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En la novela titulada La ciudad ausente de Ricardo Piglia se trenzan por lo menos tres historias: en primer lugar, la de Junior, un periodista que, a la vez que investiga la aparición en la ciudad de una serie de grabaciones producidas por una máquina ubicada en un museo, va descubriendo su identidad; en segundo lugar, la del origen de la propia máquina, invento ideado por Macedonio Fernández y llevado a cabo por un ingeniero, Emil Russo; en tercer lugar, la historia política argentina durante la dictadura militar, justo después de la guerra de las Malvinas.
La estructura narrativa mezcla estos tres relatos, imbricados con una serie de otros microrrelatos, formando un mosaico donde se alternan yuxtapuestos distintos tiempos y espacios narrativos.
Dado que la novela es una red muy complicada de historias entretejidas, tanto los críticos como el mismo autor, intentaron resumirla y explicarla varias veces:
“J. A. M.: La novela sugiere un complot para anular a una máquina-mujer, capaz de pergeñar relatos que revelarían algo; y hay un museo donde cada uno puede hallar símbolos de su propia historia; y se incluyen varios minicuentos, casi en estado de esbozo. Y están allí la represión y la política, y Macedonio Fernández y su Museo de la Novela Eterna.
R. P.: Básicamente, es la historia de un hombre que no soporta la pérdida de su mujer; ese hombre es Macedonio Fernández, quien hace un pacto fáustico con un inventor: éste crea para él una máquina, asegurándole que allí su mujer permanecerá viva. (…)
J. A. M.: Para volver a La ciudad ausente: ¿No hay en ella también una relación con cierta tradición argentina, como la novela El examen de Cortázar, con esa ciudad que se va desintegrando, o Megafón de Leopoldo Marechal y su combate centrado en el rescate de una mujer que es además un símbolo?
R. P.: Por otro lado está la conexión con Macedonio Fernández, en la idea del Museo y de la Novela Eterna; y es, claro, hay una relación con el modelo macedoniano de que la realidad no puede ser contada con los registros de la literatura realista. (…) el enamorado es un egoísta que no se da cuenta de que va a morir, y la mujer va a quedar eternamente prisionera. Para poder escribir el libro yo trabajé con la idea paralela de que podía tratarse de una psicótica internada en una clínica y que cree que es una máquina de contar, y después está la otra historia, la realidad en la cual esa máquina se inserta y que es también una realidad producida por ella. Y aquí le voy a decir algo: yo pienso que el narrador investigador, Junior, es también un personaje de la máquina; me parece que ella construyó ese personaje que viene a salvarla.”1
Como se ve de la complicidad de todo tipo de resumen, estamos ante una novela que ya desde el principio nos brinda historias e ideas paralelas.
En el fondo del mensaje de la novela está la política, que a la vez es la que más llama la atención. Se trata de la situación política concreta de la Argentina en el transcurso de la guerra de las Malvinas, y después, durante la época de la dictadura militar:
“Ciertos comentarios y cierta versión de los hechos le hicieron recordar los días de la guerra de las Malvinas.
Los militantes argentinos habían perdido la guerra y nadie lo sabía. Las mujeres tejían abrigos para los conscriptos en tiendas improvisadas en la plazoleta del obelisco.” (p. 88)
El Estado niega los verdaderos acontecimientos, evita la circulación de las informaciones para poder manipular a los ciudadanos. El poder totalitario necesita gente obediente e ignorante, castiga, controla y amenaza a todos los que quieren saber lo que ocurre en realidad.
