Supongo que se trata de uno de esos acontecimientos que jamás pensé que podría suceder alguna vez. Igual, por ejemplo, a la destitución dentro de la cúpula administrativa cubana de Carlos Lage o Felipe Pérez Roque, años atrás. Ahora, la primicia comparte su estirpe artística con un trasfondo evidentemente político y aunque el gobierno de La Habana nada puede (o pudo) hacer al respecto, nos toca tan de cerca a los cubanos este embrollo que me resultó imposible cerrar la boca por casi un minuto al saberlo, como si no fuera cierto. Pero lo era, no había dudas. Todas las agencias de noticias mencionaban lo mismo: habían subastado uno de los escasos originales de la foto más emblemática del Che Guevara bajo el consabido título de “Guerrillero heroico”.
La misma imagen por la que su autor, Alberto Díaz (Korda) demandó a una marca de Vodka que intentó utilizarla con el lucrativo fin de promover sus productos. Cincuenta mil dólares ganó Korda tras ese pleito (que a posteriori donó supuestamente a la Sanidad cubana). Mucho más que el monto que llegó a recibir su original en Viena, con la puja ejecutada por la galería fotográfica Westlicht a finales del mes pasado y que terminó en nueve mil seiscientos dólares.
Está claro que se trata de una foto magnífica, incluso cuando el original incluye el perfil de un sujeto a la izquierda del Che y una palmera a su diestra (elementos que Korda, sabiamente, eliminó para la reproducción de su obra), pero muy por encima de los valores artísticos que posee la foto, resalta la multiplicidad de símbolos ideológicos e históricos que se le han adjudicado con el paso del tiempo.
Para empezar, la foto fue tomada a raíz del sabotaje al buque francés La Coubre, anclado en La Habana, y que le costó la vida a casi un centenar de cubanos en el año 1960. No puedo evitar la sensación de que la subasta, de cierta y cruel manera, se extiende hasta los nombres de las víctimas de aquella tragedia, como si le pusieran un precio a los muertos que justificaron tamaña obra maestra. Comprendo que se trata de un absurdo sentimental, pero no por absurdo o sentimental dejo de sentirlo con menos fuerza entre latido y latido.
Sin embargo, esta conmoción se achica al lado del desánimo general que ha de cundir en buena parte de los seguidores del cubano-argentino más famoso, polémico e inagotable que jamás haya existido. Y es que no me imagino el amargo sabor de boca que a muchos fanáticos del Che Guevara les habrá causado la noticia de la subasta. Resulta paradójico, sino irónico, que la imagen representativa por excelencia de la rebeldía, icono de los principios de izquierda, de la juventud progresista y emprendedora, estandarte de las luchas proletarias e internacionalistas y factor de unidad entre los pobres del mundo, haya sido vendida como un objeto comercial cualquiera. Y peor aún, su actual propietario difícilmente personalice al luchador anticapitalista. Por el contrario, reúne desde la esencia de sus bolsillos adinerados, los arquetipos del distintivo maléfico contra el cual se han llenado plazas y avenidas de muchachos idealistas que pretenden (¡y hasta podrían!) mover al mundo sin necesidad del punto de apoyo de Arquímedes, pero, eso sí, ataviados sino tatuados con la imagen universal del guerrillero heroico.
En pocas palabras, sucedió, a pequeña escala, lo que con la Perestroika en su máximo esplendor. Nadie disparó misiles. Bastó que se lanzaran monedas.
Y digo pues… si ya se vendió un original del “Guerrillero heroico”, ¿por qué no aprovechamos la circunstancia y rentamos el yate Granma? Estoy absolutamente convencido de que con el auge del turismo y la necesidad de recabar divisas en Cuba, la iniciativa suena atrayente. Además, a los cientos de miles de procomunistas que existen en el mundo les encantaría exhibir sus pulóveres con la foto del Che en un tour por los litorales de La Habana, tomando Cuba Libre y montados en la misma embarcación que usó Fidel Castro junto al resto de los expedicionarios para hacer suyos, por unos minutos al menos, el camarote o el inodoro que el líder de la Revolución cubana alguna vez también utilizó.
Claro, sobrevive el detalle de los valores patrióticos afligidos, razón de ser, a final de cuentas, del presente texto, pero temo que si de valores se trata, en Cuba las mejores ideas murieron aplastadas bajo el peso de infinitas consignas y hoy, si el valor no cabe en una billetera, entonces menos encontrará un lugar en el alma.