Septiembre 2011. Año 5. #20

Tamaño de la Letra: Mayor | Normal | Menor




 

Jorge Semprún:

La infidelidad política de los escritores

Carlos Báez Evertsz

Cuando lo vi hace unos meses atrás en Bruselas, en un salón del teatro de La Monnaie,  repleto de público, que había pagado por asistir  a la sesión cultural que organiza cada año la librería Passa Porta, nada en su presencia hacía prever que  pronto la enfermedad que padecía le llevaría  a la tumba.

Su presencia, su voz, eran los de cualquier persona acostumbrada a este tipo de actos culturales, y por su veteranía lo que se percibía en él era un cierto cansancio displicente pero educado, una paciencia para escuchar a los demás de los que no tienen prisa por hacer oír su punto de vista, y el único signo de deterioro que me llamó la atención era que cuando alguien del público hacía preguntas, el presentador del acto, sentado a su lado, se las repetía  al oído.

De ese acto, centrado en el Quijote, de Cervantes,  me quedó grabada  su “confesión” de que había leído por primera vez esa obra en alemán y después en francés y más tarde en español. Dijo que le impactó más la figura de Don Quijote que el libro en sí mismo. Debido a sus concepciones el estaba contra ese tipo de utopías.

Preguntado sobre la figura de Sancho Panza expresó, aunque no son sus palabras textuales, que en cierto sentido encarnaba el principio de realidad, el realismo, el sentido común, un poco el pensamiento burgués que se abría paso.

Reconocía, como casi  todos los escritores  la importancia de Cervantes y de su obra cumbre en cuanto que para Semprún la novela es el vehículo principal de la literatura. Por ello para él es ahí donde se encuentra la modernidad del Quijote.

Hijo de una familia bien política y culturalmente de España, nieto del político conservador Antonio Maura, su padre había sido un defensor de la República  y fue enviado a un puesto diplomático a París. Desde muy joven Jorge Semprún vivió en Francia dónde estudió. Allí pasó los años de la guerra civil y posteriormente allí permaneció durante buena parte de los años de la dictadura fascista y autoritario-conservadora de Franco, allí murió y fue enterrado.

Español que escribe en francés, Debray ha dicho de él que era un “patriota cosmopolita”. Semprún refiriéndose al patriotismo, que muchos escritores sitúan en la lengua, dijo que el patriotismo no está en la lengua sino en los contenidos, en lo que se dice con ella.

Semprún participó muy joven en la Resistencia Francesa como lo hicieron miles de españoles republicanos. De hecho, buena parte de este ejercito de las sombras, estuvo compuesto por ellos y fueron los que dieron las instrucciones militares preliminares a los jóvenes franceses que se unían al movimiento, como veteranos que eran de la guerra en España. Los franceses, nada generosos en este caso, han tardado años en dar el justo reconocimiento al papel primordial jugado por los españoles en la lucha por la liberación del nazismo.

Es apresado y enviado a Buchenwald donde militó en la organización clandestina del PCE. Allí le salvó la vida un militante comunista alemán y que conociera esa lengua. El militante le recomendó al llenar la ficha que no pusiera en ella que era estudiante sino que tenía una profesión manual. Los estudiantes duraban poco en un campo  de trabajo y exterminio que tenía como  sardónico lema en su frontispicio “El trabajo os hará libres”.

Al escapar del campo y ya de nuevo en Francia siguió militando en el PCE. Dice Santiago Carrillo que era un militante convencido, de probado valor, que desarrolló tareas plenas de peligros. Además era un hombre brillante. Pese a las reticencias a las personas que no tenían origen obrero que caracterizaba la política de reclutamiento y de ascenso a los puestos directivos en los PC de la época –con excepción del partido italiano-, fue promovido a la dirección del PCE.

Siguiendo lo que afirma Carrillo en su libro Los viejos camaradas sobre Semprún, como militante participaba plenamente de los tics de los militantes comunistas de ese periodo, es decir, “era tan estaliniano como el que más”. Y como tal en sus poemas  hacia loas al Partido, a la clase obrera, a Pasionaria, y sin dudas a Stalin (como lo hicieron tantos otros, incluido Neruda). Posteriormente destruiría tales escritos y abjuraría de ellos.

