo entonces ciudadano cubano) y después intentaron no dejarme salir. Fue una semana de irrepetibles emociones...

11.- Palacio Nacional, Salón de la Tesorería, 19 de enero de 1999.

12.- El énfasis es mío.

13.-He podido ver apenas hoy (30 de marzo de 2010), en la Internet, el texto de Carlos Alberto Montaner, y estoy convencido que no hubiera agradado nada a quien fuera como representante de la ACul a Valparaíso, pues se refiere en pormenor y con la agudeza que caracteriza al autor, a los escritores exiliados cubanos.


Alejandro González Acosta

Doctor en Letras Iberoamericanas por la UNAM. Investigador Titular del Instituto de Investigaciones Bibliográficas (Biblioteca y Hemeroteca Nacionales), de la UNAM. Profesor en la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Investigador Nacional, Nivel 2. Es Miembro, por elección, del Consejo Interno de su Instituto, del Consejo Académico de las Artes y las Humanidades y del Claustro Académico para la Reforma del Estatuto del Personal Académico, de la UNAM.

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¿Hay una economía 'capitalista'?

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La Era del PRI y sus deudos

Carlos Monsiváis

El cero a la izquierda (o la paradoja de "Juan con Todo")

Manuel Gayol Mecías

Finca Los Cocos: el primer sanatorio para enfermos de SIDA en Cuba

Rafael E. Saumell

La Academia Cubana de la Lengua y la Real Academia Española: un vínculo hispanocubano en varios tiempos

Alejandro González Acosta

Contra Saramago

Ricardo Bada

De herejías y cine feminista

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Justo Vasco

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"La brecha asquerosa que hay entre la gente rica y pobre en América Latina es caricaturesca"

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