Septiembre 2011. Año 5. #20

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OtroLunes / Otros miran / Horacio Bilbao


 

Vasco Szinetar,

el fotógrafo que envejece frente al espejo

Horacio Bilbao

"¡Abajo el espejo! Al no tener fondo ni límites, éste nos revela lo que de más íntimo y lejano hay en nosotros: nuestros temibles secretos, nuestras ocultas demencias". El mensaje, versos finales de una carta escrita por Emil Cioran en París, en 1982, tenía un destinatario: el fotógrafo venezolano Vasco Szinetar (Caracas, 1948). Y estaba motivado por una foto que Szinetar había sacado de él mismo y de Cioran frente a un espejo, como las que sigue obturando en los espejos del mundo. 

Demás está decir que el mensaje de Cioran no acobardó al fotógrafo. Su serie "Frente al espejo" ya lleva varias exposiciones a cuesta y será un libro en los próximos días. "La edición incluye 300 imágenes. Estoy en el tiempo de selección, depuración y armado de un trabajo al que le dedico mi vida", le dijo Szinetar a Ñ en Bogotá, Colombia, donde presentó dos muestras en Festival Malpensante.

Por Bogotá anduvo Szinetar haciendo lo que le gusta, persiguiendo a escritores, artistas y periodistas para invitarlos a un baño cualquiera a tomarse unas fotos, los dos frente al espejo. Se nutre en ferias y festivales, pero anda con la cámara a cuestas y si ve un personaje, ya sabe dónde encontrar espejos. Eso le ha permitido armar un banco de imágenes extraordinario, que alimenta desde hace treinta años.

"Como todas las historias, la idea tuvo un comienzo azaroso, impensado", dice el fotógrafo. La idea nació en Nueva York con una amiga, que era más que una amiga, allá por 1980. "En esa necesidad de tener y compartir una imagen del objeto amado, le hice unas fotos en el espejo. Y descubrí que allí había algo", contó. Luego probó con el retrato de un escritor y su serie tomó forma. Los primeros escritores aparecieron en los años 80. Enseguida tuvo a Emil Cioran y a Jorge Luis Borges. "Después que hice la foto de Borges entendí que era un proyecto de vida. Era como tener a Dios", dijo Szinetar, que ya no pudo parar. 

Es cierto, ya se han visto fotografías de escritores en los baños, como las del argentino Daniel Mordinzki, que agarró de espaldas en los mingitorios a Santiago Gamboa, Luis Sepúlveda, Anne Marie Métailié, Hernán Rivera Letelier, Antonio Sarabia y Mario Delgado Aparaín, todo juntos mirando a cámara. Tienen otra belleza las fotos de Mordinzki, las de Szinetar son casi autorreferenciales. 

Es así, su leitmotiv es establecer una línea en el que el espectador pueda ver el deterioro de una persona, que básicamente es él, el fotógrafo. "Vemos como un fotógrafo joven, vigoroso y alegre, va envejeciendo, se va complicando y hasta cambiando de humor, hasta que finalmente muera", se anticipa Szinetar.

No sabe el número exacto pero se arriesga a decir que ya cuenta con más de 2 mil retratos, cuyo valor "lo da la naturaleza del retratado". Szinetar cuenta que sólo tuvo una negativa para sus fotos, la del poeta ruso Yevtuchenko. Y alguna que otra dificultad para llevar frente al espejo al Lobo Antunes. "Antunes tiene una personalidad de difícil acceso. Me llevó un año y medio y varios encuentros agarrarlo hasta que en Guadalajara un gran amigo me lo puso en bandeja", contó.

Es un perseguidor Szinetar. De escritores y de su propia imagen, cascoteada por el tiempo. Pero no envejece solo, claro. A Fernando Savater lo sigue desde 1980, y se le notan las décadas. "Cada vez que nos vemos, nos hacemos una foto", cuenta. Y sufre por no haber podido fotografiar a Susan Sontag. "Fue una de las grandes intelectuales, que abordó el tema de la fotografía de una manera lúcida e inteligente". Ya no hay tiempo. 

Envejece, madura y se lamenta por el tiempo perdido. "Tengo un enorme vacío en el alma por haberme perdido a Samuel Beckett y a Henri Micheaux", admite. Resulta que Szinetar estaba en París, fotografiando a Cioran y él se ofreció a llevarlo con Micheaux y Beckett. "Mi juventud y mi falta de responsabilidad me llevaron a rechazar la cita, y a dejar París por causa de una mujer". Nunca más tuvo la oportunidad. Tampoco el espejo lo volverá a mostrar joven.

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