OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Octubre 2009. Antilde;o tres. Número diez

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Datos de la revista, octubre 2009, año 3, número 10
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Dora Varona: “Soy un poco de todas partes, pero soy tremendamente cubana”

 

por Remigio Ricardo Pavón

De honda raíz cubana, santiaguera por más señas, poeta de encendido y abierto lirismo, presente en casi todas las antologías de la poesía femenina del Perú. Viuda de uno de los grandes narradores de América. Autora de más de media docena de libros: Rendija al alma; Hasta aquí otra vez; Los que no se fueron; El litoral cautivo; Los reconcomios; Infancia y mocedad de Ciro Alegría; María Quisquilla la marisabidilla, La sombra del cóndor.  Dora Varona sigue siendo una desconocida entre nosotros.<

 

¿Por qué escogió la literatura como medio de expresión artística?

Escogí la literatura porque vengo de una familia de escritores, soy bisnieta de Enrique José Varona, soy hija de Ricardo Varona, el autor de la primera historia de Banes, Crónicas de Banes; mi tía Pura Varona escribía bellísimos poemas, y su esposo Enrique Casades publicó varios libros en La Habana, de manera que en mi familia estamos rodeados de escritores, haciendo silencio para que mi padre trabajara en su biblioteca, estudiara, escribiera, eso era algo natural en mi infancia, en ese ambiente me criaron, lo primero que hicieron cuando aprendí a hablar fue enseñarme a recitar, y desde muy pequeña me pusieron maravillosos libros en las manos. Todo eso me acercó a la literatura, me hizo amarla, me hizo desear expresarme a través de ella.

 

Hablemos de algunos de sus libros de poesía: Rendija al alma aparece en La Habana en 1952; Hasta aquí otra vez, se publicó en España en 1955; Bajo Dios nunca vio la luz; y su cuarto libro, El litoral cautivo se publica en Perú en 1968. Evidentemente estas obras marcan momentos importantes en su vida.

Lógicamente, cada libro de un autor refleja muchas cosas de las que hay en su interior en cada momento. Mi primer libro, Rendija al alma, recoge mis poemas de los 14 a los 19 años, por lo tanto es un libro lleno de ingenuidad, de pretendido dolor porque realmente yo no había sufrido nada, pero veía al dolor ajeno y lo asumía, y esto me permitió expresar el dolor de otros como si fuera propio eso es la sensibilidad del artista.

Mi segundo libro Hasta aquí otra vez, expresa realmente también el dolor del otro, porque tomé las vivencias de un colombiano del que fui enamorada en España, él me contó casi toda su vida, entonces  en el libro está casi todo lo que él vivió, por ejemplo hay un soneto que se titula “El perro”, y el perro que aparece allí es ese colombiano.

La lectura de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa, el ambiente español de la época de Franco, un poco monacal, entre sotanas y fusiles, me hizo sentir las cosas del espíritu  de una manera muy profunda, entonces empecé a escribir a raudales, poseída de un tremendo misticismo, llegando al punto de arrodillarme antes de escribir cada soneto y mientras escribía también lloraba, porque eran un dolor y una inspiración que salían de tan hondo… así escribí Bajo Dios, un libro de sesenta y seis sonetos que ya sabe usted que fue quemado por Ciro Alegría. Quemé el manuscrito a los quince días de casados; estaba yo leyendo su novela Los perros hambrientos mientras llovía a cántaros sobre las lomas de Santiago de Cuba. Él se fue a mi escritorio, tomó el libro y se puso a leerlo, entonces en un momento dado se acercó y me preguntó: “¿A quién dedicaste ese soneto?”, y yo le contesté: “A Dios”. De inmediato me mostró toda su incredulidad: “¿Piensa que te lo voy a creer que se lo dedicaste a Dios? Se lo dedicaste a un hombre”; evidentemente Ciro estaba celoso, celos de hombre, ¿no? De manera que no cesó: “¿Qué importancia tiene este libro para ti?”. Y yo: “La importancia que tiene para una madre su tercer hijo”. Porque era mi tercer libro de poesía. No conforme con esta respuesta me dijo: “Y ¿Qué es más importante para ti, este libro o yo?” Entonces como yo me acababa de casar, era una muchacha ingenua, había guardado mi virginidad para él, además tenía un sublime  concepto del matrimonio que era el de mis padres, con su gran amor me habían dado, le contesté: “para mí lo más importante eres tú”. Dio media vuelta y se regresó al escritorio, un rato después sentí olor a humo y corrí, Ciro estaba de pie frente a la llamarada, original y copia ardían en una papelera de metal, todo estaba junto y yo no pude salvarlo, pero Ciro Alegría quemó una parte de mi vida, me quemó a mí, me quemó.

