

Gunther, el detective de su serie Berlin noir, es cínico y sentimental. ¿Se le parece?
A Gunther el humor le permite resistir a los nazis. Yo soy poco cínico y muy sentimental. Soy escocés.
La verdad es que no lo parece.
¿Por mi aspecto latino? Me gusta pensar que cuando la Armada Invencible fue vencida, muchos marineros españoles nadaron hasta las costas del norte de Escocia y encontraron una cálida bienvenida.
¿Es de los que lleva el kilt?
La familia optó por el pantalón tras el incidente de mi abuelo.
¿Qué le pasó a su abuelo?
Perteneció a un regimiento destinado en el estrecho de los Dardanelos. Llevaba el kilt –sin calzoncillo, claro–, un mosquito le picó bajo la falda y contrajo el paludismo.
Menudo trago.
Para mí dejar Escocia fue algo bueno. Los escoceses están llenos de resentimiento. Siempre sienten que se llevan la peor parte. Vivir en Inglaterra me ha hecho menos furioso, más generoso, mejor.
Aun así, ¿qué hace un escocés urdiendo andanzas con nazis?
Tras no aprender nada en Derecho, hice un posgrado en filosofía legal alemana. Leí a Hegel, a Heiddegger, a Wittgenstein, y vi que el romanticismo alemán del siglo XIX está en el origen del nazismo.
Y en vez de ponerse a redactar ensayos le dio por la novela negra.
A veces es mejor ser un outsider. Puedes ver todo con una mirada más fresca, como la de un pintor. De hecho, quería hacer un esbozo de aquel Berlín como lo haría un pintor puntillista. Yo pongo puntitos de color en la tela, de modo que cuando coges distancia, todo cobra vida.
Pone algo más que puntitos. Se sabe el callejero de Berlín, de Viena, de Múnich...
Al principio solo quise escribir sobre la época y el lugar. A cada pedacito de información que encontraba, me sentía como si desempeñara el papel de un detective, hasta que decidí que debía escribir sobre un detective, la figura del ciudadano de a pie. Ese es Bernhard Gunther. Y así fue como entré en la novela negra.
Muchos lo intentan y usted ya es autor de culto.
Soy un privilegiado, porque he elegido un periodo que tiene mucho eco. Lo interesante, en mis libros, es que en la parte frontal del escenario presento un crimen, con rubia, villano y detective, mientras que en el fondo aparece un crimen mucho mayor. Sea cual sea el malo que proponga, la Historia siempre me ofrece a un Goering o a un Himmler, superiores en villanía.
¿A cuál de esos supervillanos invitaría a cenar, para sonsacarle?
¡A ninguno! Aunque Goebbels era un tipo suave, divertido, inteligente. Pese a ser pequeñito, a las mujeres les encantaba su compañía. Era una especie de Dudley Moore. Y Goering era un héroe de guerra alemán que tenía capacidad de conectar con el pueblo. Fue capaz de hechizar al guardián norteamericano que le vigilaba en la cárcel.
¿Hitler no le provoca curiosidad?
Al parecer tenía una conversación fascinante. Pero yo prefiero pensar en Hitler como el mal absoluto. Sin embargo, la tendencia a hablar de estas personas como de monstruos le hace un flaco favor a la Historia. Todos los seres humanos tienen una tremenda capacidad para hacer cosas espantosas. Llamándoles monstruos nos desentendemos de nuestros crímenes.
Pero el Führer pulveriza todas las marcas.
Si somos sinceros, cada país tiene su propio Holocausto, su esqueleto en el armario. Para los suramericanos la llegada de los españoles fue como la de los nazis. Y qué decir de los belgas en el Congo. Y de los británicos en Australia, que masacraron a un millón de aborígenes. La única diferencia es que los alemanes tenían una inigualable capacidad industrial para el asesinato.
Gunther, su detective, tarda mucho en darse cuenta de eso.
Olvidamos que existían leyes para todas aquellas cosas que hacían los nazis. Y que los alemanes son muy cumplidores. Querían que les dijeran que eran buenos ciudadanos. Algunos de los criminales de guerra eran abogados. Creo firmemente que en Europa necesitamos una comisión especial para eliminar leyes. Tenemos toda una generación de políticos que creen que lo único que tienen que hacer es hacer leyes. Y un buen político es alguien que apenas interviene.
Es el 70° aniversario de la invasión de Polonia, y los revisionistas continúan encontrando argumentos.
La segunda guerra mundial es el acontecimiento más importante que se ha producido en los últimos 500 años, desde la Reforma. Y no solo por la guerra, también por la revolución rusa, la guerra civil española y la guerra fría. Se trata de los 50 años más importantes del milenio. Así que 70 años es poquísimo tiempo. Alemania se ha reunificado desde hace 20 años. Las cicatrices están muy presentes.