Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

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Datos de la revista, febrero 2009, año 3, número 06
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Crónica de una muerte anunciada: Roque Dalton frente a la Historia

Luis Pérez-Simón

Página 1

Peu de gens devineront combien il a fallu être triste pour ressusciter Carthage

Gustave Flaubert1

La tristeza y la labor a las que Flaubert alude, invocan el sacrificio personal y la labor necesaria del artista para reconstruir la historia de un pueblo mitificado por el tiempo y la humanidad.  La poesía de Roque Dalton pretende aún más: esta nace de la historia propia pero explota la indolencia del corazón, la acedia nacional, que rechaza la universalidad del historicismo clásico y privilegia la originalidad objetiva del testimonio.  Dalton nutre su voz poética de una estructura dialógica que posibilita la actualidad y activa el potencial regenerador de la palabra. Para este yo poético tan singular, la poesía y la historia le pertenecen de igual manera y a través la articulación de la memoria personal y de la conciencia colectiva espera desencadenar el proceso revolucionario que superará el duelo y la desdicha de todo un pueblo engañado por la historia.  La voz poética de Dalton persigue paulatina y consistentemente borrar la distancia entre el signo y el significado, es decir acercar la palabra al acto concreto.  La poesía de Dalton combina hábilmente la poesis y la ethica intrínseca de un revolucionario destinado al exilio y al martirio, y sitúa al yo poético dentro de la historia universal.  Este artículo pretende examinar en primera instancia las ideas foráneas que organizan e impulsan la poesía de Dalton, y subsecuentemente los conceptos formales que rigen la materialidad histórica de su voz poética.

El horizonte interpretativo de la obra daltonesca es la historia.  El yo poético articula una preocupación política y ética de la memoria histórica como parte de la dinámica y la dialéctica revolucionaria de su generación.  Roque Dalton es, al igual que José Martí, el poeta nacional, el poeta-como-héroe-nacional y la alegoría de la nación.  Dalton nació en la capital de El Salvador el 14 de mayo de 1935, de madre salvadoreña y padre estadounidense.  Gracias a la riqueza considerable de su padre, fue educado en los mejores colegios privados del país y empezó sus estudios universitarios, de derecho, en Chile.  El año de 1954 que pasó en Santiago vio su ruptura con la ideología burguesa de su infancia y sus primeros contactos con el marxismo y con la teología de liberación que a penas empezaban sus labores subversivos y reformadores en Latinoamérica.  A partir de su regreso a El Salvador en 1955, Dalton reanudó sus estudios de derecho en la Universidad de El Salvador, cuna del movimiento estudiantil radical.  En 1956 formó ‘El Círculo Literario Universitario’ con otros escritores y pensadores comprometidos de su generación quienes publicaron el manifiesto “Explicamos” cuyo texto dice en parte,

Nuestro único compromiso es con el pueblo [salvadoreño].  Trabajamos por la valoración de la cultura salvadoreña y de sus hombres como elemento base para la creación de un espíritu auténticamente salvadoreño.  [Tenemos] conciencia de ser un grupo de transición, no creemos ser una generación nueva porque esta todavía se encuentra en proceso de formación.  Pero afirmamos que queremos ser los mejores intérpretes del sentir y el pensar universitario.

Vemos cómo ya a los veintiún años Dalton había comprendido que él era prescindible para el presente pero que su vida sería una labor de enlace y de sacrificios, aunque no de anonimato, para el futuro de su país.

La segunda fase importante para el desarrollo intelectual de Dalton fueron sus largas estancias en el extranjero.  Indiscutiblemente, la dimensión Latinoamericana que toma su obra a partir de 1961 se debe a su exilio.  En México, donde estudia antropología, descubre la mitología indígena que poblará su imaginario por mucho tiempo.  En Cuba madurará su visión histórico-política gracias a su participación en la redacción de la epónima revista de la fundación Casa de Las Américas y en los círculos intelectuales que desde principio de la Revolución Cubana se reunieron en la isla.  Su estancia en Czechoslovakia le entrega una visión más profunda y amplia del presente que en última instancia resultará de singular importancia para su poesía.  Durante todo este periodo de constante destierro, la obra de Dalton elabora e inscribe la historia de El Salvador dentro de un contexto regional, incluso mundial, al trazar una genealogía de la lucha revolucionaria desde el pasado hasta el futuro de la nación salvadoreña, anclándose con urgencia en el presente.  Las circunstancias de su repentina y temprana muerte en las montañas de El Salvador en 1975 se caracterizan, más que nada, por el contundente silencio que la rodea pues esta –tanto como su vida artística en El Salvador –se inscribió en la más estricta clandestinidad.

