El escritor colombiano Marco Tulio Aguilera Garramuño narra en su novela de 127 páginas, las peripecias que lo acercaron a la muerte física, pero siempre allegadas a la sobrevaloración moral, producto de unos objetivos relacionados con las siempre búsquedas del yo en medio de la supremacía de un universo salvaje que, en el autor, llegó a ser tan impactante, y en el que tal vez también se vería reflejado su mismo salvajismo interior, cercano a la muerte, de alguna manera, como su mujer siempre se lo riñó.
No se dejen engatusar por el inicio literario contando su historias caseras, no, esto fue más serio, más arriesgado y más natural.
Un ensayo anecdótico relleno de paisajes esplendidos que tal vez por su belleza no convenga publicitar, como quiera que toda suerte de escritores y demás componendas humanas puedan llegar a pisotear. Amazonas perdido, que así siga, y no sea descubierto ni conquistado.
Marco Tulio Aguilera Garramuño, el profesor, en aprecio de la madre natura, se dedica por varios meses a compartir lumbre y penumbra con la selva y una voz acompañante, sacada de sus realidades o fantasmagorías; nunca lo sabremos, y nunca debemos ir al Amazonas, por respeto al universo. La voz que le acompañó, personaje de la zona: Mariño Riascos, volcado literalmente al lado del autor, en una curva de agua, en un paraíso perdido.
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