Como militante comunista Semprún contribuyó al desarrollo de la política del partido hacia los intelectuales, que comenzaban a dar muestras de  resistencia al franquismo a partir de 1947, con la publicación de revistas como Ínsula y Escorial. En el apartamento de Semprún se reunían escritores de paso por París y allí se redactó el primer llamamiento del PCE a los intelectuales.

El PCE decide enviar a Semprún a España para organizar, sobre todo, el trabajo entre los intelectuales ya que por su presencia, estilo y maneras estaba lejos de parecer el militante comunista tradicional y eso era una buena cobertura para su trabajo clandestino en el interior. Para desempeñar este papel  nació Federico Sánchez.

Su trabajo es reconocido que fue muy efectivo. Contó con el apoyo de la célula de los intelectuales formada por Javier Pradera (hoy periodista y editorialista de El País), Enrique Múgica (ex ministro socialista de Justicia y hoy Defensor del Pueblo, nombrado durante el gobierno de Aznar), Ramón Tamames (ex dirigente del PCE y catedrático de economía), Sánchez Dragó (escritor de éxito, presentador de programas culturales de televisión y radical anti comunista y anti socialista, convertido en un animador cultural de las ideas de la derecha española), entre otros.

En 1955 Federico Sánchez es elegido miembro del Comité Central del PCE y en 1956  miembro del Comité Ejecutivo. Estuvo desempeñando  tareas de dirigente hasta 1964 en que él y Fernando Claudín fueron separados del PCE. Los motivos tenían que ver con el diferente análisis sobre la evolución del franquismo.  Para el PCE la salida tenía que ser a través de la lucha – los  fascismos se habían derrotado sólo militarmente- , incluida la huelga general. Para Claudín y Semprún el régimen evolucionaba hacia formas más liberales y el partido tenía que tener en cuenta esto y actuar en consecuencia, cambiar el rumbo político.

Quizás el PCE perdió a un magnifico dirigente con la expulsión de Semprún pero el mundo de las Letras ganó  con ello a uno  de sus más notables escritores, ya que tuvo más tiempo para dedicarse a escribir. Sus obras se han centrado fundamentalmente en dos temas, la narración de las vicisitudes  de los anti nazis y judíos en los campos de trabajo y exterminio, es decir, de sus vivencias y percepciones de la vida en esos lugares. Y en segundo lugar, en narrar y exorcizar su pasado comunista basado en el conocimiento interno de la vida partidaria.

Su libro Autobiografía de Federico Sánchez es una narración basada fundamentalmente en sus vivencias en la lucha clandestina contra el franquismo y en la manera de operar del PCE en esta época. Nadie que lo haya leído puede olvidar la narración final de ese libro situada en una reunión de la dirección de ese partido, y la cual deja  muy malparada a la gran dirigente histórica del partido español, Dolores Ibarurri, Pasionaria, cuando le atribuye su parecer sobre los intelectuales con estas palabras demoledoras: “Intelectuales… cabezas de chorlito; intelectuales, cabezas de chorlito…”.

Del Autor

Carlos Báez Evertsz

Sociólogo y politólogo.Doctor en sociología. Licenciado y cursos de doctorado en Ciencias Políticas. Postgraduado en comunicación política. Funcionario de carrera por oposición del Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado de España (en activo de 1986 al 2009). Ha sido profesor de sociología y ciencias políticas. Actualmente es analista político. Publica habitualmente ensayos y articulos en revistas y periódicos. Nació en La Vega, República Dominicana. Reside en Bruselas. Es autor de varios libros sobre política dominicana e internacional, comunicación política y migraciones.

Este Lunes »

Unos escriben »

Otros miran »

OtroLunes conversa »

Punto de mira »

Cuarto de visita »

En la misma orilla »

Recycle »

Librario »