La obra de Roque Dalton es extensa y variada.  Su primer gran itinerario poético fue La ventana en el rostro (1961) donde el joven poeta da voz a su tristeza y a la opresión que lo entorna –y que eventualmente lo lanzará hacia su primer destierro.  El turno del ofendido (1962), obra publicada en Cuba y premiada con una mención honorable en el concurso anual de Casa de las Américas, despierta al yo poético que marcará gran parte de su poesía.  Vemos aquí el principio de una voz testimonial aguda e insuficientemente actual que busca su historicidad.  Dalton recibió el Premio Literario Casa de las Américas en 1969 por Taberna y otros lugares, indiscutiblemente el poemario más completo y profundo de su obra.  La coherencia polifónica e histórica de la voz poética forman la piedra angular de esta colección y de la poética daltoniana en su totalidad.  El uso de la ironía y la irreverencia ponen toda una genealogía revolucionaria al alcance del lector.  Miguel Mármol (1972) y Las historias prohibidas del pulgarcito (1974) cristalizan en gran parte el materialismo histórico que la voz poética de Dalton buscaba desde su primera obra.  En ambos libros, la fragmentación del tiempo y del evento propulsan la voz poética hacia una concepción de la historia a partir de la sobrevivencia, la experiencia misma.  Ya para estas fechas, la filosofía marxista de la historia se ha instaurado en la voz poética de Dalton como el punto referencial y enunciativo desde donde la verdadera crónica nacional se ubica.  La obra póstuma de Dalton más importante, Pobrecito poeta que era yo, Poemas clandestinos (ambos de 1976), Un libro rojo para Lenín (1986) y Un libro levemente odioso (1988) ha tratado de reflejar esta trayectoria y concretizar una poética coherente con la anterior.  Más allá de imperativas editoriales, dichos poemarios agrupan la extensa y dispersa obra de un poeta errante y comprometido con la historia y consigo mismo.

Dalton forjó su propia identidad dentro de la religión católica, descubriendo el marxismo en una edad adulta 2.  Su transformación al comunismo ilustró y propulsó su poesía hacia nuevos horizontes y coexistió siempre con la religión imbuyéndose de esta y encontrando siempre más afinidades que incompatibilidades.  El cristianismo, como el mismo Dalton razonó sobre Vallejo, era “el punto de partida de su proceso dialéctico-vital”.3  Reflexiones como “Usufructuándose con cánones 4” y “Los hongos 5” –dedicado este último a Cardenal 6 –ilustran este punto.  Vemos en ellos una constante tensión entre el mito cristiano y la utopía comunista.  Es interesante nuevamente señalar las similitudes y los contrastes entre el apóstol cubano y el salvadoreño: como señalé anteriormente, ambos construyeron su poética y su política desde el destierro, basaron su obra en sus experiencias y sus ilusiones, y finalmente dedicaron y sacrificaron sus vidas por el bienestar de la madre patria.  Sin embargo, la apoteosis póstuma del uno contrasta mucho con la del otro.  La figura de Martí carece de referente religioso mientras que la de Dalton permite e incluye comparaciones como “[Dalton, al igual que] san Tarcisio, estaba destinado a ser lapidado” 7 o tratados tales como “Retrato de san Roque D” 8 que dan un aire mesiánico al poeta-mártir.  La apología ulterior de la irreverencia y las tensiones cristiano-marxistas en la poética de Dalton desatienden, en última instancia, su maestría en el uso de la ironía, el mito y la oralidad en la elaboración de una compleja genealogía revolucionaria para El Salvador.