El litoral cautivo nace en un momento decisivo de mi vida. Realmente yo había pasado diez años al lado de un hombre procurando entenderlo, buscando en él la imagen que tuve de mi padre, es decir, la imagen del hombre de la casa, el ser superior, porque intelectualmente también lo era, sobre todo intelectualmente, y esa imagen se me caía en muchos momentos cuando veía al hombre que le gustaba el licor en exceso, que fumaba atrozmente, y lo digo en ese sentido porque Ciro era un hombre muy moral, incapaz de tocar algo ajeno, incapaz de una traición de otro tipo, aunque sí era infiel como marido. Entonces ese libro, El litoral cautivo, que lo publico después de la muerte de Ciro, es una herida abierta por donde sangraba aquel dolor, todo lo que yo viví en esos diez años de matrimonio; ahora que mi corazón ha cambiado y poseo otra visión de la vida, tal vez tenga que agradecerle a este hombre el encierro en que me tuvo, porque me libró de ver muchas cosas feas que pudieran envilecer mi corazón.

 

¿Y quien es “el litoral cautivo”?

El litoral cautivo soy yo. Es la mujer que se siente cautiva, y lo de “litoral” es que yo me sentía Cuba, pues era alguien a quien habían sacado de su tierra, yo había seguido a ese hombre por un ideal literario, imagínese sentirme tan lejos de mi patria, era terrible, yo podía aceptarlo esporádicamente, por estudio, por trabajo, pero así para siempre era algo doloroso, y luego esa cautividad en que me mantuvo colmaban esas ansias que están reflejadas en el libro; me doy cuenta que ya no resisto sentirme atada a una rima, necesitaba expresarme con mayor libertad, can audacia, hasta con atrevimiento, y es la poesía en que me realizo en aquel momento, en la que puedo decir lo que estoy sintiendo, lo que estoy arrastrando y me ayudó a sacar un poco todo aquel dolor que guardaba dentro.

 

Con Rendija al alma ganó usted el premio de Cultura Hispánica, consistente en una beca de estudios a España. ¿Recibió alguna influencia de la poesía española de aquel momento?

Cuando llegué a España estuve muy curiosa de los poetas de ese memento: José Hierro, que entonces estaba sonando y después ha triunfado enormemente: Leopoldo Panero me impresionó mucho con su “Barco viejo lleno de tristeza”, un soneto que es una joya; José María Pemán, muy católico y con unas poesías místicas hermosas. También tuve la bendición de tener grandes profesores como Vicente Aleixandre, Premio Nobel en 1977, Carlos Bousoño y Dámaso Alonso. Entonces estos personajes estaban en boga, y lo primero que hice fue leerlos. Evidentemente, esta poesía española dejó de muy diversos modos una huella en mí, en una etapa decisiva de mi formación intelectual.

 

¿En que circunstancias conoció a Ciro Alegría?

En España estudié hasta 1956. Cuando llego a La Habana supe por los periódicos que Ciro Alegría estaba en Cuba. Dámaso Alonso me había prestado El mundo es ancho y ajeno, lo leí y quedé muy fascinada con aquella novela, pero no sabía que su autor vivía, es decir supuse que Ciro Alegría era un escritor ya fallecido, porque el libro era una edición “pirata” de la Editorial Diana de México, y esas ediciones no tenían ni prólogo ni datos del autor en la solapa.

Bueno, en La Habana vi en la prensa que Ciro Alegría estaba allí y se comentaba una conferencia que había dado en el Ateneo el día antes de mi llegada, días después ofrecí un recital de poesía en el mismo Ateneo donde Chacón y Calvo me presentó igual que lo había presentado a él. Es decir, que los dos estábamos en los periódicos, yo cubana y él peruano, de manera que había leído sobre mí y yo sobre él, pero no nos vimos, por lo menos yo no lo vi. Él después me dijo que había asistido a mi recital de una manera casual porque un amigo periodista le insistió que deseaba conocerme y él lo acompañó sin mayor interés, fue algo así: “Yo estuve allí y la vi, pero usted estaba rodeada de fotógrafos, periodistas y admiradores y no pude acercarme porque además llegué tarde, como es mi costumbre”; eso dijo y a mi me causó mucha gracia.

