

Uno
"Creo que el momento que uno ya es escritor depende de la definición que uno tenga. Para mí, en términos profesionales, diría que es aquel que tiene lectores anónimos, porque un escritor que escribe un manuscrito en su casa, que se lo da a leer a cinco amigos, pues también es su grado y su modo de serlo, pero para mí que todavía no sale de un universo privado. Para mí el escritor es el que sale al espacio público, donde está el desconocido, y entregas tu texto que va a ser leído por gente que no te conoce, que no te quiere, que no tiene tus ideas, que no tiene tu edad y convicciones, y que por tanto va poder degustar tu libro. Ese es el momento en que uno se convierte en escritor".
Dos
"Hay muchos tipos de escritores. Para mí los viajes son fundamentales porque me permiten conocer el mundo o la vida, conocerme más a mí mismo. Me gusta estar en lugares lejanos donde soy extraño para ellos, donde mis costumbres son raras, excéntricas, mi modo de ser es visto como algo raro, turbador. Me parece que es muy bueno ver el mundo desde diferentes ángulos, la política, la pintura, incluso la economía. Europa desde la India es todo un pequeño país, donde todos los idiomas europeos son uno solo. También América Latina se ve distinto desde la India, se ve su riqueza natural, se envidia el hecho que no sea sobrepoblado, se ve como un valor enorme el agua, el cielo es azul, todo lo que hay en ella y que empieza a no haber en otras partes del mundo".
Necrópolis
"Mi intención fue mostrar que la ficción, los relatos, son también una opción ante la muerte y el olvido, y hacer una versión contemporánea del Decamerón", dice Gamboa, finalmente. Como en la obra de Bocaccio, los personajes de Necrópolis, su novela más ambiciosa, escrita entre París y Nueva Delhi, también están aislados, pero unidos por la fragilidad, por el intento de inventarse una vida diferente. "Me gusta hacer los libros así, que sean de una lectura agradable, que se abra a historias diversas pero que estén hilvanadas por los temas importantes que debe tratar la literatura: la amistad, la muerte, la traición".
En Necrópolis, curiosamente, utilicé el mismo modo de trabajar que había usado en mi primera novela. Hubo muchas horas de escritura, aunque realmente fueron el resultado de un trabajo previo, de pensar en su estructura, en los temas que deseaba tocar. Una vez que la tuve escrita, la copié entera en el ordenador, como si me tradujera a mí mismo, y fui corrigiéndola intensamente. Capítulos que se reducen a dos páginas, páginas que se vuelven párrafos. Una vez que la tuve lista, sentí que me había apropiado completamente de la historia, que había escrito un texto extenso, de largo aliento.
Quería escribir una novela ambiciosa, divertida, que no fuera aburrida, aunque en ella se contaran cosas serias. Supongo que ahora tengo una mirada distinta sobre el mundo que nos rodea. Mucho más melancólica, tal vez, que cuando escribí mis primeras novelas, y mantengo una visión idílica, infantil. Echo de menos una época en la que todo era menos arrogante y no estábamos obsesionados por el triunfo y el éxito.
El escritor exitoso no es una figura interesante, no tiene valor literario. El éxito, en general, no tiene mucha literatura. La que a mí me gusta tiene que ver con situaciones complejas de la vida, más reflexivas, relacionadas con la frustración, la derrota, el miedo, la cercanía de la muerte, el peligro. Lo que me interesaba era escenificar una situación de asedio dentro de una ciudad con un fuerte simbolismo. De ahí que la ciudad que yo pinto en la novela sea, por supuesto, la Jerusalén del presente, a la que conozco bastante bien, pero también la Jerusalén histórica, mítica, más literaria que real. El Decamerón, que es una obra que siempre me fascinó, me vino muy bien. El deseo de escribir una novela que contuviera muchas historias, que fuera extraterritorial, que sucediera en diferentes lugares del mundo.
Tres y Coda: Colombia, los escritores
"Creo que hay gran actividad en todos los frentes y en todas las generaciones. Hay una literatura que está en activo, de autores mayores como García Márquez y Álvaro Mutis. Luego está una donde está Fernando Vallejo y Laura Restrepo. Hay otra donde está William Ospina, Roberto Burgos y después está mi generación, donde está Héctor Abad, Mario Mendoza, Enrique Serrano, pero nosotros que hace diez años éramos los jóvenes, ya no lo somos. Ahora son autores como Antonio García, Antonio Húngaro, Carolina Sanín. Todavía hay inclusive más jóvenes como Andrés Felipe Solano. Y ya son todos autores que tienen unos recorridos muy interesantes. Pienso que la literatura colombiana ha sido muy rica y pues que sigue dando muestras de movimiento. Ahora, no sé si entre alguno de nosotros haya un gran genio de la literatura como lo es García Márquez o Fernando Vallejo, pero el tiempo lo dirá".
Respuestas a los periodistas: Mónica Quintero Restrepo (El Colombiano.com) y Diego Gándara (Qué leer).
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