La consciencia histórica de la voz poética de Dalton, y su transformación a un yo poético materialmente anclado en la historia universal, se puede trazar claramente a la producción post-1962, año en que el poeta se establece con su familia en Cuba y publica el poemario El turno del ofendido.  Este volumen está impregnado de la melancolía producida por el destierro, y la voz poética enfrenta la amargura de la incomprensión y la fatiga de una labor desperdiciada.  El poemario testimonia un proceso de experimentación lingüística que trata de definir una ciudadanía nueva frente a la pérdida de una identidad previamente definida por la colectividad de la nación.  En ciertos momentos, el silencio es el único recurso posible. La materia prima de esta colección son los mitos y los personajes históricos propios de El Salvador, y la voz poética los inscribe dentro de una simbología del extrañamiento y de la insubordinación. El exilio se manifiesta poco a poco como el lugar privilegiado para engendrar la figura combatiente del poeta y El turno del ofendido representa un momento de transición para la obra de Dalton.

Antes de indagar en las otras colecciones y libros de nuestro autor, considero conveniente explorar brevemente el concepto de historia que Dalton maneja a partir de 1961 pues el desdoblamiento mítico-estético que alcanza su paroxismo en Un libro rojo para Lenín (1986) y Un libro levemente odioso (1988) 9 evoluciona progresivamente durante estos años a partir de lo expuesto en El turno del ofendido.  En 1962 Dalton dedica este último, su primer libro publicado en Cuba, al general Manuel Alemán Manzanares, director de la Policía Nacional de El Salvador.  Fue gracias a una denuncia del general que Dalton fue expulsado de su país.  Fue, igualmente, gracias a esta denuncia calumniosa que el poeta tomó conciencia de la discrepancia histórica de su labor: a pesar de ser miembro del movimiento estudiantil, comunista y escritor comprometido, su obra revolucionaria era nula.  Escribir era todavía una pasión para Dalton y su visión del mundo incluía principalmente su lugar en la historia.  La historia era el pasado idealizado, y la posteridad el fruto de su labor concreta en el presente.  Lo pragmático no había encontrado, todavía, a lo semiótico.  Posteriormente, aclaró Dalton su dedicatoria:

Mis verdaderas obras eran tan insignificantes que no aparecían por ninguna parte en el aparte: el general Manzanares actuaba en rectificación del verdadero bacín de mi vida.  E hice un juramento solemne: a partir de entonces yo mismo me encargaría de proveer de materiales en mi contra al juez.  Por eso escogí mi profesión actual 10.

Para nuestro poeta, escribir se convirtió en acción revolucionaria e histórica.  Su profesión de vate se transformó en una de cronista, ideólogo y precursor-vidente.  Poco a poco Dalton se enfrenta al poeta de La república e intenta unificar la rígida dicotomía aristoteliana entre la poesis y la historia.  El maestro-sabio exiliado de la república platónica se convierte en la única persona capaz de establecer un enlace entre la subordinación de las partes al total (poesis) y la organización paratáctica inherente a la contigüidad (historia).  Al igual que Octavio Paz, Dalton llega a la conclusión que “un poema ... es el producto de una historia y una sociedad, pero su manera de ser histórico es contradictorio.  El poema es una máquina que produce, incluso sin que el poeta se lo proponga, anti-historia” 11.  Dicha contradicción se manifiesta en la ecléctica composición “El poema de hablar de Lenín en América Latina con el agravante de hacerlo desde un poema (Prólogo)”, donde el yo poético constata que “no se trata de comparar dos etapas históricas diferentes, sino hacer una confrontación entre un pensamiento político universal y una realidad concreta” 12.  Igualmente, en la siguiente colección la voz lírica de “La historia como nudo gordiano” forja y solidifica la unión entre poesis e historia al apuntar a la cultura como sustrato del historiador y del poeta.13.  En ambos poemarios, escritos entre 1970 y 1973, se documentan no sólo el patrimonio cultural de un país –El Salvador –sino que también el de un movimiento ideológico internacional e histórico –el marxismo –en su forma más saturada de memoria y de acción en potencia: la escritura lírica.