“La política siempre ocupa el lugar del destino (…) Otra vez la figura de la amenaza que se planifica desde un centro oculto (en este caso ’la inteligencia del Estado’) y se impone a la realidad.”2 Concepción de Chile. Primer semestre. pp. 96-104
La amenaza y la persecución, el hacer callar a los que podrían contradecir, son fenómenos comunes a todas las dictaduras de todos los tiempos. La misma lógica de función tienen las dictaduras de Europa: la dictadura de los nazis y la de los comunistas. Un momento crucial, simbólico, es 1956 en Hungría, cuando resultó que los que habían depositado su fe en los comunistas para poder luchar contra los nazis, después de la llegada del Ejército Rojo a Hungría, se vieron otra vez perseguidos y amenazados. El poder totalitario comunista exigió el control absoluto y sofocó todo tipo de rebelión. En momentos históricos, cuando se enfrentan dos poderes totalitarios, el individuo tiene que elegir entre ellos por obligación, pero no puede haber elección buena. El poder totalitario siempre tiene los mismos enemigos, sea cual fuere su ideología. El espíritu libre y el carácter que no está dispuesto a la sumisión total siempre son peligrosos para la dictadura. Lazlo Malamüd y Russo emigraron de Hungría en 1956. Como muchos otros emigrantes de Europa del Este, salieron de su patria para verse perseguidos y amenazados también en Argentina. De este modo los acontecimientos de Argentina son las réplicas de los acontecimientos europeos, o al revés, los europeos son las réplicas de los de Argentina. De todas formas la represión y la persecución son las mismas.
La novela La ciudad ausentehabla de todos los poderes totalitarios del mundo.
La dictadura crea un mundo basado en las mentiras y en el miedo. Crea instituciones de represión: la cárcel, la clínica psiquiátrica; tiene su Servicio de Inteligencia, controla, vigila continuamente a sus propios ciudadanos.
Perfecciona las armas sin cesar, teniendo que hacer pruebas de vez en cuando para ver el resultado conseguido (Hiroshima, p. 150.). Macedonio delira ante la guerra eterna:
“La guerra finaliza y sólo quedaremos ante la inmensidad de los oscuros planes de EE.UU., que quiere herir y anular a España para hacer más fácil presa de la América hispana. Las islas han sido ocupadas, el laboratorio debe ser preservado.” (p. 60)
El modelo del estado totalitario es el japonés, el del ciudadano obediente, dispuesto a cumplir todas las órdenes recibidas sin plantear la menor pregunta.
El Estado narra, éste es el medio por el que se hace “legítimo”.
“…el Estado narra. Cuando se ejerce el poder político se está siempre imponiendo una manera de contar la realidad.”3
“El Estado narra [los mitos que propaga sobre la Nación]. Ésa es una función imprescindible para ejercer la dominación.”4
“El Estado es también una máquina de hacer creer.”5
Frente a la narración del Estado se encuentra la narración de la resistencia:
“Podríamos decir que hay siempre una versión de los vencidos. Un relato fragmentado, casi anónimo, que resiste y construye interpretaciones alternativas y alegorías.”6
Macedonio y Russo crearon una máquina de defensa femenina que narra continuamente la versión de los vencidos, narra sobre lo que está prohibido y perseguido hablar, revela los secretos del Estado totalitario, cuenta lo que el Estado prefiere ignorar para no tener que hablar de ello, y habla de la muerte, de la desesperación, del dolor, de la soledad. La máquina es, o era, una mujer por definición. En todas las mitologías el origen de la vida está estrechamente vinculado con el principio femenino, con la maternidad. Frente a las mentiras del Estado, la máquina crea literatura femenina, es decir, crea literatura oral, que circula en varias versiones y con diferentes vías de distribución por toda la Argentina.
