Septiembre 2011. Año 5. #20

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La necesidad del silencio

Por Cristina Consuegra

Habitaciones cerradas

Care Santos

Editorial Planeta, 2011

 

Habitaciones cerradas

Retratar una época a través de la ficción es un ejercicio arriesgado y complejo que implica altas dosis de pasión por lo que uno hace, especialmente cuando el objetivo del escritor no es testimoniar sino ofrecer, a través de las acciones y personajes, un retrato que otorgue al lector cierta responsabilidad dentro del entramado narrativo.

Internarse en el corazón de una ciudad que ya no es, profundizar en el comportamiento de quienes la habitan, en sus relaciones, configurar a través de éstas los ángulos imprecisos de ese espacio que habitamos y al que pertenecemos, repensar el lugar, volver a abrigarlo con historias que casi fueron posibles, este conjunto supone uno de los ejercicios de compromiso literario más interesantes que existe. En el libro que nos ocupa esa ciudad es Barcelona, concretamente, la Barcelona modernista, cuyo legado ha servido a Care Santos para escribir una de las novelas más interesantes de este 2011, Habitaciones cerradas (Planeta, 2011).

Debo reconocer que me fascina la relación lugar-ficción, en cualquiera de sus manifestaciones, ya sean esos lugares que actúan casi como protagonistas sosteniendo y posibilitando la historia; o esas geografías ficcionales como Macondo o Santa María que albergan personajes polisémicos y excepcionales cuya existencia sólo es posible en ellas. Esa relación lugar-ficción tiene una importancia determinante en Habitaciones cerradas. Por un lado, Barcelona se erige como esa escenografía perfecta para el descubrimiento de los personajes y sus acciones, al mismo tiempo que la casa de los Lax se presenta como un ecosistema inquietante y certero donde el silencio irrumpe como función motora de las historias que tienen lugar en él.

Esta novela coral se inicia cuando Violeta Lax recibe una carta desde Nesso firmada por una mujer desconocida, Fiorella Otrante, que la invita a visitar su casa. Este hecho tan inquietante como pueril provoca que Violeta Lax inicie una investigación en torno a su familia, en especial, en torno a la figura de su abuelo, el pintor Amadeo Lax, de cuya obra es especialista. Desde ese instante, Care Santos despliega una serie de acontecimientos que articula a través de una estructura narrativa en la que alterna textos breves de naturaleza diversa, como cartas, correos electrónicos y críticas de arte, con el grueso de la historia en capítulos, sumergiendo al lector en las tres generaciones de Lax para situarlo justo en el epicentro de una tensión polarizada, tensión que la autora maneja con maestría gracias a la presencia silenciosa de un suspense que ejecuta a través de secretos, palabras nunca pronunciadas, sentimientos no correspondidos y fracasos cotidianos que al ser situados durante el transcurso de unos episodios históricos convulsos e inestables, desatan en los individuos respuestas desesperadas.

 

Mujeres silenciosas, mujeres silenciadas

A pesar de contar con un esquema narrativo original que ayuda al ritmo de la historia, haciéndolo más liviano, Habitaciones cerradas es, sobre todo, una novela de personajes femeninos. Puntales de la trama, las mujeres de esta novela se presentan tan diversas como las estancias de la casa, unas estancias en las que las mujeres aprenden a callar y no decir. Mujeres honestas, comprometidas, traicionadas, valientes, sofisticadas y conformistas, adjetivos que comparten un lugar común, la necesidad del silencio para su ejercicio.

Desde el planteamiento, la construcción de personajes se percibe como tarea prioritaria; Maria del Roser Golorons, Concha, Teresa Brusés y Violeta Lax, sostienen la trama narrativa a través de las relaciones entre ellas y el resto de personajes, vínculos basaos, en muchas ocasiones, en los secretos, en los instantes en los que deciden callar o en aquellos en los que no se les permite hablar. En torno a todo este silencio, Care Santos va dibujando el eje central de esta historia en el tiempo, Amadeo Lax, protagonista cuya existencia está condenada a la vida de las mujeres y que condenó la realidad de alguna de ellas.

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