Esta conversación en que me revela esto ocurre en Santiago de Cuba, donde un amigo de infancia, Guillermo Orozco Sierra nos presenta y es cuando conozco personalmente al gran escritor peruano. Al instante quedamos cautivados, nuestra conversación fue verdaderamente sublime, y la prueba es que él no quería separarse de mí, ni yo de él, y tuvieron que venir a separarnos diciendo: “Ciro no hemos traído a Dora para que nos ignores” o “esta reunión no es para ustedes dos solamente”, o algo así.

 

Usted permaneció más de diez años sin publicar, ¿A que se debió ese silencio?

Ciro Alegría era un peruano machista, que consideraba que la tarea de la mujer estaba en la crianza de sus hijos, que su mejor papel lo podía desempeñar en la cocina, pero no en la literatura, usted se preguntará, ¿Entonces porque se casó con una mujer que escribía y que ya tenía un nombre en el mundo de la literatura, en el mundo de las letras? Yo pienso que  en cierta forma calculó cuánto podía ayudarle a su obra, sin duda dijo, “esta mujer me va ayudar, esta mujer va hacer crecer mi obra, me va alentar”. Yo creo que pensé  lo mismo, pero él no me alentó ni un momento, él trató de desaparecerme totalmente. Empezó por quemarme un libro, y siempre que me veía escribiendo lo leía y enseguida se ubicaba dentro del poema, pensaba que iba dirigido a él, ridiculizándolo, cuando no, se ponía celoso, entonces se irritaba y era ofensivo, yo rompía el poema, así acabé renunciando a escribir y me prometí con toda honestidad que escribir era serle infiel, y no lo hice más.

Mi mejor obra en todo ese tiempo son mis cuatro hijos: Cecilia, Ciro, Gonzalo y Diego, este último nacido cinco meses después de la muerte de su padre. Un año más tarde, en 1968, rompí ese silencio con la publicación de El litoral cautivo.

 

Después de la muerte de Ciro Alegría, ¿ha acogido la literatura como una suerte de compensación?

No. Yo volví a la literatura como quién retoma el hilo de su vida.

 

Usted a expresado que muchas de las incongruencias con su esposo las toleraba diciendo: “lo soporto porque es Ciro Alegría”. Al cabo del tiempo, ¿Cómo ve la personalidad del escritor?

La veo, gracias al tiempo que da la medida exacta y la proporción de las cosas, con una tremenda admiración, si antes lo admiraba ahora lo admiro más, pues con la edad y la experiencia que tengo puedo razonar de otra manera, y estimo que yo era demasiado joven para él, demasiado ingenua, porque yo no había vivido nada y él era un hombre que había vivido mucho. Y así lo que antes consideraba amoral ahora me parece lo más natural del mundo, pienso que tal vez tenía una visión exagerada de lo que era el hombre, porque ahora al escribir su biografía he comprendido los motivos que tuvo en muchos casos para llegar a los extremos que llegó.

 

¿Cómo pudo escribir la biografía de Ciro Alegría sin que afloraran los resentimientos?

Yo encontré unas palabras maravillosas del Apóstol San Pablo a la iglesia de las Filipenses que dicen: “En esto pensad. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis, y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”.

Entonces copié estos versículos bíblicos y los puse en mi mesa de trabajo, cada vez que iba a escribir oraba y los leía, y el señor fue haciendo una transformación tan preciosa en mí que todo aquel rencor que tenía hacia Ciro fue quedando atrás; empecé a descubrir maravillas donde solo veía defectos, empecé a descubrir todo lo justo, lo honesto, lo recto y lo digno que había sido ese hombre, y pude escribir su biografía encontrando virtudes preciosas en él.

 

La Editorial Varona ha sido la editora exclusiva de la obra de Ciro Alegría en el Perú, ¿Cómo ha podido usted multiplicar esta obra?