La máquina es el río eterno de los relatos, se le puede llamar con mil nombres, se identifica con todas las mujeres de la narración, pero principalmente es Eva, es Anna Livia Plurabelle y es Elena, la Eterna. El destino de todas las mujeres es ser perseguidas, torturadas, amenazadas y encerradas, y que no por ello dejen de seguir la narración. Su tema es autorreflexivo, por lo tanto la máquina habla del poder totalitario, de las mujeres y hombres torturados, de la vigilancia, de la pérdida del hombre amado, de la muerte. La muerte del ser querido es inevitable, en parte debido a los asesinatos cometidos por el Estado, y en parte como consecuencia de la debilidad física, de la enfermedad. Lo trágico es que no hay reconciliación alguna entre la vida y la muerte. La muerte se presenta como un fenómeno imposible de aceptar, que hiere “mortalmente” tanto al muerto como al que sobrevive. El/la amante vivo/a siempre se siente abandonado/a. La máquina, el principio femenino narra del hombre que le abandonó, y el hombre narra de la mujer que le dejó solo. Hombre y mujer forman parte de la misma totalidad, la mujer es la parte inversa/complementaria del hombre y el hombre es la parte inversa/complementaria de la mujer. Tanto la voz femenina como la masculina hablan de las mismas experiencias, de la misma pérdida, de la misma soledad.
Todas las voces narradoras llegan a formar una melodía polifónica de la narración.
La narración es eterna, no tiene ni tiempo ni espacio concreto, como suele ocurrir con las actividades míticas.
Para José Arcadio Buendía siempre es lunes en Cien años de soledad. En esta novela todo ocurre en dos horas, dos días, dos meses y dos años. La diferencia entre hora-día-mes-año es insignificante comparada con la eternidad de la narración.
Junior llega a saber las noticias dos horas antes de que el acontecimiento haya ocurrido (p. 10), después de visitar el Museo pasa dos noches sin dormir (p. 87), y pasa dos noches metido en su cuarto (p. 97) después del encuentro con Julia Gandini [que estuvo dos meses internada en la clínica (p. 85)]. Junior pide ayuda a Ana Lidia resaltando que hace dos meses que está metido en esta historia (p. 106). En la isla, la lengua que más tiempo permaneció se mantuvo quieta durante dos años (p. 120) y Boas dice que hace dos meses que salió de la isla (p. 134). Él lleva contando la historia de la isla desde hace dos meses, y Junior, desde hace dos meses, está investigando las historias que circulan por la ciudad. Cuando Junior se acerca a la isla de Russo la vegetación cambia a las dos horas de salir, y Junior tiene la sensación de cruzar una frontera (p. 137.). Russo le dice a Junior que los materiales de investigación le llegaron a los dos meses de la librería.
El dos es un número par, porque en esta novela todo tiene su paralelismo, su réplica, su opuesto o su inversión. El dos es un número que se encuentra en ambos lados del espejo, reflejándo su imagen inversa: Es la unidad hecha fracción y al mismo tiempo, según su significado numeral esotérico, es el reflejo pasivo de la Unidad. Además es considerado como la fuente de los errores mentales. Hemos visto en la novela que todos los personajes están o pueden estar ‘locos’, y cada narración puede ser interpretada como fruto de algún tipo de delirio. El número dos tiene importancia en cada escala de la narración, es decir, en cada fractal.
Las referencias temporales anteriormente mencionadas se combinan con una hora mítica que son las tres de la tarde.
Cuando Junior sale del Museo, en el reloj del mismo eran las tres de la tarde (p. 65), la narración Stephen Stevensen revela que el doble de Stephen Stevensen llegó a las tres de la tarde (p. 98), y eran las tres de la tarde cuando Junior visitó a Ana Lidia.
El tres es un número impar, primo, y en la astrología es el símbolo del eje central entre la Tierra, la Luna y el Sol. Según su sentido numeral esotérico, el tres es la inteligencia infinita, por lo tanto es la antítesis del número dos, que simboliza los errores mentales. Además de ser el tres la antítesis del dos, es la unidad repetida tres veces, el dos más uno.
El tiempo definido por la presencia de los números dos y tres, descrito con la repetición constante de estos elementos, es fijo, eterno, no tiene intervalo ni duración verdadera.
El espacio parece más fragmentado.