Dalton entendió que su labor era extender su poesía más allá de lo estéticamente apreciable o de lo formalmente laudable.  Despertar el potencial utópico de la historia –la crónica de la lucha contra el poder y del cuestionamiento del orden establecido –fue su objetivo.  En Los testimonios la voz lírica propone un ars poetica que, por primera vez en su obra, considera y explota la concepción marxista de la historia como documento-testimonio de un tiempo vivo y humano, una suerte de espejo lingüístico que puede abarcar y representar la profundidad, el pulso de la historia 14.  Asimismo, este poemario vio la primera manifestación del tiempo mitológico que expresaría tan bien la batalla por la memoria colectiva que Dalton trató de rescatar de las ruinas de la historia oficial en su poesía.  Hay en este volumen una tensión, una dialéctica, entre dos tipos de historia que el yo lírico de Dalton trata de resolver.  El materialismo histórico choca con la historia mitológica de las Américas para dar luz a un conocimiento otro, al mismo tiempo diacrónico y sincrónico.  La voz poética en Los testimonios navega hábilmente las lagunas de la memoria, atravesando los numerosos cismas y contradicciones que pueblan esta materia prima de la historia e impulsa una visión irónica del tiempo que igualmente recuerda e interrumpe las continuidades históricas 15.  Esta percepción requiere un cambio de registro y de carácter lingüístico en la voz poética del salvadoreño 16.

A esta creciente densidad histórica del pasado y del futuro en su voz lírica, Dalton incorpora un componente coetáneo, sincrónico a la contemporaneidad que él está viviendo y que toma forma en Taberna y otros lugares.  La poesía, aquí, se impregna de su propia temporalidad, de elementos reconocibles, que rompen la intencionalidad del poeta y liberan una nueva cartografía temporal y metafórica de la historia 17.  El tiempo en estos poemas constituyen más que una convergencia conflictiva de fugacidades, para la voz poética de Taberna se trata de una relación dialéctica que se extiende entre las divergentes transitoriedades de la historia 18.  La forma que Dalton privilegia para facilitar su tarea es el pastiche.  Sus obras más maduras, Taberna y otros lugares, Las historias prohibidas del Pulgarcito, Un libro rojo para Lenín, y Un libro levemente odioso reflejan esto. El espacio utópico del pastiche desplaza lo idílico del poema a su forma y permite así acceder a la potencialidad del ‘hoy’ revolucionario que el pasado y el futuro contienen como rasgo inherente de su materialidad histórica marxista 19.  La mezcla de formas, géneros y voces propia del collage permite la coexistencia de las diferentes historias contenidas en el tiempo interno de cada uno de los elementos.  Cada uno de los poemarios es la suma de sus partes, y el total sobrepasa el contenido.  Cada uno de ellos se ocupa de la relación entre la memoria, el lenguaje y la historia, pero desde una óptica diferente. Cada uno de ellos contiene una sinergia teórica que sugiere una supra-lectura, o múltiples lecturas, y la voz lírica construye un discurso a-histórico que permite a los distintos elementos de alcanzar una voz propia.  La glosolalia de la voz poética surge de una visión estrábica del tiempo.

Para cerrar, consideremos la clandestinidad y la insurrección como lugar de enunciación pues en gran parte la materialidad histórica que Dalton maneja en sus últimas obras apuntan a estas condiciones como consustanciales al poeta que pretendía ser.  En Poemas clandestinos, específicamente y sobre todo, podemos ver cómo la voz lírica erige una verdad en contra de la oficial, una verdad clandestina que pretende subvertir los mecanismos ideológicos –todos –que puedan ‘domesticar’ la objetividad histórica de esta 20.  Formalmente, Dalton reconoce la necesidad de borrar la distancia que existe entre la palabra y la acción, y la poesía de esta colección se funda en esta con(tra)di(c)ción revolucionaria 21.  El lenguaje en el que Dalton basa su proyecto poético es la ironía, la forma es el fragmento.  Para el salvadoreño, la historia no se puede escribir sino con fricciones y en fracciones.  Más allá de preocuparse por la conmemoración, la poética de Dalton se interesa por la dinámica y la dialéctica de la memoria, del legado histórico que las culturas nacionales llaman mitología.

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Crónica de una muerte anunciada: Roque Dalton frente a la Historia

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El socialismo en cuestión: anti-utopía en Otra vez el mar y El asalto de Reinaldo Arenas

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Vasto y golpeado abanico de la «gaycidad»

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