Ciro dejó publicadas concretamente tres novelas y un libro de cuentos. Esta es una pregunta muy interesante, porque en el Perú y en otras partes se ha dicho que yo escribí los veintinueve libros que salieron después de su muerte, pero sinceramente, yo nunca hubiera podido escribir como Ciro Alegría, soy honesta en reconocer la distancia tan enorme de su pluma y la mía. Lo único que hecho es seleccionar, buscar en su papelería, recoger todo lo que dejó inédito, lo que publicó desordenadamente en periódicos y revistas, porque era un hombre muy descuidado con su obra, entonces mi labor fue consagrarme a esa búsqueda y selección, así fui confeccionando los libros a los que yo misma le puse el título tomándolo de un cuento, una frase, una idea, pero sin tocar para nada los textos originales, sin cambiar ni una solo palabra.

 

Volvamos a su poesía. En alguna parte ha dicho que Los Reconcomios es su mejor obra poética, ¿Quiere hablarme del libro?

Los reconcomios es un libro de tremenda libertad poética, donde creo haber logrado lo mejor de toda mi poesía. Creo que es mi mejor libro porque mi pensamiento poético está en plena madurez expresiva, adquiriendo una profundidad y una sensibilidad que no se apoya solamente en el ritmo y la gracia como elementos dominantes de mi arte poética, sino que es el dolor humano el que adquiere planos altamente comunicativos y sensibles, es una forma de sentir por la humanidad en un contexto más universal, dejando así de mirarme a mí misma y empezando a mirar a los demás, y esto indudablemente me hace mejor.

 

Ha pasado de la poesía a la prosa, ¿Es un abandono de la poesía, o un ensanchamiento hacia otros horizontes creativos?

Es un ensanchamiento. El primer libro que escribí después de El Litoral cautivo fue precisamente de prosa, Ciro Alegría, Trayectoria y mensaje que es una valoración múltiple, después escribí Tico y Bebita en la isla de Cuba (inédito) que es un libro de cuento para niños, luego tengo otro infantil publicado, María Quisquilla la marisabidilla, además de Infancia y mocedad de Ciro Alegría que no es un capítulo de la infancia que aparece en su biografía La sombra del cóndor, aquel es muy juguetón, porque son todas sus cosas de niños, sus travesuras.

 

¿Y cómo llega a la literatura infantil?

Llego a la literatura infantil mediante el mismo trabajo de recopilar las leyendas e historias populares que Ciro Alegría incorpora en sus novelas y cuentos, entonces dándome cuenta de su valor y belleza empiezo a descubrir una vocación y una necesidad de escribir para los niños, además tenía mis hijos pequeños a los que les contaba “Tico y Bebita”, fabulando con las cosas de mi infancia y las de mi hermano, luego llegado el momento decido escribir esas historias. Después estudié en la Universidad Complutense de Madrid especializándome en literatura infantil.

 

¿Se considera una escritora cubana peruana?

Creo que la primera “consideración” debía venir de Cuba si me reconociera, llagado el caso que me publicarán acá. Si yo fuera reconocida por Cuba entonces me podría considerar una escritora cubana; pero me ha reconocido Perú y me ha exaltado tanto, estoy en las antologías femeninas de la poesía peruana, sin embargo se menciona que nací en Santiago de Cuba. Siempre que la crítica trata el tema de la poesía femenina peruana entre esas mujeres estoy  yo.

Claro, en Cuba tengo unas raíces preciosas. Cuba está en mi corazón de una manera tan firme y tan intensa que de esas raíces no me puedo evadir, porque no puedo ni quiero evadirme, pues me hace infinitamente feliz recordar mi tierra, recordar mis comidas, mis palmeras, mi familia, mis amigos, el habla del cubano, su sensibilidad y cariño, la forma en que toma la amistad. Todo eso me hace feliz, y soy tan cubana en todo que siempre me preguntan en el Perú de donde soy, porque  tan pronto me alegro o me entristezco me sale el acento cubano, tan pronto estoy eufórica o desanimada me sale el acento cubano, entonces los peruanos ahí mismo se dan cuenta y me preguntan de donde soy. Pero lo curioso es que vengo a Cuba y también me preguntan de donde soy, yo creo que soy un poco de todas partes, tengo muchas cosas de los países donde he vivido como Argentina, Chile, Colombia, Venezuela y España, de cada uno tengo algo incorporando en mí, y de momento me sale, digamos una gracia, un giro lingüístico, un dicho de determinado lugar que tengo que interpretárselo al que me escucha porque no lo entiendo. Así que soy un poco de todas partes pero soy tremendamente cubana. Y sigo siendo esa apasionada que habla rápido, que da el corazón y lo entrega todo por una causa, sigo siendo así, eso es ser cubana.

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