En la ciudad las calles están vacías, las patrullas controlan, aunque sea inútil, y la vida se queda relegada a los pasos subterráneos de la Avenida 9 de Julio, aunque al final de la novela estos locales están abandonados también (p.168). El Museo está cercado, vigilado, prisionero en este control absoluto, y en las clínicas psiquiátricas torturan a los internados para conseguir más información. La gente –Macedonio, Junior, etc.– vive en alojamientos transitorios, en piezas de hotel. No hay hogares que puedan ser escenarios de la vida familiar pacífica y equilibrada, y los lugares de trabajo que aparecen, siempre son variantes de una prisión. Fuyita trabaja en el Museo, es el personal de control que vigila la máquina, y es vigilado, controlado a la vez por el sistema de seguridad y por la máquina. Junior trabaja en la redacción de El Mundo (tampoco hay que olvidar que el nombre del diario es simbólico), donde todos son prisioneros, él también (p. 10.). La ciudad es un sitio peligroso, de donde hay que huir, salir, encontrar alguna escapatoria, porque es la única forma de intentar sobrevivir.
El campo, la pampa es la llanura deshabitada, siempre estamos en el borde de la nada, y siempre hay algunas vías del Ferrocarril Central Argentino. El campo tiene algunos lugares céntricos, donde tarde o temprano acuden todos los personajes de la novela. Se trata de dos (!) ciudades: Azul y Bolívar. Son ciudades vecinas, réplicas una de la otra, totalmente idénticas en su carácter. El gaucho invisible llega a ser visible para sus compañeros en el pueblo de Azul; los padres de La nena viven en Bolívar. Russo se establece en Bolívar y los que vienen a practicar el tiro al blanco son los conscriptos de Azul. Junior confiesa ser procedente de Bolívar, y es aquí donde se encuentra la casa a donde regresó Macedonio después de recorrer toda la provincia de Buenos Aires. En el campo encontramos la réplica del Museo de la ciudad, los dos museos se contemplan como los pueblos de Azul y Bolívar. En el campo la tierra está llena de pozos, que son tumbas, de miles de indios asesinados, y de hombres y mujeres atados, desnudos, matados a tiros, mientras sonaba música en los altavoces de las furgonetas. En el campo tampoco hay hogares para vivir.
La isla es un sitio mítico, es el refugio de los muertos, es donde se hace palpable que nadie está en casa, nadie habla su lengua-madre, todos son inmigrantes y perseguidos.
El espacio donde ocurren los acontecimientos de la novela tampoco es concreto, se trata de lugares más bien abstractos, equivalentes a “cualquier lugar”.
En la novela titulada La ciudad ausente la ausencia es una realidad material. Es incuestionable que no se trata de una ciudad concreta, ni tampoco se trata de la ciudad como unidad arquitectónica. Carolina Ferrer lo explica de esta manera:
“En términos contemporáneos, la ciudad es un símbolo de la madre, en su doble aspecto de protección y de límite. Cabe destacar que las madres mencionadas en la novela –la madre de Junior, al igual que su mujer y la mujer de McKinley– se han ido, dejando a los hombres solos. Así mismo, la muerte de Elena ha impulsado a Macedonio a buscar a Russo para crear la máquina. Esta última tampoco tiene madre: en términos materiales, fue creada por Russo y Macedonio, y por Nolan en su orígen mítico. En este sentido la ausencia de imagen materna opera a distintos niveles: personajes, máquina, ciudad. Por lo tanto, se puede hablar de fractales, ya que ante cambios de escala, se sigue observando un fenómeno casi idéntico: la ausencia materna.”7
La explicación brindada por Carolina Ferrer es indudablemente válida sin embargo, creo que no llega al fondo. La ciudad es más que un simple símbolo de la madre, la ciudad es el sitio donde los hombres conviven, donde se crean relaciones interpersonales. En la esperanza escatológica la Jerusalén Celestial es el escenario de la convivencia perfecta, donde se crea la unidad, la verdadera comunidad de los habitantes. Y justamente son estos los fenómenos que no aparecen en la novela, que están ausentes.
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