Sobre El amor y la muerte

Sobre la novela homónima

Peter G. Broad

el-amor-y-la-muerte-otrolunes30En El amor y la muerte, Marco Tulio Aguilera Garramuño ha escrito el libro de su vida (y no El libro de la vida, serie de novelas suyas de la que ya aparecieron los tres primeros tomos). Por un lado, se trata de una autobiografía ligeramente novelada; por otro es la mejor novela que ha escrito hasta la fecha.

El narrador principal de la novela es un escritor colombiano, radicado en México, que ha regresado a Colombia para presenciar la muerte de su madre, doña Edith Viscontini. El narrador, Ricardo Rivera Viscontini, y sus seis hermanos se han reunido en Tuluá donde la madre de todos ha ido a morir de un cáncer de los pulmones, después de haber vivido una vida larga e interesantísima. Esta es la escena en que se centra la novela; pero mientras agoniza doña Edith, los lectores llegamos a conocer a fondo la historia de una familia, en un sentido venida a menos pero en otro sentido más profundo, venida a más, en la Latinoamérica de la segunda mitad del siglo veinte.

El narrador alter ego es la norma en las últimas novelas de Aguilera Garramuño, pero en las otras, este narrador es el enfoque de todo lo que ocurre. Los demás personajes sirven para crear las situaciones que permitan o causen los cambios en el entendimiento del mundo del protagonista. Con pocas excepciones, no son personajes completos ni complejos. En cambio, en El amor y la muerte, el narrador es sólo uno de los personajes complejos y plenamente desarrollados.

La más compleja de todos es, sin lugar a duda, la señora cuya muerte proporciona el pretexto para la reunión familiar. Edith Viscontini (o “Eidith” según una versión) es una argentina que se escapó de una situación familiar incómoda, quizás casándose con un diplomático brasileño o ruso, quizás homosexual, o quizás todo fue un invento suyo. De todos modos, parece que a los dieciséis años, en Uruguay, conoció al doctor Rivera Camacho, un cirujano colombiano famoso y riquísimo, casado entonces en un matrimonio infeliz con una señora de la aristocracia bogotana. El doctor se separó de la primera esposa y fundó una familia con la argentina, que en unos once años le dio seis hijos y una hija.

Muerto el doctor, Edith, todavía joven, salió en busca de la vida y el amor. Llevó a la tribu, junto con su nuevo amante, Pedro Pablo, a la Florida en Estados Unidos. Luego, partió hacia el sur donde terminó en Costa Rica, en San Isidro del General. Allí mantuvo a la familia con tres trabajos y una serie de hombres. Más tarde ayudó con la revolución sandinista y terminó casándose con un comandante. De él escapó, regresó a Costa Rica, y, finalmente, a Colombia, donde vivían cinco de sus hijos (César, el mayor, vive en Estados Unidos, y Ricardo en México).

Esta historia, desde luego, no se nos presenta de forma directa ni cronológica.  Mientras vamos conociendo a los miembros de la familia, escuchamos, en algunos casos, y, en otros casos, tenemos una voz narrativa múltiple que cambia casi al azar su focalización.  Y, para mayores complicaciones, se nos presenta, en fragmentos intercalados, otra versión de la historia familiar tal como se presentara en una novela previa de Ricardo. (Esta, con ligeras variantes, es El juego de las seducciones, de Aguilera Garramuño [México: Leega, 1989].) Tanta variación en la narración refleja y matiza, de una forma eficaz, la complejidad psicológica de las reacciones a la vida y muerte–los amores, las luchas, los secretos–de la madre de la familia Rivera Viscontini.

Los siete hermanos están basados, evidentemente, en los hermanos Aguilera Garramuño.Son, como toda familia, personas que se quieren profundamente al mismo tiempo que guardan rencores desde la primera infancia.  Pero, también representan distintos tipos del latinoamericano de hoy; tipos, pero tipos multifacéticos.

César, el mayor, ha llegado a ser rico por medio de su empleo con la multinacional norteamericana Hewlett Packard. Al mismo tiempo, como buen nuevo rico, es, además de generoso con la familia, panzón y mujeriego. Es decir, conserva lo estereotípicamente macho latinoamericano con el éxito entre los gringos. Al otro extremo, Felicia, la única hermana, es soltera y bella, independiente y competente: la nueva mujer que, a diferencia de su madre, ha creado su vida sin la necesidad del complemento de los hombres.

Los otros hermanos incluyen el menor, que acompañó a su madre en la lucha en Nicaragua, un médico, un empresario que logra burlar a las fuerzas violentas en Colombia, y un marihuanero que, en una vida caótica, lucha por el futuro de su país. Si estos no representan las caricaturas clásicas, sí son manifestaciones de las fuerzas involucradas en la turbulencia latinoamericana actual. Ricardo, escritor y alter ego del autor, es el que intenta buscar la razón de todo esto. La razón que encuentra, si existe, es múltiple y contradictoria, como la vida misma.