Septiembre 2011. Año 5. #20

Tamaño de la Letra: Mayor | Normal | Menor




 

Pedro Gálvez, la palabra y la historia

Por Amir Valle
Pedro Gálvez

Lo siento, si esto que voy a decir provoca ronchas en otros escritores del género, pero mi escritor favorito de novelas históricas es el malagueño Pedro Gálvez.

Y es que estoy harto que cualquier con dotes de narrador utilice algo tan serio como la Historia (así, escrita con mayúsculas) para perpetrar tramas que ni siquiera respetan los elementos más generales de la memoria, un elemento que cada escritor debería tener siempre en mente pues, querrámoslo o no, esa es la responsabilidad que nos toca desde que decidimos arrancar a la vida esos pedazos que trasladamos a nuestras novelas, a nuestros cuentos. Porque la banalidad se ha impuesto tanto en nuestros días que ya es normal escuchar que la literatura debe ser entretenimiento por encima de todo, mientras el mundo se desbarranca hacia el más absurdo de los infiernos: el que nosotros mismos le hemos preparado.

Por eso, desde que leí la novela La emperatriz de Roma, con la que Pedro Gálvez completa la trilogía romana que empezó con Nerón y con El maestro del emperador; cuando me sentí enredado en la trama que se teje en esa obra alrededor de Agripina en su lucha contra las rígidas normas de la época, lanzándose de cabeza contra la sociedad patriarcal hasta el punto de llegar a dirigir los destinos del Imperio romano, me convertí en un fanático de las novelas de este autor; fanatismo que se hizo mayor cuando pude conversar con él, largamente, sobre el modo en que asumía el trabajo con la historia y sentí en sus palabras una rebeldía singular: Pedro Gálvez respetaba el trabajo de otros colegas que también escribían “novelas históricas”, pero sentía que el género se estaba resintiendo porque muchos de esos colegas no entendían que la historia es memoria a rescatar, no pasado a inventar. “Una cosa es trabajar con los agujeros negros que tiene la Historia, intentando descifrar las claves humanas que pueden estar ocultas dentro de esos agujeros negros, y otra cosa es aprovechar esos agujeros negros para inventar una realidad que desvirtúa totalmente la lógica interna de los procesos históricos y escribir alucinaciones sin sentido aprovechándose de todas esas etiquetas comerciales que hoy se venden muy bien en el mercado del libro”.

También recuerdo que en el viaje de regreso desde Gijón a Madrid, luego de participar juntos en la Semana Negra de Gijón, sentados en el autobús me dijo: “Hoy se vende cualquier cosa bajo el rótulo de novela histórica y cualquier escritor que piensa que América es un solo país escribe una novela sobre la colonización, pues lo que les importa a los editores no es la veracidad, ni el respeto por la historia: les basta con que la novela tenga un crimen a resolver, unos cuantos buenos polvos y un toque de aventura al estilo de las películas de Hollywood”.

Todo lo contrario a lo que ocurre en cada una de sus novelas históricas: son historias que pueden vivirse, que se disfrutan, que están cargadas de intriga, de suspenso y de buena prosa, pero también son novelas que intentan descifrar las verdades de los períodos históricos de los cuales se ocupan, que intentan llegar a la comprensión de los hilos humanos que movieron a grandes personajes de la historia universal a inscribir sus nombres en el gran libro de la Historia, con mayúsculas.

Y sin embargo, Pedro Gálvez está consciente de que la Historia no le importa, de que no está escribiendo un libro de historia sino una novela y por eso su vista se fija en el rango más humano, más conflictivo, más controvertido de cada uno de sus personajes, de modo que la Historia sea sólo el telón de fondo donde se mueven esos personajes, como lo es en la vida misma. Sus personajes simplemente viven sus vidas y la historia es atmósfera, fuente, aire que se respira en medio de la humanidad conflictual de cada personaje. Eso hace grandes sus novelas, grandes sus aportes al género y lo convierte en un autor de culto para quienes, como yo, creemos que la Historia (con mayúsculas) y la vida íntima y social de cada ser humano son dos elementos que jamás podrán andar por rumbos distintos.

Este Lunes »

Unos escriben »

Otros miran »

OtroLunes conversa »

Punto de mira »

Cuarto de visita »

En la misma orilla »

Recycle »

Librario »