Categoría: En la misma orilla

El primer mundo

El poeta puede sintetizar el mundo en un verso, y hasta en una palabra; mientras que el narrador requiere de muchas palabras para construir y presentar su mundo fabular. El poeta gana por derribo, en tanto que el narrador, cuando gana, lo hace por puntos y al final de la pelea, si no sale derrotado de ella, que también ocurre. Personalmente, yo necesito expresarme en un terreno más amplio que el que brinda un poema.

De la entrevista concedida por Antonio Álvarez Gil a Isbel Díaz Torres.

 

*****

Llevando en su mano derecha la cesta de plástico con los productos de la compra, Caridad se acerca a la caja en la tienda de Adham. Aborrece entrar a este establecimiento, y aborrece encontrarse con su dueño, que suele recibirla con una sonrisa irrespetuosa, francamente cargada de lascivia. Siempre que se enfrenta a este personaje venido de Dios sabe dónde, se siente como si estuviera desnuda y a disposición de sus deseos. Son cerca de las diez de la noche y Caridad es la única clienta en la pequeña tienda. Leer más…

Desaparición

…mi novela Desaparición da cuenta de un espacio de crímenes donde la anomia parece ser la única clave de comprensión. Aunque el delito fundamental es la desaparición forzada, al mismo tiempo suceden violaciones, estupros, lesiones personales, homicidios, etc., en todo un cuadro esperpéntico que busca recordar la obra de Francisco Goya o Fernando Botero (la del ciclo de la violencia en Colombia, sobre todo) donde el dolor constituye la clave. En tal contexto, no existe un detective que se anime a investigar sino una víctima que cuenta su propia experiencia a partir de la tragedia que supone la desaparición de la persona que ama y su propia pesquisa fracasada.

Tomado de la entrevista exclusiva concedida por Gustavo Forero Quintero
en este número de
OtroLunes. Leer más…

El carpintero y otros poemas

La escritura me ha aportado un oficio, un rigor, una entrega y una responsabilidad. Vivo en una ciudad de provincia y eso hace que el ser escritor te convierta en una persona pública. Muchos desconocen mi nombre pero saben que soy escritor y vienen a comentarme cualquier suceso o a preguntarme cualquier duda, sobre las muchas cosas que ellos suponen debo dominar. La literatura me ha acompañado siempre, desde que tengo uso de razón y gracias a ella me he librado de algo que nombran soledad y he podido viajar mucho más de lo que en realidad he podido hacer y me ha dado casi todos los conocimientos que hoy puedo tener y una visión de libertad a mi manera de ver mucho más real y me ha salvado de espantos y me ha dado algunas de mis mayores alegría.

Arístides Vega Chapú.
De la entrevista concedida a Juan Carlos Romero Mestre

 

*****

 

El carpintero

Esquivé la luz del trueno,
la que se desprende de una luna
venida del continente.
Esquivé las luces y las lluvias,
las estaciones opuestas a la naturaleza.
Amasé el árbol a sabiendas de que me domina
la malicia de talarlo.
A falta del índice y el pulgar izquierdo
logro mover con precisión los demás dedos,
gesticulan con vehemencia
apenas los acerco al olor de la madera.
Construí mesas para extraños;
techos en los cuales podrían desvanecerse
las regiones menos purificadas del cielo;
ajustadas camas que nunca fueron mías,
incluso en los días de mayor fatiga.
Construí marcos para encajar espejos
y satisfacer a la gente hermosa;
bancos para parques no proyectados
en ciudad alguna;
sillas para barberos y sillas de ruedas
probadas con el peso de mi cuerpo;
botes, ventanas y otra vez marcos,
muchos marcos para no restringir
la libertad de nadie.
Mis manos han dado forma
a cuanto objeto me fue encargado.
Amasé el árbol a sabiendas de que el mío
otro deberá talarlo.

 

*****

 

El testigo

Mi cuerpo es una caja
que sirve de refugio a los temores.
Me doy de comer y no siento el peso
de tan azarosa existencia.
Cuido de las ilusiones, del sueño
y sus escenas desbordantes;
aquella, por ejemplo, donde me besabas
cuando en realidad no había
alcanzado tus labios.
Cuando recupero la capacidad de observar,
y el sol está ya lejos
después de golpear con saña mi cabeza,
finjo dominar la situación.
A veces no sé si soy parte de la realidad
o no existe realidad que me pertenezca
y solo soy la representación,
la puntual representación de mis deseos.
Sobrevivo ante la demasiada felicidad.
No mantengo filiación,
no intento reorganizar lo lineal del suceso,
aún menos su veracidad.
Mi cuerpo, que ya inhaló suficiente aire,
puede equilibrar una cabeza ajena.
Temo que todo suceda a mis espaldas
y juntos no podamos ver la anunciada caída
de ese lado tremendo del cielo
bajo el cual nos correspondió vivir
sin hacer resistencia.

 

*****

 

El balsero

Sabiendo que escucho mi respiración
y ningún otro sonido,
reconozco en el sueño un dramático mar
donde gira tu cuerpo, sin hacer resistencia,
sin dirección previsible,
como tronco echado entre las aguas.
Entre las aguas y tu cuerpo hay una continuidad
sobre la cual se tiende un cielo simétrico
que desafía todo orden universal.
Como si te dirigieras a un confesor
estás mirando al cielo, sus deidades,
instante en que te percatas
por primera vez de su existencia,
sin necesidad de comprender.
Dejas que las aguas penetren por tus ojos,
como si fuese una sombra ligera quien los nubla
para no ser testigo de nada.
No importa hacía dónde te lleva la corriente,
nunca lo supiste, nunca dependiste de un destino.
Tengo certeza de escuchar
el sonido mecánico de mi respiración
y que tu cuerpo flota
entre un cielo sublimado por el sueño
y un mar que perforan todas las tormentas,
un mar presto a la crueldad
de no dejar tierra alguna
sobre la cual se pueda escribir tu nombre

La sangre del Tequila (XIV)

Félix Luis Viera, poeta, cuentista y novelista cubano.

Félix Luis Viera, poeta, cuentista y novelista cubano.

Félix Luis Viera, convertido en uno de los escritores imprescindibles en la historia de la Literatura Cubana desde que sus libros de cuentos Las llamas en el cielo y En el nombre del hijo adquirieron la categoría de “clásicos nacionales” y “libros de culto” para varias generaciones de escritores en la isla, nos comentó en un mensaje electrónico que le gustaría rescatar aquella tradición de épocas pasadas en la que escritores que hoy consideramos “universales” convertían a miles de lectores en perseguidores cautivos de sus novelas por entregas.

Confesamos que nos surgió la duda: ¿podria ocurrir lo mismo con las nuevas generaciones de lectores, acostumbradas más a la lectura rápida en pantalla que al goce con las historias contadas a retazos y sazonadas con el olor fresco de la tinta de imprenta, como sucedía en siglos pasados?

Así, como un reto, surgió la idea de publicar en OtroLunes, por entregas, la novela La sangre del Tequila de este reconocido escritor y amigo. Y nos complace decir que Félix Luis no se equivocaba: miles de lectores clickean en cada número de la revista sobre estos capítulos de su novela, como demuestran nuestras estadísticas de lectura. Y en cada nueva entrega, nuevos lectores se suman.

Aquí, como en los números anteriores, ofrecemos a esos “cautivos” un nuevo capítulo, como se dice mucho en español, “recién acabadito de sacar del horno”.

Redacción de OtroLunes Leer más…