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Escritura en un ladrillo
¿Qué hemos escrito que lo cambie todo?
Hemos puesto los navíos
a agitarse en el océano,
y eran las luces el agua,
el sol aquella piedra con metal.
En ese barco bebía un capitán
la espuma silenciosa de las horas,
y, tal vez, llegaba tarde el sueño cada noche.
Hemos dicho que la dársena
escondía una sirena
entre los hierros carcomidos por la sal,
pensamos en el frío,
en la luna desgarrada por las grúas.
¿Creamos los fantasmas de humedad en la pared?
Es cierto. El cielo ha sido bestial
este año con los ciegos y ambulantes,
pero ¿qué hemos escrito que lo cambie todo?
Prodigio
El trabajo de este día consiste en llevar
una piedra de aquí para allá.
Es una roca muy pesada, más que un buey,
más que una bolsa cargada de lluvia.
Parece un agujero prehistórico, un espejo negro
a punto de tragarse el mundo.
El trabajo de este día consiste en alzar
esa piedra con los ojos
y depositarla suavemente en el medio del camino
para que se detengan los ciclistas,
que se detenga la música de fondo,
que se detenga la Ruta Dos
a la hora señalada por las arterias rojas.
Y cuando todo esté detenido,
entorpecido por la piedra,
detenidas las generaciones ilustradas y piadosas,
detenido el amor entre las cosas naturales
y las cosas manifiestas,
el trabajo, entonces, consistirá en sacarla de ese lugar,
levantar la piedra nuevamente con los ojos cansados
y enterrarla por ahí, en la nada,
en ese lago de cerrada indiferencia
donde cruje la cama, alumbra el televisor,
brillan los motores, cae el vino adentro de la luz,
se pudren la memoria y las conversaciones tristes,
y se hunden, con la piedra, en la más completa extinción.
Técnica del autoretrato
Fui construido en 1962.
Me sacaron bruscamente del cielo.
No de un cielo que después
sobrevolaron las gaviotas carroñeras.
No de un cielo blanco donde se pudre
la luz amarilla de una lámpara.
No de un cielo para que se revuelvan los aviones.
Me sacaron y tengo que decir quién soy.
Fui construido en el sesenta y dos.
Las vueltas que dio el metal en cada reja.
Las que dio la sangre enterrada en este cuerpo.
Unos pocos se atrevieron a volver
al cielo más profundo (en esta época).
¿Has visto que la mayoría no se levanta
del cielo bajo, del que baña el horizonte?
Me sacarán bruscamente de la tierra.
De la tierra sobrevolada, revuelta.
Y tendré que volver a decir quién soy.
Nació en Dolores, Buenos Aires, Argentina, en 1962. Ha publicado los siguientes libros de poesía: La faz errante (Premio Alfonsina Storni, 1989); Futura Ceniza (Barcelona, 1994) y Escritura en un ladrillo (1996); y las plaquettes Day Runs and other poems (1997) y Oxidario (Barcelona, 1997), entre otras. Ha participado con su poesía en encuentros, antologías y revistas. Es fundador y director de Ærea, anuario hispanoamericano de poesía.